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ARGENTINA: PRINCIPALES INDICADORES TRIMESTRALES

La banca de desarrollo y el financiamiento productivo

ARGENTINA: PRINCIPALES INDICADORES TRIMESTRALES

2001 2002 a 2003 a

I II III IV I II III IV I II

Producto interno bruto total (variación respecto

del mismo trimestre del año anterior) b -2,0 -0,2 -4,9 -10,5 -16,3 -13,5 -9,8 -3,4 5,4 ...

Exportaciones de bienes fob (millones de dólares) 5 996 7 499 6 947 6 014 5 711 6 793 6 759 6 446 6 420 8 093 Importaciones de bienes cif (millones de dólares) 5 743 5 777 5 024 3 778 2 072 2 157 2 292 2 470 2 499 3 327 Reservas internacionales (millones de dólares) 21 924 21 082 20 584 14 546 12 780 9 629 9 404 10 476 10 517 12 183

Tipo de cambio real efectivo (2000=100) c 98,8 95,2 94,2 95,3 173,9 251,6 247,2 233,0 213,4 204,8

Tasa de desempleo ... 16,4 ... 18,3 ... 21,5 ... 17,8 ... 15,6

Precios al consumidor

(variación porcentual en 12 meses, %) -1,0 -0,3 -1,1 -1,5 7,9 28,4 38,5 41,0 31,7 10,2

Tipo de cambio nominal promedio (pesos por dólar) 1,0 1,0 1,0 1,0 1,9 3,2 3,6 3,5 3,1 2,9

Remuneración media real (variación respecto

del mismo trimestre del año anterior) -7,4 4,9 -10,0 10,0 0,9 -16,3 -17,4 -21,1 -19,2 -11,7

Tasas de interés nominal (porcentajes anualizados)

Tasa de interés pasiva d 8,7 12,7 22,9 20,4 9,4 60,9 62,1 24,6 18,3 16,0

Tasa de interés activa e 12,6 21,0 35,9 41,3 30,7 ... 90,6 42,7 27,6 27,5

Tasa de interés interbancaria f 9,7 11,0 25,9 48,6 38,7 67,3 48,2 9,7 5,9 5,6

Diferencial de bonos soberanos (puntos básicos) 945 1 025 1 595 4 404 5 013 6 791 6 629 6 358 6 167 4 505 Índices de precios de bolsa

(índices, junio de 1997=100) 73,0 66,4 40,1 47,7 24,9 15,5 17,1 24,0 30,3 39,4

Crédito interno g (variación respecto del mismo

trimestre del año anterior) -5,1 -2,9 -7,3 -9,2 36,0 63,1 73,4 66,2 26,3 ...

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.

a Cifras preliminares. b Sobre la base de cifras en moneda nacional a precios constantes de 1993. c Promedio trimestral, ponderado por el valor de las exportaciones e importaciones de bienes. d Depósitos de 7 a 59 días. e Préstamos a empresas de primera línea, a 30 días. f Tasa de oferta interbancaria de Buenos Aires (BAIBOR). g Se refiere al crédito neto al sector público y privado otorgado por los bancos comerciales y otras instituciones financieras y bancarias.

En los primeros meses del 2003, el gasto de gobierno se mantuvo limitado y los ingresos mostraron una evolución sostenida. En especial, se elevó considerablemente la recaudación de los impuestos a las ganancias y a los bienes personales, en los que no se permitieron ajustes por subas de precios. En el primer trimestre, el superávit primario del gobierno nacional fue cercano a un 2% del PIB. Para el conjunto del año, se previó un saldo primario del 2,5% del PIB (un 2,1% para el sector público nacional y un 0,4% para las provincias).

