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Capítulo I. Desarrollos tardíos del discurso académico, género discursivo y

1.2. Género discursivo

1.2.3. Argumentación y recursos de conexión extraoracional

Un marco teórico que complementa y enriquece el estudio de los recursos de conexión extraoracional (véase capítulo II) en los textos analíticos orales y escritos es el que se ocupa de la argumentación. A efectos de organizar este subapartado, en primer lugar, definiremos y caracterizaremos la argumentación; en segundo lugar, nos referiremos a su articulación en el discurso; en tercer lugar, nos centraremos en el concepto de argumentación analítica y su papel dentro del ámbito académico y, en último lugar, comentaremos estudios sobre el desarrollo de la estructura de textos analíticos y su producción por parte de estudiantes universitarios.

Entendemos por argumentación la “actividad de pensamiento” (Plantin, 1998, p. 29) mediante la cual un locutor propone un conjunto de razones –evidencias o grounds–

(Rodríguez Bello, 2004; Toulmin, 1958) orientadas hacia la aceptación de una conclusión –aserción o claim– (Rodríguez Bello, 2004; Toulmin, 1958), con el objetivo de convencer al

interlocutor sobre su pertinencia; por esto último, la argumentación constituye un mecanismo que induce a la modificación del sistema de creencias del interlocutor (Calsamiglia & Tusón, 1999; Plantin, 1998).

Para que una argumentación sea considerada como tal, deben reconocerse en ella las siguientes características: (1) su objeto de interés son temas polémicos o dudosos, que admiten distintos modos de tratamiento; (2) el locutor debe explicitar “una manera de ver e interpretar la realidad” (Calsamiglia & Tusón, 1999, p. 285), por lo tanto, abandona el “terreno” de la neutralidad ideológica; (3) su carácter es intrínsecamente dialógico, por cuanto no solo se centra en el “otro”, sea interlocutor o auditorio, sino también en la oposición de posturas respecto del tema en debate; y (4) su objetivo es influir en el interlocutor, como recién dijimos (Calsamiglia & Tusón, 1999; Leitão, 2001), lo cual resulta incluso más relevante que la exposición y defensa misma de la opinión (Cuenca, 1995) –o aserción–.

Si retomamos la relación inductiva entre evidencias y aserción, que destaca nuestra definición de referencia, nos damos cuenta de que esta nos remite al “modelo de razonamiento entimemático5” (Rodríguez Bello, 2004, p. 4), propuesto por Aristóteles en su

tratado de persuasión Retórica y, en el contexto del siglo XX, al modelo argumentativo establecido por Toulmin (1958). Este segundo modelo resulta fundamental para nuestra investigación porque explica el proceso secuencial de la argumentación en el discurso social y académico (Harada, 2009; Rodríguez Bello, 2004) y, además, constituye uno de los

principales antecedentes del modelo argumentativo que hemos aplicado a nuestro corpus –estructura de la argumentación– (Vilar & Tolchinsky, 2018, 2019).

Dicho esto, describiremos la interrelación de los elementos en el modelo argumentativo de Toulmin (1958) para comentar sobre esta base cómo funciona nuestro modelo argumentativo.

El modelo toulminiano consta de seis elementos que, al vincularse entre ellos, forma una secuencia compuesta por: (1) una aserción (claim) –punto de vista que el locutor defenderá– (véase ejemplo 1), (2) una evidencia (ground) –información o datos que sustentan la veracidad de la aserción– (véase ejemplo 2), (3) una garantía (warrant) – principios que establecen cómo las evidencias aportadas sirven de soporte legítimo a la aserción– (véase ejemplo 3), (4) un respaldo (backing) –hechos, pruebas o datos que respaldan la garantía– (véase ejemplo 4), (5) una reserva (rebuttal) –excepción u objeción de la aserción– (véase ejemplo 5) y (6) un cualificador modal (modal qualifier) –especifica cómo debe interpretarse una aserción y cuáles son sus restricciones– (véase ejemplo 6) (Rodríguez Bello, 2004; Toulmin, 1958) (véase ampliación en apartado 5.3. del capítulo V). Los ejemplos referidos proceden de Rodríguez Bello (2004, p. 14).

5 Su núcleo descansa en el entimema, definido como un silogismo en el que se han suprimido algunas de sus premisas porque se han considerado presupuestas por el oyente en un contexto específico (Rodríguez Bello, 2004).

