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EL PERFUME ALIVIA EL DOLOR

In document Bases Biologicas Psicologia (página 150-156)

Por Vanessa Marsh

Los buenos olores ejercen una influencia de tal naturaleza que ayudan a combatir los dolores mientras que los perfumes alivian sólo el dolor de las mujeres y no el de los hombres, según una investigación de científicos canadienses que abre la vía a una nueva visión del dolor y de su tratamiento.

Serge Marchand y Pierre Arsenault, del departamento de ciencias de la Universidad de Quebec (Canadá) demostraron por vez primera la influencia de los olores en la percepción del dolor.

El informe sobre su investigación, que se realizó con 40 personas voluntarias, la mitad de ellas mujeres, se publica en la revista Physiology and Behavior, editada por la editorial Elsevier.

La gama de esencias ensayadas va del extracto de almendra y del extracto de vainilla al vinagre blanco, así como un antiséptico utilizado en odontología (zonalina), pasando por el aceite de masajes, las lociones para después del afeitado y otros productos de higiene.

Resultado sorprendente

Cada una de las personas determinó primeramente los aromas que encontraba agradables, su intensidad y el humor que asociaba a cada uno de ellos. Después, los voluntarios debieron hundir una mano en un recipiente con agua muy caliente (durante tres minutos a unos 46 o 48 grados centígrados) mientras aspiraba las esencias en cuestión, las más agradables, las menos agradables y las neutras, de tipo agua destilada).

Los voluntarios eran invitados a expresar su pena, minuciosamente evaluada y registrada por los científicos. El resultado fue que cuanto más agradables son los olores, mejor es el humor de las personas, de ambos sexos, mientas que los olores desagradables tienden a ponerlos malhumorados. En cambio, las fragancias deliciosas atenúan únicamente el dolor de las mujeres. Los olores desagradables no parecen acentuar el dolor de manera significativa, lo que no impide interrogarse respecto a las repercusiones de los efluvios de desinfectantes para la moral de los pacientes hospitalizados.

El olor alteraría la percepción del dolor ligado al tacto. Los efectos de los olores sobre el dolor y el buen humor podrían depender de mecanismos diferentes, según los científicos, que consideran que el recurso a las técnicas de imaginería médica cerebral podría aclarar esta cuestión. Tomado de Tendencias Científicas

¿Qué son las percepciones?

Cuando estudiamos las sensaciones, veíamos cómo un color, un sonido o una forma es receptado por los órganos de los sentidos (en estos casos el ojo, el oído o el tacto). Pero nosotros no recibimos el estímulo sólo de un color, un sonido o la forma de un objeto, sino que el color, el sonido y la forma, son estímulos que provienen de objetos concretos con muchas otras cualidades y características, y que los percibimos como totalidades. En realidad percibimos el color de la pared del aula de clases, escuchamos las palabras del profesor que explica el tema de la asignatura, el bullicio de los muchachos en el pasillo o la forma del libro que está en nuestras manos.

La percepción entonces ya no sólo es el reflejo de las cualidades aisladas de los objetos de la realidad, que receptamos a través de los órganos de los sentidos, como en las sensaciones. Es más bien el reflejo del conjunto de esas cualidades que tienen los objetos, así como sus relaciones mutuas, a las que se las percibe como un todo. Aunque los receptores nos informan de un color determinado, en realidad percibimos una pared de un determinado color, de una determinada forma y de un determinado largo y ancho. El oído no sólo nos informa de unos sonidos que emite el profesor, sino que por nuestra experiencia y la educación que hemos recibido, sabemos que esos sonidos corresponden a las palabras de un idioma que entendemos y que tienen un significado, los mismos que son útiles para aumentar esa experiencia y esa educación.

De esta manera, la percepción de un objeto no solamente es la de su color, es también la de su forma, el lugar que ocupa en el espacio, el material de que se compone y, de acuerdo a la formación de la persona que percibe, la de su utilidad, su procedencia y su funcionamiento.

En la percepción ya no sólo intervienen uno u otro órgano de los sentidos, sino varios a la vez. Interviene también la motricidad, la acción consciente del que percibe, y con ella interviene también la actividad de la corteza cerebral: el pensamiento. Las diferentes sensaciones forman la base material de las percepciones, pero no se reducen a ellas, ni siquiera a la suma de todas ellas. Es más bien una relación recíproca entre los estímulos sensoriales y el pensamiento lógico.

Por otra parte, en la percepción de los objetos podemos distinguir una percepción espontánea por la cual “vemos” la realidad tal como se nos presenta a “simple vista”, y otra percepción con una orientación específica, a la que llamamos observación. En ésta, la percepción del objeto, o los objetos de la realidad, se convierte en una actividad mucho más compleja que en la primera, donde interviene de manera premeditada la capacidad de análisis y de síntesis del observador.

