Lo que distingue al iniciado del que no lo es, consiste en que tras la experiencia de la iniciación, o contacto con la realidad profunda de la muerte y de su propio ser, ahora se dedica al servicio de la Gran Obra, acepta un nivel
superior de compromiso y su tarea es desprenderse de las sombras de ignorancia y egoísmo que antes le dominaban, al mismo tiempo que profundiza en la experiencia iniciática. La Gran Obra, también denominada Magnun Opus, es definida por Elifas Levi como: "La Magnun Opus es principalmente la creación del hombre por sí mismo; es decir, la conquista plena y completa que hace de sus facultades y de su futuro; es principalmente la emancipación perfecta de su voluntad que...asegura poder completo sobre el Gran Agente Mágico. Este Agente Mágico que los antiguos filósofos herméticos disfrazaron bajo el nombre de Materia Prima de la Gran Obra, determina la especie de substancia modificable y la transmutación metálica, así como también la medicina
universal, que pueden ser realmente logrados por su medio. Esto no es hipótesis, es un hecho ya comprobado y
rigurosamente demostrable."
Este Gran Agente Mágico es análogo a la Luz Astral, que es análoga también con el "prana", la "libido" y la "materia prima."
Aunque los escritos alquímicos son complejos e incluso caóticos, el esquema básico de la Gran Obra es bastante simple: El propósito es crear una sustancia milagrosa y transcendente que se suele denominar Piedra de los
Filósofos, Elixir de Vida o medicina universal. El
procedimiento es, primero encontrar el material adecuado, lo que se llama Materia Prima, y después hacerla pasar por
una serie de operaciones que la convertirán en la Piedra de los Filósofos.
El término "Materia Prima" es muy antiguo y se remonta a los filósofos presocráticos. Ellos compartían la idea de que el mundo deriva de una substancia original llamada primera materia. Diferían en cuanto a la identificación de esta primera materia, pero estaban de acuerdo en su
existencia. Tales la llamó "agua", Anaximandro la llamó "lo ilimitado", Anaxímenes la llamó "aire" y Heráclito "fuego." Esta idea de una substancia original no tiene una fuente empírica en el mundo externo. Externamente, el mundo es obviamente una multiplicidad, por lo que esta idea debió ser una proyección de un hecho psíquico. De acuerdo con la fantasía filosófica se imaginaron que la primera materia sufría un proceso de diferenciación por el que era separada en los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Se pensaba que los cuatro elementos se combinaban entonces en distintas proporciones para formar los objetos físicos del mundo. Se impuso sobre la prima materia una estructura cuádruple, una cruz, que representaba a los cuatro
elementos, dos series de contrarios: tierra y aire, fuego y agua. Psicológicamente esta imagen corresponde a la
creación del Ego a partir del inconsciente indiferenciado por el proceso de discriminar las cuatro funciones:
pensamiento, sentimiento, percepción e intuición.
Aristóteles elaboró la idea de la prima materia en conexión con su distinción entre materia y forma. De acuerdo con Aristóteles, la materia primordial antes de que fuera
emparejada con la forma o de que se le impusiera la forma, era pura potencialidad, no tenía aún realidad porque lo real no existe hasta que ha tomado una forma particular. Como un comentador de Aristóteles apunta, "La primera materia es el nombre de ese poder de cambio completamente indeterminado."
Los alquimistas heredaron la idea de la materia prima de la antigua filosofía y la aplicaron a sus intentos de
transformar la materia. Pensaban que para que una substancia dada pudiera ser transformada, debía ser
reducida primero a su estado original indiferenciado. "Los cuerpos no pueden ser cambiados excepto por reducción a su primera materia."
En psicología, los aspectos de la personalidad que son rígidos y estáticos han de ser reducidos a su condición original indiferenciada como parte del proceso de
transformación psíquica. Los aspectos fijos y desarrollados de la personalidad no permiten cambiar, ya que son sólidos,
establecidos y seguros. Solamente la condición indefinida, fresca y vital, aunque vulnerable e insegura, simbolizada por el niño, está abierta al desarrollo y por ello está viva.
Una vez que el alquimista ha encontrado la Materia Prima tiene que someterla a una serie de procedimientos químicos para que pueda transformarse en la Piedra Filosofal.
Prácticamente toda la simbología alquímica puede ser ordenada de acuerdo con estas operaciones, lo mismo que otras muchas imágenes procedentes de los mitos, la religión y el folklore, ya que todos ellos provienen de la misma fuente: la psique arquetípica.
