• No se han encontrado resultados

La acción colectiva y la elección social

4. El programa analítico y el debate de los microfundamentos

4.4 La acción colectiva y la elección social

Dos teorías se han ocupado de las dificultades que afrontan los procesos colectivos de producción de ciertos eventos sociales: la Teoría de la Acción Colectiva y la Teoría de la Elección Social. La investigación desarrollada en ambos ámbitos permite profundizar en la lógica explicativa de tales eventos.

La Teoría de la Acción Colectiva se ocupa de explicar qué hace que con frecuencia no se obtengan los resultados perseguidos en acciones colecti- vas, es decir, cuáles son las causas del fracaso de la acción colectiva. A par- tir de los trabajos de M. Olson109, padre de la Teoría de la Acción Colectiva tal como hoy la conocemos, se investiga por qué los actores humanos no son capaces de producir, actuando conjuntamente, los resultados deseados y buscados por todos y que a todos interesa alcanzar. La respuesta a esta cuestión tiene que ver, tal como señala el mismo Olson, con la lógica de la acción colectiva y la naturaleza de los productos que esta acción persigue obtener: bienes colectivos y bienes públicos110. La característica esencial de estos bienes, sobre todo si son públicos, es que son tales que una vez obte- nidos nadie puede ser excluido de su consumo, ni siquiera aquellos que no han colaborado en su obtención111. Tienen como rasgo fundamental, por tanto, la imposibilidad de excluir a consumidores potenciales. Esto da lugar al que ha sido denominado problema de la acción colectiva o problema del

free rider (gorrón). Este problema se basa en el hecho de que el mejor re-

sultado individual se obtiene si los individuos se comportan como egoístas 109 M. Olson, 1965, 1982 y 2000.

110 La única diferencia que establece es que los bienes públicos son aquellos proporcio-

nados por el Estado (tales como la defensa nacional, la seguridad ciudadana, la preser- vación del medio ambiente o la educación libre y gratuita), y los colectivos, aquellos su- ministrados por organizaciones ajenas al Estado.

111 M. Olson, 1965, p. 24. Samuelson fue uno de los primeros que formuló la definición

de esta clase de bienes como aquellos que todos disfrutan en común, en el sentido de que el consumo que hace cada individuo de dicho bien no disminuye el consumo del mismo por parte de ningún otro individuo. Es lo que más tarde se ha denominado los bienes públicos puros de Samuelson, a los que M. Olson hace referencia «como unidad de oferta». Existen bienes públicos puros, como puede ser la educación libre y gratuita. Pero no todos los bienes públicos ni los colectivos presentan esta unidad de oferta.

racionales, no participando en la obtención del bien público, mientras que el mejor resultado colectivo se da si todos participan cooperando para lo- grarlo. El razonamiento del gorrón es: si no puedo ser excluido del disfrute de un bien colectivo, mi óptimo individual es no participar en su provisión (pagando impuestos, dejando de contaminar, etc.), ya que me voy a benefi- ciar igualmente sin coste alguno. De nuevo se da oposición entre lo mejor individual y lo mejor colectivo.

Lo que muestra la Teoría de la Acción Colectiva es que está en el interés racional de los individuos actuar como egoístas racionales con la conse- cuencia de que no se logra el bien colectivo con el que todos estarían mejor. Olson lo reconoce así cuando afirma: «si los miembros de algún grupo tie- nen un interés u objetivo común, y si todos ellos están en mejor situación en caso de que ese objetivo se logre, se piensa que, lógicamente, los miem- bros de ese grupo, si son racionales y egoístas, actuarán con el fin de alcan- zar ese objetivo. Pero de hecho no es cierto [...] las personas racionales y egoístas no actuarán para lograr sus intereses comunes o de grupo»112.

Ahora bien, si no se tiene en cuenta ningún otro factor, nos encontra- ríamos con que ningún bien colectivo sería provisto. Pero, de hecho, esto no es así, puesto que, como decíamos, la sociedad no es una guerra de todos contra todos, un estado hobbesiano de naturaleza, reducida a una multitud de individuos insolidarios generadores de efectos macroso- ciales incontrolables. La pregunta es entonces: ¿cuándo es posible que la acción colectiva no fracase? Olson ha señalado, respecto a esta cuestión, que los factores relacionados con el tamaño del grupo son centrales, puesto que cuando es pequeño hay incentivos para la cooperación: los individuos se conocen, hay presión social, la no cooperación es percepti- ble para el resto del grupo, con lo que es posible la exclusión de los gorrones. Sin embargo, aun en grupos pequeños, el bien colectivo tiende a ser proporcionado a un nivel subóptimo, por debajo de lo que sería posible113.

