Capítulo 3. La información sobre drogas en la prensa
3.3 La responsabilidad de la prensa ante las drogas
3.3.2 Algunas recomendaciones y medidas propuestas
La Conferencia Internacional sobre el Uso Indebido y el Tráfico Ilegal de Drogas celebrada en Viena en 1987, elaboró un plan multidisciplinar de actividades futuras en materia de fiscalización del uso indebido de drogas, que incluye entre sus 35 objetivos, algunos específicos sobre el papel de los medios de comunicación. Las conclusiones de la Conferencia se enmarcan en el más estricto modelo prohibicionista, por lo que señala que los medios de comunicaci ón deben promover la imagen pública de una vida libre de drogas. Entre lo que denomina “medidas de seguridad” podemos destacar las siguientes:
- Que los medios de comunicación formulen directrices en forma de códigos. - Celebración periódica de cursillos, sesiones de orientación, etc. para los empleados de los medios de comunicación.
- Designación por parte de los organismos locales y centrales encargados de la fiscalización de drogas de personas que sirvan de enlace con los medios y proporcionen datos y asesoramiento.
- Elaboración de materiales adecuados para garantizar que las noticias se presentan de un modo objetivo, que no induzca al público a error y que no se exalte el uso indebido de drogas.
- Cooperación permanente entre las autoridades educativas y los medios.
Vega (1996:118) relaciona una serie de mensajes a transmitir en la información, incluidos en el Special Action Office Monograph (Executive Office of the President, 1974):
la frecuencia de uso, el entorno individual y social.
- El problema de las drogas es complejo; no existen dos consumidores iguales. - La sociedad debe reconocer sus contradicciones ante el uso de sustancias químicas que alteran el estado del ánimo, al considerar unas legales y otras ilegales.
- El abuso de las drogas es un problema social, no médico exclusivamente. - La gente joven necesita imágenes positivas más que el refuerzo de los tópicos existentes sobre la muerte de los drogodependientes.
- La gente puede promover soluciones al problema de las drogas a través de una mejor comunicación entre jóvenes y adultos, con la aceptación de estilos alternativos de vida, asumiendo la propia responsabilidad, con la valoración de estructuras en las que la gratificación inmediata no sea el objetivo principal.
Vega (1996:119) también señala que la prensa debería dejar de prestar una atención selectiva y negativa, distinguir entre los diversos tipos de drogas, diferenciar modalidades de consumo, insistir más en los antecedentes y circunstancias sociales que favorecen el consumo y adoptar una postura más crítica y activa de cara a las soluciones, presentando además el problema sin traumatismos ni prejuicios y en toda su complejidad.
En este sentido el Servicio de información sobre alcohol y drogas del Substance
Abuse and Mental Health Service Administration hace una serie de recomendaciones
a los periodistas y a los medios de comunicación para tratar positivamente su relación con las drogas (VVAA 2000:26-28):
- Establecer en el entorno de trabajo una política clara contra el consumo del alcohol, el tabaco y las otras drogas.
- Conocer los riesgos potenciales que el alcohol, el tabaco y las otras drogas plantean a cualquier actividad laboral: absentismo, pérdida de productividad, inseguridad, errores y enfermedad.
enfermedades de transmisión sexual, incluido el SIDA. El consumo de alcohol y otras drogas puede llevar a actividades sexuales no planificadas y sin la protección adecuada.
- Transmitir al público información útil e historias de éxito para influir en las
actitudes adecuadas a la prevención y a la rehabilitación, y con ello posibilitar que los líderes de la comunidad, los profesores y los padres se consideren parte implicada en las acciones a realizar frente al fenómeno de las drogas.
- Cuando se aborden los temas relacionados con el alcohol, el tabaco y otras drogas, evitar ponerlas junto a espacios donde se anuncien productos de alcohol y tabaco; se evitará así dar mensajes ambivalentes y poco coherentes.
- Al dirigirse a los jóvenes “no utilizar personas alcohólicas o adictas recuperadas como modelos, más aún si son famosos”, ya que se transmite la idea de que las drogas forman parte de la vida de famoso.
- Facilitar espacios de emisión para los mensajes y las informaciones que apoyen las actividades de prevención.
- Equilibrar la información sobre noticias relacionadas con el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, con las relacionadas con aspectos positivos de jóvenes y adultos no consumidores de drogas. Reflejar que la abstinencia es una opción “normal” para muchas personas.
- Asegurarse de que los mensajes de prevención que se lancen sean sensibles a las necesidades y a las peculiaridades culturales del público a que va dirigido. - Promover días, semanas o meses de concienciación, promocionar actividades deportivas para recaudar fondos.
- Reservar espacios en los medios para que los responsables locales de
prevención presenten temas relacionados con los problemas del alcohol, tabaco y otras drogas.
- Colaborar con los grupos de prevención locales, regionales o nacionales ofreciéndoles apoyo en sus actividades de información y relaciones con los medios.
- Evitar participar en la “glamourización” o glorificación de los profesionales de los medios y del mundo del espectáculo como grandes fumadores o bebedores, destacando en su lugar aquellos que no realizan estas prácticas e informando de las pérdidas de salud y laborales que estos consumos de drogas puedan producir.
A estos principios podemos añadir otros esbozados por el francés Centro Didro por encargo del Comité internacional de la Infancia en 1989 (VVAA, 1991:131):
- Evitar tanto la dramatización como la trivialización para evitar el reforzamiento de una representación social inadecuada de las toxicomanías.
- Considerar la toxicomanía un uso abusivo de productos tóxicos, sean éstos productos legales o ilegales, teniendo en cuenta que toda prohibición demasiado publicitada se convierte muy rápidamente en una incitación a la transgresión. - Orientar la información hacia un análisis global del fenómeno de las drogas antes que hacia la explotación del sensacionalismo que impide una auténtica comprensión de dicho fenómeno.
Dentro del estudio realizado en 1987 por un gabinete especializado para el PND (García et al, 1987:64) también encontramos unas orientaciones para los periodistas, que pasan, no tanto por extremar la querencia por el “objetivismo” ya predominante en este tipo de informaciones, sino por introducir “más debate, más discusión, más ideología explícita”: “El problema no está tanto en lo que el discurso de la droga cuenta como en lo que oculta. No se trata de que falsee la realidad recurriendo a falsos hechos, sino que construye una realidad que responde a un a priori establecido, como si de una profecía se tratase, recogiendo sólo aquello que lo ejemplifica”.
Este informe aboga por una mayor contextualización de los hechos, por un discurso informativo más plural y polifónico, más centrado en los puntos de vista de los distintos agentes. Así señala que “una estrategia informativa sobre el problema de la droga ha de ser diferente a la que puede seguirse en una campaña propagandística sobre dicho problema” (García et al, 1987:65).