EL HIPOTÁLAMO
AGRESIVIDAD Y SEXO: ¿SON LOS MACHOS MÁS AGRESIVOS QUE LAS HEMBRAS?
¿LOS HOMBRES MÁS QUE LAS MUJERES?
En los animales es claro que los niveles de agresividad son notablemente mayores en los machos que en las hembras. El comportamiento de los individuos de distinto sexo es en este sentido claramente distinguible. En las colonias de distintas especies de mamíferos con un cierto grado de organización social, siempre se detecta la presencia de lo que se ha llamado el macho
alfa o macho dominante; es decir, aquel
individuo que ocupa jerárquicamente una posición de dominio. Se trata, indefectiblemente, de un macho y este patrón de conducta se ha atribuido lógicamente a la influencia de las hormonas masculinas. Los resultados de estudios experimentales muestran que los animales castrados no son nunca machos alfa. Asimismo, estos animales abandonan el patrón de agresividad que muestran típicamente en relación con el establecimiento de territorialidad o de dominio de las hembras.
Aquí la extrapolación de los resultados en animales a la especie humana no es muy fácil. En primer lugar; ya en las épocas recientes de la evolución de la especie humana, las situaciones de predominio territorial y sexual tienen facetas mucho más sutiles, derivadas de la complejidad en la organización social. Sin embargo, creo que todavía es posible afirmar que, en términos muy generales, las conductas agresivas predominan entre los individuos de sexo masculino. Es posible, sin embargo, que al ser modificados los patrones culturales que tradicionalmente han atribuido a la mujer un papel de sumisión y pasividad casi absolutas, también paulatinamente se modificarán sus respuestas ante los nuevos estímulos a los que se vea expuesta. Evidentemente, será necesario esperar algunas décadas antes de sacar conclusiones claras en este sentido.
Herminia Pasantes
Tomado de: De neuronas, emociones y motivaciones (http://omega.ilce.edu.mx:3000/)
El hecho de segregar saliva ante el olor o la vista de un exquisito seco de carne, es un proceso instintivo, innato, producto de la actividad del sistema nervioso autónomo, ese es el típico
reflejo incondicionado, esto es que no necesita
de ninguna otra condición para que se produzca, más que la sola presencia de la señal.
La necesidad biológica de defecar es también un
reflejo incondicionado producido por un
estímulo interno, una señal, enviada al sistema nervioso autónomo, que a su vez genera un impulso efector a los músculos del ano para posibilitar la evacuación.
Estos reflejos incondicionados se forman en las partes del sistema nervioso que se encuentran por debajo de la corteza cerebral, tales como la médula, el tallo encefálico, el cerebelo, etc.
Formación de los reflejos condicionados
Analicemos un experimento realizado por el científico ruso Iván Pavlov (1848-1936), precisamente el gran descubridor de los reflejos
condicionados. Si ponemos a un perro
hambriento delante de un trozo de carne cruda, el animal, por instinto, empezará a segregar gran cantidad de saliva. Esto sucede porque, ante una
señal como el olor y la vista de la carne, se
produce en el perro un reflejo instintivo, un
reflejo incondicionado.
perro empezará a segregar saliva ante el sonido del timbre, incluso sin que le mostremos la carne. A este reflejo en el que interviene otra
señal (el sonido del timbre) distinta a la señal
original (el olor o la vista de la carne), Iván Pavlov lo llamó reflejo condicionado, porque está condicionado a un estímulo o señal diferente a la señal incondicionada.
Veamos lo que ocurre en nuestros hogares. ¿No se han dado cuenta que cuando mamá empieza a afilar el cuchillo para cortar la carne, el perro que tenemos en casa, esté donde esté, llega corriendo a su lado en espera de que le tire algún pedazo de desperdicio? Miren ustedes que sólo con el sonido del cuchillo que está siendo afilado, se ha formado en nuestra mascota un
reflejo condicionado.
Los reflejos condicionados son reflejos que se forman en la corteza cerebral de los animales que la poseen. En el ser humano estos reflejos
condicionados se forman especialmente por una señal muy propia de su desarrollo evolutivo: la palabra.
Al igual que los otros animales se forman en nosotros reflejos incondicionados, como los del hambre o la necesidad de evacuación, pero, por mediación de la palabra, y sobre la base de esos
reflejos incondicionados, hemos elaborado reflejos condicionados como los que, para
satisfacer la necesidad del hambre, no hurgamos en la basura sino que nos sentamos en una mesa limpia para servirnos el almuerzo que nos ha preparado mamá, y en muchos casos las familias oran para agradecer por el alimento recibido.
Así mismo, si tenemos necesidad de evacuar (reflejo incondicionado), no hacemos lo que hace el perro o el pato, sino que buscamos el lugar apropiado, porque alguien, mediante la palabra, nos enseñó a evacuar (reflejo
condicionado) de una manera diferente a como
lo hacen estos animales.
El primero y el segundo sistema de señales
Cuando hablamos de la señal, como el estímulo que provoca una reacción en el proceso de la elaboración de un reflejo, estamos viendo que existen dos tipos de señales.
• Por una parte tenemos las señales que encontramos en el medio, tales como la forma de un objeto, su olor, su color, un sonido cualquiera, la luz, el movimiento, etc. Son señales que sirven de estímulos directos para la formación de un reflejo
incondicionado o condicionado. A este tipo
de señales que se encuentran en el medio de forma concreta y objetiva, I. Pavlov las denominó primer sistema de señales, porque son estímulos que llegan, como hemos dicho, de manera directa a los órganos de los sentidos.
• Pero tenemos otro tipo de señal que es específica del ser humano, que no es tan objetiva ni concreta: la palabra. Si a un perro o a un ser humano hambrientos les presentamos un apetitoso seco de carne recién preparado, su reacción inmediata será la formación de un reflejo incondicionado, con todas sus repercusiones en el organismo, y la señal que les presentamos fue una señal directa, objetiva; y aunque formemos un
reflejo condicionado sobre la base de ese reflejo incondicionado por medio de un
sonido cualquiera (el golpe de una campana que anuncia la comida), este sonido seguirá siendo un elemento concreto y objetivo que provoca el reflejo, formará parte del primer
Pero si a la persona con la que estamos haciendo el experimento, no le presentamos ni el plato de comida, ni le anunciamos por medio de una campana que está listo el almuerzo, sino que le empezamos a hablar con lujo de detalles sobre el seco de carne que está preparándose en la cocina, vamos a obtener la formación de un reflejo condicionado en esa persona por la mediación única del lenguaje o la palabra como
señal. Por esta razón, a la palabra como señal
de un reflejo, Pavlov la denominó como el
segundo sistema de señales, o señal de señales, porque es una señal subjetiva, que
nombra a las otras señales, no necesita que estén presentes las primeras señales para estar seguro de que existen y formar un reflejo
condicionado.
A un perro no le podemos formar un reflejo
condicionado hablándole con lujo de detalles
sobre el apetitoso seco de carne, porque en él la
palabra humana sólo existe como sonido que
escucha, sin entender los conceptos a los que se refiere la palabra dicha por nosotros.