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La antinomia de la razón pura: objeto, síntesis y silogismo

Sección II “El silogismo cosmológico”

2. El silogismo cosmológico: las ideas cosmológicas y los conflictos antinómicos

2.2 Las ideas cosmológicas y la antinomia de la razón pura

2.2.2 La antinomia de la razón pura: objeto, síntesis y silogismo

Hemos sostenido que las ideas cosmológicas son el producto de una actividad sintética puramente conceptual y hemos mostrado que hay evidencia textual para sostener esto. También hemos mostrado que esta representación puramente conceptual se diferenciaba de la síntesis empírica o regressus empírico. Sin embargo, aunque hemos explicado cuál es el

objeto de la cosmología racional desde la concepción del realismo trascendental, no

hemos explicado aun cuál es su origen desde el punto de vista de las actividades

epistemológicas que lo podrían producir, esto es, cuáles son estas actividades epistemológicas de la razón y del entendimiento que se encuentran por detrás de la posición realista trascendental, detrás de la ilusión de tener conocimiento de semejante objeto. Con esto quiero decir, si la síntesis empírica que recorre fenómenos fuese la única

capaz de conformar una serie de condiciones fenoménicas y la síntesis puramente categorial fuese la única capaz de conformar ideas cosmológicas (series completas de condiciones en sí), la pregunta que resta es cómo se conforma la representación del presunto objeto de la

cosmología racional (realista trascendental), esto es, la serie completa de las condiciones del fenómeno. Esta representación no puede ser el producto de un enlace puramente

conceptual –que no se ocupa de enlazar fenómenos–, pero tampoco puede ser realizada por un enlace empírico –que nunca puede ser completo–. En otras palabras, cómo se produce la

ilusión de conocer tal presunto objeto y cómo esta ilusión nos conduce a la antinomia de la razón pura. La respuesta está en el silogismo cosmológico.

El objeto de la cosmología racional

Recapitulemos sobre el objeto mundo tal como lo concibe el realismo trascendental. Kant hace una sucinta presentación de las “cuestiones racionales” sobre las que debiera decidirse (es decir, los cuatro conflictos cosmológicos planteados en la antitética):

“si el mundo existe desde la eternidad, o tiene un comienzo; si el espacio del mundo está lleno de entes hasta el infinito, o si está encerrado en ciertos límites; si algo en el mundo es simple, o si todo debe ser dividido hasta el infinito; si hay una generación y producción por libertad, o si todo pende de la cadena del orden de la naturaleza; y finalmente, si hay algún ente enteramente incondicionado y necesario en sí, o si todo es condicionado en lo que respecta a su existencia, y por tanto, dependiente en lo externo, y contingente en sí” (A481/B509).

Luego de recapitular brevemente sobre los cuatro conflictos y las posiciones enfrentadas, Kant dice que “todas estas preguntas conciernen a un objeto que no puede ser dado en ninguna otra parte, más que en nuestros pensamientos, a saber, [conciernen a] la totalidad absolutamente incondicionada de la síntesis de los fenómenos” (A481/B509).

Esta caracterización del objeto de estudio de la cosmología remite a elementos que ya hemos estudiado y también a algunos otros aspectos novedosos. Primero, vemos que se trata de la totalidad referida a fenómenos. Con lo cual, sabemos que esta representación de un presunto objeto se debe atribuir al realismo trascendental, pues sólo él cree que lo incondicionado pueda ser dado en el fenómeno. En segundo lugar, Kant indica nuevamente –adoptando el punto de vista del idealismo trascendental– que tal objeto no puede estar dado en ningún lado más que en nuestro pensamiento. Y, en tercer lugar, Kant agrega explícitamente que una síntesis se encuentra involucrada en la representación de tal objeto.

Así, pues, queda claro que el objeto en cuestión del que se ocupa la cosmología racional –realista trascendental– es una serie completa de condiciones fenoménicas, que sabemos –desde el punto de vista idealista trascendental– no puede ser dado en experiencia alguna y que supondrá algún tipo de síntesis.

