VIVIR EN COMPAÑÍA
ESTRELLAS DE MAR
En el fondo del mar vive un extraño animal que pertenece a un grupo que llamamos equinodermos. Tiene ojos y pies en los brazos y saca el estómago fuera cuando come. Es una estrella de mar.
Las estrellas de mar tienen el cuerpo de piel dura, en forma de estrella. Por lo común poseen cinco brazos, aunque a veces tienen más. En la parte inferior de cada brazo se advierten unos pequeños tubos que son los pies del animal. Al final de cada brazo hay una pequeña mancha rojiza, los ojos, capaces únicamente de distinguir la luz.
La estrella de mar localiza su comida por medio del olfato. Cuando encuentra una almeja, la estrella de mar se coloca encima de ella. Los pies en forma de tubo se adhieren a la almeja, y tira con fuerza de las dos mitades de la concha hasta abrirlas un poco. La estrella de mar saca su estómago por la abertura de su cuerpo y lo introduce a través de las dos mitades de la concha, hasta alcanzar el cuerpo de la almeja. Los jugos especiales del estómago de la estrella de mar disgregan casi por completo la almeja, que es así comida sin dejar su envoltura.
Si una estrella de mar pierde un brazo por accidente o luchando con un enemigo, puede crecerle otro nuevo. En realidad, si el animal se divide en dos, cada mitad puede crecer y convertirse en una nueva estrella.
Tomado de El Mundo de los Niños, Vol. 3, Los animales, editado por World Book Internacional, Chicago, 1994.
Esponja tubular púrpura.
Los equinodermos (erizos y estrellas de mar) poseen un grupo de células nerviosas distribuidas en forma de anillo en el centro, y prolongaciones en forma de brazos, a los que se los ha denominado nervios radiales. Los órganos de los sentidos están representados por células sensitivas táctiles y hasta olfatorias, así como manchas oculares sensibles a la luz. Por lo regular suelen vivir a pocas profundidades, especialmente en las zonas costeras. Son carnívoros, alimentándose especialmente de
moluscos, crustáceos, pequeños peces y otros equinodermos menores.
Por último tenemos a los celenterados (hidras, corales, medusas) que poseen un tejido nervioso simple y poco diferenciado de los otros tejidos. Son también carnívoros, y en el caso de las
hidras, junto a las fibras musculares que le permite el movimiento, tienen una red de células nerviosas unidas a otras sensitivas.
Arrecife de coral. ANIMALES “FLOR”
¡Un grupo de animales que viven en el mar no son más que un estómago y un manojo de brazos! Seguramente has oído hablar de estos bichos: las medusas y las anémonas de mar.
Pertenecen al grupo que llamamos celentéreos. La anémona de mar recibe su nombre porque se parece mucho a la flor llamada anémona. Vive en el fondo del mar, muy a menudo en un cálido arrecife de coral o sobre un lecho de rocas. Despliega sus brazos esperando que pase por allí un pez o un camarón. Cuando los brazos tocan algo, unos hilillos venenosos se disparan hacia fuera. La víctima queda paralizada por el veneno, y entonces la anémona de mar se lleva a su presa a la boca con los brazos. Las medusas se parecen a una flor boca abajo. Su cuerpo es como una especie de sombrilla vista desde arriba, o a veces como una seta con unos largos cordones que cuelgan. La medusa está hecha casi completamente de agua. Si en la playa observas una medusa arrastrada por el agua, verás que se parece a una masa de gelatina incolora. Cuando se reseca a causa del sol deja solamente una mancha húmeda y pegajosa.
La medusa nada abriendo y cerrando su cuerpo. Cada vez que cierra el cuerpo expulsa agua, y el animal es empujado hacia delante.
Tomado de El Mundo de los Niños, Vol. 3, Los animales,
Como hemos visto, tanto en los espongiarios, los equinodermos o los celentéreos, a pesar de que ya tienen verdaderas células nerviosas (no nos olvidemos que estamos hablando de los metazoarios que son organismos con varias células, mientras los protozoarios eran organismos con una sola célula) no existe, propiamente hablando, un sistema nervioso completamente diferenciado del resto de los tejidos, razón por la que se le ha dado el nombre de sistema nervioso difuso a este grupo de células.
Medusa carabela portuguesa.
Las características de este incipiente sistema nervioso, sólo permiten también una conducta difusa, en la que todo el organismo reacciona
en masa frente a un estímulo cualquiera; tienen
muy poca capacidad de movimiento, y reaccionan fundamentalmente ante el contacto directo con los estímulos, aunque poseen también un olfato muy rudimentario.
Los anélidos (gusanos)
En el desarrollo evolutivo, los gusanos (anélidos) ocupan un escalón superior entre los invertebrados, debido a su estructura orgánica y un mayor desarrollo de su sistema nervioso, que les permite una conducta más diferenciada y, por lo tanto, mayores posibilidades de
Lombriz de tierra
En los gusanos ya no encontramos un sistema
nervioso difuso, como en los invertebrados más
primitivos, sino que las células nerviosas empiezan a concentrarse en ganglios, en forma de nódulos, unidos entre sí formando una cadena que recorre su vientre. En algunos gusanos, como en la lombriz de tierra, empieza ya a adquirir predominancia un ganglio principal que algunos denominan ganglio
cerebral.
Este sistema nervioso ganglionar comienza a adquirir cierto nivel de especialización, de tal suerte que cada par de ganglios se relaciona directamente con la parte correspondiente de su cuerpo, lo que hace posible también reacciones reflejas más precisas.
Así mismo, la estructura de este sistema
nervioso ganglionar y las funciones que
desempeña, les permite ya a estos invertebrados la posibilidad de un aprendizaje incipiente y de adquirir cierto nivel de experiencia.
En un laboratorio se puso a una lombriz de tierra en un laberinto de madera en forma de T, de tal suerte que tenía que movilizarse por el palo principal y, al llegar al madero superior o travesaño, tenía que verse obligada a escoger entre el lado izquierdo o el derecho. Si escogía el izquierdo se encontraba con una rejilla cargada de electricidad, pero si escogía el lado derecho, llegaba a una pequeña caja húmeda y oscura que ofrecía las condiciones ideales para su hábitat.
Esta lombriz necesitó 150 intentos antes de que aprendiera a girar en la dirección conveniente
(derecha), y no volver más al lado izquierdo. Y a nosotros los humanos, ¿cuántas veces no nos tienen que repetir algo que nos dicen que no hagamos porque nos puede hacer daño, y sin embargo, lo hacemos?¿Cuántas veces hemos tenido que caer en el mismo error hasta aprender que eso no debemos hacer?