ANGELA DITULLIO(Universidad Nacional del Comahue)
AVEL·LINASUÑER(Universitat de Girona)
Muchos adjetivos del español presentan usos adverbiales, como se pone de manifiesto en la inmovilización de su flexión en masculino singular; por eso han sido denominados “adjetivos desnudos”. También se los conoce como “adverbios cortos”, es decir, formas abreviadas de los adverbios terminados en -mente, como parece in- dicar la alternancia de (1).
(1) a. Julio escribe claramente. b. Julio escribe claro.
Sin embargo, como señala Bosque (1989: §6.3), el comporta- miento de claro no es totalmente equiparable al de claramente, ya que la defectividad flexiva del adverbio corto conlleva mayores limi- taciones léxicas y sintácticas respecto a sus correlatos en -mente. Varias de estas limitaciones coinciden con las que se derivan de la ausencia del determinante en los grupos nominales de (2b):
(2) a. Julio escribe las cartas. b. Julio escribe cartas.
Lo que le pedimos en este ejercicio es que trate de establecer un paralelismo entre las restricciones gramaticales, léxicas y semánti- cas a las que está sometido el adjetivo desnudo claro en (1b) y las propias del sintagma nominal sin determinación de (2b), en relación con las formas plenas respectivas. Tenga en cuenta que los con- trastes deben ponerse de relieve a través del comportamiento de estas frases ante pruebas formales (orden de palabras, posibilida- des de expansión o de tematización, entre otras).
Comenzaremos con las diferencias morfológicas que en (1) oponen el adjetivo claro y el adverbio claramente. Como se ha señalado tradicionalmente, desde el punto de vista morfosintáctico, los adjetivos se caracterizan por rasgos de género y número que no trans- miten información semántica autónoma, sino que dependen de la concordancia con un
sustantivo. Es lo que ocurre, en el ámbito oracional, con el complemento predicativo del sujeto en Elena se fue derechita a su casa o en Estas máquinas van muy rápidas, o con el del objeto directo en Colgó las cortinas muy altas. Los predicativos alternan a veces con adjetivos que no concuerdan con un sustantivo como en los ejemplos anteriores, sino que presentan la forma de defecto, masculino singular, como en los ejemplos que siguen:
(3) a. Elena se fue derechito a su casa. b. Estas máquinas van muy rápido. c. Colgó muy alto las cortinas.
La falta de concordancia de los adjetivos “desnudos” en estos últimos ejemplos indi- ca que ya no se relacionan localmente con un sustantivo con el que cotejan sus rasgos flexivos, sino que quedan integrados cohesivamente con el verbo, formando una uni- dad sintáctica.
En cambio, el adverbio claramente está marcado como tal por un sufijo derivativo. Este elemento procede de un sustantivo femenino latino (mente), por lo que el adjeti- vo que lo modificaba ha mantenido su forma femenina, que en el español actual no se interpreta semánticamente. Así pues, los adverbios en -mente, son verdaderos adver- bios en el sentido de que no necesitan establecer concordancia con ninguna categoría, ya que son inherentemente invariables. Tampoco necesitan integrarse sintácticamente con el verbo, pues el sufijo los dota de mayor libertad de movimientos. Como veremos, esta divergencia entre los adverbios cortos y los acabados en -mente motivará la mayo- ría de contrastes entre las construcciones de (1), y nos permitirá establecer paralelis- mos entre los pares (1a) y (2a), por un lado, y (1b) y (2b), por otro.
Las diferencias morfológicas señaladas entre los adjetivos desnudos y los adverbios en -mente permiten explicar ciertos comportamientos sintácticos, similares a los que distinguen el sintagma nominal sin determinante (SNSD) cartas del sintagma determi- nate (SDet) las cartas. Son los siguientes:
a. Las unidades subespecificadas están sujetas a restricciones de localidad más seve- ras que las que expresan la información funcional. Así, entre el SDet y el verbo puede in- terponerse un constituyente, mientras que el SNSD debe estar contiguo al verbo –cf. (4)–. Asimismo, el adverbio en -mente puede estar separado del verbo, mientras que el adjeti- vo desnudo no puede subsistir en esas condiciones, como muestra el contraste de (5).