En el caso de los grupos grandes, según Olson, el bien colectivo no se obtiene a no ser que se intervenga externamente. Es decir, para el autor, la única posibilidad de que la acción colectiva tenga éxito descansa en lo que se conoce como solución centralizada al problema del free rider: una auto- ridad externa obliga, incentivando positiva o negativamente la cooperación en la producción de un bien colectivo o público. Ésta es la famosa respuesta ofrecida por Hobbes hace más de trescientos años, al sostener que la coope- ración sólo es posible si existe una autoridad que la imponga. Las personas

2. Neopositivismo, racionalismo crítico e individualismo metodológico

112 M. Olson, 1965, p. 12. M. Taylor afirma que «se asume que cada jugador trata de

maximizar solamente sus propios pagos» (M. Taylor, 1976, p. 69). La hipótesis de parti- da es que «los individuos buscan el beneficio propio», como explica R. Axelrod, 1984, pp. 18-19.

son incapaces de cooperar voluntariamente para proveerse de bienes como la seguridad, la educación o la salud.

Sin embargo, diversos autores han investigado la posibilidad de solucio- nes cooperativas descentralizadas examinando si la cooperación sin el re- curso a una autoridad externa es factible, y en qué términos lo es. Es decir, si puede darse cooperación entre individuos a los que sólo une compartir si- tuaciones específicas en las que el interés de todos está en juego según lo que todos hagan. Los trabajos en este terreno se han desarrollado siguiendo dos vías fundamentales: indagando qué condiciones de la interacción colec- tiva hacen factible la cooperación y analizando los supuestos acerca de la es- tructura de preferencias de los agentes (lo que ha implicado cuestionar el su- puesto básico de la teoría de Olson que equipara racionalidad y egoísmo)114. Los resultados de los trabajos realizados son enormemente interesantes y están dotando a la teoría de fundamentos más amplios115.

La Teoría de la Elección Social tiene como objeto de estudio las eleccio- nes colectivas. Los problemas básicos a que se enfrenta son: ¿cómo se pasa de preferencias individuales a resultados sociales que reflejen estas prefe- rencias?, ¿están en juego los mismos parámetros de racionalidad en los in- dividuos y en la colectividad?, ¿existe algún método para que la sociedad elija racionalmente?116.

Los principales ámbitos de investigación de estas cuestiones son, tal como señala A. Sen117:

1) Los mecanismos institucionales de elección social. Esto tiene que ver con las reglas de elección que usa una sociedad particular para pasar de preferencias individuales a decisiones sociales.

2) Las decisiones de planificación racional están directamente relacio- nadas con el bienestar agregado de la sociedad, ya que se requiere una teoría que relacione las preferencias individuales con los objeti- vos de la planificación. En este contexto se da una problemática compleja, pues debemos abordar el estudio de la construcción de funciones de bienestar, lo que plantea tres problemas básicos aún no resueltos: mensurabilidad del bienestar individual, comparabilidad interpersonal y la forma de una función de bienestar social basada en las preferencias individuales.

3) La argumentación sobre política social, generalmente encaminada a un cambio en los mecanismos de elección colectiva.

114 Como muestro en mi trabajo: A. Gómez Rodríguez, 1995a. 115 Véase, para este tema, F. Aguiar, 1991, pp. 1-42.

116 Agradezco la colaboración de O. Torres en la elaboración de este apartado. Para un

tratamiento en profundidad de los problemas de la elección social, véase su tesis El pro-

blema de las reglas de la elección social, Universidad de La Laguna, 2002.

4) Los problemas de decisiones de comité que por su simplicidad constituyen una buena área de estudio para detectar los principales problemas que afectan a las decisiones colectivas.

La Teoría de la Elección Social se consolida como tal a partir de las in- vestigaciones de K. J. Arrow en los años cincuenta en torno a las reglas de elección colectiva118. Los problemas que trata de solucionar tienen sus an- tecedentes, por un lado, en los estudios pioneros de Borda y Condorcet, en el siglo XVIII, a los que debemos el análisis de la famosa paradoja del voto

referente al método de votación de mayorías. Por otro, y sobre todo, en los intentos de construir funciones de bienestar social en la economía del bie- nestar. De hecho, el trabajo de K. J. Arrow se desarrolla a partir de los in- tentos de Bergson y Samuelson de construir funciones de bienestar social evitando los problemas del óptimo de Pareto. La cuestión es establecer cómo dependen las funciones de bienestar social de las ordenaciones de preferencia individuales y cómo ordenar esas preferencias de tal manera que se puedan formular reglas de elección colectiva. El objetivo básico de Arrow es examinar si las reglas de elección colectiva cumplen una serie de condiciones sin las cuales serían inaceptables. Este intento dará origen a su famoso Teorema de Imposibilidad119.