Ahora bien, dado que tal objeto no es dado en la experiencia, Kant indica:

“Si no podemos decir ni decidir sobre ello nada cierto a partir de nuestros propios conceptos, no tenemos derecho a echarle la culpa a la cosa, que se nos esconde; pues una cosa tal no puede sernos dada (porque no se encuentra en ninguna parte fuera de nuestra idea); sino que debemos buscar la causa en nuestra idea misma, que es un problema que no admite solución alguna y acerca de la cual, sin embargo, suponemos obstinadamente que le corresponde un objeto efectivamente real” (A481-2/B509-10).

Aquí Kant vuelve a remitir a la diferencia entre la idea y la experiencia. El objeto de la cosmología sólo puede estar en nuestro pensamiento. Jamás puede ser dado un objeto real acorde a tal representación. En consecuencia, a la hora de resolver los cuatro conflictos cosmológicos, no podemos excusarnos en la falta del objeto. La respuesta crítica al conflicto al que la razón pura se ve conducido en el terreno de la cosmología racional debe encontrarse en el tratamiento crítico de nuestros propios conceptos y no en la búsqueda de una respuesta a las preguntas planteadas en cada uno de los conflictos cosmológicos en el objeto mismo190. Dicho en otras palabras, la mirada crítica sobre la antinomia consiste en estudiar este conflicto desde el punto de vista de las facultades epistemológicas en él involucrado.

En igual sentido, afirma Kant:

“Suponed que la naturaleza se os descubriera por entero; que nada se ocultara a vuestros sentidos ni a la conciencia de todo lo que se presentase a vuestra intuición; aun así no podríais conocer in concreto, mediante ninguna experiencia, el objeto de vuestras ideas (pues [para ello] se requiere, además de esa intuición completa, también una síntesis acabada y la conciencia de la totalidad absoluta de ella, lo que no es posible mediante ningún conocimiento empírico)” (A482-3/B510-11).

Vemos que nuevamente Kant indica que no podemos conocer el objeto de la cosmología racional. Pero, aquí, Kant no se limita a afirmar de forma genérica que el objeto no puede sernos dado en la experiencia. Kant agrega un elemento más, la razón para esta imposibilidad: aunque la naturaleza se presentara íntegramente ante nosotros, aun así no

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A477/B505 “Ahora bien, se plantea la cuestión de si en la filosofía trascendental hay alguna pregunta referida a un objeto propuesto a la razón, que no pueda ser respondida por esa misma razón pura; y de si puede ser legítimo sustraerse a la respuesta definitiva aduciendo que [ese objeto], como [algo] absolutamente incierto (por todo cuanto podemos conocer), se cuenta entre aquello de lo que tenemos, en verdad, suficiente noción como para plantear una pregunta, faltándonos empero enteramente los medios, o la facultad, de responderla alguna vez. Ahora bien, yo afirmo que la filosofía trascendental, entre todos los conocimientos especulativos, tiene esta peculiaridad: que ninguna cuestión que concierna a un objeto dado a la razón pura es insoluble para esa misma razón humana; y que ninguna excusa que alegue ignorancia inevitable o profundidad insondable del problema puede eximir de la obligación de responderla de manera exhaustiva y completa; porque precisamente el mismo concepto que nos pone en condiciones de preguntar nos debe capa- citar para responder a esa pregunta, ya que el objeto no se encuentra fuera del concepto (como en el caso de lo justo y lo injusto)”. Dicho en otras palabras, planteada la pregunta referida a cierto objeto que nos resulta desconocido, no podemos alegar una imposibilidad de resolver la inquietud por el desconocimiento del objeto, toda vez que podemos explorar el origen de su concepto y evaluar su validez objetiva. En igual sentido, Kant habla también de “examinar críticamente nuestra pregunta misma, y [...] ver si no se basa, ella misma, en una presuposición infundada, y [si no] juega con una idea que delata mejor su falsedad en la aplicación y por sus consecuencias, que en la representación abstracta” (A485/B513).

