EL CUERPO COMO TEMPLO
LA INTERACCION FUERTE
La fuerza cuarta y final necesaria para que el cosmos tenga sentido para el físico es la interacción fuerte o fuerza nuclear, que mantiene juntos los núcleos de los átomos. El núcleo atómico está compuesto parcialmente por partículas de carga positiva llamadas Protones, que se dispersarían gracias a la repulsión eléctrica de cargas iguales bajo la interacción electromagnética si no hubiera una fuerza más intensa que ella para mantener juntas estas partículas. Se trata de la interacción fuerte entre partículas, que crea dentro del átomo un centro integral de estabilidad, que da a cada átomo su carácter individual como elemento químico. Los electrones que gravitan alrededor del núcleo de cada átomo son sostenidos por las fuerzas electromagnéticas más débiles y por lo tanto son más libres para moverse lejos del átomo al que están unidos, participando en los
intercambios entre átomos. El núcleo en cambio está regido por fuerzas muy fuertes, siendo así el punto de estabilidad de la materia, el fundamento de la posibilidad de la vida. Podemos ver pues fácilmente una relación entre el Eter de vida y la interacción nuclear fuerte.
Las interacciones fuertes se cree que tienen lugar gracias a partículas llamadas Quarks y se ha desarrollado una
compleja teoría parecida a cualquier especulación alquímica del siglo XVII, porque lleva implícita la colocación de partículas en forma de hexagramas y triángulos, siendo determinada su posición dentro del modelo por distintas características tales como el calor, singularidad,
hipercarga, antipartícula, carga, etc.
Parece que en su investigación de la arquitectura de la materia mediante sus experimentos con aceleradores de partículas, etc., el físico se acerca en la estructura última de la materia a los éteres, y así, algo de estos cuatro éteres se refleja en sus experimentos y en las
teorías que elabora para describir los resultados de estos experimentos. La ciencia física ha descubierto el espectro de las fuerzas etéricas atrapadas en la materia en las fuerzas fundamentales.
Existe en el esoterismo y la alquimia el tópico de la cuadratura del círculo, que está relacionado con lo que aquí estamos exponiendo. El círculo es la totalidad, vista en un cierto nivel de percepción e interpretación. La
cuadratura del círculo consiste en la operación de percibir las cuatro cualidades inherentes en esta totalidad, esto es, los cuatro elementos. Este es un proceso analítico- experimental, que ejemplariza el desarrollo de la mente lógica y logóica, desde el círculo (totalidad-femenino),
hasta el cuadrado (totalidad-masculino). Cuando el iniciado ha incorporado en sí mismo este conocimiento, sabe que el círculo y el cuadrado son exactamente lo mismo, ambos presentes en él, y de esta forma
puede reconocerse como Nada (totalidad como círculo) y como Todo (totalidad como cuadrado). En esencia la
diferenciación entre éste y aquel no existe, ya que ambos están sujetos al mismo principio de Unidad.
Por otro lado, en la operación de la cuadratura del
círculo, se representa tanto el proceso histórico del paso de la humanidad desde lo inconsciente a lo consciente, como del proceso iniciático del paso desde la oscuridad del
mundo profano a la luz de la Gnosis.
En el mundo del esoterismo, estas divisiones cuatripartitas del todo, siempre están referidas a la concepción cósmica del universo interno del propio iniciado y a las distintas manifestaciones de la energía dentro de ese universo
interno. Por lo tanto, se trata de estructuraciones
simbólicas, tanto de los propios contenidos de la mente del mago, como de los procesos dinámicos y evolutivos de la energía o espíritu que sostiene, mueve y da cohesión al propio mago como ser individual y único.
Este es el trabajo que le corresponde al mago, un trabajo de profunda investigación de sus propios contenidos
psíquicos y mentales, así como de sus costumbres
(condicionamientos) y actitudes, junto con un continuo refinamiento espiritual, con objeto de ir "acercándose" cada vez más a ese centro arquetípico que representa su naturaleza esencial y divina.
Es sobre esta base sobre la que el mago puede practicar su magia en el Templo, desarrollándose profundamente en el conocimiento de sí mismo y participando cada vez más del mundo gnóstico.
Sólo el conocimiento de la muerte como parte indispensable de la vida eterna, nos hace libres y permite que se
manifieste nuestro espíritu.
Cuando nos introducimos en nuestro interior con el fin de sondear nuestras profundidades para el conocimiento propio, vamos conociendo los poderes que allí se ocultan y es a través de esta introspección como uno puede llegar a experimentarlos.
El cuerpo (Templo) tiene que ser preparado y refinado hasta tal punto que no sea una dificultad para nuestro desarrollo
espiritual sino que por el contrario participe con gozo de él.