La conversión de obligaciones de dólares a pesos influyó sobre la deuda pública. La “pesificación” de algunos pasivos del gobierno, en especial con los bancos, redujo su valor en dólares. En sentido contrario operaron las compensaciones a los bancos por la asimetría de la conversión de depósitos y préstamos y la emisión de títulos a ahorradores que optaron por canjear sus depósitos reprogramados. Pese a la amortización de préstamos con organismos multilaterales, la deuda del gobierno nacional se elevó, en el 2002, a 155.000 millones de dólares, cifra extremadamente alta en relación al PIB. Quedaban pendientes operaciones que incrementarían los pasivos: la transferencia al gobierno nacional de deudas provinciales, la entrega de títulos a bancos y ahorradores, y el reconocimiento de deudas a empleados públicos y jubilados, en cumplimiento de fallos contrarios a las rebajas nominales de salarios y pensiones que se habían aplicado.

b) La política monetaria

Las condiciones monetarias y financieras fueron netamente atípicas en el período de ruptura de la convertibilidad. Posteriormente se observó un ordenamiento, sobre todo en lo monetario, aunque el funcionamiento de los mercados de crédito distó mucho de ser normal.

En los últimos meses del 2001 hubo una significativa emisión de bonos de pequeñas denominaciones, con características de medios de pago, por parte de las provincias y del gobierno nacional. Hacia fines de ese año, el gobierno impuso restricciones a los retiros de efectivo de los bancos y a las transferencias de fondos al exterior, pero esto no anuló la presión sobre el mercado de cambios. En cambio, los costos de transacción se elevaron considerablemente, lo que afectó sobre todo los segmentos informales de la economía. Todo lo anterior contribuyó a generar las protestas que resultaron en la caída del gobierno en diciembre del 2001.

El fin de la convertibilidad fue desordenado. En primera instancia, el gobierno decidió la adopción de un doble mercado de cambios: uno para operaciones

comerciales, a una tasa de 1,4 pesos por dólar, y otro de cotización flotante, aunque con controles. La conversión a pesos de activos y pasivos bancarios dio lugar a largas discusiones y fuertes presiones, que resultaron en la aplicación de distintas tasas sobre depósitos (1,4 pesos por dólar) y préstamos (uno a uno). Se mantuvieron los límites a los retiros de efectivo (“corralito”) y se reprogramaron los depósitos pesificados (“corralón”).

De un modo u otro, la crisis no provocó muchos cierres de bancos; los casos más destacados fueron algunas entidades de capital externo, que decidieron súbitamente retirarse. En todo caso, la configuración y el funcionamiento del sistema financiero siguieron siendo objeto de cuestionamientos.

La perturbación monetaria y financiera produjo situaciones de manifiesto desequilibrio, en que la interpretación de los movimientos de los agregados monetarios se hizo problemática. En el primer trimestre del 2002 se elevó fuertemente la base monetaria, dado que la creación de crédito interno compensó con creces la disminución de las reservas. Se extendieron cuantiosos redescuentos para atender la iliquidez de los bancos y se amplió el crédito del Banco Central al gobierno. La conversión de depósitos hizo que los activos líquidos en pesos se elevaran más de un 70%, mientras crecía con rapidez la circulación de cuasimonedas.

En el período se observaron simultáneamente signos de exceso de oferta de dinero y de aguda iliquidez. Hubo una fuerte presión sobre el mercado de cambios. Poco después de su creación, fue eliminado el mercado oficial con cotización fija, en que las liquidaciones de divisas habían sido escasas. La ruptura de los canales de crédito se reflejó en graves problemas de pago. Aunque la conversión a 1,4 aumentó el poder de compra interno de los fondos “pesificados”, los ahorradores percibieron la medida como un grave e injusto menoscabo de su derecho contractual a recibir dólares. La demanda “voluntaria” de depósitos a plazo desapareció prácticamente, mientras los bancos parecían atender poco su actividad usual. Por varios meses no hubo casi captación de nuevos depósitos ni otorgamiento de préstamos.

El tratamiento de los depósitos a plazo fijo reprogramados motivó profundas controversias. A cierta altura, se planteó efectuar un canje obligatorio por títulos públicos. La propuesta no se implementó. El episodio fue uno de los motivos del recambio del equipo económico a fines de marzo. En los meses siguientes, se realizaron operaciones de canje voluntario, que una fracción de los depositantes aceptó, si bien muchos mantuvieron la exigencia de recibir dólares.

