3. El holismo metodológico
3.2 El estructural-funcionalismo
El estructural-funcionalismo se desarrolló en el contexto de la sociología norteamerica (con T. Parsons) y la filosofía francesa e influyó en el psico - análisis con los trabajos de Lacan, en el marxismo con Althusser, la episte- mología de la historia con Foucault y la antropología cultural con Lévi- Strauss. En sociología encontramos también el funcionalismo de Merton, y el de Malinowski y Radclife-Brown en antropología62.
El núcleo de la propuesta estructural-funcionalista se definió en torno a una concepción de la realidad social (una ontología), de la cual se sigue una cierta teoría del conocimiento (epistemología). Esto queda claramente ex- presado en las siguientes palabras de J. Piaget: «al centrarse sobre los carac- teres positivos de la idea de estructura, se encuentran al menos dos aspectos comunes a todos los estructuralismos. De una parte, un ideal o esperanza de inteligibilidad intrínseca, fundada sobre el postulado de que una estruc- tura se basta a sí misma y no requiere, para ser captada, el recurso a ele- mentos extraños a su naturaleza; de otra parte, realizaciones en la medida en que se han llegado a alcanzar efectivamente ciertos caracteres generales y aparentemente necesarios que ellas presentan pese a su variedad»63.
La fundamentación del estructural-funcionalismo se planteó básicamen- te en el terreno metodológico al referir sus tesis ontológicas y epistemoló- gicas a la bondad del método estructural. Tal método se afirmó como clara- 60 J. Habermas, 1988, pp. 309-419.
61 Como señala J. Aracil, 1986, p. 194.
62 Véanse, por ejemplo, Piaget, Lacan, Barthes, Althusser, Foucault, 1969; Claude
Lévi-Strauss, 1949 y 1963; R. K. Merton, 1957; Radclife-Brown, 1948 y 1952; B. Mali- nowski, 1944, y M. Godelier, 1972. Véase la revisión de esta corriente llevada a cabo por M. Cruz, 2002, pp. 349-411.
mente superior a los clásicos y, además, capaz de procurar a las ciencias humanas y sociales la salida del estado precientífico en que se encontraban para convertirse en auténticas ciencias. El método estructural era el encar- gado de proporcionar a las ciencias sociales su identidad dotándolas de un modelo de inteligibilidad que señala cómo es la realidad social y cómo es posible conocerla. Éste constituía «un modelo de inteligibilidad más dia- mantino, es decir, duro y transparente, que el craso positivismo [...] un nue- vo orden de inteligibilidad que descansa en la idea de estructura, opuesta tanto a la razón analítica como a la razón histórica»64. La razón analítica estaría equivocada al tratar de construir lo complejo a partir de elementos simples. El empirismo como base del conocimiento científico se desdeña en favor de la abstracción y la formalización de las relaciones internas a las estructuras. Lévi-Strauss acusa a los antropólogos precedentes de haberse en- cerrado en el empirismo, de basarse en la abstracción de los datos de la expe- riencia. La razón estructural, en cambio, acierta al centrase en los modelos y las estructuras y no tratar siquiera el paso de lo complejo a lo simple, ocupán- dose de algo más radical, el paso de lo complejo a lo complejo, sustitución de una complejidad menos inteligible por otra más inteligible. La estructura es el supuesto teórico «capaz de dar cuenta del carácter sistemático y hermético —totalidad, autorreglaje y cierre o clausura— de un grupo de operaciones»65. Los estructuralistas compartieron el ideal epistémico neopositivista de convertir las disciplinas sociales en ciencias. Pero el modelo de ciencia que se tomó como referencia no fue el de la física, sino el de la lingüística es- tructural de Saussure siguiendo la interpretación de la Escuela de Praga y la fonología estructural de Jacobson. Los tres grandes postulados generales estructuralistas fueron: a) todo significado depende de las relaciones es- tructurales internas a los sistemas y las condiciones formales que las deter- minan (semiótica); por tanto, el sistema social, igual que el de la lengua, es un sistema que significa por sí mismo independientemente del sujeto y del contexto histórico (semiótica social); b) la reducción del sujeto a «lugar anónimo que debe ser investigado en la topología estructural de significan- tes (Lacan, Foucault, Lévi-Strauss)»66; en él se ponen en juego los signifi- cados objetivos determinados por la semiótica social; de ahí la tesis de la muerte del sujeto clave del antihumanismo estructuralista; c) finalmente, la creencia de que la inteligibilidad viene dada por la aprehensión de estructu- ras, ya sean entendidas como estructuras realmente existentes (Lacan) o como modelos teóricos (Barthes). Hay desacuerdo entre la consideración
2. Neopositivismo, racionalismo crítico e individualismo metodológico
64 P. Cerezo, 1985, pp. 10-11. 65 P. Cerezo, 1985, p. 11.
66 J. Rubio Carracedo, 1984, p. 164. Las ciencias humanas y sociales debían eliminar el
privilegio epistemológico y semántico de lo humano (del sujeto). Por eso las conocidas consignas de la muerte del hombre (Foucault), la disolución del hombre y de la cultura
de las estructuras como modelos que elabora el científico o como realida- des empíricas. Esto supone dos interpretaciones del enfoque estructural, una epistémica y otra ontológica, con la consiguiente confusión de niveles en muchas de sus aserciones.
