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El principio de racionalidad como ley de animación

2. El modelo de ley de cobertura en ciencias sociales

2.2 El principio de racionalidad como ley de animación

Popper plantea la explicación de las acciones en términos de la lógica de la situación y de la adecuación del comportamiento del agente a ella. La ex- plicación se da en función de la situación (condiciones iniciales) y un prin- cipio de racionalidad que opera como ley de cobertura. Afirma que «[...] además de las condiciones iniciales que describen los intereses y obje- tivos personales y demás factores de la situación —tales como los datos disponibles para el investigador—, supone tácitamente, a modo de primera aproximación, la ley general trivial de que las personas cuerdas actúan, por lo común, en forma más o menos racional»36. Actuar racionalmente no im-

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plica consideración alguna acerca de la racionalidad de la naturaleza huma- na, sólo se refiere a la adecuación de la acción a la lógica de la situación. El principio de racionalidad es una hipótesis general que afirma que «los indi- viduos actúan siempre de acuerdo con la lógica de la situación»37. Popper es explícito al respecto: «... cuando hablamos de “conducta racional” o de “conducta irracional”, queremos significar un comportamiento que está o no de acuerdo con la lógica de la situación»38.

La lógica de la situación está configurada sustancialmente por dos tipos de elementos: (a) fines y creencias (éstas se objetivan como información y teorías del agente) y (b) los hechos (estados de cosas y procesos)39. He- chos, creencias y objetivos tienen un cierto orden de existencia al que Pop- per denomina «lógica de los acontecimientos» o «lógica de la situación». Este orden es objetivo y determina la acción adecuada. Cualquier individuo sólo ha de leer ese orden (evaluando la situación) para saber cuál es esa ac- ción y realizarla. La elaboración de un modelo explicativo sólo exige que se establezcan las circunstancias de los individuos y si la acción realizada está de acuerdo con la lógica objetiva de la situación. La explicación puede esquematizarse en los siguientes términos:

(1) El agente A estaba en una situación del tipo C.

(2) En una situación de tipo C, la cosa apropiada a hacer es x.

(3) Los individuos siempre actúan de acuerdo con la lógica de la situa- ción (PR).

(4) Por tanto, A hizo x40.

Este esquema supone una acción adecuada que viene objetivamente de- terminada por la situación y que el agente en cuestión llevó a cabo esa ac- ción, puesto que los individuos siempre actúan de acuerdo con la lógica de

la situación. Su acción queda explicada (o puede ser predicha) por el expla- nans señalado.

Las personas actúan racionalmente en la medida en que realizan la ac- ción adecuada para obtener determinados objetivos que forman parte de la situación cuya lógica se evalúa. La explicación situacional se alinea con la racionalidad de medios (Weber) o racionalidad instrumental (Habermas), no con la de los fines. Las elecciones de los actores conciernen a los me- dios, se circunscriben a ellos. La racionalidad se mide, en consecuencia, en la adecuación de los medios a unos determinados fines41.

37 K. R. Popper, 1967, p. 136.

38 K. R. Popper, 1945, p. 282. Véase también K. R. Popper, 1967, p. 136. 39 K. R. Popper, 1962, p. 117.

40 Este esquema es una variación de la esquematización que, de la propuesta de Popper,

hace N. Koertge, 1975, pp. 437-462, cita p. 440.

41 Como señala H. Simon, la concepción estándar de la racionalidad supone que, esta-

El principio de racionalidad supone actores que disponen de toda la in- formación relevante; su conocimiento de la situación es el apropiado; sus teorías, adecuadas; su evaluación del curso de acción a seguir, correcta, y su actuación, consistente (no están sujetos a problemas de akasía). Son ac- tores capaces de saber cuál es la acción apropiada (y de llevarla a cabo) en un medio que no ofrece resistencia ni opacidades, riesgo o incertidumbre. Cualquier individuo que no cometa errores llevará a cabo la acción racio- nal, pues se limita a sacar las consecuencias de lo que está implícito en la situación.