En un clima todavía de extrema tensión, se fue atenuando el desorden monetario. Se buscó moderar la

extensión de redescuentos y créditos al gobierno, y el Banco Central inició la emisión de letras, lo que indicó la existencia de alguna demanda de activos a interés emitidos en pesos. Asimismo, las autoridades intervinieron en el mercado de cambios vendiendo reservas. Esto operó como elemento de contracción de la base monetaria, que permaneció más o menos constante en el segundo trimestre. La elevación de precios y la disminución del volumen agregado de depósitos de ahorro redujeron el valor real de los saldos monetarios pero, a partir de ese momento, su demanda se sostuvo. En los meses siguientes, como la creación de crédito interno del Banco Central se mantuvo acotada, no hubo exceso de liquidez en pesos que presionara sobre el mercado de cambios.

El alivio de las tensiones monetarias se hizo sentir paulatinamente en la última parte del 2002 y los primeros meses del 2003. El efecto del “corralito” bancario se fue anulando, de modo que el levantamiento de esas restricciones no tuvo consecuencias. Por otra parte, la mayor demanda de

liquidez permitió un aumento de las reservas a un tipo de cambio con tendencia declinante, mientras se interrumpía la emisión de cuasimonedas. A mediados del 2003, el gobierno anunció que rescataría esos papeles. Asimismo, se fue recomponiendo poco a poco la demanda voluntaria de depósitos a plazo fijo, a tasas de interés que bajaron de cerca de un 5% mensual a mediados del 2002 a alrededor de un 1% en junio de 2003. Sin embargo, no hubo recuperación del crédito bancario. Durante el 2002 disminuyó casi un 40% el valor nominal de los préstamos al sector privado que, al final del período, era inferior al 10% del PIB.

En los últimos meses del año, el Banco Central intervino activamente para sostener el precio del dólar, ante el exceso de oferta de divisas. Durante el semestre inicial del 2003, pese a que se relajaron las limitaciones a la adquisición de divisas, se registró una significativa apreciación nominal de la moneda. En junio, el gobierno anunció que aplicaría restricciones al ingreso de fondos de corto plazo.

3.

Evolución de las principales variables

a) La actividad económica

La caída del 10,9% del producto en el 2002 fue la mayor en muchas décadas, y se sumó a las disminuciones experimentadas en los tres años previos de recesión. El PIB del 2002 fue un 18,4% inferior al de cuatro años antes, y menor que el de 1993. Junto con la drástica disminución del volumen de la producción, la brusca depreciación real de la moneda redundó en una merma del valor del PIB a 2.700 dólares per cápita, comparado con máximos superiores a los 8.000 dólares unos años antes.

La disminución del nivel de actividad fue, en el primer trimestre del 2002, mayor a la registrada en la última mitad del 2001 y se constituyó en el piso de la contracción: la actividad agregada registró luego leves pero persistentes incrementos. El estimador mensual de la actividad económica tuvo un incremento de 6,1% en enero-mayo del 2003, en relación con igual período del 2002. Se estima que el PIB podría elevarse a algo más de un 5% en el 2003. La demanda interna se redujo precipitadamente en el 2002. El consumo privado bajó más que el PIB (-15%) y su contracción respondió a la pérdida de ingresos, especialmente en los grupos de menores recursos, al pesimismo sobre el futuro, y a las acentuadas

restricciones de liquidez. Por su parte, la inversión fija se precipitó (-36%) a valores no registrados desde comienzos de los años noventa. Los mínimos se observaron a comienzos del 2002. Más adelante hubo signos de alguna recuperación en la construcción, sobre todo en actividades como reparaciones y mantenimiento, y en la maquinaria producida localmente, especialmente la dirigida al sector agropecuario.

En virtud de la gran reducción del volumen importado (-50%) y del leve aumento del quántum de las exportaciones (0,2%), el saldo del comercio exterior ascendió a más de un 7,5% del PIB a precios constantes. Dada la fuerte suba del tipo real de cambio, el superávit comercial a precios corrientes fue muy considerable: un 15% del PIB. El coeficiente de ahorro nacional a precios corrientes se elevó más de cinco puntos del PIB mientras que el coeficiente de inversión se redujo casi cinco puntos. Esos vuelcos indicaron la gran magnitud de los recursos utilizados en la acumulación de activos externos netos y la intensidad del “sobreajuste” de la economía interna vinculado con esos movimientos.

