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LA AVEN TU RA D E LA H I S T O R I A
nuevo las Cortes son reunidas apre- suradamente en Ocaña con Isabel la Católica en trance de morir: es jurado como sucesor un niño (don Miguel), que fallece en 1500.
Esta desaparición agravó el horizon- te político de la sucesión en Castilla: una heredera incapacitada para el go- bierno (Juana de Castilla), un lejaní- simo heredero (Carlos de Gante) y dos colosos dispuestos a luchar por el poder: Fernando el Católico y el ar- chiduque Felipe de Habsburgo.
El testamento de Isabel la Católi- ca de 1504 y las resoluciones de las
Cortes de Toro (1505) otorgaron la go- bernación de Castilla al monarca ara- gonés; sin embargo, tras los acuer- dos de Benavente y Villafáfila de 1506, el gobierno castellano quedó adscri- to a Felipe de Habsburgo. Desde lue- go, no constituía la mejor de las so- luciones para Cisneros. En julio de 1506, Fernando el Católico aban- donaba Castilla y a finales de octu- bre establecía su Corte en Nápoles.
La precaria paz sucesoria desapare- ció el 25 de septiembre de 1506 con el fallecimiento en Burgos del archi- duque Felipe. El cardenal Cisneros
y el Consejo Real intentaron una salida política mediante dos hi- pótesis: bien invi- tar al rey aragonés a regresar a Casti- lla como goberna- dor, bien apelar al emperador Ma- ximiliano como garante de los dere- chos sucesorios de Carlos de Gante. La reina Juana fue apartada del de- bate al negarse a suscribir cualquier al- ternativa. Cisneros y el Consejo Real resolvieron acudir a las Cortes para que se decidiera el futuro de los rei- nos castellanos. No era la mejor de las soluciones queridas por el Cardenal, siempre receloso de “¡esas Juntas de los pueblos!”. En sintonía con los sec- tores castellanos más próximos al mo- narca aragonés –quizá con el secre- tario Pérez de Almazán–, Cisneros in- tentó ganar tiempo –al igual que haría en 1516– esperando el retorno de Fer- nando el Católico.
A LA SOMBRA DE FERNANDO.A fines de agosto de 1507, Fernando el Ca- tólico regresó de Nápoles e inició su segunda experiencia como gobernan- te de los reinos de la Corona de Cas- tilla. El rey aragonés antes de abando- nar Italia, en agradecimiento a la labor política de Cisneros a favor de las te- sis fernandinas, obtuvo del papa Ju- lio II della Rovere el capelo cardena- licio el 17 de mayo de 1507. Cisneros, un hombre de 71 años, ocupaba el tí- tulo de Santa Balbina, sede de una an- tigua basílica del siglo IV situada en las faldas de la bellísima colina roma- na del Aventino.
Desde ese año, la coyuntura políti- ca favoreció las aspiraciones per-
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L A R E V O L U C I Ó N I N T E L E C T U A L D E C I S N E R O S 1509Cisneros lidera personalmente la con- quista de Orán. Muere Enrique VII de Inglaterra. Le sucede Enrique VIII, casado con Catalina de Aragón. 1513Nebrija se incor- pora al equipo de la Bi- blia Políglota1514El 10 de enero ve
la luz el primer volu- men de la Biblia Polí- glota.
1516El 23 de enero, muere Fernando el Ca- tólico en Madrigalejo. 1517La bula Pacificus et Aeternus Rex reconoce a Carlos I como legítimo sucesor de los Reyes Católicos.
El 31 de octubre, Lu- tero expone las ruptu- ristas 95 tesis de Wit- tenberg. El 8 de noviembre muere Cisneros. 1519Muere Maximi- liano I de Habsburgo. 1522Comienza la dis- tribución efectiva de la Biblia Políglota.
LUTEROdividió a Europa con su Reforma. MAXIMILIANO I sobrevivió a Cisneros.
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LA TOMA DE ORÁN tuvo lugar en 1509. Detalle de la obra de Juan de Borgoña, que se conserva en la capilla mozárabe de la Catedral de Toledo.sonales de un car- denal liberado de las responsabilidades del gobierno de la monar- quía. Fernando el Cató-
lico se asentó en el poder castellano tras laboriosas negociaciones con Ma- ximiliano I y con la Corte de Bruse- las –acuerdos de Blois de 1509–, inme- diatamente ratificados por las Cortes reunidas en Madrid (1510), en el transcurso de las cuales Cisneros pudo conocer a dos personajes esenciales en la vida del futuro monarca Carlos I: al canciller Jean Sauvage y a Mercu- rino de Gattinara, entonces presiden- te del Parlamento de Borgoña.
Fue la época de plenitud del progra- ma cisneriano: su oficio como inquisi- dor general, la consolidación en 1508
de su proyecto universitario en Al- calá en torno al colegio de San Ilde- fonso –siguiendo el mejor modelo de la época, el de la Universidad de Pa- rís, luego espejo del Colegio Roma- no de la Compañía de Jesús–, la Biblia Políglota Complutense y, en el plano político, la campaña de 1509 en Orán, realizada en persona junto al capitán Pedro Navarro. Cisneros, que ya había financiado la empresa de Mazalquivir en 1507, supo comprender que don- de verdaderamente se situaba el Im- perio privativo de la Monarquía His- pánica era el norte de África, muy le-
jos de la complejidad –incomprensi- ble para un castellano– del mundo germánico.
Cisneros vive entonces entre su corte arzobispal de Alcalá y la corte regia de Madrid. Desde allí asiste a la muerte del belicoso pontífice Julio II della Rovere y al ascenso del culto y sinuoso León X de Médicis, a la de- saparición de Luis XII de Francia y a la proclamación de Francisco I –“que no venga otro peor”, como subraya su mejor biógrafo, García Oro– y al falle- cimiento en Madrigalejo el 23 de ene- ro de 1516 de Fernando el Católico. En su testamento, Cisneros es designa- do administrador y gobernador de los reinos castellanos hasta la llegada de Carlos de Gante (futuro Carlos V); los grandes del reino, reunidos en el monasterio de Guadalupe, ratificaron las disposiciones del monarca arago- nés ante el representante de la Corte de Bruselas, el embajador Adriano de Utrecht.
LE SAUVAGE Y DE CROY.El proble- ma radicaría en la actitud de Flandes y del grupo más próximo al príncipe Carlos, entre otros, de la opinión del canciller Le Sauvage y de Guillermo de Croy, señor de Chièvres. No obs- tante, Cisneros contaba con la compli- cidad de algunos hombres bien situa- dos y con crédito en la Corte borgoño- na de Bruselas, especialmente de Pe- dro de la Mota –hombre que resultó clave en los primeros pasos de Carlos de Gante en la compleja política castellana.
Las exequias de Fernando el Cató- lico en Santa Gúdula de Bruselas fue- ron de una solemnidad solo al alcance del ritual de Borgoña. Quizá tanta mag- nificencia, más que de un funeral, es- tuvo al servicio de la proclamación de un nuevo monarca europeo: de Car- los de Gante, des- cendiente de Car- los el Temerario.
Para el grueso de la historiogra- fía clásica, la pro-