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EL SENDERO DE LA VICTORIA

In document ENSEÑANZAS DE FRATER ATAL (página 134-147)

Si observamos el mundo que nos rodea podemos ver el flujo y reflujo de actividad y reposo alternándose. Igualmente este ciclo afecta en el universo a estrellas, planetas,

minerales, plantas, animales y al hombre. Todos los seres están sujetos al proceso de nacimiento, crecimiento,

plenitud, declinación y muerte y ni hay nada ni nadie en la manifestación cósmica que escape a este proceso.

Las leyes de la existencia manifestada son exactas y obedecen a una lógica universal. Todo tiene su tiempo, estación, esfera de operación, límites y término de expresión. La humanidad, en la mayoría de los casos, es ignorante de su verdadero papel en este proceso y se cree amenazada por esta obra divina. La humanidad teme a lo desconocido y ante ella la naturaleza aparece a veces como un enemigo. Actuando bajo la premisa de que la mayoría de los procesos de la vida le son hostiles, la humanidad dedica todos sus esfuerzos y energías a luchar contra la vida en lugar de vivirla. La ignorancia y el miedo le han convencido de que todo este sufrimiento es debido a la acción de un dios colérico y vengativo que le castiga por el "pecado" cometido por sus antepasados. Este pensamiento ha sido implantado por los conceptos primitivos y

materialistas que se plasman en las Sagradas escrituras de la religión judeocristiana. Estos conceptos fueron

proyectados durante siglos al inconsciente colectivo donde han tomado fuerza.

Vista de forma superficial la vida parece ser cruel e injusta y la humanidad parece ser una víctima desesperada del destino y a merced de los caprichos de la suerte. Esto es sólo una apariencia y una aceptación basada en una mala interpretación de la vida y de la relación del hombre con el proceso completo de la vida.

La Gnosis enseña a no desesperar con el sufrimiento, a no dejar que las aflicciones nos venzan, porque el dolor puede ser un maestro del alma. Los procesos de esta esfera

material parecen estar en oposición a la humanidad, pero en realidad es un don el que nada sea permanente en esta

esfera material. La humanidad como bloque, ha perdido la Gracia, es decir, ese estado de consciencia que está en armonía con el universo, un estado en el que la voluntad individual está en armonía con la voluntad del cosmos entero.

La humanidad, en su mayor parte, ha perdido ese estado de Gracia, como dicen simbólicamente las Escrituras

judeocristianas, "ha comido el fruto del Arbol del

Conocimiento del Bien y del Mal". El "fruto" del Arbol es la materia y el "bien" y el "mal" son las expresiones

dualistas de las fuerzas y vibraciones de luz y sonido que interactúan unas sobre otras y rodean y controlan los

distintos planos de la existencia. La consecuencia de que el hombre haya "comido el fruto" ha sido su intoxicación y como consecuencia la ignorancia de su propia identidad. Vive pues en una pesadilla de la que no puede ser

despertado y lucha desesperadamente para mantener su vida porque se siente inmortal; pero este sentimiento es

solamente un tenue espectro en las profundidades de su memoria, que experimenta como deseo de liberarse de los límites de la muerte. La humanidad está encerrada dentro de las leyes de su propia ignorancia y el hombre se ha

convertido en un ser mitad animal y mitad hombre, en un vagabundo del desierto, aplastando y devorando a los de su especie.

Los antiguos afirmaban "todo es mente, el universo es mental, Dios medita el universo para que exista. En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestra existencia." Todos estos pensamientos se centran alrededor de una sola

premisa: la unidad del Todo. A partir de esta premisa podemos ver claramente que no hay otra cosa que pueda

existir fuera del Todo (Dios o Absoluto). Así, todo lo que percibimos como separado y singular está dentro de un marco de referencia que está dentro de la consciencia del Todo (Dios).

Vivimos dentro de la mente del Absoluto, formados de la substancia de la divinidad y hechos a la imagen de Dios, tenemos un lugar poderoso en el plan divino. La verdadera Luz de la Gracia o Luz de la Gnosis no puede ser vista desde el estado de separatividad habitual; sólo cuando el hombre deja de luchar para mantener la vibración de este plano material por encima de cualquier otra cosa y se

vuelve hacia la búsqueda de esa Luz, es cuando comienza el sendero de retorno.

Como todas las cosas en este mundo, la preparación adecuada es la clave para que se produzcan los resultados deseados. Los antiguos decían, "Cuando el estudiante está preparado, el maestro aparece" y también hay un dicho más reciente que dice, "puedes llevar un caballo hasta el agua, pero no

puedes obligarle a beber." Es decir, que solamente los que están preparados para comprender y hacer uso de la Gnosis, podrán recibirla, los demás, la recibirán en vano.

