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La racionalidad como característica disposicional

2. El modelo de ley de cobertura en ciencias sociales

2.1 La racionalidad como característica disposicional

La explicación N-D de la acción se basa en el supuesto de la racionalidad como ley de cobertura. Hempel y Po pper formulan este supuesto en térmi- nos que difieren en algunos aspectos, aunque la función que le otorgan es la misma: operar como ley de cobertura en una explicación N-D.

Hempel basa la explicación de la acción en la asunción de que «los hombres son racionales porque adoptan medios que conducen a fines, si disponen de información y desean esos fines»25. El término agente racio-

nal es considerado un concepto psicológico disposicional regido por crite-

rios objetivos de aplicación. Cualquier connota ción normativa o evaluativa que tenga «carece de importancia para su uso explicativo»26.

La racionalidad es entendida como característica ampliamente disposi- cional. Afirmar de alguien que es un agente racional es atribuir a ese agen- te, por implicación, un conjunto de disposicio nes. Cada una de las disposi- ciones puede ser concebida como una tendencia a comportarse de una manera característica en condiciones de cierto tipo. «Explicar una acción en función de las razones del a gente y de su racionalidad es, pues, presen tar la acción con forme a esas tendencias generales o como manifestación de ellas.»27

La racionalidad, como propiedad ampliamente disposicional del tipo es-

tar imantado, se introduce a través de enunciados de síntomas que señalan

las condiciones necesarias y suficientes de atribución de la propiedad28. Las oraciones de síntomas dan lugar a un enunciado que tiene el carácter de una ley empírica general.

Para la propiedad M (estar imantado) las oraciones de síntoma expresan las condiciones necesarias y suficientes para M. Si U es el conjunto de to- das las oraciones de síntomas para M, este conjunto evidentemente implica una oración expresable en términos de ‘R1’, ‘S1’, ‘R2’, ‘S2’, ..., ‘R1’, ‘S1’, ‘R2’, ‘S2’, ... (R son las respuestas regulares; S, las condiciones de estímulo o de prueba). Según esta oración, «todo x que satisfaga alguna de las condi- ciones suficientes para M especificadas en U también satisfará cualquiera

5. La explicación en ciencias sociales

24 Este intento es central en Popper, ya que está relacionado con el tipo de explicación

que es posible formular de los fenómenos sociales según el método situacional.

25 C. G. Hempel, 1965, p. 460. 26 C. G. Hempel, 1965, p. 463. 27 C. G. Hempel, 1965, p. 463.

28 Hempel especifica los enunciados de síntomas para la propiedad estar imantado

de las condiciones necesarias para M especificadas en U»29. Si una barra de hierro está imantada, atrae las limaduras de hierro (condición necesaria R1), y en las cercanías de una aguja magnética, «si uno de los extremos atrae al polo norte de la aguja y rechaza el polo sur, mientras el otro extre- mo manifiesta la conducta opuesta», la barra está imantada (condición su- ficiente R1)30. Estas dos oraciones implican el enunciado general según el cual toda barra de hierro que satisfaga la condición de la aguja magnética satisfará la condición de las limaduras de hierro. Y este enunciado es una ley empírica, no una verdad definicional según Hempel.

En el caso de la racionalidad, se dispondría igualmente de una oración según la cual todo x que satisfaga alguna de las condiciones suficientes

para R (racionalidad) especificadas en U también satisfará cualquiera de las condiciones necesarias para R especificadas en U. Estas dos oraciones

tendrían que dar lugar a una ley empírica que expresara las condiciones ne- cesarias y suficientes a través de las que se adscribe la propiedad disposi- cional de la racionalidad.

Planteada así la cuestión, encontramos problemas que atañen tanto a la oración como a la ley empírica. Estos problemas cuestionan la concepción de la racionalidad como una propiedad disposicional y la posibilidad de disponer de una ley empírica acerca de la racionalidad, al menos en térmi- nos universales. Hempel señala la posibilidad de que la ley se formule como ley estadística o como ley univeral, pero se centra en esta última al ocuparse de la explicación N-D de la acción31.

