Para que el ser humano pueda avanzar plenamente en el sendero de su propia realización, necesita recibir la
revelación divina que procede de lo interno. Este fenómeno es visión e intuición y de esta forma es Gnosis, ya que por Gnosis nos referimos al Conocimiento directo de lo divino mediante la experiencia interna y no al conocimiento
literario o erudito. Esta Revelación procede del Logos Solar, que es la Fuente Divina de Revelación en el centro de toda la especie humana. En la psicología arquetípica este centro está representado por el Yo superior o Sí- Mismo, mientras que el Sol, como esfera externa de
consciencia aparente corresponde con el ego. A partir de este centro oculto emana un Mandala que como estereotipo presenta las cuatro direcciones espacio-temporales
proyectadas en los cuatro planos de manifestación. Este mandala contiene un alto contenido simbólico, capaz de representar la totalidad de la existencia de forma abstracta, tanto a un nivel macrocósmico, como
microcósmico. Es la tarea del iniciado conocer los símbolos e imágenes arquetípicas que de este mandala emanan como de una fuente inagotable de sabiduría y Gnosis, porque sólo de esta forma podrá conocerse a sí mismo.
Los iniciados de este Disco Solar Espiritual forman una cadena que persiste desde los albores de los tiempos hasta la actualidad, pues la experiencia reveladora ha sido
básicamente la misma a lo largo de las épocas. De esta forma, representa la más alta iniciación que ha sufrido la especie humana a lo largo de su historia y que permite establecer una antropología esotérica al margen de razas y épocas.
Sin embargo, para que el iniciado pueda acceder a estas "alturas", debe morir de forma iniciática,
independientemente del sistema de trabajo que esté empleando, porque si el ego no ha muerto en forma
iniciática, no puede aparecer el Sol que está detrás del Sol, esto es, la consciencia divina en toda las cosas.
La última etapa del trabajo mágico se hace cuando el
iniciado ha logrado despertar por fin su Chispa Divina en la consciencia, cuando la serpiente microcósmica se une con la Serpiente Macrocósmica, el Fuego Cósmico. De esa unión nace en él una nueva consciencia.
Tipifica el estado de evolución y consciencia del mago que está en comunión directa con lo divino, como principio de iluminación. Este estado implica la capacidad de la mente dentro de la Consciencia divina. Esto significa unidad absoluta, porque es la capacidad de la mente de vincular una idea con otra en relación con sus significados, creando así una idea única que aglutina a ambas y las trasciende. Esta es la capacidad de interpretación de la mente.
En el mundo arquetípico de la idealidad, en el que se mueve la supra-consciencia o consciencia espiritual, existe el arquetipo de la nave o arca celestial de diamante o de
cristal, algo que pertenece exclusivamente a los cielos. Su forma entre nosotros es la Piedra Cúbica o Cubo Cristalino, que hace referencia a una sustancia diferente a la del
mundo cotidiano. Es una "piedra" hueca, para significar su falta de densidad, y encierra dentro toda la luz que
constituye nuestra naturaleza real, aquella que hace brillar nuestra consciencia personal.
El Cubo de Diamante es la estructura arquetípica que
tenemos que crear para encerrar allí todas las emanaciones que surgen de nuestra propia naturaleza, es decir, todos los aspectos serpentinos de nuestra naturaleza inferior, así como todos los aspectos sublimados de nuestra
naturaleza superior.
Este Cubo, Arca Gloriosa, es el arquetipo del "carro celestial" o "nave" de cristal que vuela hacia las
estrellas, donde nuestra estirpe humana tiene su origen. Es un viaje arquetípico al centro del universo, de donde
surgió la vida y de donde surge continua y eternamente. Cuando el iniciado está preparado y ha dejado un espacio puro, limpio e inmaculado, como de cristal o diamante, donde su propia realidad pueda manifestarse, es cuando se establece un eje que une los cielos y la tierra. Cuando esto sucede, lo luminoso y lo oscuro, el eterno y
primordial par de opuestos, quedan unidos por dicho eje y se establece el estado que los gnósticos cristianos
denominan "descenso del Espíritu Santo".
Solo cuando tenemos esta estructura mental ideal a nuestro alcance, es cuando podemos hacer posible que la Luz que brilla en nuestro cielo arquetípico, descienda a buscar las
llamas subterráneas que siguen ardiendo en lo más profundo de nuestra naturaleza. Son estas llamas las mismas que componían la Luz Unica del universo, que nos dio
nacimiento, conservación y que nos destruirán en el futuro. Solamente cuando estas llamas que nos dan calor y vida en el físico, y nos hacen seguir hacia delante en nuestra evolución, sean reconocidas por la consciencia, es cuando entraremos en la etapa final de la Obra alquímica cósmica, cuando el Fuego Original llegue a encontrar a la Luz de la consciencia que es su contraparte esencial.
Cuando se ha creado el Cubo de cristal diamantino, símbolo de su pureza esencial, es cuando los elementos energéticos procedentes de nuestra naturaleza filogenética e instintiva y nuestra consciencia sublimada y arquetípica, pueden
unirse en perfecto equilibrio, y nuestro ser estará
preparado para el viaje a los cielos que supone la unión con la Realidad Unica del universo.