(4) a. Julio escribe a mano las cartas.
b. *Julio escribe a mano cartas (excluida la lectura ecoica). (5) a. Julio escribe {las cartas∼cartas} claramente
b. Julio escribe {las cartas∼cartas} *claro
b. Asimismo, el adverbio en -mente puede aparecer antepuesto o pospuesto al parti- cipio, en tanto que el adjetivo desnudo solo puede ir pospuesto, como en (6b):
(6) a. (claramente) escrito (claramente) b. (*claro) escrito (claro)
De hecho, muchos adverbios en -mente ocupan la posición inicial de los grupos ad- jetivales o adverbiales, asimilados a los cuantificadores de grado; por el contrario, los
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adjetivos desnudos, como muestra (6b), están incapacitados para ocupar la posición inicial en un grupo adjetival o adverbial, por lo que no pueden asumir la función pro- pia de los cuantificadores de grado.
c. El diferente grado de cohesión que se establece entre el verbo y un adjetivo desnu- do o un adverbio en -mente se reconoce en la posibilidad que tienen estos de combinar- se con la proforma hacerlo, como es propio de los complementos circunstanciales. Los adjetivos desnudos, en cambio, no admiten esta prueba. Compárense los ejemplos de (7):
(7) a. Julio escribe, y lo hace claramente. b. *Julio escribe, y lo hace claro.
De manera similar, en las perífrasis condicionales los adverbios en -mente pueden aparecer focalizados en la apódosis; también aquí los adjetivos desnudos se resisten a la separación del verbo –cf. el contraste de (8)–:
(8) a. Si Julio escribe (de algún modo), es claramente. b. *Si Julio escribe (de algún modo), es claro.
Los contrastes reconocidos en (7) y (8) indican que los adverbios en -mente se com- portan de manera diferente a los adjetivos desnudos: los primeros funcionan como adjun- tos que modifican al predicado, en tanto que los adjetivos desnudos forman una unidad con el verbo. A su vez, los grupos nominales son complementos seleccionados por el verbo; la información funcional con la que cuentan permite explicar su mayor o menor capacidad de tematización de los SDet frente a los SNSD. En efecto, un SDet, pero no un SNSD, puede tematizarse. Esta diferencia tiene que ver con el hecho de que los ob- jetos tematizados se duplican mediante clíticos, que son elementos definidos específi- cos. Como el SNSD carece de estos rasgos, no está en condiciones de concordar con estos elementos, como se ve en el resultado que arrojan la dislocación a la izquierda (9) y la dislocación a la derecha (10):
(9) a. Las cartas las escribe claramente. b. *Cartas las escribe claramente. (10) a. Las escribe claramente las cartas.
b. *Las escribe claramente cartas.
Como los grupos nominales son argumentales, en las perífrasis condicionales van anticipados por un pronombre indefinido. No se produce así el choque de rasgos que reconocimos en la tematización, de manera que son gramaticales tanto el SDet como el SNSD, como se ve en (11):
(11) a. Si algo escribe claramente, son (las) cartas. b. Si algo escribe claro son (las) cartas.
d. Los adverbios en -mente se combinan con todo tipo de verbos, ya que no son sen- sibles a la diferencia entre verbos transitivos e intransitivos; véanse los ejemplos de (12a). En cambio, los adjetivos desnudos suelen rechazar la presencia de los objetos di- rectos. Como ocupan la posición propia de estos complementos, muestran una clara preferencia por los verbos intransitivos. Así lo ilustran las construcciones de (12b):
(12) a. Julio escribe (las cartas) claramente. Marta baila (el tango) lentamente.
Irene miraba (el cuadro) muy fijamente. La noticia golpeó (al país) fuertemente. b. apuntar alto, caer bajo, hablar quedo, cavar hondo, respirar profundo, golpear recio,
mirar torcido, comportarse raro, jugar sucio, trabajar duro, pegar fuerte.
Tanto los SDet como los SNSD son argumentales, ya que son requeridos por un pre- dicado que los selecciona como argumentos internos. Sin embargo, solo los SDet presen- tan los comportamientos propios del objeto directo, como la sustitución o duplicación pronominal –recuérdese el contraste entre (9) y (10) relativo a la tematización, o las posibilidades de pasivización–. Estas diferencias apuntan a la falta de independencia sintáctica y semántica del SNSD en relación con el verbo.
e. Como se advierte, muchas de las combinaciones de verbo y adjetivo desnudo se caracterizan por su significado no composicional, propio de las locuciones verbales:
hilar fino, pisar fuerte, ver claro o jugar limpio; pero se pierde el valor figurado o me-
tafórico al sustituir los adjetivos desnudos por adverbios en -mente (#hilar finamente,
#jugar limpiamente, #pisar fuertemente). Otras combinaciones, en cambio, están me-
nos lexicalizadas, como escribir confuso, cantar bonito, acariciar suave, atar flojo,
decirlo fácil, llamar seguido, llover tupido, pensar diferente, comer sano, cantar de- safinado, golear fuerte, bailar sabroso, entre otras muchas expresiones que se forman
de manera más productiva en el español de América que en el europeo. De modo simi- lar se comportan los SNSD plurales en freír espárragos frente a #freír los espárragos;
tomar cartas en el asunto, y no #tomar las cartas en el asunto; dar carta blanca a al- guien, en relación con #dar la carta blanca a alguien, o romper moldes, pero #romper los moldes.
