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Arquitectos e ingenieros: un ingeniero con inclinaciones de arquitecto

Al ser un agente educado profesionalmente, los ingenieros y arquitectos aplican los conocimientos adquiridos en las aulas en las obras que ejecutan una vez que finaliza su formación, obras que son, al menos se espera, de mejor calidad del resto de la producción. Las instancias educativas preparan a los profesionales de acuerdo con las expectativas del sector donde serán reconocidos. Es por eso que los profesionistas se integran laboralmente y se interconectan con quienes les procurarán trabajo que es a la vez los que promueven su educación. No es al todo social donde se integran los profesionales. Bajo esta perspectiva ¿cual es el grupo social que demandaba la formación de ingenieros? ¿cual era su campo de acción? ¿qué era ser ingeniero cuando Alberto J. Pani se educó y terminó su carrera?

Ya a mediados del siglo XIX las ingenierías eran reconocidas socialmente por las varias ramas productivas donde se desarrollaban; en la construcción de caminos y puentes, en el levantamiento topográfico para los deslindes de terrenos, la explotación de las minas y la construcción de edificios civiles de cierta envergadura. Los ejércitos contaron entre sus filas con ingenieros militares y en 1844 el Ayuntamiento de la ciudad de México creó la plaza de ingeniero civil86. La presencia de estos profesionales por todo el país, y una vez terminadas las intervenciones de los estadounidenses, los franceses y las luchas internas entre conservadores y liberales, fue cada vez más solicitada debido al proceso de modernización tecnológica implementado en las ramas productivas. Las haciendas, sea cual fuera su giro productivo, comenzaron a importar maquinarias de vapor, y más tarde eléctricas, para ser más competitivas y expandir su producción para lo cual necesitaron de la competencia de un ingeniero o profesionista especializado en el ramo. Lo mismo aconteció con las industrias que iban instalándose por el territorio y con el proceso de trasformación de las ciudades, de clericales a liberales87.

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Rosa Aurora Baños López, Formación Académica y Obra Arquitectónica de los Ingenieros-Arquitectos (AASC) y de los Ingenieros Civiles (ENI) en la ciudad de México (1857-1910), Tesis para obtener el grado de Doctora en Historia del Arte, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 2005, p.66

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La expropiación de los bienes de la iglesia a raíz de la aplicación de las Leyes de Reforma culminó el proceso de modernización de las ciudades en México. Muchos claustros se derribaron, otros se

La demanda de profesionistas capaces y preparados en las distintas ramas de la ingeniería fue cada vez más fuerte, lo que llevó al colegio de Minería, principal institución de formación de ingenieros, a ofrecer otras carreras afines. Entre 1855 y 1864 se abrieron las carreras de ingeniero topógrafo, de minas, beneficiador de metales, ingenieros geógrafos y ensayador. Estas medidas se hicieron necesarias también por el arribo de ingenieros extranjeros y ante la aparición de “charlatanes” y maestros de obras improvisados como ingenieros.

La contratación de Javier Cavallari para dirigir la sección de arquitectura en la Escuela de Bellas Artes es una de esas medidas para subsanar a mediados del siglo XIX el déficit de profesionales en ingeniería civil. El Doctor Cavallari creo la carrera de ingeniero civil-arquitecto dotándola de materias científicas como la mecánica racional, la física, la química inorgánica y las pertinentes para construir los nuevos géneros arquitectónicos de la modernidad como las estaciones de ferrocarril, la topografía entre ellas. La estética de las bellas artes e historia de la Arquitectura explicada con los monumentos fue otra de las materias que introdujo y con ella se terminó el dominio del lenguaje clásico en la arquitectura familiarizando a los arquitectos-ingenieros con el eclecticismo.

La medida más radical e influyente del siglo XIX fue la Ley de Educación Pública de 1867 expedida en el gobierno de Juárez que separaba las carreras de ingeniería y arquitectura dándole mayor apoyo a la primera. Desde entonces fue evidente la distinta formación entre los profesionistas y la supuesta rivalidad entre ellos, así como la ambigüedad de sus campos de acción para la sociedad.

