7. LENGUAJE Y VERDAD
8.2. El acto de comunicación lingüística
Para entender mejor cómo se realiza el acto de comunicación mediante el lenguaje, es decir, cómo tiene lugar nuestro uso del lenguaje hemos de ver primero cuáles son los elementos que intervienen en el acto de comunicación221.
8.2.1. Los elementos del acto de comunicación
En principio, podemos distinguir cuatro elementos fundamentales: emisor, destinatario, enunciado y contexto.
Con el nombre de emisor se designa a la persona que produce intencionalmente una expresión lingüística en un momento dado, ya sea oralmente ya por escrito. El emisor es el hablante que usa la palabra en un momento dado con el fin de emitir un mensaje. Es preciso subrayar que la comunicación tiene un carácter intencional. El discurso humano —lo mismo que otras actividades conscientes y libres— tiene una finalidad o intención. El mismo acto de hablar —y no callar— es ya el resultado de una decisión. El emisor, al hacer uso de la palabra, lo realiza con un fin.
El destinatario es la persona o personas a las que el emisor dirige el enunciado y con las que normalmente suele intercambiar su papel en la comunicación de tipo dialogante. No se trata del simple oyente, sino de aquel a quien
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el emisor dirige su discurso. Puede haber muchas personas que escuchen hablar a alguien, pero no sean aquellos a quienes va dirigida la comunicación. El destinatario no es un elemento puramente pasivo en la comunicación, sino que juega un papel muy importante interpretando el enunciado que se le dirige. Mediante el acto de interpretación, el destinatario reconoce la intención del emisor.
El enunciado es la expresión lingüística que produce el emisor. Es importante tener en cuenta la distinción entre oración y enunciado. Normalmente se considera que la oración es una unidad abstracta, mientras que el enunciado es la actualización de una oración. Las oraciones son conjuntos ordenados de los signos del lenguaje. Desde un punto de vista pragmático se considera enunciado al acto de enunciar una oración (profiriendo unas palabras o inscribiéndolas).
El último elemento es el contexto o entorno es decir, la situación desde la que se realiza la enunciación. Existe una amplia discusión sobre lo que debe ser considerado como contexto. Mientras que unos autores consideran que éste se limita a las coordenadas concretas de espacio y tiempo, otros piensan que es tan amplio como todo el mundo. Nosotros entenderemos por contexto el conjunto de conocimientos que resultan relevantes para comprender el significado de los enunciados. De un modo más exacto sería el conjunto de informaciones necesarias, tanto al emisor como al destinatario para interpretar una secuencia verbal con vistas a un fin222.
Así entendido, el concepto de contexto puede resultar vago, pero como algunos autores han señalado, quizás no sea posible prescindir de esa vaguedad223. Se suelen distinguir tres tipos de contexto: el lingüístico, el situacional y el sociocultural224. El primero está formado por el material lingüístico que precede y sigue a un enunciado. El contexto situacional es el conjunto de datos accesibles a los participantes en una conversación (el papel y la posición del emisor y del destina-
222
Cfr. M. BERTUCCELLI, cos'é la pragmática, Bompiani, Milano 1993, p. 194.
223
Y. BAR-HILLEL,Aspects of Language, North-Holland, Amsterdam 1970,p. 80. 224
tario, la situación espacial y temporal del acontecimiento comunicativo, etc.). Finalmente, el contexto sociocultural es la configuración de datos que proceden de condicionamientos sociales y culturales sobre el comportamiento verbal y su adecuación a diferentes circunstancias.
Una parte muy importante del contexto es el conjunto de conocimientos, creencias, supuestos, opiniones y sentimientos de un individuo en un momento cualquiera de la interacción verbal. A este conjunto se suele denominar «información pragmática» y se refiere a todo el universo mental de emisor y destinatario. Es corriente sostener la hipótesis del conocimiento mutuo, es decir, que los inter- locutores comparten una parcela de información pragmática —pues sin una información previa compartida todo enunciado sería ininterpretable— aunque se reconoce que es muy difícil delimitar con precisión esa parcela.
