• No se han encontrado resultados

6 ¿A QUIENES PERDONAR?

In document Seminario de Vida en el Espíritu (página 189-192)

A través de la experiencia se ha podido comprobar que existen tres niveles del perdón, los cuales son:

Perdonar a Dios

Perdonar a los demás; y Perdonarse a uno mismo.

a.- Perdonar a Dios.- Parece ilógico perdonar a Dios y decirle "yo te perdono Dios", ya que Él no ofende a nadie porque Dios es Amor (1 Jn 4, 8), sino porque nosotros lo necesitamos. Quizás desde niños nos han dicho: "Si no te portas bien Dios te va a castigar; si no comes Dios te va a castigar; si no cuidas a tu hermanito Dios te va a castigar, etc.".

A veces pensamos que todo lo malo que nos sucede es culpa de Dios, reaccionamos como Adán cuando le echó la culpa a la mujer, así, si perdemos el trabajo, ni nacimos con algún defecto o limitación física, si murió algún ser querido, si tenemos alguna enfermedad, si pensamos que es culpa de Dios o que El Señor me está castigando y le preguntamos "¿Por qué a mí?", llenándonos de rencor y de amargura contra Dios. Nuestra naturaleza humana tiende siempre a echarle la culpa a alguien y en este caso a dios.

Perdonar a Dios es arrancar del corazón sentimiento de rencor que hemos nacer dejado por un castigo inexistente. Por eso al perdonar a Dios, Él sana la herida causada por el castigo que nunca existió, nos ayuda a comprender su amor, a entender nuestra torpeza humana y a restablecer los lazos de amistad con Él. "También sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes él ha llamado según su propio designio"(Rm 8,28).

b.- Perdonarse a uno mismo.- El perdón a nosotros mismos es muy complejo, porque somos seres llenos de culpabilidad, la cual origina desde el vientre de nuestra madre, al no ser acogidos, de nos ser ese niño que esperaban, todo esto hace que nos sintamos culpables de vivir; quizás esperaban una niña y nací varón, no acepto mi sexualidad, no me perdono el ser varón. Las personas que no se perdonan a sí mismas y alimentan sentimientos de frustración, desprecio, impotencia e ira, también puede ser porque están descontentos con su personalidad, raza, estatura, familia y defectos.

De manera especial, también por el remordimiento permanente de su vida pasada, el rechazo de un determinado comportamiento y/o pecado (como puede ser la infidelidad al esposo /a sin que lo sepa). Cuando sucede esto, aunque hayan recibido el sacramento de la Reconciliación, frecuentemente en cada confesión vuelven a confesar ese mismo pecado, reviviendo y sufriendo las consecuencias del mismo; no han descubierto la gracia profunda del perdón, no se perdonan a ellos mismos, viven con sentimientos de culpabilidad, lo que puede llevarlos a la autodestrucción.

La culpabilidad nos corroe y nos destruye, porque somos muy crueles para juzgarnos a nosotros mismos.

• Pedir al Espíritu Santo que nos ayude a analizar detenidamente nuestra conducta; por ejemplo, si fuiste infiel a tu esposo/a: ¿qué buscabas al hacer eso?, ¿cuál es la raíz de tu problema (infidelidad)?.

• Con la ayuda del Espíritu Santo, reconoce tu equivocación, sin disculpase ni echarle la culpa a la otra persona, aceptar su culpabilidad sin resistirse, confesando tu falta ante el sacramento de la Reconciliación, confiando en Cristo. Él te fortalecerá en tus debilidades: "Tan lejos como está el oriente del ocaso aleja él de nosotros nuestras rebeldías"(Sal 103, 12). "Y de sus pecados e iniquidades no me acordaré ya. Ahora bien, donde hay remisión de estas cosas, ya no hay más oblación por el pecado"(Hb 10, 17-18).

• Perdonarse a sí mismo, orando para que el Señor sane la raíz de ese problema, dejándose bañar por la misericordia de Dios; por eso es bueno decir: "Yo me perdono de todo corazón".

