El verdadero iniciado tiene como característica dedicar su vida al servicio de lo espiritual y tener una relación
sacramental con la naturaleza. La respuesta que recibe por esta actitud y dedicación es la purificación de su mente y el comienzo de la visión acertada. Los asuntos de la vida diaria podrán seguir presionando y el Ego puede continuar viéndose sometido a la angustia por sus razones de búsqueda de seguridad o satisfacción, pero el carácter compulsivo de esta presión se irá perdiendo poco a poco y el iniciado se irá dando cuenta cada vez más de que "todo ocurre dentro de él mismo". Lentamente, mediante la meditación y la
observación irá comprobando que es la mente quien compone los valores que damos a las cosas y situaciones, y que es esa misma mente el lugar donde todas las cosas toman su realidad aparente. Este conocimiento le permitirá ir
descubriendo el espacio inmenso de la mente cósmica, que es la verdadera naturaleza de su propia mente. También le
permitirá crear un ambiente interno, limpio y vacío, donde las imágenes sagradas aparecerán aportando valor y
significado a su vida y su obra. Los Dioses estarán más cerca de él y él estará más cerca de los Dioses, la
naturaleza será una fuente de inspiración y un oráculo, que le hablará suavemente en los momentos necesarios.
La apertura a esta visión y a este nuevo estado de consciencia, atraerá la Luz Inefable hacia la vida del iniciado como las limaduras de hierro son atraídas por un imán, verá derramarse sobre él el agua redentora y
purificadora, el agua de vida que hace que todas las cosas crezcan hacia su perfección. A esta nueva visión purificada del universo dedicará toda su vida y todo su esfuerzo, ya que una vez conocidos los placeres de la verdadera
iluminación no será atraído ya más de forma compulsiva por los goces de este mundo. De esta forma, el servicio es al mismo tiempo renuncia, renuncia a la forma obtusa en que antes veía las cosas y se relacionaba con ellas. El soplo de la "Inteligencia que Conoce" iluminará su mente y
encontrará a Dios en todas las cosas, pues ya lo habrá encontrado en ese mismo soplo que le hace conocer.
El soplo, aliento, hálito o espíritu, es la representación simbólica del principio de vida. En las escrituras sagradas hebreas aparece en su aspecto primordial como el Espíritu o Soplo de Dios que flota sobre las aguas cósmicas. Es el Ruh Allah de los musulmanes, análogo al Hamsa de los Vedas, el cisne que incuba el huevo cósmico. Esta visión del Soplo Divino como el origen del universo, representa
efectivamente la energía vital que se mueve a través de toda la evolución hasta llegar a la creación del hombre. La tradición de los celtas habla también de tres soplos que el Druida Mog Ruith utilizó en su magia para defenderse de sus enemigos.
Hay tres Soplos: El primero es el Soplo de la Tierra, el de la vida material y animal; el segundo es el Soplo del Agua, del mundo astral, del Anima; el tercero es el Soplo del Aire, del mundo de la mente, del ego, que es el que nos da el entendimiento de las cosas. No hay cuarto Soplo, porque lo que sopla en el cuarto nivel o mundo arquetípico, es el Fuego.
El iniciado conoce el tercer Soplo cuando su energía lo inunda. Esto significa que "conecta" con el significado interno de alguna cosa o de algún evento en la naturaleza, lo cual resulta en un "mensaje" en su consciencia, porque el Soplo del Aire habla precisamente en ese lenguaje, en el de la naturaleza. Proporciona al iniciado una consciencia exaltada, a través de la cual contempla lo sublime e
invisible en la naturaleza manifestada, induciéndolo a un estado de visión mágica de la realidad. Esto quiere decir que el iniciado ve más allá de lo meramente material, que es lo que la mayoría de la gente ve. Entonces toma
consciencia de que por el poder de esa visión, puede leer en el Libro de los Dioses y aprender su sabiduría. Entonces ha visto el Puente, ese Puente invisible que lo une a su Realidad más interna. Entonces ha visto cómo y donde el mundo espiritual le manifiesta su sabiduría.
Pero en nuestra búsqueda de la Realidad Verdadera en el mundo que nos rodea, no debemos dejarnos atrapar por las sensaciones que traen nuestros sentidos, porque se
producirán cadenas que nos atarán a la apariencia del mundo, y estas cadenas nos arrastrarán hacia el mundo del no-yo, con lo que perderemos las Alas del Espíritu, el Consolador de la Gnosis cristiana. Este se desvanecerá de nuevo y el iniciado volverá a ser maldito y a maldecir, porque perderá el don más preciado que puede obtenerse en la vida.
