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3. El holismo metodológico

3.1 La Teoría General de Sistemas

La Teoría General de Sistemas surgió después de la Segunda Guerra Mun- dial, a partir de los trabajos de N. Wiener y von Bertalanffy (discípulo de Weiss), como teoría de los sistemas biológicos (Weiss y Bertalanffy) y como teoría de las máquinas que procesan información o cibernética (inte- resada por los problemas de la comunicación y el control que presentaban los sistemas automatizados cuyo máximo exponente eran las computadoras [Wiener y von Neumann])55. El enfoque de sistemas tendió al globalismo abarcando toda la realidad y su conocimiento en oposición al mecanicismo y al reduccionismo. Se planteó como la teoría de todos los tipos de sistemas 53 Para este tema, véase J. Elster, 1979, sobre todo pp. 23-27.

54 Según Ferrater Mora, 1979, p. 3063.

55 L. von Bertalanffy, 1968; J. von Neumann, 1958; N. Wiener, 1948; W. Buckley,

1967; D. Easton, 1965; T. Parsons et al., 1951 y 1968; N. Luhmann, 1983, 1990 y 1996; R. Carnap, O. Morgenstern, N. Wiener et al., 1974.

dando lugar a una postura perspectivista (y de jerarquización de sistemas) que pretendía una descripción de toda la realidad. Se consideró que el con- cepto de sistema constituía un nuevo paradigma destinado a sustituir a otros paradigmas existentes. Fue aplicado a las ciencias sociales en su versión más perspectivista, entre otros, por Buckley, Luhmann, Easton y Parsons. En ciencias sociales el enfoque de sistemas fue adoptado sobre todo por la sociología, aunque se hizo programáticamente extensivo a las ciencias sociales en general en la medida en que se consideró que las fronteras entre disciplinas no tenían sentido (dada la forma integracionista en que se enten- dió la realidad social). Se planteó como una alternativa «epistemológica ca- paz de proporcionar a las ciencias sociales una base científica consolidada» y sostuvo el ideal neopositivista de la unidad de la ciencia y el conocimien- to56. Algunos autores consideraron que la cibernética permitía transcribir el método dialéctico hegeliano-marxista a conceptos propiamente científicos, con lo que se hacía posible replantear la concepción dialéctica de la reali- dad sociohistórica57.

El enfoque sistémico supuso la aplicación en sociología de analogías provenientes de las ciencias biológicas y la cibernética, utilizándose metá- foras cibernéticas y orgánico-adaptativas. Nociones como la de retroali-

mentación, teleología de los sistemas, relación sistema-medio o evolución

configuraron una ontología social, una teoría general de las sociedades, y sustentaron una epistemología dirigida al conocimiento de las totalidades sociales y su autorregulación. Por tanto, la perspectiva sistémica implicó tres niveles que muchas veces no quedaron bien diferenciados: el teórico, el ontológico y el epistemológico.

Se dio por sentado el automatismo de los procesos sociales y la existen- cia de sistemas complejos con diferentes grados de organización. Las socie- dades se concibieron como sistemas teleológicos, autorregulados y autodi- rectivos, abiertos al medio con el que intercambian energía e información. La interacción con el medio se consideró esencial para la viabilidad del sis- tema y su continuidad al modo de los sistemas biológicos complejos. Los sistemas sociales se consideraron adaptativos con disposición a conservar y propagar las variaciones exitosas; la noción de retroalimentación (feed-

back) era la encargada de dar cuenta de la teleología del sistema.

La retroalimentación fue un concepto fundamental en la afirmación del automatismo social y, por tanto, en su explicación teleológica-funcional; la autodirección y la autorregulación de los sistemas dependían de este meca- nismo. La autodirección supone la autorregulación de los sistemas por re- troalimentación en términos de los flujos informativos (y/o de energía) que proceden del exterior y del mismo sistema. Por tanto, para los sociólogos

2. Neopositivismo, racionalismo crítico e individualismo metodológico

56 J. Rubio Carracedo, 1984, p. 212.

57 Tema que discute Habermas a Luhmann, ya que entiende que la dialéctica no puede

sistémicos era esencial precisar los flujos retroactivos y los tipos de auto- rregulación para dar cuenta del sistema social y su evolución. Esta tarea ofreció, sin embargo, considerables dificultades y condujo a la identificación de dos formas muy generales de la autorregulación y autodirección funcio- nal de todo sistema social y cultural: la integración y la adaptación. Ambas son resultado de tres formas de retroalimentación de los sistemas: persecu- ción de metas, aprendizaje y conciencia. Los conceptos de persecución de

metas, aprendizaje y conciencia refieren a los sistemas mismos y su inte-

rrelación con el medio. Parsons propuso una clasificación similar al señalar como requisitos funcionales que toda sociedad debía cumplir si no quería dejar de existir por extinción (apatía, guerra o absorción) la estabilidad nor- mativa, la integración, la persecución de fines y la adaptación58. Llevó a cabo una clasificación de los constituyentes de todo sistema sociocultural elaborando una ontología general. Tales constituyentes eran el sistema físi- co-químico, el ecosistema, el sistema orgánico, el sistema de acción y el sistema télico. La integración y la unidad de todo sistema sociocultural se dan por las interrelaciones funcionales entre los sistemas y los subsistemas. La base material de los sistemas vivientes, la organización teleonómica, la organización simbólica y el significado de la acción son cuatro parámetros cuya interrelación asegura la integración del sistema en la medida en que interaccionan proporcionando y recibiendo capacidad adaptativa, idoneidad del entorno, energía orgánica, organización motivacional, fe, gracia, orden natural e inteligibilidad59. La teoría de Parsons es un claro ejemplo de la postura perspectivista y de jerarquización de sistemas que supuso el enfo- que de sistemas en sociología.