La preparación del cuerpo exige un esfuerzo físico y una firmeza de voluntad considerables, por lo que hay mucha gente que le dan un sentido de renunciamiento y privación. Se la asocia pues, erróneamente, con la austeridad y
también con la mortificación.
Pero en realidad la preparación del cuerpo es hacer por él todo aquello que se juzgue adecuado a fin de ponerlo en perfecto estado. Este principio es aplicable a todo:
alimentación, vestidos, ejercicio físico, reposo, estudio, trabajo, etc.
Es hacer que la voluntad actúe en beneficio del cuerpo. Tendrá éxito cuando exista la resolución firme de no dejar que los apetitos gobiernen los actos, sino dirigirlos con inteligencia, y hacer todo aquello que se juzgue bueno para mejorar el cuerpo. Es también la única manera de
proporcionarle al cuerpo el máximo bienestar.
No es que para conservarnos en buen estado de salud debamos comer o dejar de comer alimentos determinados, ni siquiera que hagamos ejercicio. Comemos y nos abstenemos de comer algunos alimentos por placer, pero estudiamos en qué consiste este placer y procuramos que no se convierta en dolor.
El alimento, el ejercicio físico, el sueño y la vigilia deben constituir placeres, y la lenta decadencia de la
vejez debe ser también un placer. No se trata de domesticar un animal salvaje a latigazos. Debemos vivir de forma
inteligente e integralmente.
La mayoría de las personas no viven tan inteligentemente como debieran. Viven con los instintos del animal y la astucia del hombre. En estado salvaje es la necesidad de comida la que impele al animal. Le es preciso ocupar la mayor parte de su tiempo en cazar o esforzarse para
procurarse el alimento necesario para su cuerpo, pero el hombre, criatura hábil, ha aprendido a producir mucho más de lo que exigen sus necesidades, el alimento lo adquiere sin gran esfuerzo propio. Además, cuando su apetito está satisfecho y el hambre no le acucia, su imaginación le empuja a revivir el placer experimentado.
Excita entonces su apetito embotado con condimentos que añade a sus alimentos con el propósito de lograr un mayor goce de los placeres del gusto. Tiene astucia, aunque sea, por otra parte, de una estupidez increíble.
La preparación del cuerpo constituye una manera inteligente de vivir físicamente. Es espontánea: la inteligencia le designa su lugar y su medida verdadera en la existencia. Patanjali especifica en sus "Yoga Sutras" que "Con la preparación del cuerpo, alejando la impureza, se obtendrá la potencia del cuerpo y de los sentidos."
Hasta aquí la preparación del cuerpo desde el punto de vista físico. Vista desde otro punto más sutil, esta preparación implica el funcionamiento perfecto y el
desarrollo de la voluntad. La voluntad es el poder secreto que está en nosotros, merced al cual llegamos a
transformarnos, es decir, a cambiar nuestros propios
sentimientos, pensamientos y nuestro cuerpo. Observando en nosotros mismos el funcionamiento de la voluntad, del
sentimiento y del pensamiento, comprobamos que este último nos proporciona el conocimiento de las cosas, nos permite cambiarlas o ajustarlas; que el sentimiento nos ayuda a conocer a los demás seres vivientes e influir sobre ellos, que mediante la voluntad nosotros nos conocemos y nos
gobernamos a nosotros mismos.
No somos totalmente inconscientes de la chispa divina que existe en nosotros, y esta partícula de conocimiento nos da la dignidad de mantener la esencia de nuestra existencia, es decir, nuestra voluntad, libre y sin mancha. La actitud altiva y brutal de ciertas personas hacia otras no es un signo de voluntad. Denuncia, en efecto, su propia
vulnerabilidad ante comportamientos análogos, es una indicación de su dependencia hacia las cosas exteriores. Pero hay personas tranquilas que saben decir "yo quiero" con serena seguridad, y entonces los acontecimientos por sí mismos se ordenan poco a poco a su favor y llegan a
triunfar completamente.
Es en el Templo o campo mágico del iniciado donde operan fuerzas invisibles que hay que aprender a conocer y
organizar. Todas estas fuerzas y potenciales ocultos dentro de nuestro espacio sagrado, corren veloces por las cuatro direcciones del mismo, siendo el punto central el lugar donde confluyen y a su vez el centro emanador de las
corrientes mágicas que se manifiestan en los cuatro planos del espacio cósmico.
Así, la organización del propio Templo del iniciado tiene que establecerse de acuerdo con este espacio mágico, para llegar a ser el verdadero instrumento que se necesita para que se manifiesten estos poderes espirituales en las cuatro direcciones de su propio espacio mágico. Es a través de esta cuádruple expresión como puede participar de la composición interna del universo.
