Testimonio
2. [5].Estábamos muertos por nuestras faltas y nos hizo revivir con Cristo: ¡por pura gracia ustedes han sido salvados!
Ef. 2, 5 Hermanos, quiero dar gracias a Dios nuestro Señor, por lo que ha hecho por mi la semana pasada, hasta ahora se me hace difícil comprender como ocurrió todo, pero estoy muy agradecido a Dios por salvar no solo mi vida, si no la de toda mi familia. Mi vida no ha sido fácil, desde niño tuve muchos problemas lo que marcó mi vida, me case, ingresé a trabajar en la empresa y he venido llevando una vida normal, si es que por normal se entiende que tenía esposa, dos hijos, y simultáneamente un compromiso con otra mujer con la que también he tenido un hijo.
Mis relaciones familiares con mi esposa, mis hijos; mi amante y mi hijo, han sido gobernadas por la violencia, el licor y la poca atención que les he brindado. Cuando tomo licor me vuelvo muy violento, no respondiendo de mis actos, pagando las consecuencias mis familias.
Siempre he sido muy católico, muy creyente, en el trabajo siempre celebraba cuanta fiesta religiosa hubiera oportunidad, era el primero en organizar la fiesta, en llamar al sacerdote, mandar hacer una misa y al finalizar ésta, comprar licor y emborracharme con los compañeros de trabajo, agredir a alguno de ellos porque me miró mal, para después ir a los burdeles o salir con alguna "amiga", y finalmente escoger si ir a mi casa o a "visitar" a mi amante, total la vida es para vivirla.
En una oportunidad llegó de otra sede de la empresa uno de mis jefes que por razones de trabajo se ha quedado con nosotros por algún tiempo, él le hablaba del amor de Dios a cuanta persona se le cruzara por su camino, y entre ellos yo escuché lo que el decía pero no le tomé mayor importancia.
Un día a eso de las 10 de mañana tomé conocimiento que mi amante me era infiel, pues mantenía una relación amorosa con otro hombre y eso no podía ser, ella debería ser fiel a mi, su hombre. Dado lo violento que era, tomé una rápida determinación que ella debería morir por infiel, pero lógicamente, yo debería salir libre de toda sospecha.
Poco a poco iba creciendo mi resentimiento, inicialmente quería matar a mi amante, después quería matar también a mi hijo, y finalmente también a mi esposa y a mis hijos, estos pensamientos daban vueltas por mi cabeza, y cada vez más fuerte, el impulso ya no me dejaba hacer nada, mi sed de matar era más fuerte que yo.
Ya eran las 2 de la tarde, cuando me dirigí a las oficinas donde trabajaba el jefe del que les he hablado, y me le acerque y me puse a conversar con el, me preguntó que era lo que me pasaba, que me veía muy tenso, le dije que nada que yo era así, y finalmente le pregunté que debía hacer un hombre al cual su amante le había sido infiel.
Su respuesta fue simple, dejarla ya era casado, me hablo de la fidelidad, del amor; le replique que existía un hijo me dijo que lo atienda pero que deje la doble vida, me preguntó si era mi caso, le dije que no, que era el caso de un amigo.
En ese instante la mente se me "iluminó" y le pregunté que a que hora salía del trabajo, me dijo que a las 4.30, por lo que le pregunté si le podía decir loquito, que eso era mas familiar, me dijo que no tenía ningún problema, entonces invité al loquito a ir a una cantina después de la hora de salida.
Ante esto él me dijo que de acuerdo, pero en un sitio donde había gente muy alegre, donde se bailaba mucho, le pregunté si habían mujeres, si, me dijo, hay muchas mujeres, todas alegres, ¿hay licor? pregunté, mucho me dijo, entonces me froté las manos, y le dije correcto allí estoy a las 4.30
Todo estaba hecho, mi plan estaba saliendo de maravilla, como me había dado las señales de donde quedaba ese lugar de diversión, fui pero no ingresé, si no que miraba de lejos, mas o menos a las 4.45 llegó, miró, no me vio, e ingresó por una puerta que queda cerca a un convento.
Después de un rato de pensar lo que estaba planificando, me acerqué a esa puerta y escuché gente que cantaba, parece que a Dios, y pensé este loco y sus cosas, me retiré pensando que hacer, y determiné regresar un poco mas tarde, cuando el loco se desocupara de sus tonterías, total un hombre debe cumplir sus promesas y el me había prometido una borrachera.
Cruce la calle para esperar un carro, pero la mirada se me iba hacia la puerta, algo me llamaba, como si me dijeran, ven, pasó un carro de servicio público, paró y lo dejé ir, esto me ocurrió como tres o cuatro veces, y nuevamente el impulso de ir hacia la puerta por donde había entrado el loquito.
Bueno me dije, voy y lo rescato, así no se me escapa, termina la función y lo saco de ahí para la cantina, y entré, había muchos hombres y mujeres, todos cantaban y bailaban para Dios, pensé; estos están más locos que mi amigo el loquito.
Pude ver al loquito, quien me invitó a sentarme al costado suyo, para esto los bailes habían cesado y empezaron a concentrarse y hablar de Dios, cada uno en su sitio, le daban gracias, le pedían cosas y de repente los que dirigían el grupo se me acercaron y pusieron sus manos en mi cabeza.
Poco a poco, las oraciones concluyeron y nuevamente empezaron a bailar y adorar a Dios, y sin darme cuenta yo también estaba haciendo lo mismo, muy alegre.
Los que dirigían el grupo pidieron que se de testimonio de lo que Dios había hecho en ese instante, el loquito se me acercó y me dijo; cuando fuiste a mi oficina estabas tenso, ahora estas feliz, como si todo fuera distinto, debes dar tu testimonio, casi lloro y le dije que no, no estaba preparado.
Al salir de la reunión, le pedí al loquito que me acompañara y le hice una confesión: loquito, aquel a quien su amante le era infiel soy yo, y te voy a contar que quería ir contigo a una cantina para tomar licor y después de unas cuantas cervezas, pedirte permiso por un momento, ir a la casa de mi amante y matarla a ella y a mi hijo, y después regresar a seguir tomando, pues tu eras mi coartada, en mi locura no se si también iba a matar a mi esposa y mis hijos. Me ofreciste una borrachera y cumpliste, ahora estoy borracho de Dios, cuando los que dirigen el grupo pusieron sus manos en mi cabeza, sentí que se caía una venda de mis ojos, y solo me preguntaba, ¿que he
hecho de mi vida? A partir de ese momento, tomé la determinación de dejar la doble vida, dejar los prostíbulos, las "amigas" dejar la violencia y mirar a Dios.
El loquito solo me dijo, mira cuanto te ama Dios que no ha permitido que hagas todo eso, eres como Moisés, salvado de las aguas de un río de pecado.
Esa noche, fui a mi casa y me senté a ver televisión con mis hijos, ellos me miraban con temor, yo los llamé y los abrace, y llorando los besaba y daba gracias a Dios por haberme salvado de hacer todo lo que tenía pensado, mis hijos me preguntaron que me pasaba, por que lloraba, y solo podía decirles Dios nos ha salvado.
¡Gloria a Dios el Señor que nos salva!
Nota.- En la actualidad el hermano que da este testimonio, pertenece al ministerio de música de un grupo de oración donde toca el tambor, de esto hace ya 4 años.
Oración
Si con tu boca reconoces a Jesús como El Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.
ROM 10, 9