4. La dimensión sociológica del modelo neoliberal
4.1 Origen histórico
4.1.1 Antecedentes históricos: el pronóstico de Kalecki
Puede parecer contradictorio comenzar el desarrollo de un capítulo dedicado al ámbito sociológico con la obra de un economista. Lo cierto es que Michal Kalecki en 1944 supo prever mejor que cualquier sociólogo las consecuencias sociales y políticas del modelo económico orientado al pleno empleo que surgía en esos momentos. El mérito no es solamente el de la previsión de determinadas problemáticas y cambios, sino también el análisis de los elementos que los sustentarían y la reacción de los principales agentes que intervinieron en la cuestión. Aquel análisis de la problemática inherente a un modelo económico basado en el pleno empleo sirve en la actualidad como un estudio fundamental para comprender las motivaciones que propiciaron el auge del modelo neoliberal y las principales características del mismo, sobre todo en relación al aumento del desempleo, de la pobreza laboral y de la precariedad, y su perpetuación crónica.
Tanto Kalecki como Keynes habían comprendido que el pleno empleo podía solucionar la parálisis económica de la crisis del 29, y para conseguirlo ambos proponían la intervención estatal, con un aumento del gasto público que impulsase la demanda
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El debate se estableció precisamente contra los teóricos que defendían la ortodoxia de la Escuela Neoclásica, la cual establecía determinadas leyes que en teoría refutaban los nuevos planteamientos.
Una de esas leyes fue conocida como la Tesis del tesoro, según la cual una determinada cantidad de inversión pública ocasionaría una reducción de similar proporción en inversión privada. Los economistas clásicos esgrimían la necesidad de presupuestos públicos austeros por los hipotéticos efectos perversos que el gasto público pudiera tener sobre las inversiones privadas, pero las consecuencias de esta ley fueron peores: “En 1931, el gobierno británico fue conducido a la ruina por su creencia de que
era necesario tener un presupuesto equilibrado para poder salvar la paridad externa de la 1ibra” (Robinson, 1969). Otra ley neoclásica que fue rechazada por la reformulación
keynesiana versaba precisamente sobre la tasa de empleo y los salarios. Los economistas neoclásicos proponían la bajada de los gastos salariales para incentivar las inversiones, lo que fue refutado por Keynes y Kalecki por incrementar el defecto de demanda efectiva. En ambas leyes, la teoría neoclásica parecía más defender los intereses de la clase capitalista que los del conjunto de la economía. Precisamente esta intuición fue expresada por Kalecki en 1944, en un artículo que desarrollaba las consecuencias sociales y políticas de una situación de pleno empleo perdurable.
En el mencionado artículo, Aspectos políticos del pleno empleo, Kalecki predijo una serie de desarrollos posibles una vez que los gobiernos hubiesen comprendido la capacidad del Estado para generar las condiciones necesarias para el mantenimiento del
pleno empleo. Lejos de concebir perspectivas halagüeñas, Kalecki comprendió la
problemática socio-política en ciernes que tal situación conllevaría, algo para lo que Keynes no estaba preparado debido a su formación académica neoclásica, pero sí el polaco, gracias a que su concepción económica marxista incorporaba los aspectos político y social en el análisis de la realidad socio-económica.