Nuestra herencia divina es nuestra habilidad para crear imágenes mentales y ésta es la clave para nuestra verdadera liberación. Las imágenes sobre las que mantenemos nuestra atención de forma continua se manifiestan en la experiencia diaria. Esta es la base de todos nuestros problemas. No somos seres separados, pero en tanto lo pensamos, creamos imágenes que ayudan a fortalecer dicha creencia. Nuestros problemas emanan de nuestra incapacidad para crear imágenes que reflejen la realidad de la vida, que es la Unidad del universo. Esta realidad ha sido vista por todos los grandes Maestros de la humanidad.

Nuestra consciencia individual es un punto de focalización de la Luz Divina, que experimenta la manifestación a través de cada alma consciente particular. La incapacidad de

percibir que nuestra persona es el centro que origina nuestra voluntad, nos hace suponer que no somos el punto originario de nuestro sentido de volición y nos hace suponer que no tenemos otra cosa más segura que nuestra personalidad. Esto nos conduce a imaginar que estamos en peligro de extinción a menos de que destruyamos primero a nuestros enemigos, sin tener en cuenta si estos enemigos son reales o imaginarios, políticos o económicos, raciales o religiosos. Esta es la gran decepción que constituye el dilema actual de la humanidad.

Pero dentro del hombre hay potencias para conocer y

expresar la misma inteligencia creativa que mantiene toda la existencia manifestada. dentro del hombre hay habilidad para controlar las fuerzas de la vida, de tal forma que pueda transformarse el mundo a su alrededor y hacer posible que la Luz brille en la tierra.

El hombre, debido a su caída en la separatividad, lo experimenta todo bajo una de las dos categorías: bien o mal. Denomina bien principalmente a algo que le de

gratificación física y comodidad. Lo que le produce dolor e incomodidad lo denomina malo. Como la mayoría de los

sufrimientos y de deseos insatisfechos, se sienten rodeados por el mal.

La incapacidad del hombre para reconocer la unidad de toda vida es la cadena que le ciega con la desilusión de la

separación. Mientras el hombre esté en este estado de sueño es incapaz de despertar a la realidad de la Luz; sin

embargo, tiene ciertos poderes y habilidades que si los utilizase correctamente le conducirían a la liberación y le soltarían de las cadenas de la desilusión de separatividad. El hombre tiene esos dones, pero en su condición actual no son más que una simple caricatura de las facultades del hombre victorioso que posee la Gracia.

La habilidad para crear y generar imágenes mentales es un vestigio de los poderes divinos que crearon y siguen

manteniendo el universo. La habilidad inherente del hombre para crear mentalmente y proyectar sus imágenes para que se manifiesten en este plano, es la clave de su liberación y la causa de su cautiverio.

En tanto que el hombre se crea separado, una entidad

autónoma, actuará e imaginará de acuerdo con esto. Conforme crea que está rodeado de enemigos y que debe luchar y tomar de otros para tener paz y seguridad, creará imágenes y

circunstancias que mantendrán esta ilusión y sufrirá las consecuencias. El hombre ha usado su imaginación en formas tan ignorantes, que ha llegado a ser un creador de imágenes de envidia, desconfianza, odios y un montón de otras

atrocidades.

A la vista de todo esto, puede verse que el hombre no está en estado de Gracia. Cuando reconocemos este hecho, surge un deseo de liberarse de lo que parece ser un proceso cruel e injusto, sea o no un aspecto de la divinidad. Puede haber un deseo serio de vivir una vida justa pero hay también un fuerte sentimiento de insuficiencia debido a la toma de consciencia del estado de ignorancia en el que se está. Se hace pronto evidente que el hombre requiere ayuda y guía para ser liberado de la prisión de la materialidad y despertado de la pesadilla de la separación. Incluso la ayuda y guía no serán suficientes si el individuo no está preparado para recibirlas. Este hecho ha sido enseñado en los escritos herméticos, "cuando el estudiante está

preparado, aparece el maestro." Prepararse para recibir ayuda es el primer trabajo del que desea salir victorioso. Este trabajo preliminar lleva consigo la purificación de las experiencias mentales, emocionales y físicas que se experimentan como personalidad. Lleva consigo el

Conforme el hombre opera desde la premisa de que es un ser separado, no será capaz de ver que la clave para su

liberación está dentro de él. Mientras continúa creyendo que sólo tiene personalidad para tratar con su situación, nunca verá ninguna esperanza. Somos uno en la Divinidad, no hay separación. No hay voluntad salvo la Voluntad Divina del Todo. La persona que desea llegar a ser victoriosa debe llevar estos hechos a la mente continua y repetidamente hasta que todos los pensamientos, palabras y hechos

respondan al influjo de la verdad y de la Luz espiritual. Si se incorpora este pensamiento a la memoria y a las respuestas de la vida, el punto de vista del individuo cambia y hay un influjo gradual y continuo de Luz

espiritual que lleva consigo al despertar definitivo de la consciencia.

