Naciste con alas. ¿Por que arrastrarte a lo largo de tu vida?
Algunas personas están predestinadas para el fracaso. Por lo menos ése es el sentir de algunos adultos cuando tienen que vérselas con chicos con problemas. Es posible que hayan escuchado este refrán: "El pájaro con ala rota jamás volará muy alto". No me cabe la menor duda de que T. J.Ware llegó a sentirse como pájaro herido casi todos los días de su vida escolar.
Al llegar al bachillerato, el buscapleitos más célebre de todo el pueblo era, sin duda alguna, T. J. Los profesores realmente se estremecían al ver su nombre en las listas de sus clases para el semestre que estaba por iniciarse. Hablaba poco, no contestaba pregunta alguna y sus camorras eran legión. A pesar de haber perdido casi todas las materias hasta llegar a su último año de bachillerato, se las había arreglado para aprobar los años anteriores, porque ningún profesor deseaba tenerlo en su curso como repitente. Por lo tanto, T. J. siempre ascendía de salón aunque, al parecer, estaba estático en el escalafón de la vida.
Conocí a TJ. en un seminario de liderazgo durante un fin de semana. Todos los estudiantes recibieron invitación para inscribirse en el programa de entrenamiento ACES, concebido para lograr una participación más activa en la vida de sus comunidades. TJ. era uno de los cuatrocientos cincuenta inscriptos. Al llegar para hacer me cargo del primer seminario, los líderes comunitarios me dieron el perfil de cada uno de estos estudiantes. "Tenemos el espectro total del colegio, comenzando por el presidente del consejo estudiantil hasta llegar a TJ. Ware, el joven con el prontuario de arrestos más extenso en la historia del pueblo".
No pude más que suponer que yo no era la primera persona en recibir esta descripción del lado oscuro de la personalidad de T J, a modo de presentación de este joven.
T .J. comenzó su participación en el taller recostado co ntra una pared en el fondo del salón, físicamente distanciado del grupo. En su rostro se dibujaba con claridad lo que estaba pensando: "¡Hágale. Estoy listo para que me descreste!". No se involucró voluntariamente en los grupos de discusión, y al parecer no tenía mucho que decir. Pero poco a poco los juegos interactivos lo sedujeron. El hielo por fin se derritió cuando los grupos comenzaron a elaborar listas de las cosas positivas y negativas que se habían dado en el colegio durante el año. T .J. tenía puntos de vista muy claros sobre estos aconte cimientos. Los otros miembros de su grupo recibieron sus comentarios con beneplácito. Al poco tiempo T .J. se sintió parte del grupo y sus compañeros en seguida le otorgaron el papel de líder. Comenzó a plantear ideas con mucho sentido común y los demás le prestaron la atención que se merecía. T .J. era un tipo inteligente y con buenas ocurrencias.
Al día siguiente T .J. participó activamente en todas las sesiones. Al finalizar el seminario quedó matriculado en el equipo del proyecto para el Alivio de los Desampara dos. Él tenía nociones bastante claras acerca de la pobre za, el hambre y la desesperanza. Sus compañeros de equipo quedaron impresionados por su preocupación e interés apasionados, como también por sus ideas, y lo eligieron vicepresidente de su equipo. El presidente del consejo estudiantil recibiría órdenes de T. J.
Cuando T. J. llegó al colegio el lunes por la mañana se encontró en el ojo del huracán. Un grupo de profesores le manifestaban su inconformidad al rector, por la elección de TJ. como vicepresidente. El primer proyecto de servicio comunitario global implicaba la recolección masiva de alimentos, bajo la dirección del equipo de Alivio de los Desamparados. Estos profesores no podían creer que el rector dejaría el vital inicio de un prestigioso plan de acción trienal en las incapaces manos de T. J. No tuvieron empacho en
recordarle que T. J. tenía un prontuario delictivo más largo que su brazo, y que era proba ble que terminara robándose la mitad de la comida recogida en donación. El rector se limitó a recordarles que precisamente el objetivo del programa ACES era descubrir y reforzar el interés y las pasiones positivas de los estudiantes, hasta que se presentara un verdadero cambio de actitudes. Los profesores se retiraron hastiados de la reunión y convencidos de que se encontraban ante un fracaso anunciado.
Dos semanas después, T .J. y sus amigos encabezaron la campaña de recolección de alimentos, junto a setenta estudiantes más. En dos horas recogieron 2 854 latas de conserva, y de paso establecieron una nueva marca en estos menesteres. Llenaron las despensas de dos centros de acopio y cubrieron de un tajo los requerimientos de las familias necesitadas de la comarca durante dos meses y medio. Al día siguiente, el periódico local destacó el hecho en un artículo de página entera- El articulo fue colocado en la cartelera principal del colegio, a la vista de todo el mundo. Junto a éste estaba la foto de T. J., destacándolo por haber logrado algo importante, y por establecer una nueva marca en la recolección de alimentos-Todos los días tenía la oportunidad de reafirmar su propia valía al verse a sí mismo en la cartelera. El colegio le estaba dando reconocimiento como material humano apto para el liderazgo.
T .J. empezó a asistir regularmente al colegio y a dar respuesta a las preguntas de sus profesores por primera vez en su vida. Encabezó un segundo proyecto, logrando obtener en donación trescientas mantas y mil pares de zapatos para un resguardo de personas indigentes. El programa que él inició hoy logra recolectar nueve mil latas de conserva en un día y cubre el setenta por ciento de las necesidades básicas de los desposeídos, durante un año. T. J. nos recuerda que un pájaro con el ala rota sólo necesita ser curado. Y que cuando sana puede volar tan alto como los demás. T. J. obtuvo un puesto. Se ha vuelto productivo. A la fecha vuela bastante bien.
Jim Hullihan