Kalecki comienza su artículo expresando su extrañeza ante la oposición de economistas, industriales y banqueros a las políticas de pleno empleo: “el aumento del
producto y el empleo no beneficia sólo a los trabajadores, sino también a los empresarios, porque sus ganancias aumentan. (…) no reduce las ganancias porque no implica ninguna tributación adicional. En la depresión los empresarios suspiran por un auge, ¿por qué no aceptan gustosos el auge «artificial» que el gobierno puede ofrecerles?” (Kalecki,
1944: 351). El propio economista polaco señala que son motivos políticos y no económicos los causantes de esta oposición y expone tres razones para que la clase capitalista se oponga a las políticas del pleno empleo:
Resistencia de los “capitanes de la industria” a aceptar la intervención
gubernamental en la cuestión del empleo: rentistas, industriales, banqueros y
economistas afines a éstos siempre se han posicionado en contra de la intervención estatal, pero esta oposición es especialmente intensa respecto a las políticas de pleno empleo:
“Bajo un sistema de laissez faire el nivel del empleo depende en gran medida del llamado estado de la confianza. Si tal estado se deteriora la inversión privada declina, lo que se traduce en una baja de la producción y el empleo (directamente y a través del efecto secundario de la reducción del ingreso sobre el consumo y la inversión). Esto da a los capitalistas un poderoso control indirecto sobre la política gubernamental; todo lo que pueda sacudir el estado de la confianza debe evitarse cuidadosamente porque causaría una crisis económica. Pero en cuanto el gobierno aprenda el truco de aumentar el empleo mediante sus propias compras este poderoso instrumento de control perderá su eficacia. Por lo tanto, los déficits
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presupuestarios necesarios para realizar la intervención gubernamental deben considerarse peligrosos. La función social de la doctrina del «financiamiento sano» es hacer el nivel del empleo dependiente del estado de la confianza” (Kalecki, 1944: 352).
Consideramos importante señalar la relación y la similitud entre esta aportación de Kalecki y el fenómeno que en esta tesis hemos llamado «doctrina neoliberal». La idea es simple: si las condiciones socio-económicas de la población (a través del empleo) dependen de forma directa de la prosperidad de la economía capitalista y no de la intervención estatal (como es en el caso de una apuesta pública por el pleno empleo), las capitalistas adquieren el poder de condicionar la política estatal hacia sus propios intereses. De este modo, pueden forzar continuamente al gobierno de turno a que establezca las mejores condiciones para la rentabilidad del capital, de lo contrario las dificultades económicas aumentarán afectando al conjunto de la población y al propio gobierno.
La resistencia a la dirección del gasto gubernamental: el gasto público puede ir en dos direcciones, las inversiones públicas o el subsidio al consumo. Respecto a las inversiones públicas el principio fundamental que esgrimen sus opositores es que la inversión pública no compita con la inversión privada, porque podría reducir la rentabilidad de esta última y provocaría su reducción. El primer peligro que ven los capitalistas en esta intervención es la posible desmercantilización mediante nacionalización de diversos ámbitos, como los transportes o los servicios públicos, lo que reduciría los destinos rentables de inversión disponibles y la dependencia social del mercado capitalista. Por otro lado, el propio Kalecki señala que los subsidios al consumo encuentran aún una mayor oposición debido a la ética capitalista del trabajo, que implica el deber de trabajar a cambio de cualquier contrapartida (como veremos con la «contradicción Speenhamland»). Resistencia a los cambios políticos y sociales resultantes del pleno empleo:
pese a ser el último es el más importante (el desarrollo posterior del artículo se realiza a partir de él). Está directamente relacionado con el empoderamiento que la clase trabajadora alcanzaría en una situación de pleno empleo y sus consecuencias políticas y sociales:
“Bajo un régimen de pleno empleo permanente, «el despido» dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria. La posición social del jefe se minaría y la seguridad en sí misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios y mejores condiciones de trabajo crearían tensión política. Es cierto que las ganancias serían mayores bajo un régimen de pleno empleo que su promedio bajo el «laissez faire», y aun el aumento de salarios resultante del mayor poder de negociación de los trabajadores tenderá menos a reducir las ganancias que a aumentar los precios, de modo que sólo perjudicará los intereses de los rentistas. Pero los dirigentes empresariales aprecian más la «disciplina en las fábricas» y la «estabilidad política» que los beneficios. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco conveniente desde su punto de vista y que el desempleo forma parte integral del sistema capitalista «normal»” (Kalecki, 1944: 354).