Imaginando continuamente una realidad espiritual y

focalizando la atención sobre la unidad de la vida, uno comienza a tener experiencias que apoyan este hecho. El reconocimiento de la ilusión de separación y de la voluntad personal, hace que todas las actividades de la vida tengan una nueva luz y todo comience a verse como la Voluntad Divina manifestada.

El hombre se ha identificado con las manifestaciones

cíclicas y siempre cambiantes de la vida, y por lo tanto se percibe a sí mismo aprisionado en la red de la futilidad. Cuando en él se despierta el auténtico deseo, comienza a recordar su herencia divina y su unidad con lo divino, y entonces ciertas facultades de su consciencia que estaban dormidas se ponen en actividad. Con estas percepciones del despertar, viene un reconocimiento más vívido de la unidad de toda vida y uno se da cuenta de que ningún pensamiento, palabra o acción está separado o sin relación con algo o alguien. Con esta toma de consciencia viene también el

conocimiento de que estamos unidos al error, lo mismo que a la verdad. Estamos dentro de la mente divina, cuyo cuerpo es el universo y cuyo centro debe ser experimentado dentro de nosotros mismos, para que nuestro punto de consciencia se una con el de la consciencia cósmica. Todas las imágenes inmaduras creadas por una humanidad ignorante, existen

dentro de la substancia universal y el hombre las ha elaborado eficientemente.

La sabiduría y el poder que crearon el cosmos, se

encuentran dentro del hombre. Todo conocimiento, luz y verdad pueden ser contactados en dicho interior. Como dijo el alquimista, "lo que buscas, en realidad eres tu."

Recordemos que la personalidad, que la mayoría de la humanidad identifica como el yo, no es el centro de sabiduría y poder mencionados anteriormente. Las

personalidades inmaduras y no transmutadas, son la base de todos los problemas de la humanidad. La substancia

universal está repleta de conocimiento concerniente a cosas que son excitantes, intrigantes y a menudo misteriosas, que aunque no tengan nada que ver con el trabajo de

transmutación, sirven como avisos de los peligros que trae el creer en ellas. Poseemos una facultad divina de

conocimiento, que cuando es despertada y desarrollada, nos capacita para conocer todo lo que hay que saber sin tener que preguntar a nadie o consultar un libro. En la mayoría de los humanos esta facultad está todavía enterrada y

ahogada por las acciones erróneas del egoísmo que infectan con el veneno del miedo, el odio y la envidia.

En el centro del interior del hombre subyace la misma sabiduría y luz que creó el cosmos. En el corazón de cada ser humano está la morada del verdadero ser espiritual, el Guía, el Maestro Interior. Cuando uno comienza a imaginar en respuesta a este conocimiento de la unidad, el sentido de identidad de uno comienza a desviar su centro de

focalización de fuera a dentro y se hace posible una

sintonización con el Yo colectivo central de la humanidad. La persistencia en esta imagen inicia un proceso de

iluminación interior. Esta iluminación emana de la chispa del Espíritu Divino que empieza ahora a brillar con una luz radiante que comienza a crecer porque está llena de

imágenes que hablan de la unidad de la vida.

Conforme este proceso continúa, disminuye el estado de ignorancia y las áreas oscuras de nuestro ser llegan a llenarse de luz hasta que finalmente, en un relámpago nos liberamos de nuestras prisiones auto-impuestas de ilusión y de error. Nos ponemos en contacto con la fuente de todo conocimiento, y la Luz de este "Conocimiento y Sabiduría" nos guía hacia nuestra meta de unión con lo Absoluto. Siguiendo esta guía, las luchas y disturbios de la vida comienzan a decrecer y en su lugar se establece cierta paz. El hombre, una vez centrado en esta paz y marchando bajo la guía de la Luz divina, y liberado de la falsedad, se

prepara para hacer una superación de su situación actual, que es lo que hay que corregir para poder llegar a la meta. En todo esto hay algo que no debe olvidarse, "los fenómenos no son en sí mismos causales, son sólo efectos y no la

fuente original." Todas las experiencias en el plano material de expresión, son el resultado final del

intercambio de la totalidad de las fuerzas transpersonales que operan en el nivel superior divino.