Pero la cuestión es que, como Popper reconoce, las personas cometen errores en su evaluación: falta de información, estar sometidas a tensio- nes, etc. Por tanto, no siempre ocurren las cosas como afirma el principio de racionalidad; no siempre se lleva a cabo la acción adecuada. Esto sig- nifica que el principio de racionalidad, en cuanto ley universal acerca de la conducta humana, queda falsado por los hechos. Popper reconoce esta situación explícitamente cuando afirma: «... el principio de racionalidad me parece con certeza falso»42. Es un principio casi vacío o principio

cero, que ha de ser entendido como una ley de animación, no como una

afirmación empírica o psicológica43. Bajo esta formulación no es suscep- tible de ser refutado, ya que es entendido como una aproximación a la

conducta, una idea li zación de escaso contenido empírico no sujeta a los

mismos requisitos que una ley empírica. Lo que nos deja, como se ha se- ñalado en el capítulo dos, con una ley de cobertura atípica que problema- tiza la tesis de la unidad metodológica sostenida por Popper, ya que no sa- tisface las asunciones fundamentales del falsacionismo: ser refutable y no quedar refutada.

Popper trata de soslayar este problema haciendo descansar el peso de la contrastación en otras partes del modelo explicativo. Según el autor, no debe abandonarse nunca el principio de racionalidad; si una explicación fa- lla, no por eso ha de ser cuestionado. Son los demás componentes del mo- delo los que quedarían afectados: «una buena práctica metodológica con- siste en no declarar responsable al principio de racionalidad, sino al resto del modelo»44. Es la explicación que el científico propone la que puede ser refutada por contrastación, no el principio de racionalidad. Los modelos ex- plicativos se construyen teniendo en cuenta los diversos factores que inter- vienen en la acción; son estos factores los que pueden ser falsados, no el

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da por el medio. Esto es así porque en condiciones de certeza una de las opciones se di- buja como objetivamente preferible a otras, y esto ocurre casi de forma determinista. Los fines es lo único que puede variar, pero éstos vienen dados (H. A. Simon, 1979, pp. 133-134).

42 K. R. Popper, 1967, p. 138. También K. R. Popper, 1962, p. 118.

43 Véase K. R. Popper, 1967, pp. 139 y ss. También K. R. Popper, 1944-1945, p. 156. 44 K. R. Popper, 1967, p. 140.

principio. Éste sigue siendo apropiado, es una categoría que aplicamos a la realidad para hacerla inteligible, y, por tanto, ha de mantenerse a priori.

Las acciones que realizan las personas son un intento de resolver una si- tuación-problema. Así pues, «la teoría explicativa de la acción consistirá fundamentalmente en una reconstrucción conjeturada del problema y su trasfondo. Una teoría de este tipo puede ser perfectamente contrastable»45. No es el principio de racionalidad el que se pone en juego, sino las hipóte- sis explicativas concretas que se formulan. Lo único que se le pide al cien- tífico es que construya un modelo adoptando el principio de racionalidad como ley de animación de ese modelo, mientras que los demás componen- tes han de limitarse a ser meras hipótesis modificables. Ha de establecerse si el agente realizó la acción racional y, en tal caso, explicar por qué la rea- lizó describiendo la situación objetiva en que se encontraba (premisa 1), ex- plicitando cuál era la acción adecuada en esa situación (premisa 2) y afir- mando el principio de racionalidad (premisa 3). Si la acción realizada no fue la racional, debe examinarse la situación para ver dónde cometió el agente un error. En ese caso, se ha de abandonar el primer modelo por otro que recoja lo que ocurrió y dé cuenta de por qué se llevó cabo una acción no apropiada a la situación.

El científico no sólo ha de explicar las acciones objetivamente adecua- das, sino también las que no lo son, a partir de su conocimiento más vasto de la situación que engloba la visión más limitada del agente. Una explica- ción de este tipo supone una reconstrucción amplia de la situación que el actor evaluó erróneamente; «mediante esta reconstrucción más amplia de- bemos poder discernir cómo y por qué la situación tal como la veían los agentes (con su experiencia limitada, sus objetivos timoratos o demasiado desmedidos, su imaginación pobre o demasiado activa) les ha conducido a obrar tal y como han hecho, es decir, de una manera adaptada a su visión inadaptada de la estructura situacional»46. Es necesario, por consiguiente, «establecer la distinción entre la situación tal como la ve el agente y la si- tuación tal como es (ambas evidentemente conjeturadas)»47.