tendríamos el objeto acorde a nuestras ideas. Pues, para conocer tal objeto no basta con la “intuición completa”, sino se necesita también una “síntesis acabada y la conciencia de la totalidad absoluta de ella”, es decir, una síntesis completa de los fenómenos dados. El

objeto acorde a la idea debe conformarse por una síntesis completa de los fenómenos para

ser consciente de ellos como partes de una totalidad, esto es, para ser consciente del objeto como tal. Y tal síntesis, por supuesto, debería ser empírica. Pero ningún conocimiento empírico puede ofrecernos tal síntesis completa. En otras palabras, ninguna síntesis empírica podría abarcar la totalidad de las condiciones en el fenómeno191.

Recapitulando, puede decirse en primer lugar que tenemos una clara caracterización del objeto de la cosmología racional desde el punto de vista del realismo trascendental (la serie completa de las condiciones del fenómeno). En segundo lugar, contamos con una clara distinción entre este objeto y la idea cosmológica (aunque Kant haya indicado que el objeto estaría en nuestro pensamiento –cuestión sobre la que volveremos–). En tercer lugar, advertimos la necesidad de una síntesis empírica completa para la conformación del objeto acorde a la idea192. Sea cual sea la suerte del objeto de la cosmología racional –si podemos llegar o no a conocerlo, si puede o no ser dado– la síntesis empírica tiene algo que ver en todo ello.

La anfibología

Por lo pronto, hemos avanzado en nuestro conocimiento del objeto de la cosmología racional y de las síntesis involucradas en su conformación. Sin embargo, todavía sigue abierto el enigma: si para tener el objeto de la cosmología racional necesitamos una síntesis empírica completa y tal síntesis es imposible, ¿cómo se produce la representación de tal presunto objeto? Recordemos que Kant dice expresamente que tal objeto “está meramente en vuestro cerebro, y no puede ser dado fuera de él” y que debemos prevenirnos de “la anfibología que hace de vuestra idea una presunta representación de un objeto

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En A483/B511 Kant caracteriza a los objetos por los que se pregunta en cada conflicto cosmológico (cuatro concepciones de la totalidad). Kant indica que los conflictos versan sobre la extensión finita o infinita de dichas totalidades y que estos objetos no pueden ser dados nunca en la experiencia “El todo absoluto de la cantidad (el universo), de la división, de la procedencia, de la condición de la existencia en general, con todas las preguntas [acerca] de si ha de ser producido por una síntesis finita o por una síntesis que progrese infinita- mente, no es alcanzado por ninguna experiencia posible”.

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A478/B506 “Pues el objeto [de la cosmología] debe ser dado empíricamente, y la pregunta se refiere solamente a la adecuación de él a una idea”.

empíricamente dado” (A484/B512). Si pudiéramos responder en qué consiste tal anfibología que hace de nuestra idea una “presunta representación de un objeto empíricamente dado” tendríamos la respuesta sobre el origen de la representación de semejante objeto, esto es, tendríamos el origen de la ilusión que hace creer a la razón que tiene un objeto de conocimiento acorde a las ideas cosmológicas.

Este es precisamente el enfoque que sugiere Kant al decir que la resolución crítica de los conflictos cosmológicos, “que puede ser enteramente cierta, no considera la pregunta de manera objetiva, sino según el fundamento de conocimiento en el que ella se funda” (A484/B512). Esto es, no se debe buscar la respuesta en el objeto, sino en las aptitudes epistemológicas del sujeto.

En este sentido, sabemos que en este enigma están involucradas las cuatro ideas cosmológicas y las síntesis empíricas que deberían darnos los objetos acordes a las ideas, aunque sepamos que esto es imposible.