Las diferencias gramaticales señaladas se corresponden también con diferencias se- mánticas. En Julio escribe la carta, el SDet la carta es una expresión referencial que da por supuesto que el oyente está en condiciones de identificar el referente de la expresión definida; por el contrario, en Julio escribe cartas, el SNSD cartas es una expresión ines- pecífica, que no permite identificar una entidad determinada. Por otra parte, mientras que la primera oración designa un evento único (token) –por ejemplo, si alguien informa sobre lo que está viendo hacer a una persona en un lapso temporal preciso–, la segunda designa, más bien, una actividad habitual que realiza Julio, es decir, una cuantificación de eventos (type), en la interpretación habitual.
La interpretación habitual es también la normal en el caso de (1b): si digo de alguien que escribe claro, no significa que alguna vez lo haya hecho, sino que lo hace habitual- mente. Esa interpretación también es posible con claramente (Escribe siempre clara-
mente), pero requiere alguna indicación temporal explícita. En este sentido, los sintag-
mas verbales que incluyen elementos subespecificados –tanto adjetivos desnudos como grupos nominales escuetos– se reanalizan como predicados complejos que de- signan propiedades del sujeto, a diferencia de lo que ocurre con aquellos que aparecen con SDets y con adverbios en -mente.
La gramática académica de 1920 (RAE, 1920: §228.d), después de trazar un paralelis- mo entre el cuantificador que introduce el grupo nominal en Juan duerme demasiado tiem-
po y el adverbial de Juan duerme demasiado, se refiere a los “adjetivos adverbiales” de ver claro y de golpear recio, que se explican como elipsis del acusativo interno: golpear golpes recios. A su vez, en Bosque y Masullo (1998) se analiza la cuantificación aporta-
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da por un elemento funcional como mucho a partir de un verbo liviano y un complemen- to formado por un sustantivo abstracto: así, Juan golpea mucho se interpreta como Juan
da muchos golpes, de acuerdo con el modelo de Hale y Keyser (1993) aplicado a los ver-
bos inergativos. Nuestros adjetivos desnudos no son elementos funcionales, sino léxicos, de manera que no cuantifican como demasiado o mucho, sino que aportan una modifica- ción. Así, Juan golpea fuerte, en el análisis de la RAE, modifica al nombre cognado (Juan
golpea golpes fuertes) y, en el análisis de Bosque y Masullo, al nombre que se incorpora
al verbo liviano (Juan da golpes fuertes). Cabe asignar a estas dos paráfrasis significados sutilmente distintos, según correspondan a lo que estos autores denominan cuantificación inherente –es decir, relativa a uno de los rasgos que forman parte del verbo– o cuantifica- ción argumental, correspondiente al acusativo interno en el que el verbo se escinde. Así,
claro en Escribir claro puede ser parafraseado de las dos formas alternativas de (13): (13) a. Julio hace una escritura clara.
b. Julio escribe escritos claros.
En la paráfrasis de (13a) clara se interpreta como un modificador del evento, es de- cir, como una manera de escribir (interpretación inherente), en tanto que la de (13b) da lugar a una lectura argumental, como modificación del argumento interno.
Conclusión
La defectividad morfológica de los adjetivos desnudos y la sintáctica de los sintagmas nominales escuetos tienen repercusiones gramaticales y semánticas paralelas, en el sentido de que estos elementos subespecificados no tienen las mismas posibilidades de movimiento, de sustitución pronominal y de incidencia en la estructura aspectual del predicado que las formas plenas (adverbios en -mente y SDet, respectivamente). Como han demostrado las diversas pruebas de nuestro recorrido, estas formas subespecifica- das tienen que reanalizarse como parte de un predicado complejo para sobrevivir en la estructura sintáctica del español.
Referencias bibliográficas
BOSQUE, I. (1989), Las categorías gramaticales, Madrid, Síntesis.
— (1996), «Por qué determinados sustantivos no son sustantivos determinados: repa- so y balance», en I. Bosque (ed.), El sustantivo sin determinación: la ausencia del
determinante en la lengua española, Madrid, Visor, pp. 13-119.
— y MASULLO, P. J. (1998), «On verbal quantification in Spanish», en O. Fullana y F.
Roca (eds.), Studies on the syntax of Central Romance languages, Girona, Servei de Publicacions, pp. 9-63.
HALE, K., y KEYSER, S. J. (1993), On argument structure and the lexical expression of
syntactic relations, trabajo no publicado, MIT.
RAE (1920), Gramática de la lengua española, Madrid, Librería y Casa Editorial Her- nando.
RAE y ASOCIACIÓN DEACADEMIAS DE LALENGUAESPAÑOLA(2009), Nueva gramática