La Asociación de Ingenieros Civiles y Arquitectos formada en 1868 es el reducto donde se conciliaron las profesiones de ingenieros y arquitectos ya que fue integrada por quienes se habían educado en esta dualidad, producto del plan de estudios de Cavallari. Como asociación se creó para:

refuncionalizaron como viviendas, escuelas u hospitales y en la mayoría de los casos en los terrenos baldíos se edificaron obras de nuevos géneros como comercios, hoteles, tiendas departamentales, teatros o modernas residencias. Este proceso fue acompañado con la introducción de infraestructura como redes de agua potable y alcantarillado, la apertura de nuevas calles, pavimentos, banquetas e iluminación pública. Estos cambios desaparecieron casi por completo lo que caracterizó a las ciudades virreinales, los grandes conjuntos conventuales, atrios y edificios de la administración clerical, por lo que la fisonomía y el funcionamiento de las ciudades a partir de entonces fueron otros. Véase el capítulo “De la ciudad clerical a la ciudad liberal” en Afirmación del Nacionalismo y la Modernidad, op. cit., p.p.86-92

“contribuir al progreso de la Ingeniería de carácter civil y de la Arquitectura en todas las formas posibles, fomentar la fraternidad y las buenas relaciones entre sus miembros y procurar el mejoramiento moral y material de los mismos; por lo tanto no es sociedad de naturaleza comercial, porque no trata de obtener lucro alguno ni ejecutar actos de comercio” 88

Los discursos de inauguración de la Asociación dejan entrever su objetivo. Más que “fomentar la fraternidad”, que la había, su preocupación fundamental fue defender su campo de trabajo, pues a su parecer no eran tomados en cuenta ni por el gobierno ni por la iniciativa privada cuando había un sin fin de obras en las que podían participar. Sabían que su educación y sus conocimientos eran claves para la construcción de las obras que el país necesitaba. Al leer sus discursos -no se sabe a bien si hablaban como arquitectos o ingenieros- llama la atención los términos desilusionado sobre la situación de la arquitectura, mismos que confirman el “repliegue de los arquitectos”89 ante la embestida de las ingenierías y del éxito de éstas a nivel mundial. Hay que tomar en cuenta que la inauguración de esta Asociación se produce al año siguiente que Juárez declara la separación de las carreras, instruyendo que los estudios de ingeniero civil se realicen en la Escuela Nacional de Ingeniería, mientras que los de Arquitectura se efectúen en la Escuela Nacional de Bellas Artes90.

Era lógico entonces que los arquitectos-ingenieros se agruparan en una Asociación y a través de ella defendieran sus intereses. Unidos se presentarían al gobierno republicano que era el agente de la producción arquitectónica que a su parecer debía emplearlos para emprender con él las grandes obras por realizarse; los ingenieros civiles y arquitectos estuvieron al pendiente de las empresas gubernamentales para participar en ellas. Sus pláticas, conferencias, debates y cálculos de las obras que se publicaron en los Anales de la Asociación de Ingenieros Civiles y Arquitectos durante todo el tiempo de vida de la agrupación, giraron en torno las principales preocupaciones constructivas del país. Defendieron y se apropiaron del trabajo con la demostración de que ellos sabían hacerlo mejor que otros, como así fue.

