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EL DESARROLLO TEMPRANO DEL CEREBRO: UN TORRENTE DE

In document Bases Biologicas Psicologia (página 78-81)

CREATIVIDAD

Es muy posible que usted haya visto alguna vez a un niño menor de un año que observa expectante y lanza un grito de alegría cuando de repente aparece la cara de su madre, que jugaba a tapársela con las manos. Mientras dura este juego aparentemente sencillo y repetitivo, ocurre algo espectacular: miles de células en expansión del cerebro del niño responden en cuestión de segundos. Algunas células se “encienden” y algunas conexiones que ya existen entre las células del cerebro se fortalecen, al tiempo que se establecen nuevas conexiones.

Mientras las conexiones cerebrales se disparan durante los tres primeros años de vida, el niño descubre cosas nuevas prácticamente en todo momento en que está despierto. Al nacer, el niño tiene unos 100.000 millones de células en el cerebro. La mayor parte no están conectadas entre sí y no pueden funcionar por cuenta propia. Deben organizarse en forma de redes formadas por billones de conexiones y sinapsis que las unen.

Estas conexiones constituyen milagros del cuerpo humano que dependen en parte de los genes y en parte de lo que ocurre durante los primeros años de vida. Muchos tipos de experiencia afectan al funcionamiento del cerebro del niño, pero ninguna encierra más importancia que el cuidado físico y afectivo temprano.

Tomado de “Estado mundial de la infancia 2001”, UNICEF, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.(

www.unicef.org/spanish)

La infancia: aprendiendo a hablar y a caminar

El hecho de ponerse de pie y empezar a caminar, así como el inicio de la adquisición del lenguaje, es la primera gran revolución que experimenta el infante (llamémosle también una crisis), como producto de la mielinización de las neuronas de los hemisferios cerebrales que sucede a esta edad. De aquí en adelante las neuronas van a seguir aumentando en tamaño, y la mielina va a continuar engrosando los axones hasta llegar a la pubertad, etapa en la cual la maduración acabará de completarse.

A partir de ahora empezará a superar la etapa de las reacciones circulares secundarias, en las que solamente repetía los mismos esquemas en situaciones diferentes. Como ya empezó a caminar, el mundo se le aparece extraordinariamente grande y lleno de inmensas posibilidades de conocimiento. Entonces es cuando comienza a acomodarse a las nuevas situaciones, experimentando y transformando los esquemas aprendidos con anterioridad. Piaget les llama a éstas, reacciones circulares

terciarias.

Aprendiendo a cambiar la realidad

En la posibilidad de movilizarse por sí mismo de un lugar a otro, ya sea gateando, y más todavía, caminando, aunque sea agarrándose de los muebles, existe ya una clara actividad mental

empieza a darse cuenta que realizando determinados actos puede producir ciertos efectos, es decir, que con su acción puede modificar la realidad circundante.

Como hemos visto, durante todo este período que va desde que nace hasta que aprende a caminar, el psiquismo del infante ha estado determinado fundamentalmente, a más de la maduración de sus neuronas, por un gran desarrollo de la sensibilidad que lo pone en contacto con el mundo exterior, especialmente del tacto, y luego el de la visión y el oído, así como por su contraparte: la acción muscular (desde el pataleo y la succión, hasta los primeros pasos). A este periodo infantil se lo ha denominado sensoriomotor o sensoriomotriz, porque en su desarrollo se unen indisolublemente la acción de las sensaciones con la acción de los músculos.

La infancia: el niño empieza a comunicarse

Como lo hemos expresado, en este período de la infancia el niño aprende también a comunicarse con los adultos por medio del lenguaje. Al principio sólo es capaz de comprender algunas palabras sueltas pronunciadas por estos últimos, de tal suerte que cada vez que las pronuncia, el niño vuelve su mirada hacia el objeto señalado por la palabra, y luego empieza a pronunciarlas él mismo para señalar dichos objetos, aunque sin darse cuenta todavía de su significado. Esto quiere decir que aún no se forma el concepto de una cosa, en el sentido de que concepto es la representación mental (operación mental) o la idea que se tiene de algo (tal como nos enseña la asignatura de Lógica, ¿recuerdan?).

La etapa de la comprensión de las palabras empieza aproximadamente al final del primer año hasta el año y medio. A partir de este momento, a la vez que aumenta el grado de comprensión de las palabras pronunciadas por los adultos que se dirigen a él, empieza también a pronunciar las suyas propias y a establecer una comunicación verbal más directa con el mundo de los mayores.

