49 LA AVEN TU RA D E LA H I S T O R I A
TRACORRIENTE
GRI M AU
A P U N T E S MILITANCIA.Histórico comu- nista que llegó a Madrid para reorganizar el partido. DELACIÓN.Tras un chivatazo, fue detenido en 1962. Tortu- rado, sobrevivió milagrosamen- te tras ser arrojado por la ven- tana de la comisaría. EL CONTEXTO.El franquismo sufría sus primeras fisuras ante la creciente agitación social. Su juicio y condena fue un inten- to de escarmiento del Régimen.R E P R E S I Ó N F R A N Q U I S T A
sado a una silla y lejos de la venta- na. Tampoco se rompió ningún cristal. A pesar de todo sobrevivió. El Gobierno franquista asumió la versión del intento de suicidio e incoó a Gri- mau un segundo proceso. Su abogado –el comunista clandes- tino Amandino Rodríguez Arma- da– no pudo visitarle hasta fi- nal de mes. Tampoco pudo ha- cerlo una comisión de tres médi- cos franceses. De modo que el asunto comenzó a tener trascen- dencia internacional
Eran años de agitación social y huelgas en fábricas y universidades. El fantasma comunista había resucitado. Los más in- transigentes del Régimen vinculaban el repunte de la agitación a los excesos aperturistas. En este contexto, Grimau era una víctima propiciatoria en la lu- cha entre las distintas facciones del fran- quismo. Se acusó al dirigente comunista de haber perpetrado crímenes ho- rribles en una checa de Bar- celona duran- te 1938 con testimonios más que du- dosos. Del proceso se ha- ría cargo la justicia mili-
tar, a pesar de que en el lavado de cara del Régimen, el 5 de abril, se aprobó el proyecto de un tribunal que se hiciese cargo de este tipo de hechos (el futuro Tribunal de Orden Público) y liberase a la justicia militar de los “delitos polí- ticos”. Por ello se pospuso hasta final de año la presentación a las Cortes del proyecto del nuevo tribunal. Sin embar- go, el régimen se saltó sus propias leyes. Los delitos atribuidos a Grimau habían prescrito según el Código de 1944. Por ello se le aplicó el de 1894, que ampliaba cinco años el plazo de prescripción.
UN JUICIO A TODA PRISA.Ante el temor de una reacción inter- nacional, el tribunal se formó a toda prisa, casi por sorpresa. Alas 8.20 horas del 18 de abril de 1963 se inició el consejo de guerra con la sala atestada de pe-
riodistas españoles y extranjeros. La ins- trucción del proceso la había llevado el coronel Enrique Eymar Fernández, mu- tilado de la guerra de Marruecos y re- publicano hasta que cambió de bando. Desde entonces había presidido cientos de consejos de guerra dictando numero- sas penas de muerte. Como vocal ponen- te del cuerpo Jurídico Militar, con la mi- sión de asesorar al tribunal, actuó el co- mandante Manuel Fernández Martín, procurador sindical en Cortes.
El desenlace se adivina tan claramen- te que García-Valiño, capitán general de Madrid, decide preparar con antelación el fusilamiento y pide al general Luis Zanón, director general de la Guardia Civil, un piquete de guardias. Algunos mandos del cuerpo intuyen que se tra- ta de un intento de cargarles con la res- ponsabilidad de cara al extranjero, em- pañando más la imagen del cuerpo, e in- forman a Zanón de que hay problemas con el reglamento, por lo que la Bene- mérita se niega a la ejecución. Cuando el ministro del Ejército, Pablo Martín Alonso, se entera, monta en cólera y pide a Franco que destituya a Za- nón. Pero este había sido un héroe y de la División Azul, por lo que permaneció en su puesto.
El fiscal no acusó a Grimau de asocia- ción ilícita sino de crímenes en la gue- rra por estar al mando de una checa. El acusado solo admitió su militancia comunista. La fiscalía no logró aportar pruebas contundentes ni testigos direc- tos, pero solicitó la pena de muerte. Su abogado debía contemplar el juicio des- de el estrado y sin intervenir, porque el código de justicia impone un defen- sor militar. El procesado propuso al ca- pitán Alejandro Rebollo Álvarez-Aman- di, abogado de 29 años, que aceptó a sa- biendas de la dificultad. Años más tar- de fue diputado de la UCD por Astu- rias. Para empezar solo había dispuesto de tres días para examinar la causa, mientras que el fiscal había tenido me- ses. Hombre honrado, ejerce la defen- sa a conciencia, argumentando que no puede haber “delito continuado” por- que Grimau ha estado veinte años en el
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EN UN CONTEXTO
DE CRECIENTE
AGITACIÓN SOCIAL,
GRIMAU FUE
UNA VÍCTIMA
PROPICIATORIA EN
LA LUCHA ENTRE
LAS DISTINTAS
FACCIONES DEL
RÉGIMEN
EXILIADOS O EN
LA CLANDESTINIDAD
SANTIAGO CARRILLOSecre- tario general del Partido Co- munista Español desde 1960 hasta 1982, vivió la mayor parte del franquismo en Pa- rís hasta su regreso a España en 1976. Fue expulsado del PCE en 1985, tras enfrentar- se con Gerardo Iglesias. Murió en Madrid en septiembre de 2012 a los 97 años.