El contexto es una entidad mudable no sólo de un discurso a otro sino a lo largo del mismo discurso, puesto que las informaciones previas se van ampliando y el conocimiento entre los interlocutores varía. El contexto depende también de los fines que tiene la comunicación. No es lo mismo escuchar a una persona con el fin, por ejemplo, de valorar su conocimiento del idioma, que escucharla con el fin de valorar su inteligencia.
El siguiente cuadro puede ayudar a comprender el acto de comunicación:
Intención c omunicativ a Intención c omunicativ a Interpretación Interpretación ENUNCIADO ENUNCIADO EMISOR DESTINATARIO
8.2.2. La comunicación como proceso dialógico
Tras describir los elementos del acto de comunicación podemos preguntarnos en qué consiste el acto de comunicación lingüística. Para aclararlo veamos los principales modelos y metáforas que se han usado para explicar este fenómeno225.
El modelo estándar es el que entiende el proceso de comunicación como una descodificación por parte del destinatario del mensaje codificado que envía el emisor. Esta concepción de la comunicación —que la entiende como un «canal»— se extendió en los años 30 y 40 por influencia de la psicología conductista. Sin embargo, es un modelo que no hace justicia a la realidad de las cosas. Usar el lenguaje no es tan sólo poner en movimiento fonemas, palabras, estructuras sintác- ticas y proposiciones. El acto de comunicación humana no consiste simplemente en descodificar un lenguaje. Los ordenadores codifican y descodifican sin inmutarse, pero los seres humanos no. Al usar el lenguaje realizamos inferencias de diversos tipos, gracias a las cuales podemos expresar e interpretar mucho más de lo que está en las palabras. Al usar un lenguaje activamos, además, una serie de conocimientos que las palabras evocan y no necesitan hacer explícitos. Además, este modelo no tiene para nada en cuenta al destinatario, que sería una pura «máquina de descodificar» pasiva y muda.
La pragmática ha destacado sobre todo que no basta conocer los significados literales de las palabras que se usan sino que es preciso conocer la intención comunicativa del hablante. Se ha avanzado así a un modelo que tiene más en cuenta las intenciones del hablante. Muchos autores han destacado la existencia de un feed-
back o retroalimentación producido por la respuesta del destinatario. Se trata de un
modelo interactivo, que podría expresarse metafóricamente como modelo de la partida de tenis, en el que el mensaje es desarrollado alternativamente por las partes intervinientes. Este modelo está en el trasfondo de la pragmática de la comunicación y de la teoría de los actos del lenguaje.
225
Cfr. B. ZANI – P. SELLENI, <<La comunicazione interpersonale: principali approcci teorici>>, en B. ZANI – P. SELLERI – D. DAVID (eds.), La comunicazione, La Nueva Italia Scientifica, Roma 1994, pp. 17-50.
El defecto principal de este modelo es que aún presenta de modo demasiado estático la comunicación y no acentúa de modo suficiente el papel del destinatario, al cual se dirige el mensaje. Hay que avanzar hacia un modelo circular, dialógico. El destinatario no se comporta como un receptor pasivo del mensaje sino que lo inter- preta. Además, se ha destacado que hace falta algún gesto del destinatario para que el emisor comprenda que su mensaje ha sido recibido. La comunicación no es sólo un proceso de trasferencia de información que utiliza el lenguaje como herramienta sino un proceso constructivo en el que ambos interlocutores están implicados y que se desarrolla en el tiempo.
Este modelo dialógico insiste además en que los interlocutores son al mismo tiempo (y no en momentos diversos) emisor y destinatario. La comunicación humana es un proceso de modo que resulta muy difícil distinguir un acto de comunicación del que le precede. En este proceso los sujetos crean una relación interactuando uno en el otro y contribuyen a realizar conjuntamente un proyecto comunicativo común.