Pero como sabemos que la dación de tal objeto es imposible, no sólo no podemos ofrecer una respuesta a las preguntas cosmológicas cotejándolas con el objeto, sino que, yendo aún más lejos, debemos preguntarnos de dónde surge la representación de semejante objeto que nunca fue ni será dado193.

En este sentido, agrega Kant que “sólo las ideas cosmológicas tienen la peculiaridad de que pueden presuponer que su objeto es dado, y [que es dada también] la síntesis empírica que se requiere para el concepto de él” (A479/B507).

Aquí tenemos un punto del mayor interés. Ya hemos visto que Kant manifestaba claramente que jamás podríamos tener una síntesis empírica que conformara un objeto acorde a lo pensado en la idea, esto es, una serie completa de condiciones en el fenómeno. Aun si la totalidad de los fenómenos fueran dados, no podríamos abarcarlos por una síntesis y, por tanto, tal objeto no sería constituido. Sin embargo, acá se dice que a diferencia de lo que ocurriría con las otras ideas trascendentales, las ideas cosmológicas “pueden

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“Ahí tenemos ahora todo el juego dialéctico de las ideas cosmológicas, que no admiten que les sea dado un objeto congruente en ninguna experiencia posible, y ni siquiera, que la razón las piense en concordancia con leyes universales de la experiencia, y que sin embargo no han sido concebidas de manera arbitraria, sino que la razón es conducida a ellas necesariamente en el progreso continuo de la síntesis empírica, cuando ella se propone liberar de toda condición y abarcar en su totalidad incondicionada aquello que según reglas de la experiencia sólo puede ser determinado de manera condicionada” (A462/B490). Aquí vemos que el objeto correspondiente a las ideas cosmológicas es imposible y que el enfoque para comprender la relación entre las ideas y su objeto debe considerar las actividades de síntesis.

presuponer que su objeto es dado”, esto es, que es dada “la síntesis empírica” necesaria para conformarlo. ¿Por qué el realista trascendental podría simplemente “presuponer” que es dado el objeto acorde a la idea, i.e. que la síntesis empírica que lo conforma es ejecutada satisfactoriamente?

La respuesta está en la presunta “anfibología” de la que el realismo trascendental es víctima. Dicho en otras palabras, está en el silogismo cosmológico que estudiamos más arriba. La anfibología a la que se refiere Kant es la confusión entre una síntesis puramente categorial –del mero pensamiento– y una síntesis empírica; es la confusión entre la síntesis de condiciones meramente tomadas como elementos puramente conceptuales o lógicos y la síntesis de condiciones fenoménicas. En otras palabras, tal anfibología es creer que puede hacerse válido para los fenómenos lo que valdría únicamente para lo meramente conceptual194.

El silogismo cosmológico, la anfibología y las clases de síntesis

Volvamos a considerar el silogismo cosmológico.

Según hemos visto, el silogismo cosmológico cuenta con una premisa mayor en la que se expresa la máxima lógica restringida. Esta máxima establece que junto con lo condicionado, es dada la entera serie de condiciones. Hemos visto que esta máxima se vale de enlaces meramente conceptuales o síntesis puramente categoriales, atemporales, por lo que se refiere únicamente a elementos lógicos o conceptuales. Vimos también que cuando se trata de estos elementos atemporales (lógicos o conceptuales), la máxima es válida. Con lo cual, ella permite conformar series completas de condiciones de carácter puramente conceptual a través de enlaces meramente conceptuales. Estas series se conforman de acuerdo con aquellas categorías capaces de representar enlaces entre condición y condicionado y de formar series de condiciones. El enlace propio de una categoría se amplía a través de su ejecución reiterada195. Esto supone ampliar el enlace categorial, pues

194 Cfr. Refl. 5642 AA XVIII, 280-281, donde se distingue el progreso empírico de la idea y se atribuye la

ilusión a considerar el progreso como dirigido hacia un objeto en sí mismo existente. Es decir, la ilusión consiste en tomar al progreso posible como un objeto en sí mismo existente.