Se pueden racionalizar, según Popper, incluso los actos de un loco. Has- ta la conducta patológica es una respuesta racional a una determinada situa- ción, es decir, una respuesta en la medida de las posibilidades del agente que ha procedido racionalmente a partir de su evaluación de la lógica de la situación48. La inadecuación de la acción no implica la irracionalidad de los actores ni la de su proceder. Éstos han evaluado la situación, en la me - dida de sus capacidades, realizando la que consideraron acción más ade- cuada a la situación. De esta manera, Popper introduce, junto a su principio 45 K. R. Popper, 1972, p. 170.

46 K. R. Popper, 1967, p. 142. Véase también K. R. Popper, 1972, p. 169. 47 K. R. Popper, 1972, p. 169.

de racionalidad, otra generalización sobre la conducta que viene a afirmar que las personas llevan a cabo la acción que consideran adecuada a la si-

tuación según su evaluación de la misma, sea ésta correcta o no. Sin tal hi-

pótesis las acciones que no se adecuan a la situación tendrían que ser consi- deradas consecuencia de la irracionalidad de los individuos sin necesidad de más explicación, lo que Popper rechaza.

Con estas consideraciones la racionalidad se está adscribiendo no sólo a la conducta y acción adecuadas a la situación, sino también al proceso por el cual agentes limitados, que proceden de manera imperfecta, realizan ac- ciones equivocadas desde el punto de vista de la lógica objetiva de la situa- ción. En este segundo sentido la noción de racionalidad tiene resonancias, en cierta medida, cercanas a la racionalidad procedimental de H. Simon, para quien, dadas las limitaciones cognitivas de los agentes (y las caracte- rísticas de la información en condiciones de riesgo), lo que cuenta es el proceso seguido por los seres humanos para elegir una alternativa, no que ésta sea un óptimo o un máximo. De ahí su tesis de la racionalidad limitada alejada de la maximización de funciones de utilidad49.

Sin embargo, el paralelismo acaba aquí. Los enfoques de ambos autores son muy diferentes. Popper se limita a reconocer lo que para su enfoque es un problema, a no condenar a los agentes a la irracionalidad por ello y a ampliar el ámbito de las acciones explicables situacionalmente. El princi- pio de racionalidad propuesto sigue determinando la explicación según la lógica de la situación. Son los casos que se desvían los que obligan a otro tipo de consideraciones sobre la racionalidad. Cuando una explicación fa- lla, no sólo se trata de revisar las condiciones iniciales acerca de la situa- ción, sino que se puede también explicar el fallo recurriendo a la hipótesis de que los agentes no han procedido como debían en la situación, dadas sus limitaciones. Esto no es sino una estrategia inmunizadora, que, junto a otras, como vaciar de contenido empírico al principio de racionalidad, que se vuelve así infalsable, o la afirmación de que son otros elementos de la explicación los que pueden ser falsados, protege su principio de racionali- dad de la refutación. De esta manera, como se señaló en el capítulo dos, Popper está haciendo algo en relación al método situacional que rechaza explí citamente para la ciencia en general: mantener estrategias inmuniza- doras, lo que, en términos estrictamente falsacionistas, pone en tela de jui- cio la tesis de la unidad de método que Popper defiende para el método si- tuacional.

Esto hizo que autores que compartieron su enfoque, como N. Koertge o J. Leach entre otros, optaran por reformular el principio de racionalidad tra- tando de evitar los problemas que presentaba la formulación popperiana.

Sin embargo, el uso de estrategias inmunizadoras por parte de Popper no afecta a la valoración posterior del método situacional. Se reconoce el inte-

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rés de esta propuesta para las ciencias sociales y se desproblematiza el re- curso a tales estrategias. Según Caldwell, Latsis o Hands, entre otros, la ló- gica de la situación es una de las aportaciones más relevantes de este autor que muestra algo que forma parte del proceder habitual en ciencia: que los científicos, al contrario de lo que pretendía Popper, usan estrategias inmu- nizadoras50. En palabras de Caldwell, la economía ha usado generalmente el método situacional y las estratagemas inmunizadoras, y esto no ha su- puesto un problema; el antiinductivismo de Popper no debe ser tomado en serio: los datos pueden apoyar las teorías más que falsarlas51.

Lo que sí se cuestiona es el uso de modelos N-D de explicación de la ac- ción. El principio de racionalidad propuesto como ley de cobertura, junto con las condiciones iniciales señaladas, no permiten inferir con certeza de- ductiva la ocurrencia del explanandum E.