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(1) “Hacían el baile de ordinario en los patios de los templos y casas reales que eran las más espaciosas, ponían en medio del patio, dos instrumentos, uno de hechura de atambor (huehuetl) y otro de forma de barril (teponaztli), hecho de una pieza y hueco por dentro, puesto sobre una figura de hombre o de otro animal que le mantenía a cuestas, y otras veces sobre una columna. Estaban ambos de tal modo templados que hacían muy buena consonancia, hacían con ellos diversos sones, para los cuales habían muchos cantares, que todos a una iban cantando y bailando con tanto concierto que no discrepaba uno de otro, yendo todos a una, así en voces como en el mover de los pies, con tanta destreza que ponía admiración al que los veía. El modo y orden que tenían en hacer su baile era ponerse en medio, donde están los instrumentos, un montón de gente que de ordinario eran los señores ancianos, donde con mucha autoridad y casi a pie quedó bailaban y cantaban. Después salían de dos en dos los caballeros mancebos bailando más ligeramente, haciendo mudanzas con más altos que los ancianos, y haciendo rueda ancha y espaciosa se ponían en medio a los ancianos con los instrumentos. Sacaban en estos bailes las ropas más preciosas que tenían, joyas y preseas de plumas ricas, según el estado de cada uno. Ponían tanto cuidado en hacer bien estos bailes que desde
niños los imponían en ellos, teniendo lugar y tiempo señalado para enseñarlos, dándoles ayos que los recogiesen por toda la ciudad, y maestros que los enseñasen…”
Códice Ramírez, manuscrito del siglo XVI intitulado Relación del origen de los indios que habitaban
esta Nueva España, según sus historias, Ed. Innovación, México, 1979, pp. 119-120.
(2) Guízar Sahagún, Bernardo, La Religión en el caminar del pueblo indígena, Monografía inédita, Tecozautla, Diócesis de Tula, Hgo., México, 1986.
(3) Información popular
(4) Guízar Sahagún, Bernardo, La Religión en el caminar del pueblo indígena, Monografía inédita, Tecozautla, Diócesis de Tula, Hgo., México, 1986.
(5) Zaragoza Lara, Emilio, La danza Azteca-chichimeca, Monografía inédita, CRPT, México, 1986. (6) Revuelta, Manuel, Introducción a los Salmos en la Biblia de Jerusalén, 1967.
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EMILIO ZARAGOZA
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DUALIDAD
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Sabemos, por la simple observación, que existe un orden en el mundo y en nuestra vida. Esta armonía encuentra su basamento en dos elementos primordiales: lo masculino y lo femenino. A esto se refiere el concepto de dualidad, es decir, a dos elementos distintos que se complementan a los dos rostros que tiene la realidad.
Clarificar este concepto a partir de los aportes que durante miles de años han elaborado nuestros *antepasados es para los *agentes de pastoral una urgencia, si de verdad se quiere dar el justo valor que tiene la revelación presente en la historia de nuestro pueblo y si, además, se quiere evangelizar teniendo en cuenta los moldes culturales y mentales de nuestro pueblo.
Nuestros ancestros concebían a Dios “como padre” y “como madre”. A esta realidad le llamaban Ometéotl. Además, concibieron su mundo cifrado en la dualidad. Dedicaban un templo a la masculinidad (el *sol) y otro a la feminidad (la luna); el tlatuani (el que tenía la palabra para gobernar) no regía solo al pueblo, tenía su contraparte cihualcóatl, con quien dialogaba para decidir. En las celebraciones y fiestas hacían dobles movimientos, dos cruces o dos incensaciones. Los mismos nombres son duales: *Quetzal-coátl, Tezcal-tlipoca. En una escena pictografiada en el Códice Fejervary aparece la *cruz que representa los cuatro rumbos que hay en el mundo y en ellos se encuentran representaciones duales; y tanto en los anales como en las escenas que están talladas en las piedras de los templos vemos siempre la dualidad.