195 Tomemos a modo de ejemplo la categoría de causalidad. Supongamos los elementos ‘a, b, c, d, etc.’. El

enlace propio de la categoría de causalidad permite establecer o representarnos al elemento ‘c’ como causa de ‘d’. Si reiteramos este enlace tomado a ‘c’ como efecto de otro elemento, esto permite determinar que ‘b’ sea causa de ‘c’. Lo mismo puede hacerse estableciendo que ‘a’ es causa de ‘b’. Esto permite conformar una serie de condiciones o causas: a, b, c, d. Se puede hablar de una ampliación de la categoría cuando, por medio del

logra que la categoría se extienda más allá de la unidad que puede alcanzar el entendimiento por sí mismo y así, guiada por la razón, conforma una nueva unidad que alcanzaría lo incondicionado, i.e. una serie completa de condiciones. Las cuatro ideas cosmológicas se forman siguiendo este procedimiento con los cuatro enlaces puramente conceptuales (i.e. las cuatro categorías puras o síntesis puramente categoriales sin referencia a la intuición) capaces de conformar series de condiciones.

Por su parte, la premisa menor introduce la referencia al fenómeno. En ella se afirma que el fenómeno nos es dado como condicionado. Al no advertirse la diferencia que hay entre los tipos de elemento condicionado pensado en la premisa mayor y en la menor (en sí y fenómeno), la razón se ve conducida a la conclusión de que nos es dada la entera serie de condiciones para el fenómeno condicionado dado. Aquí se pasa por alto la notable diferencia que existe entre la síntesis puramente categorial involucrada en la premisa mayor y la síntesis empírica involucrada en la premisa menor y en la conclusión. Por medio de la primera se piensa el enlace condición- condicionado para algo meramente conceptual. Por medio de este enlace, se puede representar –aunque no conocer– lo en sí y su íntegra serie de condiciones (es decir, la premisa mayor vale para todo lo representado por medios puramente conceptuales: incluso lo en sí). Por medio de la segunda, se piensa tal vínculo para elementos intuitivos, fenoménicos, sólo existentes en tanto son dados efectivamente en la intuición, bajo las formas de espacio y tiempo.

La “anfibología” a la que Kant se refiere es, precisamente, este engaño manifiesto en el silogismo cosmológico. Es la creencia de que la síntesis empírica que se debe llevar a cabo entre fenómenos puede, sin más, equipararse a un enlace categorial o conceptual, atemporal e inmediatamente concluido. Así, se cree que se tiene una serie completa de fenómenos, es decir, una síntesis empírica completa, lo cual es imposible. El resultado de tal presuposición –de la que es culpable el realismo trascendental– debería ser la conformación de cuatro representaciones, esto es, cuatro supuestas series completas de condiciones fenoménicas. Pero estas cuatro series completas pueden a su vez ser finitas o

procedimiento descrito y siendo guiada tal conformación de la serie de condiciones por la razón hacia lo incondicionado, la categoría alcanza una unidad más amplia que la que podría conformar o abarcar sólo por medio del entendimiento. A esto debe agregarse que cuando la categoría se ve ampliada, se hace abstracción de la temporalidad y de su referencia a la intuición. Con lo cual, en tal ampliación, no se trata de enlazar elementos intuitivos, es decir, condiciones y condicionados intuitivos. Se trata aquí sólo de ejecutar reiteradamente el mero enlace puramente conceptual y pretender con ello conformar una unidad más amplia que la del entendimiento.

infinitas. A diferencia de lo que ocurría con una síntesis categorial en la cual esta distinción era superflua, aquí, en tanto se trata de un enlace temporal, esa distinción es primordial.

Es decir, frente a cuatro series completas de condiciones fenoménicas vale preguntarse respecto de cada una de ellas si se trata de una serie finita o infinita. Esto quiere decir que, en verdad, el resultado del silogismo cosmológico es ocho supuestas