Los Adeptos de la Alquimia están de acuerdo en que el éxito en la Gran Obra depende del descubrimiento de la Materia Prima. Pero "descubrir" en la Alquimia es exactamente lo mismo que "encontrar." Una y otra vez los libros de
Alquimia describen la Materia Prima; pero para los principiantes las descripciones parecen una masa de
verborrea sin sentido. A medida que se persiste prestando atención a lo que dicen, el significado interno de las palabras empieza a mostrarse, como el perfil de una figura cubierta de ropajes. Después, a medida que comparamos las descripciones, podemos razonar lo que debe ser la Materia Prima.
El verdadero descubrimiento sin embargo, no es de ninguna forma una inferencia. No hay creencia en ello. Cuando se descubre la Materia Prima se sabe, y a partir de ahí se hace muy claro todo lo que los alquimistas dicen de ella. Entonces se comprende el por qué ningún Adepto dice jamás lo que es realmente la Materia Prima. Comprende que el secreto simplemente no puede ser descrito porque es un conocimiento para el que no hay expresión verbal adecuada. Los libros alquímicos son difíciles de comprender porque son intencionalmente crípticos. Están escritos en un lenguaje velado, lleno de oscuros símbolos. Sus autores usan enigmas, cifrados, velos y otros trucos, para ocultar su verdadero significado a los lectores no iniciados. Los verdaderos sabios, nos dice Jean D'Espagnet, nunca mienten en realidad, pero añade: "La verdad yace oculta en la
oscuridad; porque los filósofos nunca escriben más
engañosamente que cuando lo hacen claramente y nunca más verdaderamente, que cuando lo hacen oscuramente."
Ethan Allen Hitchcock, en "Notas sobre la Alquimia y los Alquimistas" dice, que el objeto real de la Gran Obra no era más que la perfección moral y que el simbolismo
evitar la persecución religiosa. Quienes ven la alquimia de esta forma son de la opinión de que el Arte Hermético es sólo un sistema de disciplina espiritual que conduce a la iluminación y a la regeneración.
Otros, como la Señora Atwood, cuya "Suggestibe Inquire" es eminentemente digna de leerse, presenta el punto de vista de que la Gran Obra es un proceso psicológico semejante al mesmerismo, en el cual el que ejecuta la obra se hace
clarividente.
Ninguna de estas nociones es correcta, pero ninguna es tampoco completamente falsa. La disciplina moral es
ciertamente parte del entrenamiento de todo alquimista y ese entrenamiento incluye además, la aplicación de leyes y fuerzas que fueron dadas a conocer por los descubrimientos de Mesmer, Braid y sus sucesores. La Gran Obra, sin
embargo, es más que la disciplina personal, más que la exaltación de la consciencia a un estado de visión mística y mucho más que la manipulación de energías sutiles
corporales.
La imagen central de la Alquimia es pues la Gran Obra y respecto a ello el alquimista pensaba que estaba realizando un trabajo sagrado, una búsqueda de valor supremo y último. Los textos alquímicos intentan hablar sobre la naturaleza de la Gran Obra y la actitud que debe ser adoptada al respecto, ya que ciertas virtudes eran un requisito
imprescindible. Dice un texto. "Oh vosotros investigadores de este Arte, no podréis conseguir ningún resultado si no es con un régimen continuo, perseverante, paciente y
laborioso."
En realidad todos los textos que hablan de estos requisitos hacen claro que se requiere una atención cuidadosa del
nivel transpersonal de la psique y no estar centrado sobre el Ego. Vistos estos requisitos desde una óptica de la
psicología jungiana, la Gran Obra depende no de la voluntad del Ego sino del impulso hacia la individuación desde el Sí mismo.
Otro aspecto del Opus es que es un trabajo altamente individual. Los alquimistas trabajaron siempre en
solitario, cuanto más tenían uno o dos ayudantes. Esto concuerda con la individuación jungiana cuyos aspectos más profundos sólo se pueden experimentar en solitario.
Otro aspecto relacionado con el Opus es su naturaleza secreta. Los alquimistas se consideraban guardianes de un misterio que no debía ser divulgado a los que eran
un secreto que puede ser divulgado ya no es un secreto. En cierto sentido, los secretos de la psique no pueden ser comunicados a aquellos que no los han experimentados por sí mismos. El mal uso del secreto a que se refiere el texto sugiere la inflación o invasión brusca de contenidos
inconscientes que sufre el Ego cuando se identifica con una imagen arquetípica. Si las energías transpersonales no son percibidas como secretas y sagradas serán encauzadas hacia fines personales y tendrán efectos destructivos. El mal uso del misterio alquímico se corresponde con el mal uso del misterio eucarístico como dice el Apóstol Pablo cuando dice, "Cualquiera que coma el pan o beba la copa del Señor de forma indigna será culpable de profanar el cuerpo y la sangre del Señor. Cada uno debe probarse a sí mismo antes de comer su porción de pan o beber de la copa. Porque el que come y bebe, come y bebe juicio sobre sí mismo si no discierne el Cuerpo del Señor" (1 Cor. 11:27-29).