(1) “-El bachillerato que se imparte en instituciones oficiales es, en general, excluyente”;

(2) “-Un alto porcentaje de egresados de instituciones públicas no aprueban el examen de ingreso a la Universidad.

-La mayoría de los estudiantes que aprueban el examen de ingreso a la Universidad provienen de instituciones privadas.

-Para aprobar el examen de ingreso a la Universidad hay que tomar cursos especiales que son costosos”;

(3) “-La igualdad de oportunidades ha sido un valor entre los venezolanos”;

(4) “-La constitución de la República Bolivariana de Venezuela consagra el derecho al estudio”;

(5) “-A menos que la persona tenga otros intereses”; y (6) “-Debería”.

De todos ellos, el primer trío de elementos –aserción, evidencia y garantía– es considerado el núcleo de la argumentación (Adam, 1992) o lo que Plantin (1998) ha denominado “célula argumentativa” (p. 38), pues el paso de la evidencia a la aserción, a través de la conexión –o justificación– que establece la garantía, contribuye a esbozar la solidez argumentativa (Rodríguez Bello, 2004). Aunque la aceptabilidad de una aserción depende de cuán válidas –o convincentes– son las evidencias, ambos elementos resultarían insuficientes sin la presencia de una garantía que autorice la adhesión a la aserción (Rodríguez Bello, 2004).

El segundo trío –respaldo, reserva y cualificador modal– apoya al núcleo de la argumentación (Adam, 1992). Si bien el respaldo proporciona otros ejemplos, hechos y datos que consolidan aún más la validez de la aserción (Rodríguez Bello, 2004), la función de la reserva y del cualificador modal como soportes de la aserción misma cobran relevancia (Adam, 1992). El modelo argumentativo de Toulmin (1958) parte del hecho de que el proceso argumentativo es consustancialmente dialógico y perfectible. Contempla tanto la propuesta de aserciones como de potenciales refutaciones y grados de matización que estas podrían sufrir (Adam, 1992; Harada, 2009). En consecuencia, las aserciones no se consideran absolutas sino relativas, porque el locutor puede dudar de ellas, atenuarlas hasta modificar su propio razonamiento (Canals, 2007; Harada, 2009) e interpretarlas de diversos modos. Según sea su conocimiento del mundo, asumirá un determinado punto de vista sobre el tema en discusión (Adam, 1992; Rodríguez Bello, 2004).

A sabiendas de que la pertinencia de una aserción es relativa, no es sorprendente –por el contrario, es deseable– que el locutor a través de la reserva se anticipe a objeciones

contrarias a la aserción. No para socavar su validez, sino para fortalecerla a partir de sus limitaciones (Rodríguez Bello, 2004). Basándose en esta operación argumentativa demuestra que es capaz de considerar puntos de vista alternativos para evidenciar sus yerros o probar que no son definitivos y así defender indirectamente la aserción en debate (Harada, 2009). Además de la reserva, el locutor se vale del cualificador modal para expresar el grado de probabilidad con el que debe interpretar una aserción y, en virtud de ello, calificarla como verdadera, probable o incierta (Rodríguez Bello, 2004).

Con base en este modelo argumentativo y en la propuesta de Weinberger y Fischer (2006), Vilar y Tolchinsky (2018, 2019) diseñaron un modelo llamado estructura de la argumentación para analizar la argumentación en el contexto académico. Tal estructura constituye una compleja secuencia de movimientos argumentativos, formados por los componentes del modelo toulminiano: un núcleo –aserción– y su complemento –aquí se analizan la evidencia, la garantía, el respaldo, la reserva y el cualificador modal– (véase ejemplo 7), y movimientos no argumentativos que contienen preguntas retóricas, datos o evidencias no relacionados directamente con una aserción, datos o evidencias complementados por la apreciación del participante, reflexiones generales sobre el tema en debate y comentarios que aluden a la organización textual (Vilar & Tolchinsky, 2018, 2019) (véase ejemplo 8) (para ampliar información, véase apartado 5.3. del capítulo V).

