Capítulo I. Desarrollos tardíos del discurso académico, género discursivo y
1.2. Género discursivo
1.2.2. Tipos de textos asociados al discurso académico
En este subapartado nos enfocaremos en los tipos de textos vinculados al discurso académico. En términos generales, los describiremos y luego nos detendremos en la naturaleza y funcionamiento de uno de ellos: los textos analíticos. Ello servirá como antecedente para ampliar en el subapartado 1.2.4. las características discursivas de un tipo de texto analítico: la argumentación analítica, por ser este el tipo de texto que examinamos en este trabajo.
Dentro de la tipología textual, considerada prototípica del discurso académico, destacan las categorías personal, factual y analítica, que representan el creciente desarrollo de la cultura letrada (Martin, 1989, citado en Schleppegrell, 2004). En los primeros años
escolares, los usuarios producen textos centrados en una experiencia personal (p. ej., relatos y narraciones). En esta etapa, los relatos –basados en una secuencia de
eventos– constituyen un prerrequisito para el desarrollo de una narración completa, cuyos elementos medulares constan de una situación inicial –contextualización de la historia y presentación de personajes–, una complicación –conflicto que desequilibra la situación inicial– y una resolución –evento que reestablece el equilibrio de la situación inicial– (Adam, 1985).
El tipo de narración personal se caracteriza por orientarse a personas –o protagonistas–, en sus acciones específicas, estados mentales y motivaciones dentro de
un marco temporal (Berman & Nir-sagiv, 2007; Camargo & Hederich, 2010; Schleppegrell, 2004), lo que les demanda a los usuarios menos experiencia en la estructuración textual, ya que los eventos mismos imponen el orden en el cual se despliegan (Schleppegrell, 2004).
A medida que los usuarios avanzan en el desarrollo de la cultura letrada, incursionan en la producción de textos factuales y analíticos. Los factuales se basan en dar instrucciones o en describir procedimientos –reportes– (Schleppegrell, 2004) o estados para dar cuenta de forma organizada y completa de las características del mundo natural y social (Calsamiglia & Tusón, 1999), mientras que los analíticos se centran en el análisis y en la argumentación –textos expositivo y argumentativo– y, por este motivo, requieren una organización lógica y un razonamiento causal (Schleppegrell, 2004).
Un distintivo de los textos factuales y muy particularmente de los analíticos en relación con los personales reside en su “afiliación” a la modalidad de pensamiento paradigmático. Esta modalidad de pensamiento se distingue por: (1) estructurar el conocimiento por medio de conceptos y, a partir de ellos, establecer relaciones jerárquicas o causales, que en términos discursivos se expresa a través de descripciones y explicaciones de carácter teórico; (2) descubrir las causas generales de los fenómenos, para lo cual se apoya en un razonamiento inductivo o deductivo, que se supeditará a pruebas lógicas o empíricas y se enunciará a través de un discurso “regulado por principios de coherencia y no contradicción” (Camargo & Hederich, 2010, p. 335), lo que redunda en la proposición de un punto de vista y su defensa mediante razones convincentes; y (3) representar el mundo de forma objetiva e invariable (Camargo & Hederich, 2010, 2011), por cuanto “la realidad se formaliza mediante expresiones lo más precisas, literales y formales” (Camargo & Hederich, 2011, p. 139).
Ahora, veamos, cómo operan algunos de estos rasgos en cada uno de los textos analíticos, siguiendo la terminología de Schleppegrell (2004). Por un lado, el texto expositivo transmite “la experiencia y el saber científico y cultural de una comunidad” (Montolío, 2000, p. 49) de forma comprensible, lógica y jerárquica, es decir, de lo más general y simple a lo más particular y difícil (Katzenberger, 2005; Montolío, 2000; Regueiro & Sáez, 2013). Para lograr este objetivo, el hablante/escritor debe crear en la mente del oyente/lector una estructura temática (Britton, 1994; Tolchinsky et al., 2005) que le posibilite extraer relaciones lógicas para reconstruir su contenido (Regueiro & Sáez, 2013). Esta estructura temática consta de tres movimientos básicos: (1) la apertura del texto contiene una idea general que funciona como eje organizador o núcleo de todo el flujo informativo; (2) la adición de subtemas y su desarrollo (Britton, 1994; Katzenberger, 2004, 2005) mediante definiciones, ejemplos, justificaciones, explicaciones, reformulaciones, comparaciones, etc. (Calsamiglia & Tusón, 1999; Montolío, 2000; Tolchinsky et al., 2005); y (3) el cierre del texto que concluye o resume la información considerada más importante (Britton, 1994; Katzenberger, 2004, 2005).