Como nosotros descendemos de quienes entendían la vida así, mantenemos actualmente costumbres y estilos de vida que reflejan la concepción dual de nuestra existencia. Por vía de ejemplo: cuando ponemos las ofrendas de Todos Santos colocamos las cosas por pares: dos ceras, dos platos de comida, dos montones de fruta, etc. Cuando hacemos oración siempre procuramos rezar “un padrenuestro” y “un avemaría”; y en muchas de las expresiones de la religión de nuestro pueblo vemos claramente cómo se manifiesta, por un lado, la paternidad y la masculinidad, y, por el otro lado, la maternidad y la feminidad. En las zonas indígenas esto es más visible, aunque en todos los que llevamos la sangre indígena esto está latente; quizá lo que nos falte es hacer consciencia de ello. Ahora bien, cuando nosotros confrontamos esto con la revelación normativa, nos damos cuenta de que este modo de entender la vida del mundo -la animal, la humana y la divina- no se contrapone con la enseñanza divina allí contenida. El criterio para considerar esta mentalidad, para quienes somos cristinos, es el que nos ha enseñado nuestro Maestro (Mt. 5,17): nosotros no tenemos por que abolir la Ley y los Profetas, sino tenemos que darles cumplimiento. O sea, tenemos que valorar el modo de cómo
Dios se reveló a nuestros pueblos en el pasado, y en base a ello anunciar la Buena Nueva del *Reino. Recordemos también lo que Jesucristo repetía continuamente: “Yo no he venido a condenar al mundo, sino a salvarlo”. Y la salvación como ya sabemos, es integral. Actualmente hay teólogos que reflexionan no solo desde la masculinidad, sino también de la feminidad y la maternidad. Aunque quizás lo más relevante sea que han emergido teólogas que sistematizan su misma experiencia como creyentes, compartiéndonos así “la feminidad de la fe”.
En las reuniones sobre pastoral o *teología indígena aparece más lúcida la reflexión sobre la dualidad. Los aportes que de allí vienen deben estar presentes dentro de la catolicidad (universalidad) que profesamos. De este modo los cristianos podremos ofrecerle al mundo el equilibrio que debe haber en la humanidad entre lo masculino y lo femenino. También esto ayudará a que adquieran su verdadero contenido los términos “complementariedad” y “armonía”.
Al referirnos a la dualidad (desde los moldes mesoamericanos) no es correcto que se mezcle esta concepción con el término “dualismo” que es propuesto por Sócrates o con la doctrina que sobre el mismo término expone Descartes, porque dicho concepto se aplica en otro sentido y desde otras categorías mentales y culturales.
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BIBLIOGRAFÍA
--- Portilla, Miguel León, La filosofía náhuatl, UNAM, México.
--- Memoria del Primer encuentro-taller sobre Teología India, CENAMI / ABYA- YALA, México, 1990. --- Para profundizar en la dualidad es necesario ir a los códices.
--- Para llegar a comprender este concepto es indispensable visitar los antiguos lugares sagrados, como Teotihuacan, Tajín, Chichén-Itzá, Mitla. Para poder reflexionar allí se requiere aproximarse con una actitud de creyente.
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MARIO PÉREZ.!
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E
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EJOTITOS
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Durante las fiestas de las comunidades hay un momento en que los participantes van a recoger su reliquia (trocito de “cuelga”) y piden que se les haga una limpia y les den sus “ejotitos”, o sea, unos golpes en la espalda en señal de arrepentimiento y purificación. Es una especie de penitencia de los pecados. Los “ejotitos” están hechos de la fibra de la lechuguilla.
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VICTORIA LÓPEZ
ELITES
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Elite significa “selecto”, “mejor”. Cuando algo se hace para las elites se destina a quienes, supuestamente son los mejores individuos de un grupo, a individuos seleccionados de ese grupo. Para algunos coordinadores sociales o pastorales, existen elites económicas, sociales, políticas, culturales y religiosas. Casi siempre el elitismo, o sea, el criterio para las elites, es un perjuicio para las demás personas de los grupos sociales, culturales o religiosos que por esto son marginadas, discriminadas, oprimidas. En pastoral frecuentemente se ven programas que están elaborados con criterios elitistas, en las experiencias de la *religión del pueblo nunca se detecta el elitismo, porque este tipo de religiosidad, al contrario, está realizado por los pobres, para los *pobres, con medios pobres. Las elites económicas, intelectuales, culturales o religiosas casi siempre practican formas religiosas de tipo oficial, y ven con desdén la *religiosidad popular.
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CLODOMIRO L. SILLER A.!
ESCAMADAS
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Son *flores hechas de cera de abeja, que con el color amarillo natural de la cera, contrastan por su color de tinte rojo. Están relacionadas con el sentido de la luz (sabiduría de los antiguos) y de la flor (la verdad del corazón que se ofrece a Dios). Las escamadas se ofrecen a Dios y a los santitos en las *fiestas del pueblo.
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VICTORIA LÓPEZ