El Templo tiene que estar suficientemente purificado y ordenado para llegar a ser el instrumento por el que el poder espiritual se manifieste.
Este poder mágico duerme en las profundidades oscuras de nuestro interior y cuando es puesto en actividad, a través de un trabajo continuo sobre uno mismo, comienza a ascender atravesando y energizando todos nuestros centros ocultos preparados previamente para su paso, generando vibraciones y energías mágicas que nos posibilitan la transmutación. Es en lo más hondo, en lo más inferior, en lo más oculto a los ojos de los hombres, donde se encuentra ese Ser
Poderoso, portador de la Luz, que brilla e ilumina las oscuras entrañas. Cada uno debe encontrar y descubrir esta luz interior que ilumina el sendero de búsqueda y que guía a través de la oscuridad. Es ese Fuego interior que dando calor desde lo más bajo, nos empuja hacia lo más alto.
La voluntad del mago debe ser dirigida al centro del Templo en el ritual y al punto central en la base de la espina dorsal, donde reside la serpiente que vive en el nido oscuro, en la parte más inferior del cuerpo material. Porque hay allí una piedra, una pequeña gema que conserva la luz caída de los cielos y que habita allí esperando su redención, que la hará volver a subir a los cielos de donde procede.
Esta serpiente es la Kundalini o "serpiente poder" de los Tan-tras, la energía espiritual que yace enroscada y
dormida en el centro o chakra muladhara en la base de la columna vertebral. Esta fuerza o energía pránica (la libido psíquica de Jung) es considerada femenina en su origen y a veces es adorada como una diosa: Kundalini Shakti.
Una vez despierta, la kundalini puede ser elevada a lo
largo de los nadis o conductos del cuerpo sutil para que se una con las fuerzas cósmicas "celestiales" presentes en el centro o chakra shahasrara, en la coronilla craneal.
Pudiera ser verdad según la opinión de Nik Douglas, que el descubrimiento de una "base física de la libido" por
Wilhelm Reich fue simplemente su descubrimiento personal de la kundalini.
En algunas ocasiones y en algunas personas, la energía
kundalini se sabe que asciende espontáneamente, aunque para la mayoría de la gente es una cuestión de un entrenamiento y control adecuados. El despertar y ascenso de la kundalini puede conducir a efectos colaterales no deseados si uno no está debidamente entrenado, experimentado y mentalmente estable.
El análisis puro consiste en visitar el interior más profundo de uno mismo, conocer los elementos que lo componen, su actividad y su influencia. El mago con
prudencia y decisión, pasa por el Puente de Fuego que va desde el reino visible al reino oscuro e invisible, en cuyo final encuentra la Luz divina inextinguible.
Solamente el que es tan puro y justo como para poder tomar esta gema y colocarla en su frente, recibirá la Luz
inmortal que le elevará de entre los muertos hacia la vida eterna.
En la fuente de sabiduría que se encuentra dentro de la esencia de uno, reside la consciencia divina, con tal fuerza y potencia que llenará el cuerpo y la vida del
iniciado, llevándolo en su recorrido por los cuatro mundos de su existencia mágica.
Las energías que son llamadas al centro secreto, irrumpirán con fuerza en la vida del iniciado para romper todo lo que no es y despojar así de sus vestiduras a la Luz que vive oculta dentro.
Como es fuera, así es dentro, y la Luz de la esencia que alimenta el camino viene de dentro, su búsqueda se hace dentro y abajo, en las más oscuras profundidades. Y la
energía primordial latente que es sentida pero no vista, se pone en movimiento con el más puro acto de amor desde
tiempos inmemoriales y se yergue hasta llegar al cielo, Reino perdido en la Caída, desde donde emana un cono de Luz que da vida al iniciado y lo baña.
El camino es largo, oscuro e inconsciente y sólo cuando uno se abandona al Dios oculto, y se arroja en sus brazos que no son de muerte sino de Amor, puede uno ver su éxito en el caminar, el éxito del que verdaderamente habita dentro. En el interior del templo de la naturaleza humana se encuentra la inagotable fuente de sabiduría y don de
alimento. Hay que buscarla con el corazón y elevarla con la voluntad y reinará por siempre abajo y arriba, y su
ocultamiento sólo será el preámbulo del renacer del Sol Oscuro.
SACERDOCIO
Un Sacerdote es aquel que ha tomado el voto de unión con la divinidad. Aquel que manteniéndose en el mundo, ya no es
del mundo, sino de su Dios. Desde este momento, el
individuo tiene abierto un canal directo de comunicación con el mundo del espíritu y está autorizado para realizar los actos litúrgicos de comunión con su Dios. Es esta unión amorosa entre Dios y Hombre, la que preside la vida del Sacerdote y este amor sagrado será el que infunde a toda la creación, a la naturaleza y a los seres.