Este planteamiento de Kalecki describe en gran parte lo que sucedió durante la conflictiva década de los 70 y, además, entronca directamente con la problemática que sufriría la economía capitalista en una situación en la que el «efecto-renta» imperase. El disciplinamiento de la trabajadora por parte del capitalista se vería
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seriamente perjudicado si la trabajadora tuviese alternativas de empleo, o menor necesidad del mismo.
Kalecki expuso dos de las posibles salidas por las que la clase capitalista podría optar ante esta situación tan problemática para su pervivencia: la vía fascista o la teórico-retrógrada.
La salida fascista –llevada a cabo por el régimen nazi– sustituye al liberalismo cuando el capitalismo liberal es incapaz de generar tasas de empleo suficientes para evitar una conflictividad social que amenace al propio sistema capitalista. Es entonces cuando se impone un régimen que logra su legitimación social gracias a lograr el pleno empleo abandonando determinados fundamentos de la ortodoxia liberal y potenciando un capitalismo dirigido por una alianza entre élites económicas y fuerzas reaccionarias: “La
resistencia a la política de gasto gubernamental como tal se supera bajo el fascismo por el hecho de que la maquinaria estatal se encuentra bajo el control directo de una combinación de las grandes empresas y los arribistas fascistas. Se elimina la necesidad del mito de las «finanzas sanas», que servía para impedir que el gobierno contrarrestara una crisis de confianza con el gasto” (Kalecki, 1944: 355). En esta salida el aumento de la demanda efectiva se realiza a través del incremento espectacular del gasto en
armamento, lo que induce al rearme competitivo entre países y a la generación de guerras. La guerra impone una necesidad creciente de producción y reestablece unas condiciones de escasez que permite mantener la disciplina en las fábricas, al igual que el régimen impone disciplina en las calles.
La segunda salida que expone Kalecki la descartaba a corto plazo debido a la legitimación política y social que las políticas de pleno empleo habían adquirido en aquellos años. Aun así comprendía la posibilidad de que a medio plazo se impusiera esta salida; su fundamento se basa en un retorno a la ortodoxia de la teoría neoclásica, rechazando las medidas públicas destinadas a lograr el pleno empleo y volviendo al dogma del mercado capitalista como mecanismo armonioso capaz de ajustar todos los desequilibrios. La prestigiosa economista keynesiana Joan Robinson se refirió a los economistas defensores de estos planteamientos como “economistas prekeynesianos
después de Keynes” (Robinson, 1964: 25-35).
Kalecki expuso como, pese al éxito de las políticas de pleno empleo, aún permanecía latente “la concepción de contrarrestar la depresión mediante el estímulo a
la inversión privada. Esto puede hacerse rebajando la tasa de interés, disminuyendo el impuesto al ingreso o subsidiando la inversión privada directamente en esta u otra forma. No es sorprendente que tal programa resulte atractivo para las «empresas». El empresario sigue siendo el conducto de ejecución de la intervención. Si no siente confianza en la situación política no aceptará invertir” (Kalecki, 1944: 357). De nuevo
Kalecki acertó en los años 50 lo que sucedió dos décadas después, describiendo partes fundamentales de lo que fue la transformación neoliberal. Pero el economista polaco estaba convencido de que el estímulo de la inversión mediante la bajada de la tasa de interés y del impuesto sobre el ingreso no podría prevenir el desempleo masivo a medio plazo debido al carácter cíclico del capitalismo. El sistema requeriría continuas bajadas de tasas de interés e impuestos sobre los ingresos hasta el punto de volverse negativos, ya que el impacto de éstos sobre la economía sería cada vez menor.