Durante todo el segundo año de vida sus expresiones verbales se van haciendo cada vez más complejas. Desde la pronunciación de una sola palabra con la que quiere decir muchos cosas, hasta la formación de oraciones con varias palabras, dependiendo de cómo dirigen los adultos este proceso, durante el cual se van formando los conceptos, aunque todavía de una manera rudimentaria y no en todos los casos.

Para el tercer año les gusta mucho escuchar las cosas que dicen los adultos, y está ya en capacidad de recibir instrucciones verbales para realizar algún tipo de acción sencilla, pero bien específica, así como han aprendido a memorizar pequeños trozos de poemas o canciones infantiles. En definitiva, podemos concluir que el lenguaje aparece en el infante como parte de la relación con los otros seres humanos, y en esa relación se va perfeccionando.

De los tres a los siete años: la edad de la travesura y la investigación

Para tener una idea de cómo se va formando el pensamiento infantil (operaciones mentales) de los 3 a los 6-7 años, vamos a transcribir la experiencia de una madre que, mediante un diario, llevó un registro de la evolución en la formación de conceptos de su hija:

“Natacha, con sus 2 años y 4 meses, es una muchacha sana, de mejillas sonrosadas; es muy parlanchina, habla mucho, pero incorrectamente. Hoy pregunté a Natacha: ‘¿Qué es una mamá?’ Me miró, reventando de risa, y con su dedito me señala, diciendo reiteradamente: ‘Esto es una mamá’. Luego le dije: ‘Pero ahora viene a nosotros una niña extraña, que no tiene mamá, y ésta te pregunta lo que es una mamá. ¿Cómo se lo explicarías?’ Natacha mira muy sorprendida, le es difícil imaginarse que una niña no pueda tener mamá, y luego dice: ‘Mamá, ésta es la mamá’, y me señala a mí.

“Con 3 años y 5 meses, le pregunto a Natacha cómo se podría explicar lo que es una mamá. Sin meditarlo, me dice: ‘Mamá, ésta eres tú, Ana; ella tiene una hija, que soy yo’.

“A los 4 años y 4 meses, a la pregunta de cómo se debe explicar lo que es una mamá, responde Natacha: ‘Una mamá no refriega nunca, siempre está escribiendo’.

“A los 5 años y 6 meses, volví a preguntar a Natacha lo que es una mamá. ‘¿Una madre?’, pregunta otra vez, y responde: ‘Una madre es una mujer que tiene hijos’. Luego le pregunto: ‘¿Tiene hijos o los da?’. ‘No -contesta con seguridad-, ella los da y no los tiene todavía. También se pueden tener hijos ajenos. Aquí, Enma también me tiene, pero no es ninguna madre; madre es quien puede tener hijos’.”

Como vemos, al principio el concepto de “mamá” está determinado solamente por lo que es su mamá, incluso sólo por sus características personales; por lo tanto, no pueden haber otras mamás. Luego ya puede relacionar el concepto “mamá” con el hecho de tener una hija que es ella misma. A los 4 años se amplía ese concepto a otras características especiales de su madre, como el hecho de ser una escritora y, por último, lo amplía mucho más ya al hecho de tener hijos, lo que significa que muchas otras mujeres también pueden ser mamás.

En la medida en que va aprendiendo a elaborar

conceptos nuevos, ésta es también la edad en

que todo lo quiere saber, poniendo mucho interés en la razón de las cosas, es la edad de los

¿por qué? Estas operaciones mentales son

importantísimas para preparar al niño al aprendizaje sistemático de la escuela. Pero la elaboración de estos conceptos, todavía muy primitivos o preconceptos, es eminentemente

práctico o intuitivo, tal como lo vimos en el

ejemplo, en el que predominan sólo algunos elementos del mismo, y no existe todavía su relación con otros conceptos, sin los cuales no es posible su completa comprensión.

En esta edad ha desarrollado mucho más su destreza para caminar. Ahora ya no quiere que lo cojan para ir de un lugar a otro, convirtiéndose, en algunos casos, en un verdadero terremoto que ha empezado a sacar canas verdes a los pobres padres (la próxima vez que les sacará canas verdes será en la pubertad y la adolescencia), ya que al unirse el desarrollo acelerado de la actividad muscular con el de su actividad social, todo lo quiere saber, todo pretende investigarlo por sí mismo.

Es también la edad en que predomina el juego. Al principio de forma individual, tratando de imitar a los adultos en sus actividades. Luego vienen los juegos de acción de manera colectiva con otros amiguitos o hermanitos, y al final del período aquellos juegos en que se ponen determinadas reglas a las que todos deben someterse.

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