• No lastimarte con el recuerdo de lo sucedido, cuando venga a tu mente, si no que ello te sirva para no volver a caer en lo mismo.

• Sacar el bien de lo acontecido para caminar firme y fortalecido con Cristo, ayudando a los que pasen por lo mismo. El Señor los pondrá en tu camino.

• Aceptarte y amarte tal como eres porque así te ama Dios.

c.- Perdonar a los demás.- Cuando dos carros chocan, ambos quedan magullados y necesitan ser reparados.

Nosotros al recibir la ofensa o ser causante de la misma, necesitamos que el bálsamo del perdón nos restaure.

Perdonar las ofensas es ser el canal por donde pasa la gracia de Dios. La mejor medicina para sanar las heridas del corazón es perdonar a los demás; es desatarnos ambos, porque al perdonar somos libres y damos libertad al hermano.

El perdonar a los demás debe abarcar a todos sin excepción desde los padres, hijos, esposos, sacerdotes, vecinos, compañeros de trabajo, jefes, etc.

Este perdón a los demás no debemos darlo únicamente a aquellos que lo merecen, es decir, a aquellos que nos pidieron perdón o que descubrimos que en realidad no fue su intención dañarnos. El perdón cristiano debe llegar también a aquellos que nos dañaron con toda la intención de hacerlo, y que hasta ni siquiera se han tomado la molestia de pedirnos perdón o de explicarnos al menos las razones de su comportamiento.

Seguramente estas personas no merecen nuestro perdón, pero igual debemos perdonarlas, pues el perdón implica misericordia, como la que nos tiene el Señor a todos nosotros. Él nos perdonó tantas veces, aún cuando nosotros tampoco lo merecíamos. Pero fue misericordioso. De la misma manera debemos actuar nosotros.

7. PASOS PARA PERDONAR

Cuando la herida provocada por otros se ha hecho tan grande que humanamente nos sentimos impotentes de lograr perdonarle, debemos comprender ante todo que la sanación de esta herida y el completo perdón se dará a través de un proceso, que implicará, como suele ocurrir en estos casos, un esfuerzo de nuestra parte si queremos vernos verdaderamente librados de la atadura de la resentimiento.

Fundamentalmente, podemos hablar de tres pasos o etapas en del proceso del perdón, para estos casos difíciles:

a Tomar la DECISIÓN de perdonar: El primer paso es reconocer la necesidad de perdonar y decidirse a hacerlo. Es decir, uno tiene que llegar a decir en su corazón, aún cuando en el fondo sienta humanamente resistencia a hacerlo: "Yo decido perdonar a... porque Jesús lo perdona". Todo proceso de sanación tiene que empezar por la firma decisión de perdonar, aún cuando todavía no se tengan "ganas" de hacerlo y el dolor se siga sintiendo.

b Perdonar con la VOLUNTAD: Lo que se tiene que hacer a continuación es realizar actos concretos que vayan destinados a fortalecer nuestra voluntad. Es la etapa de empezar a querer hacerlo. Estos actos pueden ser el saludar a esa persona amablemente cuando nos encontremos con ella, no rehuirla, evitar hablar mal y, sobre todo, implica orar cada día intercediendo por ella para que el Señor la bendiga en todo. Esta oración no debemos realizarla solamente hasta que dejemos de experimentar ese fuerte rechazo hacia esa persona, sino que continuará hasta que sintamos verdadero amor hacia ella. Nos constará mucho esfuerzo seguramente, pero si no realizamos actos concretos de este tipo, pronto abandonaremos todo propósito de perdonar de verdad.

c Perdonar con el CORAZON: Una vez que hayamos realizado durante un tiempo determinado estos actos concretos, sentiremos que realmente ya hemos perdonado con el corazón, es decir, olvidando por completo la herida.

SANACION POR EL PERDON

In document Seminario de Vida en el Espíritu (página 189-192)