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Proyecto de estatutos de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, art. 3, cap.1, pag. 7

89

Afirmación del nacionalismo y la modernidad, op. cit. p. 99-101

90

Manuel Francisco Álvarez, Quincuagenario. Recuerdo histórico de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos, México, s/e, 1918, p. 37

En el inicio de esta Asociación no había fines políticos, hasta se evitó que entre los integrantes de la mesa directiva hubiera políticos o personas ligadas al gobierno, con el pasó del tiempo este criterio cambió. Dirigieron la Asociación presidentes municipales, miembros del Ayuntamiento, secretarios de fomento que sin dudas proporcionó trabajo. No es de extrañar que la Asociación haya cumplido cincuenta años de vida y que sus acciones más notables en ese tiempo hallan estado en las empresas del gobierno, dicho en sus palabras, en la construcción del México moderno. Su filial adhesión no fue crítica sino colaboracionista. Participaron con lo que ellos tenían, sus conocimientos científicos, argumentos razonados y analíticos, comparando propuestas e indicando la conveniencia de ellas tanto en su aspecto científico como económico. El agente gobierno, por su lado, participaba como promotor de las obras y algunas veces, aunque pocas, como su constructor.

Al paso de los años la Asociación fue uno de los círculos políticos e intelectuales más influyentes en la construcción del mundo moderno mexicano. Además de ingenieros civiles y arquitectos, la Asociación admitió entre sus filas a ingenieros formados en otras ramas como topógrafos, de minas, agrónomos etc. Para 1918 había un total de 373 miembros de los cuales 68 eran Arquitectos, Agrónomos 4, Ingenieros Civiles 162, Geógrafos 8, Electricistas 3, Industriales 2, Mecánicos 2, Militares 3, de Minas 64, de Montes 1 y Topógrafos 96; del total, 40 tenían doble profesión y por eso es que el número de miembros era de 373. Alberto y Arturo Pani ingresaron a ella en 1905 y su hermano Camilo en 191591.

Si bien la Asociación no es el único referente sobre el comportamiento de las profesiones dedicadas a la construcción, si constituye un buen indicativo acerca de la importancia social de las ingenierías con respecto a la arquitectura. Como se expresó, los arquitectos e ingenieros civiles fueron una sola profesión hasta 1868. De ahí en adelante corrieron distintas suertes y según refieren los estudios sobre ambas carreras la de ingeniería contó con un apoyo más decidido que la de arquitectura. Mientras que a la arquitectura se le siguió considerando como parte de las Bellas Artes y en ese sentido se le vio como una disciplina en consonancia con el aprendizaje del dibujo, de los cánones clásicos y principios teóricos en relación a la belleza, a su expresión plástica y a su

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composición, a la ingeniería civil, que es la que nos ocupa, y en general las ingenierías adquirieron una presencia social incuestionable gracias a los conocimientos científicos de los egresados y a lo práctico de la profesión. Esta disciplina, más que la Arquitectura, fue relacionada con los conceptos de progreso y modernidad.

“Hoy, en resumen, la Ingeniería, como profesión de engrandecimiento y de prosperidad para los pueblos, es el Deus ex machina simbólico, que agigantándose en su lucha pujante con las dificultades, va a la cabeza de los factores del progreso, sembrando donde quiera el adelanto, brindando la fraternidad y el consorcio, rompiendo las tramas de la rutina y dominando bajo la majestad de su imperio sin límite, las fuerzas todas de la Naturaleza.” 92

Al representarse derivada de la modernidad industrial, la ingeniería civil fue una de las disciplinas más demandadas entre los jóvenes porfirianos, pues no había duda de su potencial como fuente de trabajo ni del beneficio social que llevaba su práctica. Los ingenieros dominaban a la Naturaleza para extraer de ella la energía que necesitaba el hombre para vivir mejor. Entre esas fuerzas estaba la estática con la cual se levantaban las grandes edificaciones, por lo que su campo de acción también incluía la edificación de espacios habitables, o sea, la Arquitectura.

En efecto, los ingenieros también construían obras arquitectónicas. Realizaban esta actividad no porque “dragonearan la profesión”, como diría Nicolás Mariscal en 190193, sino porque estaban preparados para ello, por eso, socialmente la Arquitectura era concebida como parte de la ingeniería.