Lo que la mayoría de la gente suele llamar "yo", o

velada a las actividades de la Inteligencia e Identidad Unica, que se centra en un foco particular, para obtener el conocimiento o experiencia en esta encarnación particular. Contrariamente a lo que se piensa, el hombre no sólo es divino porque posea una facultad racional, ya que esto es solamente una fracción del significado de ser humano. Lo que eleva al hombre al estado divino es la habilidad

inherente de crear y generar imágenes mentales que producen nuevas aplicaciones y manifestaciones de las leyes

naturales. Estas imágenes son situadas y clasificadas

previamente por observación adecuada, y después recordadas en respuesta a una situación, pensamiento o emoción

particular. El hombre, con su habilidad para crear mentalmente, puede hacer que se manifieste cualquier condición deseada no existente previamente.

Desafortunadamente la mayor parte de la humanidad pone de manifiesto estas imágenes como resultado de su aceptación de la apariencia de separatividad. Pero no estamos

separados, sino que experimentamos la variedad y

multiplicidad al mismo tiempo como una maldición de la vida. Es evidente que debemos discernir donde estamos y lo que somos en el esquema de las cosas.

Debemos aclarar que lo que denominamos aquí como hombre no es el concepto aceptado por la ciencia. El hombre al que nos referimos es el Yo Universal, el Hombre Arquetípico Celestial de los Antiguos, la humanidad en un sentido general.

Uno de los primeros resultados de la persistencia en este trabajo de conocimiento es una claridad en la habilidad de uno para reconocer un orden aparente en lo que antes

parecía ser un caos completo en el mundo manifestado, así como en el individuo. Gradualmente uno comienza a encontrar significado en lo que le rodea y comienza a percibir una ley definida en operación. Esta percepción desarrolla un conocimiento de la naturaleza que antes estaba velado. Porque lo que una vez fue oscuro, desconocido y por lo tanto amenazante, es ahora reconocido como la obra del Yo Unico y hay una liberación del miedo de la vida que lo ha mantenido a uno cautivo. Esta liberación es experimentada como una intensificación de la paz y la calma interior y es el resultado de recordar nuestra herencia divina y de que somos uno con la divinidad.

Es entonces cuando uno encuentra equilibrio y armonía por doquier, lo que antes fue visto como un dios cruel y

vengativo, ahora se conoce como la Luz de la Unidad. El universo está ordenado, sus trabajos y operaciones pueden

ser comprendidos cuando el punto de focalización adecuado es conocido.

La vida está continuamente produciendo nuevas cosas,

construyendo, destruyendo y eliminando. Esto es igual para este planeta como para todo nuestro sistema solar, galaxias y universos. La ley de la existencia manifestada se ve como una actividad cíclica de continuo nacer, desarrollarse, declinar y marchitarse. No hay nada que ocurra en la manifestación que no esté sujeto a esta ley. Todo lo que nace debe morir, pero hay que intentar no llegar a una conclusión errónea de esta observación. La mayor parte de la humanidad piensa que el "yo" es el cuerpo físico junto con su naturaleza intelectual, emocional y subjetiva. Pero en realidad no somos eso, porque si volvemos a la

afirmación de que en Dios vivimos, nos movemos y tenemos nuestra existencia, ¿cómo podemos morir? La respuesta es que nuestro verdadero Yo no muere, porque forma parte de Dios, ya que el hombre es un mediador para la Inteligencia Divina o Espíritu Divino. Al utilizar el don divino de la creación mental, el hombre puede controlar y tener dominio de la vida.

Cuando comenzamos a manejar las operaciones y movimientos de la vida y percibimos su significado, las imágenes

generadas individualmente se hacen más armónicas con la realidad. Ya no hay que temer a lo desconocido porque se ve la cadena de causa y efecto, y el resultado de ciertas

actividades puestas en movimiento puede ser predecible. Una consecuencia directa de esto es el desarrollo de la

verdadera discriminación en el tipo de imágenes y por lo tanto en las actividades que uno crea o inicia. Este es el resultado de la creciente luz interna del Yo Verdadero, que funciona ahora mejor a través de un centro particular,

porque el individuo está cooperando con el proceso y no luchando con algún enemigo desconocido.

El individuo, al asimilar la unidad de vida en su

pensamiento, palabra y obra, lo cual le permite detener las

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