El Opus alquímico fue considerado un proceso comenzado por la naturaleza pero que requería un completo arte y esfuerzo consciente. En cierto sentido el Opus va en contra de la naturaleza, pero en otro sentido el alquimista ayuda a la naturaleza a hacer lo que no puede por sí misma. Esto se refiere sin duda a la evolución de la consciencia. Aunque el impulso de la consciencia existe en la naturaleza dentro de la psique inconsciente, se necesita un Ego para realizar plenamente ese impulso natural. Se requiere que el
individuo coopere deliberadamente en la tarea de crear la consciencia.
Los textos alquímicos equiparan al individuo con el mundo; es decir, afirman que la individuación es un proceso
semejante al de crear el mundo. Jung habla de la "cualidad de crear el mundo" de la consciencia y tal idea está
peligrosamente cerca de la inflación de idealismo subjetivo que constituye el contenido común de la psicosis (la idea de que uno es el universo o el centro del universo). No obstante es una idea arquetípica que el individuo necesita para no ser devorado por los standards estáticos
colectivos. El pensamiento colectivo se revela por la
preocupación de si uno es o no normal. La psique individual es y debe ser un mundo completo en sí misma para poder
permanecer frente al mundo externo y cumplir la tarea de ser un portador de consciencia. Para que la balanza se equilibre, el individuo debe pesar igual que el mundo. La Gran Obra es un trabajo físico, psíquico y espiritual y funciona tanto sobre substancias físicas como contenidos psíquicos y experiencias espirituales. El laboratorio del alquimista es un laboratorio oculto. En los libros de los auténticos adeptos, los vasos del arte son llamados
invariablemente "secretos" e igualmente los procesos. Por esto Bernardo de Trevisan escribe: "La disolución es el misterio del arte y debe ser realizado, no como algunos han pensado por medio del fuego, sino de una manera totalmente abstrusa, con la ayuda del Mercurio." En esta cita el
adjetivo "abstrusa" tiene el significado ahora obsoleto de "escondido" u "oculto."
Pero la Gran Obra no sólo es algo totalmente metafísico, porque también han de ser trabajados elementos físicos y psíquicos. La "Piedra" es el producto del arte y los
materiales que la componen son extraídos de la naturaleza, por eso puede describirse la Gran Obra como una
transformación psico-fisiológica y espiritual, y es denominada "hermética" porque es dirigida por la consciencia humana.
La consciencia estaba personificada por los egipcios como Thoth, por los griegos como Hermes y por los romanos como Mercurio. De esta forma se hace evidente lo que quiere
decir Bernardo de Trevisan cuando dice que la Obra se lleva a cabo con la ayuda de Mercurio, lo cual es análogo con que lo dijo un sabio Hindú: "Debe ser comprendido solamente por la mente."
Se dice que la Disolución es el misterio de la Alquimia, porque la Gran Obra nos capacita para controlar aquellas funciones de nuestros cuerpos que disuelven o desintegran en sus elementos primordiales, las formas que captamos de nuestro alrededor. Los "vasos secretos" de los alquimistas son los órganos de su propio cuerpo físico, sus "órganos" psíquicos y su naturaleza potencialmente espiritual.
La Gran Obra es también una operación química, que junto con otras operaciones psicológicas y otras aún más sutiles se hacen bajo la dirección de la consciencia humana. Se efectúan cambios no sólo psíquicos sino también físicos y a consecuencia de estos cambios se llega a ser una nueva
criatura capaz de ejercer poderes que son desconocidos para el ser humano promedio.
Cuando un alquimista, trabajando en su laboratorio secreto, ha disuelto la antigua criatura y coagulado la nueva en su lugar, su organismo físico y su psiquismo le capacitan para efectuar transformaciones en su medio ambiente.