Los teóricos de sistemas reconocieron la existencia de dos problemas centrales en el sistemismo social que no se daban en el caso de los sistemas orgánicos y artificiales. Estos problemas tenían que ver con dos requeri- mientos básicos de la teoría de sistemas: a) la identificación y caracteriza- ción de los sistemas, que han de poder deslindarse unívocamente frente a su entorno y cuyos límites deben establecerse, y b) los valores que defi- nen el estado del sistema en un espacio y tiempo especificables han de po- der medirse empíricamente identificándose así el estado del sistema y su cambio.

Estos requerimientos fueron satisfechos en biología y en el estudio de sistemas artificiales en la medida en que se disponía de conocimiento em- pírico y teorías (físicas, químicas, biológicas o matemáticas) que permitían especificar y, por tanto, caracterizar los sistemas, el medio, los estados del 58 T. Parsons et al., 1968, pp. 38-41. Por ejemplo, se afirma que «los fines que la socie-

dad persigue al ejercer funciones de control a partir del sistema educativo son: seguri- dad, equilibrio, orden, mantenimiento de las situaciones, adaptación del individuo al medio físico y social». A. J. Colom Cañellas, 1982, p. 149.

sistema y su cambio. Pero no ocurrió lo mismo con los sistemas sociales, dado que se carecía de teorías específicas y conocimiento empírico que lo hicieran posible en los términos exigidos. Hay que tener en cuenta que el co- nocimiento social disponible fue cuestionado por el mismo enfoque de sis- temas, que lo rechazó como francamente erróneo con la propuesta de susti- tuirlo partiendo prácticamente de cero. Por tanto, los sistemas sociales, sus funciones, integración, etc., fueron caracterizados en términos muy apriorís- ticos, fundamentalmente ontológicos, aplicando los supuestos de la Teoría General de Sistemas, es decir, desde la especulación filosófica y por recur- so a las metáforas y analogías transportadas de la Teoría General de Siste- mas, mientras que en el caso de los sistemas naturales se utilizó el conoci- miento científico disponible en cada ámbito con el que se determinó la existencia de cosas como el sistema periódico de elementos, el sistema so- lar o el sistema circulatorio y se las caracterizó. De ahí la franca generali- dad, globalidad y dimensión metafísica de las propuestas sistémicas socia- les y la divergencia entre los autores. Los científicos podían estar de acuerdo a la hora de identificar un sistema físico o biológico, pero no a la hora de identificar un sistema sociocultural o un sistema de acción, sus pro- cesos y flujos de retroalimentación o sus funciones. Por tanto, la cuestión primera que afrontó el sistemismo social, y en la que se problematiza como teoría general, fue cuáles son los sistemas y subsistemas sociales existentes y cómo se los caracteriza.

La segunda cuestión es la del deslindamiento sistema-medio, o interior- exterior. Por un lado, supone tener bien caracterizados los sistemas y sus lí- mi tes identificados. Por otro, dado que el enfoque de sistemas definió la re- alidad social en su totalidad como sistema de sistemas, la noción de medio

del sistema o exterior tuvo difícil encaje. ¿Cuál es el medio exterior a la so-

ciedad y la cultura necesario para el intercambio de energía o información y, por tanto, para la retroalimentación y autodirección? ¿Es la cultura el me-

dio de la sociedad, la sociedad el medio de la cultura, la historia el medio de

ambas o ambas el medio de la historia? Este problema se abordó remitiendo cada sistema a un exterior que es otro sistema, y así sucesivamente, avan- zando en niveles de generalidad. Pero la cadena topa con el problema seña- lado, que se vuelve insoluble, cuando llegamos a los sistemas más genera- les, como el de la cultura o la sociedad. Hay que tener en cuenta que ni siquiera lo natural puede ser considerado el medio, o exterior, puesto que un sistema social ya integra elementos físicos, químicos, orgánicos, además de culturales, económicos, sociales, psicológicos, políticos, etc., como se- ñala Parsons. Esta cuestión queda en suspenso en las propuestas sistémicas. Finalmente, la identificación de los estados del sistema plantea el pro- blema de la determinación de cuándo un sistema cambia o cuándo pervive y, por tanto, la cuestión del cambio social. El cambio social, entendido no sólo como cambio en el sistema sino como cambio de sistema, se convierte en un problema teórico difícil de abordar con las herramientas conceptuales

de la teoría de sistemas. Como ha sido señalado, un orden social puede ex- perimentar fuertes mutaciones estructurales sin abandonar su identidad y continuidad de existencia60. Por consiguiente, no puede decirse cuándo es- tamos ante un nuevo sistema. La cuestión del cambio social queda, así, in- determinada.

El enfoque sistémico se ha planteado también como una forma de análi- sis y estudio de ciertos problemas empíricos más que como una filosofía y teoría generales. Ésta es la conocida como versión científica de la teoría de sistemas basada en la elaboración de modelos (estáticos y dinámicos) y la aplicación de formalismo matemático. En esta versión se sigue el método

científico y sus procedimientos analíticos y de síntesis en el estudio de cier-

tas cuestiones, ya sean de la biología, la ingeniería, la economía o la socio- logía61.