En este proceso iniciático el mago utiliza la Luz Astral, que irrumpe en su consciencia articulándose como un sonido estridente o rugido como de mar embravecido.
El Arca Sagrada representa el poder que hace eternas las cosas perecederas. Es una extensión metafísica espiritual de la matriz dadora de vida física. El Arca Sagrada es la que nos salva asimismo de perecer en las aguas del diluvio de las fuerzas oscuras de la vida material y también la que nos lleva por encima de las aguas caóticas del inconsciente para aterrizar en lo alto de la montaña divina, allí donde se forma el Arco Iris que une los cielos y la tierra. El Arca Sagrada análoga al Arca de la Alianza de los antiguos hebreos y al Grial de los caballeros del rey Arturo,
simboliza la presencia divina en el templo (el cuerpo). Es entonces cuando la Voz Divina habla directamente en la mente del mago y el Logos divino habita en su cabeza para sustituir al antiguo agente pensante, el ego, que tras haber sido sacrificado, deja su papel preponderante, represor y excluyente, a la corriente superior e interna espiritual, para que ésta dirija por siempre la vida eterna del mago.
Una vez retirado el velo que supone la separación de lo inferior y lo superior, ese velo bestial que el ego
mantiene para que no conozcamos nuestra propia esencia, la serpiente negra de la tierra asciende y se convierte en la Serpiente ígnea de los cielos. Es esta Serpiente de
divino. Por eso se llama también a esta serpiente, Lucifer, la Estrella de la Mañana.
El Fuego Creador tiene forma de serpiente porque desciende desde lo más primordial hasta el hombre, para darle vida y manifestación. Por eso la serpiente representa también a los antepasados, es decir, el camino recorrido por dicho Fuego hasta llegar a nosotros.
De esta forma, el adepto que asume esta consciencia, realmente asume la consciencia Divina tal como se manifiesta a los sabios. Esta experiencia aparta al
individuo del sendero de la dualidad y lo presenta ante una realidad total que es la Unidad Absoluta de Dios, más allá de cualquier cosa o concepto que pueda existir. Cuando el ego ha sido destronado del centro de la personalidad, sólo queda la visión interna, que se hace una con la visión oculta de lo externo, presentándonos la esencia del
universo en forma de fuego y en la imagen arquetípica de la Serpiente. Cultivar dicha Presencia en el Templo de su
Cuerpo, será su tarea para el resto de su vida, para lo cual abandonará su voluntad personal en manos de la
Voluntad Divina y seguirá el Sendero que el Yo Soy o Sí- mismo le marque.
Esto se refiere al acto de comunicación de lo que es
superior a lo que es inferior, y presenta las claves para la interpretación de las Escrituras judeocristianas, porque la Serpiente de Creación y la Serpiente de Sabiduría están unidas místicamente y se manifiestan como una Unidad. De aquí deriva la doctrina de la separación o caída y de la reunión o boda celestial. La caída viene determinada por el crecimiento de la consciencia y del ego en el hombre, que cada vez lo ha ido apartando más del mundo arquetípico en que vivía, el mundo de los dioses. La Serpiente fue la comunicadora de la Gnosis, "por la que el hombre puede
alcanzar el estado de eternidad, no morir y ser como Dios". El sendero anunciado por la Serpiente es el de
reconciliación de los opuestos o "coniunctio". La
reintegración en la energía divina se produce mediante "las bodas alquímicas de los opuestos", por las que el hombre nace en Dios, y Dios nace en el Hombre. Así, el "hombre será como Dios", porque el ego habrá sido destronado y en su lugar reinará el Eterno.
Como hemos dicho, esto representa el final del camino
iniciático, allí donde la manifestación universal encuentra su objetivo. La creación constante que se manifiesta a
través de la naturaleza y del inconsciente, lo hace como la serpiente de creación, aquella que se yergue buscando las alturas en cada vez más complejos sistemas biológicos,
aquella que es creativa en el mundo material. De ella hemos nacido y cuando el buscador traspasa las fronteras de la iniciación superior encuentra a la Serpiente de Sabiduría descendiendo sobre él y sobre todo el universo,
alimentándolo con el propósito de su destino. Ahora las dos serpientes son sólo una y el iniciado participa
directamente de los Misterios Divinos.
Aquí el iniciado entiende que la manifestación completa, en todos los planos, no es más que una modulación de la
energía que es base y fundamento de la creación.
La Gnosis de la Serpiente es aquella que circunda y recorre todo el firmamento plagado de estrellas, manteniendo el Huevo del Mundo bajo su protección. Es por tanto la fuerza operativa de todo movimiento en el universo, así como los límites del mismo. Es la Gnosis de la Serpiente la que dio el Conocimiento a la humanidad, preparándola para el camino de vuelta.