Los supuestos básicos de los que parte Arrow en su teoría son los si- guientes. En primer lugar, considera aquellos métodos de toma de decisio- nes colectivas en los que entran en juego las preferencias de todos los indivi- duos que componen la sociedad. En segundo lugar, parte del supuesto de que las elecciones sociales dependen de las preferencias individuales y a partir de ellas se constituyen. En tercer lugar, las preferencias de los sujetos han de cumplir unos requisitos mínimos de racionalidad formal, a saber, re- flexividad, transitividad y completud, es decir, las preferencias de los indivi- duos han de constituir ordenaciones. El cuarto y último supuesto es que la comparación interpersonal de utilidades no tiene ningún significado. Esto es así porque es imposible medir numéricamente la utilidad que le reporta a un individuo una opción concreta al constituir magnitudes psíquicas individua- les imposibles de comparar y mucho menos de sumar o agregar (tal y como sostenían los utilitaristas al asignar valores reales a las opciones del agente).

2. Neopositivismo, racionalismo crítico e individualismo metodológico

118 K. Arrow, 1951, 1963 y 1967.

119 Es a partir de la obra de R. Arrow cuando la Teoría de la Elección Social comienza

a constituirse con entidad propia, aunando en su seno cuestiones muy variadas sobre economía, política y ética y desgajándose de la política económica. La Teoría de la

Elección Social engloba en un solo corpus teórico cuestiones como el criterio óptimo de

redistribución de bienes y riqueza, la naturaleza de una función de bienestar social para llegar a ese óptimo, los métodos más adecuados para agregar las preferencias individua- les y las condiciones que debe cumplir, si es que ha de cumplir alguna, o la génesis y conformación de las preferencias individuales.

Partiendo de estos supuestos, Arrow enuncia las condiciones básicas para las reglas de elección social (funciones de bienestar social FBS) exigiendo que los axiomas de la racionalidad sean satisfechos por cualquier método de elección aceptable, junto a la satisfacción de dichas condiciones120. Las con- diciones de Arrow son bien conocidas, y han recibido distintas formulacio- nes en la literatura especializada121.

La primera condición exigida por Arrow, denominada por Sen dominio

no restringido, afirma que han de ser admisibles todas las ordenaciones in-

dividuales lógicamente posibles de las situaciones sociales alternativas. La condición nos permitirá ordenar todas las alternativas, aunque no sepamos la ordenación concreta que algunas de ellas tienen para cualquier individuo. La segunda se denomina independencia de alternativas irrelevantes, y exige que la elección entre un par x, y esté determinada por las preferencias de los individuos sobre ese par y no por opciones independientes a él.

La tercera es el criterio débil de Pareto, y nos exige que si todos los in- dividuos prefieren x a y, la sociedad debe preferir x a y.

La cuarta es la condición de no dictadura, que afirma que las elecciones sociales no estarán basadas en las preferencias de un solo hombre, de modo que si éste prefiere x a y, y la sociedad prefiere y a x, la elección social ha de ser y, no x.

De lo que se trata es de construir una ordenación social de todas las po- sibles situaciones sociales alternativas a partir de un conjunto de ordenacio- nes individuales de esas situaciones, y que esa forma de construir esté de acuerdo con las condiciones 1-4 y con los supuestos básicos de la racionali- dad. El resultado al que llega Arrow es el Teorema de Imposibilidad, que afirma que existiendo al menos tres alternativas que puedan ordenar de cualquier modo los miembros de la sociedad, toda función de elección so- cial que satisfaga las condiciones 1, 2 y 3 y cumpla los supuestos básicos de racionalidad, ha de ser dictatorial, es decir, no cumple la cuarta condi- ción. O, lo que es lo mismo, las condiciones son inconsistentes entre sí.

El no cumplimiento de estas condiciones, incluyendo los postulados de la racionalidad, tiene una importancia central, ya que supone que se carece de un método de toma de decisiones que garantice que las elecciones colec- tivas reflejan las preferencias individuales (dando cuenta de cómo se pasa de preferencias individuales a elección colectiva y cómo se hace esto racio- nalmente). Si esto es así, ocurre que aquello que resulta de la elección so- cial no es lo que elegimos individualmente, es decir, no refleja las preferen- cias en función de las cuales lo elegimos, al contrario de lo que tendemos a pensar como fundamento de las elecciones públicas122.

120 Estos axiomas exigen que los resultados sociales se constituyan en ordenaciones, es

decir, la ordenación de preferencias resultante ha de ser reflexiva, transitiva y completa.

121 En las definiciones seguiremos a A. Sen, 1970. 122 K. J. Arrow, 1951, p. 219.

El Teorema de Arrow ha generado y continúa generando una cantidad ingente de literatura y ha dado lugar a varias líneas de investigación de las cuales una de las más interesantes es la que explora A. Sen123. Este autor ha orientado su trabajo hacia el estudio de la génesis y conformación de las preferencias individuales y el postulado de nuevas reglas que no generen contradicciones. Por otro lado, J. Harsanyi124 examina la posibilidad de construir funciones de bienestar social medibles cardinalmente. En cual- quier caso, la paradoja continúa planteada, y de ahí el interés de las investi- gaciones que se están llevando a cabo.