En cuanto a la oración que expresa las condiciones necesarias y sufi- cientes, la primera dificultad que encontramos es que no se dispone de con- diciones de prueba (estándar) similares a las que se usan en el caso de estar

imantado, es decir, que permitan atribuir la propiedad de la racionalidad en

términos de condiciones necesarias y suficientes, imprescindibles para dis- poner de una ley empírica general. En segundo lugar, las respuestas que se den en las condiciones de prueba que se propongan deben ser regulares. Un individuo debe dar siempre la misma respuesta R1a S1y R1a S1, y esto es algo que no ocurre necesariamente. Un agente puede satisfacer las condi- ciones necesarias y suficientes en un tiempo t1(respondiendo R1y R1), por lo cual se le adscribe la propiedad de ser racional, y no hacerlo en un tiem- po t2 (aunque estas condiciones sean idénticas en los dos tiempos), con lo cual se le dejaría de adscribir la propiedad en t2. Por ello Hempel concreta la atribución de la propiedad a cada caso en que un agente esté en una si- tuación S1y de la respuesta R1. La atribución queda limitada a las situacio-

29 C. G. Hempel, 1965, p. 452. Como señala Hempel, en nota a pie de página, este

enunciado es equivalente a lo que Carnap denomina «la oración representativa del con- junto U de oraciones de reducción para M».

30 C. G. Hempel, 1965, p. 453. 31 C. G. Hempel, 1965, p. 463.

nes concretas; no puede generalizarse como una característica perdurable, ya que en la siguiente ocasión el individuo en cuestión puede comportarse irracionalmente, como reconoce Hempel, no haciendo R132, con lo que su racionalidad queda en suspenso hasta comprobar si en la siguiente ocasión hace R1. Si un hierro satisface las condiciones necesarias y suficientes, po- demos afirmar que está imantado, y ésta es una propiedad perdurable, mientras que no podemos hacerlo para la racionalidad de un individuo. Hempel dice que «la propiedad ampliamente disposicional de la racionali- dad consciente no necesita ni puede en realidad concebirse como una ca- racterística perdurable»33. En tercer lugar, una cuestión clave es que un in- dividuo puede satisfacer S1 algunas de las condiciones necesarias y no

satisfacer cualquiera de las condiciones suficientes S1. No ocurre que todo individuo que satisfaga la condición S1 también satisfará la condición S1, etc. Por consiguiente, no podemos establecer el enunciado general que ex- presa las condiciones necesarias y suficientes para la racionalidad impres- cindible para formular la ley empírica.

Hempel sortea parte de estos problemas estableciendo un enunciado en el que las condiciones necesarias y suficientes no se distinguen ni se con- cretan. Postula como ley el enunciado en una situación de tipo C todo

agente racional hará x. En el caso de la propiedad estar imantado, Hempel

da contenido a su enunciado especificando las condiciones (necesarias y suficientes) y las respuestas concretas: limaduras de hierro que se adhieren, aguja magnética. Sin embargo, en la ley acerca del comportamiento racio- nal esta especificación no se da, ya que no se determina ni la situación C ni la acción x a partir de las cuales se adscribe la propiedad de ser racional a todo agente. Es una ley en la que no se precisan las condiciones necesarias y suficientes ni se da contenido empírico a la situación C ni a la acción x. Por tanto, más que una ley empírica, parece un enunciado formal, de escaso contenido empírico, que se aleja considerablemente de las leyes empíricas que el autor propone a partir de sus enunciados de síntoma. Es decir, está más cerca de ser una verdad definicional (de las que habla Hempel) que de una ley empírica.

Esto se evidencia en las dificultades que presenta dicha ley para satisfa- cer el requerimiento hempeliano de verdad, es decir, para ser verificada. Esto ocurre porque, como acabamos de indicar, los individuos pueden ha- cer x en C en una ocasión y no hacerlo en otra. No se trata sólo de que los agentes pueden actuar irracionalmente, sino que un individuo al que se le ha adscrito la propiedad disposicional de la racionalidad puede comportarse irracionalmente no haciendo x en la misma situación C en otro momento. Por tanto, no es verdad que en una situación tipo C todo agente racional

hará x. A no ser que entendamos, como hace Hempel, que su racionalidad

5. La explicación en ciencias sociales

32 C. G. Hempel, 1965, p. 472. 33 C. G. Hempel, 1965, p. 472.

quede en suspenso hasta que vuelva a hacer x, con lo que si el agente no lo hace habrá procedido irracionalmente y la ley es verdadera. Ante los casos en contra, Hempel recomienda que de todas formas la ley no sea abandona- da y se cuestione la racionalidad del individuo, no la ley, lo que significa que la ley queda protegida por una estrategia inmunizadora que la hace ver- dadera a priori: si los individuos hacen x, la ley queda verificada; si no lo hacen, los individuos son irracionales. Pero, entonces, estamos ante una verdad definicional, no ante una ley empírica.