“Desde cierto punto de vista, la arquitectura es una rama de la ingeniería, puesto que utiliza las fuerzas y materiales de la Naturaleza para satisfacer la necesidad de hogar seguro y confortable y de edificios adecuados para diversos usos, que experimenta el hombre civilizado. A la vista de todos esta como en el curso de los siglos viene ella llenando esa importantísima función, aunque pocos se den cuenta de los progresos que en este sentido van realizándose, principalmente en lo que toca a la higiene de los edificios, hoy tan adelantada y que es tan indispensable para la prevención de enfermedades y la disminución de la mortalidad.

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Discurso leído en el Tercer Concurso Científico Mexicano, el martes 27 de noviembre de 1900, en representación de la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos, por el ingeniero civil y arquitecto Manuel Torres Torija, en El Arte y la Ciencia, vol. II, febrero de 1901, núm. 1, pp. 171-175

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Nicolás Mariscal, “El desarrollo de la Arquitectura en México, 1901”, en Nicolás Mariscal. Arquitectura, arte y ciencia, Louise Noelle, editora, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Nacional de Bellas Artes, 2003, p.14

“Pero desde otro aspecto es la arquitectura puramente una de las bellas artes. Y no obstante, aun por este concepto, existe una estrecha relación entre la arquitectura, la ingeniería y la civilización.” 94

Las razones por las que Alberto J. Pani eligió la carrera de ingeniería en lugar de arquitectura confirman cómo eran apreciadas estas profesiones en el medio social. Según lo expresado, Alberto arribó a la capital en el año de 1896 para estudiar medicina, carrera que en menos de un año abandona al darse cuenta de que no era su vocación. Prefiere la de arquitectura debido a que siente una “natural inclinación por las matemáticas y el dibujo”, sin embargo, “Chucho Contreras [Jesús F. Contreras] me disuadió de ese intento haciéndome una desconsoladora pintura de la Academia de San Carlos y de su profesorado. Me pasé entonces a la Escuela Nacional de Ingenieros” 95

La desconsoladora pintura que Contreras dibujó a su joven paisano y amigo probablemente se debía al poco trabajo que entonces, 1896, tenían los arquitectos en la edificación del espacio urbano, a que teóricamente no se consolidaban los principios de su práctica y a que el profesorado, como era común en los Institutos Científicos y Literarios, estaba conformado por viejos científicos cuyos conocimientos academicistas parecían más barreras al progreso que herramientas útiles a la sociedad. Por otro lado la Arquitectura, como las otras artes plásticas “no garantizan, en México y en aquellos años, un seguro porvenir”, aspecto que complementaba la “desconsoladora” imagen que Contreras trasmitió al joven aguascalentense.

Lo que le alentó al estudio de la ingeniería fue pensar “como sucedió en efecto, que en el ejercicio de tal profesión, conociendo la técnica constructiva y estudiando siempre, le será posible desviar sus actividades hacia la arquitectura"96 Hay que tener presente, por otro lado, que Julio Pani, padre de Alberto, fue también ingeniero civil educado en Paris y aunque no se sabe qué tanto ejerció la profesión -todo parece indicar que no lo hizo- entre sus amigos cercanos figuraron ingenieros y arquitectos de la talla de Ramón Ibarrola, quienes influyeron en los hermanos Pani Arteaga para que optaran por

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Alejandro Ruiz Cadalso, profesor de Geodesia y Topografía, Sección de Tecnología, en El Arte y la Ciencia, vol.XI, núm 9, marzo de 1910, pp 241-243

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Alberto J. Pani, Apuntes Autobiográficos, op. cit., p.40

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alguna rama de la ingeniería. Fue más la imagen social del ingeniero la que determinó el futuro de los hermanos y no una cuestión de tradición de continuar la carrera ejercida por el padre, o tal vez fue ambas situaciones.

Es así como Alberto J. Pani se inserta de lleno al mundo de los ingenieros y arquitectos, uno de los agentes de la producción arquitectónica más influyentes en la edificación del mundo moderno.

