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L A R E V O L U C I Ó N I N T E L E C T U A L D E C I S N E R O S uando en el vera- no de 1502 el cardenal Cisne- ros reunió a un grupo selecto de hebraístas y hu- manistas con el propósito de ini- ciar un proyecto tipográfico que se convertiría en la Biblia Políglota Com- plutense, ninguno de los que parti- ciparon en aquellas sacras conversa- ciones estivales dudaron de que esta- ban contribuyendo con su labor a la gran actividad reformadora de la Igle- sia castellana.Desde su elección como confesor de la reina Isabel (1492) y, sobre todo, desde que fue elevado a la mitra arzo- bispal de Toledo, Cisneros, un francis- cano de la rama observante de la Or- den, se había destacado por su em- peño, casi fanático, en reformar la vida y las costumbres de los clérigos y de
los frailes. En una reciente serie sobre Isabel la Católica, emitida en Tele- visión Española, se ha “retratado” la disoluta moralidad de una parte nota- ble del clero castellano hacia 1470. En este contexto, se comprende que cuando los Reyes Católicos iniciaron su gobierno se esforzaran por modi- ficar esta situación. Hacia 1490 en- contraron en dos frailes a los ins-
trumentos ideales para su política de reforma monásti- ca y eclesial. Uno era fray Hernando de Talavera, de la Orden de San Jeró- nimo; el otro, fray Francisco Jiménez de Cisneros, fran- ciscano. El primero, que ocupó el car- go de confesor de la Reina, sería nom- brado primer arzobispo de Granada en 1492; el segundo, quien le sucede- ría como confesor regio, primado de las Españas, en 1495.
RAÍCES EN EL SIGLO XIII.Debe recor- darse que en España ya se había inicia- do una tímida reforma un siglo antes. Los dominicos y los franciscanos ha- bían tenido una expansión extraordi- naria por toda Europa desde el naci- miento de sus congregaciones a princi- pios del siglo XIII, pero el terrible im-
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JOSÉ LUIS GONZALO SÁNCHEZ-MOLERO.FACULTAD DE CIENCIAS DE LA DOCUMENTACIÓN (UCM).
L A RE F O RM A M O N ÁS T I C A
EN BUSCA
DE LA CIUDAD
DE DIOS
Efigie en relieve del cardenal Cisneros, por FELIPE BIGARNY yFERNANDO DEL RINCÓN,hacia 1518, Madrid, Universidad Complutense.LOS REYES CATÓLICOS, EMPEÑADOS EN FRENAR LA DISOLUCIÓN DEL CLERO CASTELLANO, VIERON EN CISNEROS EL INSTRUMENTO IDEAL PARA
IMPONER LOS CAMBIOS.
JOSÉ LUIS GONZALO SÁNCHEZ-MOLERO
EXPLICA POR QUÉ RECAYÓ EN EL FRANCISCANO LA TAREA Y EL CONTEXTO POLÍTICO E IDEOLÓGICO EN QUE LA LLEVÓ A CABO
6 7 LA AVEN TU RA D E LA H I S T O R I A
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L A R E V O L U C I Ó N I N T E L E C T U A L D E C I S N E R O Spacto de las epidemias de la peste negra a mediados del siglo XIVhabía provocado en
la sociedad una introspección espiri- tual de gran importancia.
En estas circunstancias se creó la Orden de San Jerónimo (1375), cuya congregación logró un gran prestigio gracias a su nítido compromiso con la renovación espiritual y con la oración contemplativa. Además, se trataba
de una Orden religiosa exclusivamen- te hispánica, y que, por tanto, no de- pendía de superiores extranjeros o de decisiones capitulares adoptadas fuera del país. Como escribiera a prin- cipios del siglo XVII el principal cro- nista jerónimo, fray José de Sigüen- za: “Una religión natural de España y
de españoles, nacida, criada y sustentada dentro de sus términos, sin haber querido jamás traspasar sus lindes”.
Se comprende que desde el reina- do de Juan I de Castilla los jeróni- mos contaron con la decidida protec- ción de la Corona, destacando los Re- yes Católicos, sobre todo desde que la Orden apoyó económicamente a los monarcas durante la guerra de
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UNA CAPILLA DE CANTORESen un desfile procesional. Escultura anónima en piedra policromada, siglo XV, Capilla de los
sucesión tras la muerte de Enrique IV. Antes de que Cisne- ros protagonizara la po- lítica reformista, fue un
jerónimo, fray Lope de Olmedo (1370-1433), quien emprendió una reforma de carácter espiritual, que pretendía observar dentro de su Or- den una regla revisada, extraída de las obras del propio san Jerónimo. La pro- puesta “observante” de Olmedo fra- casó por el rechazo de la congregación, pero resulta muy significativo acerca de sus intenciones que la regla pro- puesta estuviera fundamentada en la idea del retorno a un cristianismo evangélico y primigenio.