Por otro lado, puede entenderse que la adscripción de racionalidad tie- nen un elemento prescriptivo importante aunque sea implícito, ya que po- demos preguntar ¿por qué es racional un individuo si hace x en C? La res- puesta es porque x es aquello que en la situación se considera racional, y, por consiguiente, hace lo que debe. Esto sitúa su ley en línea con la pro- puesta de W. Dray, que Hempel cuestiona por prescriptiva, cuando aquél hace equivaler la racionalidad a que se haga lo que se debe hacer en una si- tuación tipo C.

La explicación es esquematizada de la siguiente forma34:

C1. A estaba en una situación tipo C C2. A era un agente racional

L1. En una situación de tipo C todo agente racional hará x ———————————————————————— E. Por tanto, A hizo x

Si formulamos la pregunta ¿por qué A hizo x?, responderemos: porque C1, C2, L1; fundamentalmente porque A era una gente racional e hizo lo que

todo agente racional hace en esa situación. La premisa C2es clave para in- ferir el explanandum E, como el mismo Hempel señala35. Sin esta premisa, de las demás condiciones iniciales que puedan introducirse y la ley general no puede inferirse con certeza deductiva el explanandum. Sin C2, A pudo haber hecho x por cualquier otra razón, por ejemplo por casualidad. Por tanto, la capacidad deductiva del explanans propuesto depende de la com- binación de C2y L. De hecho C2opera como si fuese parte del antecedente de la ley: A era racional y en una situación...

¿Por qué puede afirmarse C2? Evidentemente porque se ha establecido que A hizo x en los términos exigidos para la adscripción de la propiedad de la racionalidad. Pero recordemos que del hecho de que A haya llevado a cabo x antes no puede deducirse que hará x en esta ocasión. La adscripción se limita a cada contexto de acción. Por tanto, podemos afirmar C2porque A ha hecho x ahora, es decir, porque ha llevado a cabo la acción que quere- mos explicar. Así, la acción por la que afirmamos la racionalidad de A y la

34 C. G. Hem pel, 1965, p. 462. 35 C. G. Hempel, 1965, pp. 461-462.

acción que explicamos son la misma: la conclusión se está dando por su- puesta en las premisas. La explicación es circular: afirmamos la racionali- dad de A porque llevó a cabo la acción x y explicamos que A hizo x porque A era racional debido a que ha hecho x. Lo que se está haciendo es raciona- lizar post hoc el comportamiento de A más que a explicarlo nomológico- deductivamente.

La premisa C2tiene un estatus confuso que se evidencia si planteamos el esquema como una predicción: C1, C2, L1, luego A hará x. A se afirma como agente racional en la premisa C2, pero mientras no haga x, no sabe- mos si realmente es racional. A era un agente racional es condicional a lo que haga, no puede ser afirmado como premisa. Suponer la racionalidad del agente como condición antecedente de la acción, al mismo tiempo que su racionalidad se hace depender de la realización de esa acción (si no hace x no se puede decir que era racional), parece un sinsentido. No se puede afirmar que el agente era racional antes de que lleve a cabo la acción por la cual se le considera racional. Esto sería tanto como conceder que, realice la acción que realice, el agente es racional, cosa que Hempel no admitiría.

Por otro lado, puede ocurrir que A no haga x, aunque hasta ahora siem- pre lo haya hecho. No puede inferirse con certeza deductiva la ocurrencia del explanandum a pesar de que se afirme la racionalidad del agente como premisa, ya que nada asegura que esta vez A no actuará irracionalmente. Mientras que sí que podría inferirse para un hierro H imantado que H atrae- rá las limaduras de hierro.

Todo esto lleva a formular propuestas explicativas en las que la ley de cobertura no se postula como ley empírica. Es lo que hace Popper al afir- mar que la explicación de las acciones ha de basarse no en una ley empíri- ca, sino en un principio cero que las acciones reales pueden no satisfacer pero que permite su explicación.