La pieza principal del laboratorio alquímico es el
"atanor", el horno. Elifas Levi dice: "Todos estamos en posesión del instrumento químico, el gran y único atanor que responde a la separación de lo sutil de lo grosero y lo fijo de lo volátil. Este instrumento, completo como el
mundo y preciso como las matemáticas, es representado por los sabios con el emblema del pentagrama, o estrella de cinco puntas, el cual es el signo absoluto de la
inteligencia humana. Seguiré el ejemplo de los sabios
absteniéndome de nombrarlo; es demasiado fácil adivinarlo." Elifas Levi presenta una insinuación clara de que el atanor es el ser humano cuando dice que es "completo como el
mundo", es decir, como el "pequeño mundo", o microcosmos. Cuando dice que "preciso como las matemáticas", insinúa que la Gran Obra es un método o sistema de entrenamiento que está de acuerdo con las leyes que tienen su fundamento en las matemáticas. Finalmente, nos dice que el atanor está simbolizado por el pentagrama, figura que representa al hombre.
La Alquimia tiene por meta un estado de consciencia que se refleja en el plano físico como equilibrio vibratorio
perfecto. Este equilibrio ya existe en la naturaleza y el interés del alquimista es manifestarlo a través de su
personalidad. Por esto se nos dice que el equilibrio es la base de la Gran Obra y todos los libros herméticos nos amonestan a imitar la naturaleza.
Sin embargo, la Alquimia no concierne exclusivamente a la consciencia. Lo que se propone en la realización de la Gran Obra es más que un estado de la mente, más que una
comprensión filosófica o metafísica. Al decir que la Gran Obra desarrolla una nueva modalidad de consciencia, hay que comprender que aquel en quien ocurre este desarrollo es por ello capacitado para ejercer todo el poder que ello trae consigo.
Por ello, el hombre es el sujeto primordial del Gran Arte. es inútil tratar de hacer la Piedra de los Filósofos en el exterior de uno mismo antes de haber completado la primera parte de la operación, que hace del operador mismo la
Piedra Viviente.
Ninguna fórmula secreta puede capacitarnos para controlar las fuerzas sutiles de la naturaleza a menos de que
lleguemos a controlarlas dentro de nosotros mismos. Nuestras mentes deben ser cambiadas, en forma tal que puedan percibir y comprender cosas ocultas para el no iniciado. Nuestros cuerpos y nuestras mentes han de ser transmutados, porque constituyen el Vaso del Arte en el que se realiza toda la operación. En su estado natural no
pueden recibir y especializar las corrientes de alta tensión de la esencia del fuego, que destruiría a una persona promedio.
La Alquimia, por consiguiente, es la versión occidental de lo que los Hindúes llaman Yoga. Esto se encuentra indicado por varios puntos de identidad entre los dos sistemas de filosofía y práctica. Es obvio que los metales alquímicos son lo mismo que los chakras del Yoga.
La preparación para la práctica de la Alquimia es, en todos sus puntos esenciales, lo mismo que la preparación para la práctica del Yoga. Es ante todo, una preparación ética o moral. Las malas tendencias deben ser vencidas y las virtudes positivas desarrolladas. Las funciones groseras del cuerpo deben ser purificadas, así como las de la mente. Luego viene la purificación de los centros sutiles
internos. El objeto de estas prácticas de Yoga es precisamente lo que Basilio Valentín menciona en la
"Carroza Triunfal del Antimonio", donde instruye al lector en cómo preparase para la Gran Obra.
El fuego de la Alquimia es un fuego secreto, a menudo
comparado con una serpiente o un dragón. En la práctica del Yoga tántrico se dice igualmente, que el principio activo de la operación es una fuerza ígnea enroscada en la base de la columna vertebral. Se la denomina Kundalini, el poder serpentino enroscado.
La práctica Yoga eleva este poder serpentino, etapa por etapa a través de los siete Chakras que en la Alquimia se identifican con los metales. La práctica por consiguiente es una sublimación que eleva y pone en acción los poderes ocultos de la vida inconsciente del hombre. El Yoga saca estos poderes del "infier-no", cuyo regente según los egipcios era Osiris. La Alquimia hace lo mismo.
El fundamento de la Alquimia, como el del Yoga, es la idea de que el hombre es una consecuencia directa del espíritu inmodificado de donde proceden todas las cosas. Esta es la verdadera esencia de su ser. La Gran Obra es la dirección de la energía derivada de esa esencia de acuerdo con las percepciones de una consciencia despierta.
El resultado de esto es la producción de un nuevo tipo de ser humano, capaz de recibir el influjo de formas de
energía muy poderosas y capaz de expresar modalidades de consciencia completamente desconocidas para la mayoría de las personas.
El alquimista mismo es el objetivo de la operación principal de la Gran Obra. Su laboratorio es su propia mente. Los vasos secretos de ese laboratorio son los