Por otro lado, el texto argumentativo proporciona pruebas fehacientes en relación con un tema particular para defender un punto de vista y así convencer a los otros sobre su certidumbre (Regueiro & Sáez, 2013). Para alcanzar este propósito, los hablantes/escritores deben conocer ampliamente un tema, a fin de poder posicionarse en relación con él, esto es, por un lado, formular ideas apoyadas en evidencias concretas, pero, por otro, explorar ideas contrarias que se anticipen a potenciales objeciones y con base en ello emitir qué han concluido de este proceso dialéctico (Jamaludin, Chee & Ho, 2009; Leitão, 2001).
Por pertenecer los textos expositivos y argumentativos a la categoría analítica comparten características lingüísticas y discursivas (p. ej., principio de organización textual, contenido temático, Ravid & Tolchinsky, 2000), a las que nos referiremos de seguido.
A pesar de que los textos expositivos y argumentativos tienen propósitos comunicativos diferentes son similares en cuanto a los siguientes aspectos: (1) orientación hacia una conclusión, en el sentido de que en ambos tipos de textos la información conduce al destinatario hacia el resultado que interesa. En el caso del texto expositivo es el planteamiento de soluciones a problemas de conocimiento (Montolío, 2000, 2014); en el caso del texto argumentativo es la adhesión de otros acerca del punto de vista defendido (Plantin, 1998); (2) abordaje temático que se centra en temas abstractos, conceptos, principios e ideas. En ambos tipos de textos, el tratamiento del tema se caracteriza por la objetividad de la información, la univocidad de términos y la demostración, que en el texto expositivo se ejecuta mediante la veracidad de la información cuando se explica un problema (Montolío, 2000; Regueiro & Sáez, 2013) y en el texto argumentativo por medio de razones que sustentan un punto de vista; (3) principio de organización similar. La estructura retórica de ambos tipos de textos parte de un núcleo que subordina el resto de la información. Por ejemplo, en el texto expositivo la idea principal o general actúa como núcleo y toda la información posterior debe girar en torno a ella (Britton, 1994; Katzenberger, 2004, 2005); en el texto argumentativo, la aserción –o punto de vista– constituye el núcleo y sus componentes deben trabajar en función de él para sustentarlo, rechazarlo o matizarlo (Tolchinsky, Aparici & Rosado, 2017; Vilar & Tolchinsky, 2018, 2019; Weinberger & Fischer, 2006); y (4) recursos lingüísticos. En ambos tipos de textos es frecuente el uso de sintaxis compleja, nominalizaciones, voz pasiva, vocabulario de baja frecuencia y conexión extraoracional (Aparici, 2010; Nippold, 1998, 2004; Montolío, 2001).
Vemos así que a través de los textos analíticos construimos razonamientos, justificamos puntos de vista o disentimos de ellos (Vilar & Tolchinsky, 2018, 2019), con lo cual transmitimos y ampliamos conocimiento en un área disciplinar (Yúfera, 2014). Por consiguiente, los textos analíticos se consideran el arquetipo sobre el que descansa el discurso académico (Montolío, 2000) y su dominio constituye una herramienta vital para el éxito en la academia, sobre todo, en la última etapa de la educación secundaria y durante toda la educación superior (Schleppegrell, 2004; Uccelli et al., 2013). De hecho, la escritura de textos analíticos es utilizada como métrica de evaluación para ganar la admisión a la universidad (Schleppegrell, 2004) y los primeros cursos de escritura en este nivel de educación se enfocan en el aprendizaje de sus características lingüísticas y discursivas (Yúfera, 2014).
En el próximo subapartado nos detendremos en un aspecto relacionado con los textos analíticos: la argumentación como habilidad de pensamiento (Canals, 2007). Esta juega un papel clave tanto en el modelo argumentativo llamado estructura de la argumentación como en la constitución del tipo de texto al que hemos llamado argumentación analítica, los cuales serán comentados en los próximos subapartados.