Este peligro, aun al acecho, será evitado en la medida en que la comprensión de la verdadera naturaleza de las cosas se vaya manifestando en la mente por el ejercicio del
servicio a lo divino, por la persistencia en la
purificación de la mente respecto a las creencias y valores hasta entonces asumidos, y por vivir una vida sacramental en relación a todo lo que nos rodea. Esto no significa que debamos pasarnos la vida rezando, ni manteniendo una
actitud timorata o sobrecargada de peso, sino que muy al contrario, la realidad nos aportará una vida alegre, y un comportamiento libre, sano y espontáneo. Podremos volar con los pájaros y las mariposas, sentiremos la pureza y frescor de los manantiales como nuestra propia naturaleza y el sol y la luna se sucederán en la naturaleza prístina del
no se quemarán, y el Espíritu Santo nos mantendrá por siempre unidos a nuestra fuente divina.
Las aves en general son una representación simbólica del alma humana porque son seres intermediarios entre la tierra (el cuerpo) y el cielo (el espíritu). Todas las tradiciones espirituales han utilizado las alas de las aves asociadas con seres imaginarios que tienen una funcionalidad de unir el cielo y lo espiritual con la tierra y lo corporal. Los ángeles, las hadas, etc. tienen todos alas. Las aves son pues siempre mensajeras o auxiliares de los dioses. Es por esto, por lo que el Ave de las aves, el Espíritu Divino que desciende sobre el iniciado cuando está preparado, haya sido unas veces simbolizado por un Soplo y otras por un Ave. Esta es la razón de que los cristianos simbolicen al Espíritu Santo por una paloma, porque recibir el Espíritu Santo o
Consolador es un reencuentro con el Hálito divino que se encontraba volando sobre las Aguas Primordiales cósmicas. El verdadero iniciado es una especie de navegante de las "Aguas del Plano Astral" y un constructor del "Puente Mítico" que une los polos entre materia y espíritu,
realidad e idealidad. Estas son dos formas de expresión de una misma realidad, referida al vuelo mágico del iniciado, que le permite acceder al mundo transcendente, al mundo de los espíritus y dioses.
Las Aguas del Astral son las aguas de la existencia, las aguas de la consciencia o de la mente, donde nos movemos a través de los distintos niveles de la consciencia y
existencia interna. El mundo externo adquiere sus
cualidades sólo cuando es enfrentado por la existencia
interna, y únicamente dentro de ella encuentra sus unidades de significado. Desde esta perspectiva, el mundo objetivo está suspendido, o reflejado, en las aguas astrales, lo cual coincide con la visión mágica metafísica del mundo como ente.
Desde la perspectiva mágica, estas aguas son la substancia de todas las cosas. También representan el río de la vida, por el que las personas comunes navegan como troncos a la deriva, como cadáveres que flotan descendiendo en busca del gran mar. Los iniciados deben ser maestros de esa
navegación mientras preparan su vuelo mágico que les elevará a los mundos superiores del espíritu. Esa misma navegación llega a ser una forma de representar el vuelo. Los cuatro mundos de la Cábala (o las cuatro categorías de la psique según la estudia la psicología: Inconsciente,
Subconsciente, Ego y Supraconsciencia) pueden ser
iluminados por la luz de la consciencia mágica. El hombre ha desarrollado la consciencia en el mundo del Ego, y desde Freud está comenzando a reconocer los niveles de existencia del inconsciente. Jung profundiza en estas aguas de la
psique para alcanzar los niveles profundos del inconsciente y del Sí mismo. Las religiones han representado estos dos niveles de la existencia en sus cielos e infiernos, los artistas también. Sin embargo existe una técnica conocida desde la antigüedad por los brujos y chamanes, que permite al iniciado no sólo representarlos, sino volar directamente a esos mundos y participar conscientemente de ellos.
Este vuelo es la función mercurial (aquella función que hace del hombre un dios, al permitirle conocer y entender) que permite a la consciencia recorrer el espacio interno de la existencia. Es lo mismo decir que la consciencia mágica recorre esos mundos, que decir que ella misma es esos
mundos cuando participa de ellos en sus respectivos niveles. Este es el espíritu secreto de la navegación, aquel que nos permite la investigación y unión mágica y magnética con todas las formas superiores del ser y que constantemente busca introducir en nuestra consciencia todos los misterios y formas de consciencia mística.