ENRIQUE LÍSTERTuvo un destacado papel en la Gue- rra Civil con la organización del Quinto Regimiento. Exi- liado en Francia, se enfren- tó a Carrillo en numerosas ocasiones. Abandonó el PCE en 1968. Regresó a España en 1977 como lí- der del PCOE. Murió en Madrid en 1994.
JULIÁN GRIMAUHijo de un inspector de policía, ingresó en el PCE durante la Guerra Civil. En 1954 fue elegido miembro del Comité Central del partido. Exiliado prime- ro en América Latina y lue- go en Francia, regresó a Es- paña en 1959 para reorga- nizar el PCE tras la detención de Simón Sánchez Montero.
JORGE SEMPRÚNNie- to del conservador Anto- nio Maura, combatió en la resistencia francesa durante la II Guerra Mun- dial. Miembro del Comi- té Ejecutivo del PCE en 1956, fue expulsa- do en 1964. Ministro de Cultura con Felipe Gon- zález, murió en 2011.
SIMÓN SÁNCHEZ MONTERO
Afiliado el PCE en 1936, es- tuvo encarcelado tras la Guerra Civil hasta 1952. Miembro del Comité Ejecu- tivo del PCE en 1956, fue detenido en 1959 –por lo que fue sustituido por Julián Grimau– y permaneció en prisión hasta 1966. Aban- donó el PCE en 1991. Mu- rió en Madrid en 2006.
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extranjero, donde es imposible cometer re- belión militar. Ade- más, alegó que su nombre no figuraba en la Causa General y que, al acabar la gue- rra, no hubo denuncias contra él ni se inicia- ron sumarios. Afirma que el juicio no tiene sentido, porque el Va- lle de los Caídos se alza como símbolo de reconciliación. Enton- ces el fiscal replica in- dignado acusándole de negar el Alzamiento, pero Rebollo no se arredra y pide el ampa- ro de la sala: solo se ha limitado a citar al Cau- dillo. Finalmente, pide la absolución o tres años de prisión. Todo inútil; el reo es conde- nado a muerte casi in- mediatamente, tras un consejo de guerra que solo ha durado cuatro horas. Obviamente, el excesivo celo del de- fensor hizo que fuese marginado en la carre-
ra militar –le querían destinar a Ifni– y tuviera que centrarse en su profesión. Un año después se descubrió una nueva irregularidad procesal. El vocal ponente, el comandante jurídico Ma- nuel Fernández Martín, era un impos- tor. Realmente no era licenciado en De- recho; había falsificado su expediente,
ya que solo había cursado primero de ca- rrera en Sevilla y aprobó tres asignatu- ras. Sería expulsado del Ejército y con- denado a dieciocho meses de prisión.
REPERCUSIÓN INTERNACIONAL.La sen- tencia pasa al Consejo de Ministros al día siguiente, el 19 de abril, donde Cas-
tiella, ministro de Ex- teriores, advierte de la campaña internacional que se puede desatar. Los ministros López Rodó, Ullastres y Na- varro Rubio también muestran sus reticen- cias. Franco dice que cumple con su deber y les solicita que voten uno a uno en voz alta. Nadie osa oponerse y el Gobierno emite su “enterado”. La cara amable del Régimen se desvanece.
Como temía Castie- lla, el escándalo es ma- yúsculo. Giscard d’Es- taigne, de visita en Es- paña, está a punto de marcharse y convierte en privada su visita. Al Pardo llegan casi un millón de cartas y tele- gramas en esas horas pidiendo clemen- cia. Muchos son de intelectuales o per- sonalidades partidarias de la evolución democrática, como Ruiz Giménez. Isa- bel II, Juan XXIII, Willy Brandt, Harold Wilson, el cardenal Montini (futuro Pa- blo VI), Aldo Moro... Todos solicitan un cambio de postura. También
El caso Grimau también desató una dura controversia en el PCE. Algunas tesis, recupera- das en los últimos tiempos, sos- tuvieron, sin pruebas, que San- tiago Carrillo envió a Grimau a España para librarse de él. Se dijo que se oponía a las tesis oficiales, a las posturas mode- radas de Carrillo y se inclina- ba por el maoísmo, cuando se estaban rompiendo agriamente las relaciones entre comunistas
soviéticos y chinos. Sin embar- go, no hay constancia de que fuese crítico con la dirección. Las razones de enviar a Grimau a España, si es que las hubo más allá de enviar a un dirigen- te a organizar la oposición inter- na, han sido siempre una incóg- nita. Enrique Líster revitalizó esta teoría cuando, tras la inva- sión de Checoslovaquia, aban- donó el PCE, acusando a la di- rección de revisionista por criti-
car la acción de la Unión Sovié- tica. Sin citar expresamente a Grimau, acusó a Carrillo de ser un irresponsable y de enviar a militantes a misiones suicidas con tal de afianzarse en el po- der. Jorge Semprún, también después de ser expulsado, di- fundiría la misma tesis. Carrillo, sin embargo, invirtió la respon- sabilidad: aseguró que si Sem- prún no hubiese abandonado precipitadamente España por
motivos personales, él no hu- biera enviado urgentemente a Grimau para sustituirle. Todo quedó en especulaciones sin fundamento. Lamentablemen- te, su ejecución fue utilizada como arma arrojadiza entre las distintas facciones del parti- do, sobre todo a partir de 1964, cuando se hicieron patentes las divisiones y rivalidades personales que envenenaron el partido.IJ. C. L.