3.2.1 “Composición arquitectónica” en las obras de Ingeniería.

Para señalar porqué los ingenieros estaban preparados para el ejercicio de la arquitectura no hay más que comparar los planes de estudios de las carreras y el profesorado que los impartían en la época que Pani estudió

Desde el primer año de Ingeniería civil era obligado el curso de “dibujo arquitectónico y de máquinas”. Esta materia educaba a los alumnos en la expresión gráfica; su objetivo era que aprendieran a dibujar planos a la pluma seca y con lavados en tinta china, que supieran aplicar la técnica del sombreado, la aguada y conocer los límites expresivos de la pluma y el grafio, en suma, que los alumnos se adiestraran en el uso de los utensilios de dibujo. Para ello copiaban ornatos de edificios o de alguno de sus elementos, los órdenes clásicos y las fachadas completas de edificios con sus respectivas plantas. Todo encaminado a dar soltura a la mano en el dibujo, único medio de expresión pero también a dotarlos de sensibilidad para apreciar los elementos arquitectónicos que garantizaban la belleza. Esta materia se impartía los tres primeros años consecutivos de los cuatro que comprendía la carrera97.

En arquitectura también se aprendía dibujo arquitectónico en el primer año para continuar con trazo de sombras, perspectiva y esterotomía en segundo año, estilos de ornamentación en el tercero, flora ornamental y composición de ornato en el cuarto, para finalizar con dibujo de material, y acuarelas en el quinto y último año. Estas materias eran equivalentes a los tres cursos de dibujo arquitectónico de los ingenieros por lo que en este sentido su formación era semejante.

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“Consistía la clase en copia de los ordenes clásicos, de molduras y cornisas, de elementos de fachadas y de fachadas completas de edificios notables. Gradualmente aumentaba la dificultad durante los tres años en los que se daba el curso. Todos los dibujos debían ser entintados, cuidando bien los perfiles, y lavados con aguadas planas que el profesor (Antonio Rivas Mercado) exigía fueran muy pálidas: apenas marcadas las sombras y dado un color al conjunto” Pani, Arturo, “Ayer”, en Pani Arturo, Tres relatos de sabor antiguo, op. cit., p..239

En ambas carreras se impartía Composición Arquitectónica. Para los ingenieros era una materia del cuarto y último año. Su finalidad era la de “dar algunas nociones generales sobre la composición de los edificios, atendiendo a las tres condiciones especiales: comodidad, solidez y belleza y desarrollando en esta última las ideas de proporción, decoración y estilo.” 98

Como ejercicio final los futuros ingenieros desarrollaban en plantas, cortes y fachadas, el conjunto y los detalles de grandes edificios como estaciones de ferrocarril, puentes, acueductos, faros, aplicando también las ideas de disposición y distribución que eran las cualidades que garantizaban la comodidad de los mismos.

“En todos estos estudios se procurará que los alumnos sigan un estilo sencillo, pues no hay que olvidar que el objeto de este curso es únicamente dar al ingeniero civil ciertos conocimientos de arte para que las construcciones que ejecute no carezcan de belleza” 99

Además de la belleza, en la materia se pretendía la comodidad relacionándola con la disposición y distribución del edificio. Se indicaba que toda edificación debía ser cómoda, sólida y bella, lo que da cuenta que los conceptos teóricos arquitectónicos eran aprendidos y empleados por los ingenieros tal y cual lo hacían los arquitectos; lo que demuestra que la formación de los alumnos en ambas carreras no era muy diferente. Esto sucedió en mucho porque quienes impartían las asignaturas de dibujo y composición arquitectónicos eran arquitectos reconocidos que estaban a la vanguardia teórica leyendo y aprendiendo de los tratadistas franceses más avanzados del momento.

Los arquitectos Antonio Rivas Mercado, Guillermo de Heredia, Emilio Dondé, Ramón Agea, Antonio M. Anza, fueron profesores de esta materia y la importancia de