En los relatos mágicos de la antigüedad vemos como el brujo cabalga a lomos de la serpiente para llegar al cielo, o cómo usa una cuerda para ese mismo propósito. En muchas culturas el Arco Iris ha sido el medio por el que los iniciados realizaban este mismo viaje.
Esta ascensión espiritual, verdadero encuentro entre Dios y el Hombre, es asimismo su "hieros gamos" y muestra que el hombre no es ahora todo lo que puede llegar a ser, sino que está en el proceso de llegar a ser un ser divino, pero sólo si se estira hacia lo divino y hacia la Luz pura del syzygy Espíritu-Cuerpo, porque el Dios debe hacerse hombre para que el hombre pueda alcanzar a Dios. El matrimonio místico con el Dios es la prueba fundamental de toda enseñanza oculta, esto es: si realmente es posible o no llegar a estar unido con lo divino por medio de métodos mágicos. Desde esta perspectiva la unión sexual es física,
emocional, mental y espiritual. Los esposos son divinos y humanos, y lo que en los sistemas chamánicos se denomina posesión es un estado de unión continuo y sistemático. El Maestro Iniciado es el Hierofante del mundo, el
verdadero "hacedor del puente". Los puentes físicos, ya estén sobre un río, un vado ferroviario, un lago, etc., son construcciones que sirven para unir dos partes separadas de una misma cosa. El Puente que construye el Maestro Iniciado
cumple la misma función pero no es físico, sino mágico y metafísico, cimentado en la consciencia y formado por una sustancia que emana de los confines de la mente y que es absolutamente mercurial, el Poder Serpentino de Mercurio. Rige todas las acciones encaminadas hacia la unión del iniciado con las entidades espirituales de los mundos internos.
Al cruzar el Puente que une los cielos y la tierra, el mago ha unificado los mundos, ha abandonado la dualidad y ha entrado en los niveles de consciencia transcendental, que es el campo de la intuición e imaginación creativa. Ahora puede moverse entre el mundo espiritual y el mundo material a voluntad. Esto significa que ha conseguido una
continuidad de consciencia y de visión que le permite conocer y diseñar el universo de experiencia interna de acuerdo a los modelos que desde la antigüedad están
predestinados a ser los arquetipos de expresión del poder creativo. Aquí el mago es el creador de su propio universo mágico, sin embargo esto no lo hará como un hombre, sino como un dios, un espíritu emanado del centro de todo ser y experiencia, de lo Absoluto. Desde esta perspectiva su creación es más bien un reconocimiento y actualización de los modelos de energía que desde siempre han gobernado el universo.
Estos modelos fundamentales o arquetípicos son los que
componen la mente cósmica, a través de los cuales ésta crea y dirige constantemente el universo. Estos modelos de
energía espiritual se hacen asequibles al hombre en el reino de la imaginación transcendental, ese mundo
intermedio entre lo puramente abstracto y lo material, que permite que el hombre y el universo entero puedan ser
elevados a la presencia divina y que permite asimismo que las esencias espirituales puedan descender para ser
recibidas por el hombre. Este es un universo de unidad, que existe en la mente maestra, donde todas las cosas ocurren en la presencia divina y donde toman cuerpo sus teofanías. Este es el reino de las "ideas puras" que algunos místicos y filósofos han presentado en distintas formas.
En la tradición mágica, la Divinidad, o lo Absoluto, se encuentra en un nivel de existencia propia que es
inaccesible al hombre. Sin embargo, en la mente de Dios, existe un modelo de existencia a través del cual se
desarrollan todas las posibles combinaciones que dan como resultado las variaciones de la creación. Estos modelos son considerados los Arquetipos Primordiales de la Mente
Divina, los Espíritus Primordiales que acompañan al Logos en su propio reino de realidad. Son estos espíritus los que se encargan de modelar el mundo de experiencia primordial,
que es interna y esotérica, y asimismo son las esencias de las que las leyes del universo toman sus principios. Estos espíritus son las esencias divinas que el mago recibe al cruzar el Puente y penetrar en el mundo Arquetípico del Espíritu. Son estas esencias las que le ayudarán a crear y desarrollar su propio universo mágico, que estará presidido por la presencia del Logos y sus leyes divinas.