SELVA

Juana de Ibarbourou

Selva: he aquí una palabra húmeda, verde, fresca, rumorosa, profunda. Cuando uno la dice, tiene en seguida la sensación del bosque todo afelpado de musgos, runruneante de píos y de roces, lleno de los quitasoles apretados y movibles de las copas de los árboles, bajo los cuales las siestas ardientes son tan dulces y donde es tan grato, tan grato, tenderse a soñar. ¡Selva! ¡Oh Dios mío, qué palabra tan alegre y tan fresca! ¡Qué palabra para mí tan llena de reminiscencias! Huele a eucaliptos, a álamos, a sauces, a grama; suena a insectos, a agua que corre, a pájaros que cantan y pían, a roce de insectos y croar de sapitos verdes; evoca redondeles de sol sobre la tierra, frutas silvestres de una dulzura áspera, caravanas de hormigas rojas cargadas de hojitas tiernas, penumbra verdosa y fresca, soledad. ¡Oh Dios mío, evoco mis quince años y toda mi alegría sana, inconsciente y salvaje!

La percepción del espacio

Todos los objetos de la realidad (la materia) ocupan un lugar en el espacio. Eso lo sabemos ya desde la escuela. Esa materia existe independientemente de nosotros, independientemente de si nosotros la pensamos,

la percibimos, o no, independientemente de nuestros sentidos. La materia, la realidad que percibimos con nuestros sentidos, tiene por lo tanto una existencia objetiva y cuando nosotros la pensamos, la percibimos, le damos una existencia subjetiva. La percepción es entonces una imagen subjetiva de esa realidad objetiva. Es subjetiva porque cuando la pensamos o percibimos, esa percepción que tenemos de las cosas, depende mucho de las características de la persona que percibe. Es una imagen más o menos fiel de esa realidad, no exacta.

Si en este momento estamos en clase y percibimos al maestro que realiza su exposición, habrá algunos estudiantes que estén escuchando con mucha atención sus palabras por la forma como se hace entender, catalogándolo como un excelente profesor. Habrá otros en cambio que estarán durmiéndose en el pupitre, o realizando otra actividad cualquiera, para quienes el profesor puede ser un maestro aburrido. Con este ejemplo estamos viendo que una misma realidad puede ser percibida de manera diferente por cada estudiante, dependiendo de su estado de ánimo, sus intereses o su formación anterior. Los objetos materiales que ocupan un lugar en el espacio tienen una forma, un tamaño, están a una distancia y en una determinada dirección, y los diferentes órganos de nuestros sentidos nos

nuestros sentidos, y en esa percepción entran en actividad fundamentalmente el sentido de la visión, el del tacto y el cinestésico.

Por los sentidos de la visión y el tacto podemos percibir la forma y el tamaño de un objeto, mientras que por la visión y el sentido cinestésico, que es el que nos informa de los movimientos de las diferentes partes del cuerpo, podemos conocer la distancia y la dirección en que se encuentran.

La percepción del tiempo

Así como el hecho de ocupar un lugar en el espacio es una forma de existencia de la materia, también lo es el de existir en algún momento del tiempo. El tiempo y el espacio no pueden existir independientemente de la materia, así como tampoco podemos concebir a la materia que no ocupe un lugar en el espacio y no tenga una duración en el tiempo.

La percepción del tiempo, al igual que la percepción del espacio, constituye un reflejo de la duración, la velocidad y la continuidad en la

que transcurren los fenómenos o los hechos de los objetos reales, que se encuentran fuera de nuestra conciencia.

La percepción que tenemos de estos hechos que se dan en el tiempo, se produce en nosotros como consecuencia del ritmo, el movimiento y la duración de nuestros procesos orgánicos internos que nos señalan el tiempo transcurrido, lo que comúnmente se llama el reloj biológico. Existen personas que inclusive no necesitan de un despertador mecánico para levantarse de la cama a una hora determinada en la madrugada, porque su reloj biológico está ya condicionado para levantarse a esa hora.

De esta manera podemos afirmar que la percepción del tiempo se encuentra estrechamente vinculada a una vivencia orgánica, y como tal también estará sujeta a las características, las necesidades y los intereses de quien lo percibe.

Con el ejemplo que hemos venido trabajando del maestro que explica el tema de la asignatura, para algunos estudiantes puede ser un maestro tan interesante en su exposición, que el tiempo de la hora clase se les pasó volando, casi sin darse cuenta, y a algunos les gustaría que continuara en el recreo o en la siguiente hora. En cambio para otros el profesor es tan aburrido que el tiempo pasa con una lentitud asombrosa. En ambos casos, sin embargo, son los mismos 45 minutos los que han transcurrido.