Hubo bajas difundidas en el nivel de los valores agregados sectoriales. Las actividades primarias registraron disminuciones comparativamente leves. Pese

a la disminución del producto agropecuario en términos agregados, la cosecha de granos de la campaña 2001/2002 constituyó un record. Parte de la cosecha fue guardada por los productores, como medio de ahorrar sin recurrir a los bancos. Se destacó el aumento de la participación de la soja en la cosecha total de granos (a un 40%), tendencia que se prolongó en la campaña 2002/2003.

Los precios de la ganadería vacuna aumentaron respecto de los índices de precios internos, pero disminuyeron respecto de los granos. En el 2002, la faena total se mantuvo cerca de las 11,5 millones de cabezas. Un porcentaje mayor de las ventas de carnes se destinó a la exportación, y hubo avances en el control de la aftosa. La actividad lechera experimentó dificultades por el aumento de costos y la retracción de la demanda interna y de Brasil.

La actividad manufacturera se redujo más de un 10% en el 2002, mientras que la construcción se contrajo un 33%. La baja en la industria manufacturera fue difundida, con excepción de algunos sectores productores de bienes intermedios (siderurgia, papel y químicos, en especial los empleados en la agricultura). Fue particularmente importante la reducción del producto de la industria automotriz, pese al progreso de las exportaciones. La disminución de la actividad manufacturera en su conjunto fue muy intensa en los primeros meses del 2002, por el fuerte impacto de la disminución de la demanda y las perturbaciones financieras. Sin embargo, la gradual normalización de las transacciones internas, la generación de fondos por parte de las empresas y los incentivos de precios para sustituir los productos importados empezaron a surtir efecto a partir de mediados del año.

La recuperación prosiguió en los primeros meses del 2003. En el primer semestre, la producción industrial fue un 17% mayor que la muy reducida cifra del mismo período del 2002. Se observó un alza de gran intensidad, a partir de niveles muy bajos, en actividades sustitutivas de importaciones como la metalmecánica (excluido el sector automotor) y la textil. A ritmos más moderados, se incrementó la producción de bienes intermedios de uso difundido y de materiales de construcción.

En materia de servicios, en el 2002 se registraron bajas apreciables en el comercio y actividades afines (-16%) y, en las actividades de intermediación financiera; también se contrajeron, aunque menos, los sectores de la electricidad y el transporte.

b) Los precios, las remuneraciones y el empleo

En el 2002 se registró un brusco aumento del nivel de precios, que no llegó a convertirse en un proceso inflacionario sostenido. La distribución del alza de precios

estuvo ligada al gran incremento del tipo real de cambio. A lo largo del año, los rubros de productos importados y agropecuarios del índice de precios mayoristas se elevaron cerca de un 200% y un 170%, respectivamente. Los movimientos del índice de precios al consumidor (IPC) fueron menos pronunciados: un 40% acumulado en el año, con variaciones más leves de los servicios. Los precios de alimentos, bebidas e indumentaria se elevaron en torno al 58%, casi veinte puntos por encima del promedio. La atenuación de las variaciones de precios con el tiempo se manifestó en la suba del IPC inferior al 5% anual entre septiembre del 2002 y junio del 2003.

Los salarios nominales se incrementaron mucho menos que los precios. El salario medio de los aportantes al sistema de seguridad social aumentó menos del 9% en el transcurso del 2002. Los ajustes salariales fueron mayores en los sectores productores de bienes que en los de servicios. Durante el año, el gobierno decretó aumentos de salarios de suma fija para el sector privado; aparentemente, el cumplimiento fue parcial. En julio de 2003, el gobierno incrementó el salario mínimo a 250 pesos y planea aumentarlo 10 pesos más cada mes hasta fin de año, momento en el que llegaría a 300 pesos, un 50% superior al de un año antes.

En mayo del 2002, la tasa de desempleo alcanzó su máximo histórico, un 21,5%. En el promedio del año, el empleo se redujo, pese al fuerte incremento del número de ocupados en virtud de planes oficiales a cerca del 4% de la población económicamente activa. Entre esos planes destacó el que asignó un subsidio a jefas y jefes de hogar y llegó a cubrir casi dos millones de personas, algunas de las cuales efectuaron actividades laborales como contrapartida.

Las encuestas efectuadas en octubre indicaron recuperaciones tanto del empleo como de la participación laboral. La tasa de desocupación se redujo levemente, a cerca de un 18%. De todas formas, a lo largo del 2002 disminuyó apreciablemente el empleo formal. En el cuarto trimestre del 2002, los puestos de trabajo declarados al sistema de seguridad social eran casi un 9% inferiores a los de un año antes.