Este rasgo es característico de todo el movimiento religioso denominado como Devotio moderna. El recurso a san Jerónimo, o al visigótico san Isi- doro, a cuyo nombre Olmedo erigió el convento que fundó en Sevilla, evidencian las raíces del pensamien- to de este fraile. Ahora bien, que la reforma olmediana no llegara a buen puerto no significa que el prestigio espiritual de los jerónimos se viera menoscabado.
Al contrario, cuando los Re- yes Católicos obtuvieron en- tre 1490 y 1493 del Papado am- plias facultades para reformar la vida monástica española, deci- dieron recurrir a miembros de la Orden para desempeñar tan ardua tarea.
Debido al perfil nobiliario de los jerónimos se comprende que en 1492 se les encomenda- ra la reforma de la Orden mili- tar de Santiago, en Castilla, o la del Cristo, en Portugal, pero también los obispos de Córdo- ba y de Osma, y el abad de san Marcos en León, solicitaron sus buenos oficios para reformar la vida eclesial en sus dominios. Con tan buenos precedentes, ¿por qué los frailes jerónimos, con el citado Talavera a la cabe- za, no lideraron la reforma con- ventual en Castilla? Cisneros, sin duda, fue un rival de enver- gadura en esta pugna política y religiosa, pero su triunfo no fue tanto una cuestión de pres-
tigio personal, sino de crisis dentro de la Orden jerónima.
Tras la expulsión de los judíos en 1492, se puso inoportunamente de manifiesto que esta congregación ha- bía admitido a demasiados conversos, y la eficaz gestión económica de sus propiedades y de sus “granjas” tam- bién empezó a suscitar críticas y envi- dias. En 1485, la Inquisición descu- brió la existencia de dos nutridos gru- pos de jerónimos judaizantes en los monasterios de La Sisla y de Guada- lupe. La situación fue tan grave para el prestigio de la Orden que en 1499 se reunió un capítulo extraordinario para atajar la polémica. Los jerónimos, pues, se vieron imposibilitados para protagonizar la reforma monástica.
CENOBIOS DISOLUTOS.No arredró esta situación a los Reyes, quienes en 1486 solicitaron al papa Inocencio VIII au- torización para proceder a la reforma
en sus Estados de los cenobios, mu- chos “disolutos y desordenados en su vida y administración”. El camino se había iniciado.
Para comprender su proyecto a este respecto debe recordarse que en la Iglesia jerárquica se distinguían (y se distinguen) dos grandes ámbitos, el clero secular y el regular. Al prime- ro, como es sabido, pertenecían los clérigos (sacerdotes, canónigos, curas en general) que dependían de los obispos; en el clero regular se agru- paban los monjes y monjas que obe- decían una “regla” y que estaban su- peditados a un General de la Orden. La reforma religiosa planteada por los Reyes Católicos a fines del siglo XV comprendía a todos. Con respecto al clero secular, en 1491 los monarcas reunieron en Medina del Campo a una asamblea eclesiástica para corregir al- gunos de los vicios más criticados en- tre los clérigos, como no vestir con de- coro, tener mancebas o abusar de sus privilegios e inmunida- des en el ámbito penal. Dos años después se dictaron se- veras normas al respecto.
Ahora bien, no era tan sen- cillo proceder sobre el clero re- gular en Castilla. Cualquier medida reformista era de com- pleja aplicación, debido no solo a que los frailes y las monjas constituían el grueso de la po- blación que vivía “en religión”, muy por encima del porcenta- je de los clérigos, sino también a la multitud de congregacio- nes, ramas y familias conven- tuales en que las órdenes es- taban fragmentadas.
La política de la Corona fue la de buscar “alianzas” entre las propias órdenes, y las hallaron en tres de ellas, la de San Be- nito, la de San Jerónimo y la de
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L A R E V O L U C I Ó N I N T E L E C T U A L D E C I S N E R O S¸
Fray Hernando de Talavera, de la Orden de San Jerónimo, fue nombradoPRIMER ARZOBISPO DE GRANADA,tras la conquista del reino en 1492.