Más de medio siglo después, hoy podemos afirmar que Kalecki estaba en lo cierto cuando pronosticaba que
“este estado de cosas es sintomático quizá del futuro régimen económico de las democracias capitalistas. En la depresión, bajo la presión de las masas o aun sin ella, la inversión pública financiada con préstamos se realizará para impedir el desempleo en
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gran escala. Pero si se intenta aplicar este método para mantener el alto nivel de empleo alcanzado en el auge subsiguiente, es probable que surja una fuerte oposición de los «líderes empresariales». (…) el pleno empleo duradero no les agrada en absoluto. Los trabajadores se «saldrían de control» y los «capitanes de la industria» estarían ansiosos de «enseñarles una lección». Además, el aumento de precios en el auge es desventajoso para los pequeños y grandes rentistas y los hace que «se cansen del auge»” (Ibíd.: 358).
Basta un examen de la actualidad y de la historia socio-económica reciente para comprobar hasta qué punto se han cumplido los pronósticos kaleckianos. El abandono de las políticas de pleno empleo, la vuelta a la ortodoxia neoclásica, las restricciones presupuestarias públicas, la incentivación de la inversión privada mediante la bajada de los tipos de interés y de los impuestos a los ingresos, son todos ellos fenómenos que han caracterizado la etapa neoliberal. Además, la mayor aportación de Kalecki fue la de desvelar las motivaciones ocultas de la clase capitalista para oponerse al pleno empleo y su necesidad de forzar el cambio hacia lo que acabó siendo el modelo neoliberal, las cuales coinciden de forma directa con el planteamiento de esta investigación: el carácter disciplinante de problemáticas laborales como el desempleo, la precariedad y los bajos salarios.
De hecho, su pronóstico se cumple incluso cuando, exponiendo como podría materializarse la salida teórico-retrógrada (la vuelta a planteamientos económicos neoclásicos), describe como fue el surgimiento del modelo neoliberal y su implantación en los años 70, en medio de la alta conflictividad social y laboral que ya había previsto:
“En esta situación es probable la formación de un bloque poderoso entre las grandes empresas y los rentistas, y probablemente encontrarían a más de un economista dispuesto a declarar que la situación es manifiestamente inconveniente. La presión de todas estas fuerzas, y en particular de las grandes empresas -por regla general influyentes en algunos departamentos gubernamentales-, induciría con toda probabilidad al gobierno a volver a la política ortodoxa de reducción del déficit presupuestal” (Ibíd.).
Una de las principales conclusiones de Kalecki fue la de aseverar que la economía está condicionada no sólo por ciclos económicos, sino también por ciclos políticos, los cuales regulan el tipo de intervención gubernamental en función del momento del ciclo y del estado de las fuerzas sociales y políticas. Es evidente, a la luz en el contraste entre las aportaciones de Kalecki y la materialización histórica del proyecto neoliberal, que la etapa neoliberal corresponde a la segunda salida que tenía la clase capitalista, tal y como fue expuesta por Kalecki tres décadas antes de que ésta se materializase. En la actualidad, una vez completado un ciclo dentro del modelo neoliberal (auge, desarrollo y crisis), no aparece una salida clara a la problemática situación actual: la vuelta a la apuesta por políticas de pleno empleo no ha pasado de ser una opción efímeramente intentada, aunque defendida por numerosos autores y autoridades, mientras que desde las principales instituciones se sigue apostando por la ortodoxia neoclásica.
De carácter más preocupante son los conatos sobre una posible salida fascista, conatos que se materializan en el auge de la extrema derecha en Europa, de candidatos nacional-populistas como Donald Trump en EE.UU, en el brexit y en el estallido de enormes guerras que han propulsado el gasto militar, y con ello la demanda efectiva, permitiendo a diversos países desarrollados mantener su economía. En mitad de una crisis económica que parece no poder superarse y cuyas repercusiones sociales solo tienen parangón en la crisis del 29 –con la misma problemática en torno al desempleo ocasionada por la misma ortodoxia neoclásica- el peligro de retorno de elementos fascistas para impedir una transformación socio-económica que supere el capitalismo constituye una amenaza a tener en cuenta.
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