En mayo del 2003 la tasa de desocupación retrocedió al 15,6%, casi seis puntos porcentuales menos que en mayo del 2002.

La disminución del empleo y de las remuneraciones reales, especialmente en términos de la canasta básica de consumo, parcialmente contrarrestadas por la ampliación de los planes de asistencia, trajeron aparejados incrementos apreciables de los indicadores de pobreza e indigencia. En octubre del 2002, casi 14 millones de personas estaban por debajo de la línea de pobreza, de las que 6,6 millones eran indigentes.

En mayo de 2003, había 610.000 personas menos por debajo de la línea de pobreza y 160.000 menos en la indigencia, pero las cifras resultantes seguían siendo elevadas.

c) La evolución del sector externo

El final de la convertibilidad en el 2001 se caracterizó por una muy cuantiosa salida de capitales privados, que superó el financiamiento de emergencia otorgado por los organismos internacionales. En el 2002, especialmente en el primer semestre, luego del colapso del régimen de tipo de cambio fijo, se observaron grandes egresos de fondos privados, mientras que los organismos internacionales exigieron la cancelación de préstamos, y tanto el gobierno como el sector privado acumularon atrasos en el servicio de las deudas. La salida neta de capitales tuvo como contrapartida una reducción de reservas, concentrada en los primeros meses del año, y un considerable superávit en la cuenta corriente, aun contabilizando el conjunto de intereses devengados, cuyos servicios se interrumpieron por la cesación de pagos.

En el 2002 se redujeron los flujos de inversión directa, y se interrumpió la colocación de bonos del sector privado, que acumuló atrasos en los servicios de sus obligaciones, pero también amortizó deudas. Las operaciones del sector privado resultaron en un egreso neto de fondos del orden del 12% del PIB. Alrededor de dos terceras partes de estas salidas se registraron en el primer semestre del año. La acumulación de activos externos por parte de residentes tomó varias formas, incluyendo un apreciable aumento de las tenencias en moneda extranjera. En los últimos meses del 2002 y los primeros del 2003, el saldo neto de los flujos financieros del sector privado siguió siendo negativo, pero su magnitud se moderó apreciablemente.

Las amortizaciones netas de préstamos con organismos internacionales representaron cerca del 30%

del saldo negativo de la cuenta capital en el 2002, y equivalieron a más de 3% del PIB. El sector público no financiero acumuló atrasos en sus servicios de deuda externa por cerca de 8.000 millones de dólares, que se sumaron a los pasivos existentes. La deuda externa del sector público se incrementó levemente, mientras se redujo la del sector privado, de forma que el total disminuyó en cierta medida, aunque se multiplicó varias veces como fracción del PIB.

El valor de las exportaciones se redujo un 3,5%, por la baja de los precios. Parte de esa variación puede haber reflejado una subdeclaración de operaciones, ante la aplicación de derechos de exportación y de requisitos de liquidación de divisas. La disminución de los valores exportados se concentró en los combustibles y los productos manufacturados. Sobre estos últimos operaron efectos contrapuestos: la depreciación de la moneda y la débil demanda interna estimulaban la búsqueda de mercados externos, pero la ausencia de crédito restringía la oferta, y la absorción de bienes por parte de los demás miembros del Mercosur mostraba una retracción. La participación de la región en las ventas totales volvió a declinar, del 28% al 22%, el nivel más bajo en una década. Dentro de las exportaciones de origen agropecuario, se recuperaron las ventas de carnes, merced a la reapertura de mercados y el incremento de la cuota de ventas a la Unión Europea. En cambio, se redujo el volumen exportado de granos, la baja alcanzó tanto a los cereales (trigo, maíz y sorgo) como a la soja, pero creció la exportación de aceites y de subproductos oleaginosos.

El valor de las importaciones cif se contrajo en forma intensa y generalizada. La merma resultó especialmente importante en los bienes de capital y de consumo: alrededor de un 70% en ambos casos. Las compras de equipos se redujeron a poco más de 1.000 millones de dólares, un 15% del valor registrado cuatro años atrás. También se observaron reducciones

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