(7) considero [% inicia con mayúscula].

que la educación superior si [: sí] es un medio. para promover la igualdad social,. (aserción)

ya_que las personas que reciben este tipo de educación pueden formular criterios,

juicios de valor,.

además las personas que reciben este tipo de educación pueden llegar al mismo nivel.

que una persona profesional,.

pueden rodearse [: rodear~se] con todo tipo de personas. por su conocimiento obtenido (.). (evidencia) [GAEscritoA] (8) la [% inicia con mayúscula] educación superior debe velar.

por_que [: porque] el profesional que se está formando, sea un buen profesional,.

que ame su trabajo,.

que no esté en ese puesto solo por el dinero. que puede obtener del empleo (.). [GAEscritoA]

En el contexto de los movimientos argumentativos, la articulación de lo que Plantin (1998) ha denominado “célula argumentativa” (p. 38) y su desarrollo suele marcarse mediante marcadores discursivos6.

Algunos de ellos pueden introducir aserciones –o claims– (p. ej., en mi opinión,

desde mi punto de vista, pienso, a mi entender, etc.) y así informan sobre el tipo de texto en

el que comparecen (Katzenberger (2004) (p. ej., expositivo, argumentativo, narrativo, etc.). Otros señalan la orientación argumentativa7 entre enunciados –o cláusulas– (Portolés,

2007) y, por ello, acostumbran a introducir el complemento que justifica una aserción. De esta manera, si la orientación argumentativa de la aserción y su complemento se mostrara a favor del tema en debate, se marcaría con recursos del tipo asimismo, igualmente e

inclusive; si fuera contraria, se marcaría mediante recursos del tipo no obstante, sin embargo, ahora (bien), por el contrario, en cambio y antes bien; si fuera equilibrada se

marcaría mediante recursos distributivos como en parte…en parte; de un lado…de otro

lado, etc. y si fuera de balance/conclusión se marcaría por medio de recursos como en síntesis, en resumen, en conclusión, en definitiva, etc. (Cuenca, 1995; Portolés, 2014; Vilar

& Tolchinsky, 2018, 2019).

Pero también los recursos de conexión extraoracional organizan las cláusulas que conforman el complemento según su fuerza o “peso” argumentativo sea menor, mayor o aumentado “en grado sumo” (Portolés, 2007, p. 267), con lo cual forman escalas argumentativas crecientes a través de recursos como encima, es más, además e incluso y decrecientes a través de recursos como eso sí y ni siquiera (Portolés, 2007).

6 A partir del subapartado 2.1.1. del capítulo II emplearemos este término para referirnos a lo que en este capítulo llamamos recursos de conexión extraoracional.

7 Dos o más enunciados pueden encontrarse coorientados, si se encaminan hacia una misma

dirección (p. ej., “Juan es inteligente y, además, trabajador. Encontrará trabajo”, Portolés, 2001, p. 91) o antiorientados, si toman una dirección opuesta (p. ej., “Damián es un inmigrante, pero tiene

derecho a recibir un salario digno”, Portolés, 2014, p. 261) (véase ampliación en apartado 2.2. en capítulo II).

Asimismo, la articulación del complemento, que en nuestro modelo argumentativo contiene desde la garantía hasta el cualificador modal, suscita el uso de recursos de conexión extraoracional para: (1) expresar relaciones consecutivas (p. ej., en consecuencia,

por (lo) tanto, por consiguiente, entonces, así (pues)) y contraargumentativas (p. ej., no obstante, sin embargo, en cambio, etc.); (2) ordenar el discurso (p. ej., en primer/segundo/tercer lugar, por otro lado, para terminar, etc.); (3) ejemplificarlo (p. ej., por ejemplo, en particular, en concreto, etc.); (4) reformularlo (p. ej., es decir, esto es, en otras palabras, a saber, dicho de otro modo, por así decir, etc.); (5) reafirmarlo (p. ej., de hecho, en efecto, sin duda, por supuesto, claro, desde luego); (6) subjetivarlo (p. ej., hasta cierto punto, en parte, en cierta forma, a lo mejor, por suerte, por dicha, por desgracia, etc.)

(Cuenca, 1995; Fuentes & Alcaide, 2007; López Serena & Borreguero Zuloaga, 2010); y (7) destacar parte del contenido informativo de una cláusula (p. ej., también, incluso, ni siquiera,

ante todo, etc.).

Habiéndose examinado la articulación entre los movimientos argumentativos y los recursos de conexión extraoracional en nuestro modelo, en el próximo subapartado nos centraremos en el concepto de argumentación analítica.