La muerte en su sentido esotérico ya hemos dicho que
significa el cambio profundo que sufre el hombre por efecto de la iniciación. El profano, el hombre viejo, debe morir para renacer a la vida superior que confiere la iniciación. "Si no muere a su estado de imperfección, se le veta todo progreso iniciático" dice Oswald Wirth.
El Sacerdote, por naturaleza, vive en Gracia de Dios. Desde la más remota antigüedad, siempre ha sido el sacerdote el encargado de ofrecer sacrificios a la divinidad. De hecho, la misma palabra sacrificio define, por implicación, el rango de quien tenía que realizarlos: un sacerdote, es decir, el que tenía la gracia o el don divino (sacer, sacra: sagrado, divino; dos, dotis: don o gracia) para realizarlos. En el caso del sacerdocio esotérico y gnóstico, la palabra sacerdote tiene las mismas
connotaciones que las dichas anteriormente, pero con el matiz importante de que el sacerdote que ejecuta el sacrificio es el mismo sacrificado. Así, en su sendero espiritual va desprendiéndose de los hábitos de formas de pensamientos caducos e inútiles, para que en su lugar tomen vida otros más sintonizados con el propio sendero
espiritual que recorre. De esta forma el sendero de muerte iniciática se transforma poco a poco en sendero de vida en el espíritu. Los que alcanzan este estado de realización y participación siempre tienen a mano a su compañero divino, la realidad divina que está formando parte cada vez más de ellos mismos. Los estados más altos de participación
suponen la aniquilación del Ego en lo Absoluto. Esta muerte es una delicia.
El estado superior de consciencia y libertad es, digamos, de otro nivel de vibración respecto a los estados
ordinarios de las personas en general. Valdría decir que esta consciencia superior es a la consciencia vigílica ordinaria, como esta última lo es a la del sueño. De esta forma, la consciencia ordinaria es una consciencia
"dormida" respecto a la consciencia del Sacerdote, que está unido a, y participa de, la omniconsciencia divina. El
mayor grado de desarrollo de esta iniciación, se realiza, sin embargo, en el Hierofante, que en este sentido es la evolución del Sacerdocio hacia su estado de perfección.
El Sacerdote es aquel que entra en la experiencia de la muerte y contempla la existencia desde esta perspectiva atemporal. Ahora tiene delante de sí un largo camino de consolidación y desarrollo, y serán muchas las pruebas que tenga que enfrentar, pero en todo momento tendrá a su
disposición el refugio de la muerte, donde los poderes del mundo pierden su poder, y desde esta perspectiva ganará en sabiduría y justicia, en amor y compasión hacia todos los seres que están sufriendo las penalidades de una existencia no iluminada. Su objetivo será de servicio hacia la
comunidad humana y la naturaleza, pues en la experiencia de la muerte ha comprendido que sujeto y objeto son una misma realidad y que toda consciencia separada es una ilusión ante la realidad de la consciencia Una. Al ayudar a la
humanidad y a la naturaleza, en su desarrollo hacia la luz, no hará otra cosa sino el trabajo del Espíritu en la
Tierra, y el don recibido será el conocimiento (Gnosis) de lo que está haciendo.
El Sacerdote accede a los mundos de la no-acción, donde el papel preponderante del Ego queda anulado, disuelto,
obteniendo así una visión más fresca y espiritual de la realidad. En estos mundos es donde se provee de la luz necesaria para seguir avanzando en su sendero, un reino donde la Voz del "Yo Soy" resuena en su cabeza y le
comunica leyes eternas, por las que él debe regir su vida. El Sacerdote ve en la muerte la perfecta liberación de su espíritu de las vicisitudes de la vida y del
encarcelamiento que sufre en su existencia física, donde está sujeto a un mundo de errores y deseos que han vertido sobre él tantas capas de ignorancia, que impiden que la luz de su sabiduría brille en la consciencia del hombre. La Muerte es la Puerta al mundo de los Dioses y ésta es la Puerta que el Sacerdote cruza en su vida, para participar conscientemente de la maravillosa plenitud de libertad y paz transcendentes de su espíritu y para que la luz del Yo Soy brille en la consciencia del iniciado para siempre. Contemplemos cómo la muerte se manifiesta en todos los
momentos de la vida, revitalizando a nuestro espíritu en su cautiverio de la vida física. Contemplemos con alegría, cómo la Guadaña Dorada va segando continuamente las aristas y rugosidades de nuestro Ego hasta formar de él una esfera diamantina desde donde la sabiduría del eterno Yo Soy se manifestará plenamente en paz y armonía.
Contemplemos también la ilusión de la vida aparente, pues