El ser humano que ha alcanzado este nivel de iniciación ha encontrado dentro de sí el punto de equilibrio que le
permitirá vivir una vida armoniosa independientemente de las circunstancias externas, porque todo se disuelve en la Luz divina, y así podrá vivir en el mundo sin ser del
mundo. Tendrá un hogar permanente en el cielo y el espíritu le protegerá y guiará aquí en la tierra. Será hombre y
mujer al mismo tiempo, puer y senex a la vez. El amor divino inundará su corazón y las serpientes subirán y bajarán por su cuerpo sutil en un canto de alabanza al Creador.
El Sendero que conduce a la Montaña Sagrada del Grial es tortuoso y está plagado de trampas y enemigos. Sólo la pureza de corazón y el completo abandono en los brazos de lo que es superior al hombre podrá conducir al buscador a su meta. Este es el sendero al que se refiere la sentencia alquimista: "quema los libros y blanquea el latón", porque la erudición sin la experiencia no tiene valor, y aunque hay muchos caminos que conducen a la realidad oculta, sólo uno asegura el resultado espiritual que definitivamente libera al hombre de la limitación de su condición animal y terrestre, éste es el sendero del deseo, el sendero de la serpiente, porque cuando el deseo es puro, la Serpiente también lo es. Y así la vieja Serpiente Negra de Creación, se transformó en la Alada Serpiente de Sabiduría y Gloria, y el deseo se transformó en verdadero Gozo.
El estado de consciencia del adepto es difícilmente expresable, puesto que no participa de los modelos de dualidad inherentes en la vida ordinaria. El adepto
representa el estado de la mente absolutamente iluminada y liberada. Cuando el iniciado alcanza esta etapa, hace vivo en su ser el aforismo cabalístico: "Cuando Malkuth está en Kether, Kether está en Malkuth." Los practicantes del
Dzogchen llaman a este estado de consciencia, "El Estado Natural", en el cual el practicante participa de la Mente Pura, en cuya vacuidad y luminosidad obtiene su liberación última, convirtiéndose en un Buda.
Esto representa asimismo el vuelo del espíritu humano hacia Dios. La Visión transcendental de la Luz de la Esencia
divina que crea el universo y le da vida.
El ave real, el águila, es el símbolo de lo alto, del espíritu o principio espiritual superior en el hombre. El águila es símbolo de la luz, del día y del Sol, por ser un animal que se mueve entre el aire y el fuego (el viento y el Sol).
El águila es simbólicamente el mensajero entre Dios y el hombre, ya que simboliza la plegaria que se eleva al cielo y la Gracia divina que desciende sobre el hombre. Es el símbolo de lo volátil en la alquimia. Es el animal de
Chesed en el Arbol de la Vida, el único animal junto con el buitre que cruza el Abismo que separa los tres Supremos: Kether, Chokmah y Binah, de los Sephiroth inferiores. Es el ave de Zeus y en el chamanismo es el rey de los cielos. Las plumas de águila en el tocado de los indios americanos, simboliza la irradiación solar, lo cual era también así entre los aztecas y los japoneses. En el Shinto, el águila es el Kami mensajero del Sol celestial.
En muchas escrituras se hace una referencia al iniciado como el águila que mira al Sol, es decir, que percibe directamente la Luz divina. Dice Angelus Silesio: "El
águila mira sin temor al Sol y a Ti, resplandor eterno, si tu corazón es puro."
El ojo del águila es el "ojo que todo lo ve", la visión divina que se hace presente en el adepto cuando alcanza la experiencia suprema de la unión de su consciencia
individual con la consciencia divina.
De esta forma, el iniciado convertido ahora en Adepto, nunca más será engañado por la realidad aparente, puesto que su ojo interno desentraña toda apariencia. El juego de luces y sombras de la vida ordinaria desaparece ante su mirada de luz. Todo se ilumina y el iniciado se funde con esa luz omnipresente. Nada hay aparte de Dios, y la
consciencia del iniciado se inunda de Gozo, del Gozo sublime divino.
El adepto que adquiere la experiencia simbolizada por el águila, se convierte en palma real, el árbol sagrado de los africanos, el árbol donde habita el Espíritu de Dios, Palma o árbol real que une los cielos y la tierra como el pilar u obelisco de los antiguos egipcios.
En su última etapa de auto-desarrollo, el adepto, como el gran coloso Adam Kadmón de la Cábala, con sus pies en los reinos de la materia y su cabeza en los cielos, sirve de puente de unión entre los cielos y la tierra. El que alcanza este estado, ya no será tomado nunca más como esclavo en el reino de la oscuridad de la ignorancia del ser. Permanecerá junto a Dios para toda la eternidad. El adepto que ha alcanzado este nivel de conocimiento- sabiduria, sabe que Dios protege a todos los seres de la creación y que El es quien produce las estaciones del año y los cambios que estos producen en la naturaleza. Los
ángeles, aeones, daemones, espíritus y todos los seres de todos los planos, se unen estrechamente en Dios y
resplandecen en su Luz, en su Grandeza, en su Bondad y en su Esencia. Dios es el Padre Eterno, la Eterna Sabiduría Divina que nos concederá el Amor de todos los seres, porque en su seno nosotros somos también divinos.
Dice un texto budista que cuando el iniciado alcanza la naturaleza de Buda, todas las demás cosas y seres la alcanzan con él.