En sí mismo, este reino transcendental al que también
podríamos llamar el Cielo, o la Ciudad Celestial, está más allá del Arco Iris, esto es, más allá de los siete colores del espectro de la luz. El color de este reino es el
blanco, igual que el espectro del Arco Iris se resume en el color blanco. Esto indica que está más allá de las
distintas energías o planos de la manifestación que pueden conocerse en la tierra y desde la tierra y que conforman una primera magnitud de experiencia posible. Estos planos también son conocidos en las tradiciones esotéricas como los siete cielos. Para tener un conocimiento directo de este reino superior, el iniciado debe profundizar en su propia realidad como cuerpo, alma, mente y espíritu, para ver qué hay allí dentro, para ver que es lo que le hace sentirse como un ser humano consciente y capaz de conocer, y asimismo como un espíritu libre, que está unido a lo
Absoluto en lo más profundo de su ser. Lo Absoluto es Dios, el ser transcendente e impensable que está más allá y por detrás de todo, el Ser que sin tener cualidades es el
origen de todas las cualidades, pues todo está creado en la luz de sus emanaciones espirituales.
Para que este desarrollo mágico sea posible, el iniciado y mago alquimista ha visitado el interior de su propia
naturaleza material y ha encontrado el equilibrio y la
quietud mental. Ahora está dispuesto a recibir las esencias divinas y revestirlas con el poder de su imaginación
creativa para que presidan toda su existencia. Para él la torre de la mente racional y la torre de la mente intuitiva son realmente una sola torre con ventanas. El mago ha
erigido su torre personal, aquella que le hace posible unir cielo y tierra. Ya no se trata de la torre rígida de la personalidad, la que puede ser herida por el Rayo divino y ser desalojado el que la ocupaba falsamente. Ahora él es dueño y guardián de la torre, y como tal puede usar sus ventanas no solo para vigilar, sino para actuar mágicamente con objeto de crear su propio universo mágico. Esta torre tiene cimientos que se hunden profundamente en las entrañas de la tierra y en su subsuelo existe un pozo de oscuras aguas.
PRACTICA 1
En relación con la meditación, las etapas iniciales y más importantes antes de emprender su práctica son: la
concentración, la relajación y la visión interior. Sin
concentración no podemos reunir los fragmentos dispersos de nuestra mente y hacer posible que se produzca la
relajación. Sin la relajación no podemos experimentar la apertura y claridad para que se produzca la visión interna. Sin visión interna, la práctica no puede pasar más allá de la relajación profunda.
¿Qué es exactamente la concentración? Los psicólogos la describen como una forma especial de atención disciplinada y mantenida, una atención que lleva consigo una
focalización mental que no permite que entren los estímulos externos que nos distraen normalmente. La totalidad de
nuestra consciencia se dirige hacia una cosa, hacia un punto.
Los beneficios de la concentración en la vida diaria son obvios. Si nos concentramos sobre lo que estamos haciendo, somos capaces de hacerlo más efectivamente y de recordar mejor los detalles asociados con ello. La mayoría de
nuestros lapsus de memoria son causados por el hecho de que no ponemos atención suficiente en el lugar donde debemos. Pero, ¿por qué es la concentración vital para la
meditación? la respuesta es que solamente cuando la mente se concentra somos capaces de aclarar el camino para la experiencia. Normalmente somos mental y emocionalmente
impulsados por un bombardeo constante de cosas que reclaman nuestra atención aunque nunca sabemos realmente qué es
realmente esta "atención." Estamos tan ocupados mirando a través de la ventana que no solamente no exploramos nunca nuestra casa, sino que ni siquiera nos damos cuenta de su existencia. Mediante la concentración, entrenamos la mente para que sea más clara y más aguda sea lo que sea que
estemos haciendo y le damos el espacio en el que nos volvemos hacia nosotros mismos y vemos lo que hay ahí. Pero ¿cómo puede la mente conocerse a sí misma? ¿no es lo mismo que el ojo viéndose a sí mismo? Seguramente es algo imposible si tenemos la idea de que para "conocer" debe haber siempre dos cosas, una mente que conoce y algo que tiene que ser conocido. En otras palabras, esa mente debe estar concentrándose siempre sobre algo que no sea ella misma, esa mente y sus contenidos son dos cosas separadas. Mediante la concentración, la mente alcanza un punto en el que está vacía de contenidos ¿deja entonces la mente de
existir? Las experiencias que uno puede tener en ese momento serán la respuesta.
La concentración puede ser entrenada, y así como es
esencial para la meditación, también la meditación es la mejor forma de entrenar la concentración. He aquí dos ejercicios preliminares útiles:
1.- Tomar una palabra común como "árbol" o "agua" y
escribirla en un trozo de papel. Luego, escribir cualquier palabra que se asocie mentalmente con ella, y luego volver