Como señala Cerezo, el estructuralismo desemboca en el discurso anó- nimo de las estructuras, el trascendentalismo del inconsciente y el cons- tructivismo de los sistemas; en torno a estos ejes se desarrollan y funda- mentan las grandes teorías sociales que tratan de abarcar la complejidad social en términos de estructuras, sistemas y funciones globales, desde las cuales se ofrecen explicaciones estructural funcionales de la multiplicidad y diversidad de los fenómenos de superficie, a partir de lo laten- te/estructural67. En estos términos el método estructural se plantea como explicación total de la realidad (por ejemplo, en el Pensamiento salvaje de Lévi-Strauss o Palabras y las cosas de Foucault) y se convierte en filosofía 68.
Althusser propuso una revisión estructuralista del marxismo desarrollan- do ampliamente el postulado de la cientificidad69. Llevó a cabo una lectura científica de El capital igual que Lacan hizo con Freud y del mismo modo que Lévi-Strauss quiso llevar las ciencias del hombre a un verdadero esta- tuto científico o Foucault desentrañar la arqueología de la ciencia y el sa- ber. Althusser pretendió extirpar del pensamiento marxista los elementos precientíficos (hegelianos y humanistas) distinguiéndolos nítidamente de los propiamente científicos. El periodo científico de Marx se abriría en 1845 con La ideología alemana, que supuso una ruptura epistemológica (a lo Bachelard) con la obra de juventud puramente ideológica. Althusser re- chaza el humanismo materialista presente en el joven Marx que entiende más como la expresión de la problemática hegeliana y feuerbachiana que la marxista propiamente dicha. Definió la dialéctica materialista (el método) en términos muy alejados de Hegel. No existe una unidad simple, como en Hegel, sino compleja estructurada. Este todo complejo posee la unidad de una estructura articulada con dominio del nivel económico (sobredetermi- nación), lo que supone el concepto de causalidad estructural como propio de la dialéctica marxista: modo de intervención de un todo sobre sus ele- mentos, relación existente entre una estructura regional (lo económico, por ejemplo) y una estructura global (una formación social en su conjunto).
En su versión sociológica y antropológica, el estructural-funcionalismo se basa en los trabajos de T. Parsons (que, como hemos visto, a su vez sos- 67 P. Cerezo, 1985, p. 17.
68 Lo que ha sido señalado por A. Bolívar, 1985, p. 32.
69 La obra de L. Althusser supuso una aportación fundamental al marxismo contempo-
ráneo planteando la cuestión de la construcción del discurso científico marxista. Su
Pour Marx tuvo un impacto indudable (París, Maspero, 1965) y fue traducido al caste-
tuvo el enfoque sistémico) y en los de Lévi-Strauss, mientras que la ortodo- xia funcionalista viene representada por los trabajos de R. K. Merton, en sociología, y Malinowski y Radcliffe-Brown en antropología70. El funcio- nalismo, por su parte, postulaba que los elementos de una sociedad forman un todo indisociable, desempeñan un papel fundamental en el manteni- miento del conjunto y son, por tanto, indispensables. Se presupone la esta- bilidad y la integración de los sistemas y estructuras sociales y se reduce la explicación al establecimiento de funciones que dan cuenta de ambas. El funcionalismo es clave en el enfoque de sistemas y en el estructuralismo, aunque no se reduce a éstos. Merton aplica el funcionalismo a la explica- ción de fenómenos empíricos distanciándose del estructuralismo y el siste- mismo.
A pesar de las diferencias de acento entre la teoría de sistemas, el estruc- turalismo y el funcionalismo, encontramos un denominador común que, en lo sustancial, queda recogido en las siguientes cuestiones compartidas71: explicación funcional de relaciones estructurales, sistémicas o empíricas; predominio de estructuras, sistemas y funciones; eliminación del actor so- cial como sujeto reduciéndolo a mero receptor e internalizador de los valo- res institucionales o culturales; interpretación de la acción social como nor- mativamente orientada, es decir, institucionalizada (roles); concepción dominantemente estática del sistema social que se entiende dotado de una integración que conduce a ignorar el carácter histórico de las estructuras y sistemas (problema de la diacronía) y le incapacita para explicar el cambio social y el conflicto; difícil resolución de dualidades como estabilidad-cam- bio, sistema-medio, interior-exterior.