La percepción de los movimientos

La existencia de la materia como realidad objetiva, y sin la cual no pueden existir ni el

espacio ni el tiempo, tiene también una estrecha relación con el movimiento de los objetos, a tal punto que tampoco existe materia sin movimiento ni movimiento sin materia. El movimiento es entonces también una cualidad inherente a los objetos materiales, como lo es el de encontrarse ocupando un lugar en el espacio y el de tener una duración en el tiempo.

La percepción de los movimientos dependerá, pues, fundamentalmente del movimiento real de los objetos materiales en el espacio y en el tiempo, así como del estado de las sensaciones visuales y cinestésicas. Por el sentido de la visión podemos percibir el desplazamiento de los objetos de un punto a otro del espacio, en un determinado tiempo y en relación con las sensaciones que tenemos de los movimientos de los órganos de nuestro propio cuerpo.

A lo largo de este tema hemos venido expresando la importancia que tienen el estado de los órganos de los sentidos, así como las características de la personalidad, los intereses y la experiencia previa de la persona que percibe un objeto determinado, para entender la forma cómo es percibida esa realidad, a pesar de que

que no seríamos capaces de conocer la realidad tal cual ella es, porque siempre estaría de por medio nuestra subjetividad, nuestro propio modo de ver las cosas.

La única manera que tenemos de resolver este problema es mediante la práctica, esto es comprobando mediante la acción sistemática la objetividad de un hecho cualquiera. En el caso del profesor, si queremos conocer con más precisión u objetividad si es buen maestro o no, tendríamos que realizar un proceso de seguimiento continuo de la forma cómo conduce sus clases, durante varias horas, para evaluar su capacidad, su profesionalismo y los resultados obtenidos en la aplicación de sus métodos de enseñanza y aprendizaje.

RESUMEN DEL TEMA

Por medio de los órganos de los sentidos podemos recibir los estímulos que se producen en el medio ambiente externo o interno. Las sensaciones son el reflejo de esas cualidades aisladas de los objetos sobre nuestros sentidos. Los órganos de los sentidos tienen un límite para receptar los estímulos, a los que se les llama umbrales de excitación. De esta manera se afirma que hay estímulos que se encuentran por debajo o por encima de esos umbrales de excitación.

Entre los tipos de sensaciones tenemos a las orgánicas, visuales, táctiles, auditivas, estáticas, cinestésicas, olfativas y gustativas.

Las sensaciones orgánicas nos informan del estado en que se encuentran los órganos internos, de tal suerte que cuando su funcionamiento es normal tenemos la sensación de bienestar general, pero cuando un órgano no funciona adecuadamente, sentimos malestar o dolor que muchas de las veces no sabemos de dónde proviene. Entre las sensaciones orgánicas más estudiadas están las del hambre y la sed. La sensación de hambre se produce cuando hay insuficiencia de nutrientes en el organismo y la de sed por insuficiencia de líquidos.

Por las sensaciones visuales podemos recibir las ondas electromagnéticas, en forma de colores de los objetos, que se encuentran a nuestro alrededor. Las sensaciones táctiles se encuentran distribuidas por toda la piel, pero especialmente en las manos, las que junto a la visión constituyen los órganos fundamentales para el conocimiento de la realidad y la actividad práctica.

Las sensaciones auditivas se producen por la emisión de ondas sonoras de parte de los objetos que, al chocar con el viento, generan dichas ondas que el oído humano las percibe como sonidos. Las sensaciones estáticas nos informan de la posición de nuestro cuerpo en el espacio, así como de su equilibrio. Esta sensación se produce gracias a la acción del oído interno y el cerebelo. Las sensaciones cinestésicas en

cambio nos permiten conocer y coordinar los movimientos de los órganos de nuestro cuerpo. Las sensaciones olfativas se producen por la acción de sustancias químicas que en forma gaseosa entran en contacto las terminaciones nerviosas de la cavidad de la nariz, mientras las sensaciones gustativas se producen también por sustancias químicas que se pueden disolver en el agua, las que al entrar en contacto con la lengua se recibe el correspondiente estímulo.

Las percepciones son el resultado de la recepción de varios estímulos sensoriales, o el reflejo del conjunto de las cualidades de los objetos que conforman la realidad.

Entre las percepciones tenemos la del espacio en la que participan las sensaciones visuales y las táctiles especialmente, así como las cinestésicas. La percepción del tiempo se produce en cambio por la actividad vital de nuestro organismo que la percibimos dentro de un proceso temporal. Mientras la percepción del movimiento se produce por la combinación de la percepción del espacio y del tiempo cuando un objeto se traslada de un lugar a otro en un tiempo determinado.

¿Y QUÉ MÁS PODEMOS HACER

AHORA?

L@S ESTUDIANTES

¾ Observemos de una forma continua y

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