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OFRENDA DE LA FLOR

In document 1. Vocabulario de Religiosidad Popular (página 123-127)

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Hemos llegado, porque es día de fiesta. Porque es día de fiesta, estamos aquí.

1. Le hemos traído a Dios, nuestro Padre.

Le hemos traído la más bella flor.

2. Hemos buscado y hemos encontrado.

Hemos encontrado la bendición de Dios.

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Así se canta al Dios de la vida para presentarle la ofrenda de la flor.

La ofrenda de la flor se llama “Ndadri” en la lengua hñahñu (otomí). Es una costumbre muy antigua para dar gracias a Dios por la vida que nos ha dado, por la cosecha, porque el rebaño ha rendido, o porque se llegó a un arreglo de algún terreno que era causa de división en la familia o en la comunidad. También es para pedir por la salud de un enfermo que no sana. La familia o la persona que tiene alguna necesidad se pone a pensar que debe hacer una ofrenda de flor a Dios, que es como la ofrenda más común y más sencilla. Cuando lo decide, se prepara con la gente que debe participar, es decir, con los músicos, rezanderos, los que van a

preparar la comida, los cohetes, etc. Fijada la fecha, se busca la flor de cempaxúchitl, si es tiempo, y, si no, la flor roja de maceta, llamada “bola de fuego”. Esta flor es para las “cuelguitas” que pondrán a las imágenes de Cristo, de la Virgen de *Guadalupe, de san José, a la Santa *Cruz, o al santo patrón de lugar. Esta ofrenda actualmente se junta con la misa que se pide al sacerdote, con esa intención: “a la Virgen de Guadalupe y gracias a Dios por la vida”.

Llegado el día -que de preferencia ha de ser jueves-, se prepara una palangana- que se prefiere por ser redonda-, se pone un paliacate rojo, se ponen las “cuelguitas” que se han preparado y sobre ellas dos ceras en cruz. Se necesita aceite para encender una lamparita. La mujer lleva el incienso hasta la puerta de la Iglesia, donde se ofrece con el rito de la incensación, mientras el rezandero canta la alabanza propia para el momento. Se inciensa hacia los cinco puntos o direcciones. Se empieza incensando a la *imagen del Santo Patrón, enseguida se gira para incensar a la comunidad que acompaña la *ofrenda, enseguida se inciensa hacia donde sale el sol, y se termina incensando hacia el Santo Patrón.

Se levanta de donde se han arrodillado y avanzan hasta el pie del altar, donde se vuelve a incensar, pero ya de manera sencilla. Se enciende la lamparita de aceite o las *velas que se traen en cruz, hasta que se termine la misa. Regresan a la casa, donde se procura que sigan encendidas las velas y el aceite, y se pone su “cuelguita” a la imagen que se ha llevado a la misa, mientras los músicos tocan un rato más durante la comida-convivencia con la que se termina la ofrenda. La gente come, toma su pulque y se retira a su casa.

Las ofrendas se preparan siempre con fe y con mucha delicadeza, porque son para Dios y para la comunidad. Se ofrece lo mejor que se tiene, porque es una forma de agradecer a Dios mismo todo lo que nos da: flor, semillas, comida, pulque, tortillas, pan, fruta, bordados y todo lo que es fruto de la tierra, de nuestro trabajo, y de nuestro cansancio. Se ofrece igualmente el ayuno del mero día para completar el sacrificio ofrecido a Dios, pues se come hasta que se termina de servir la “reliquia”. Así se espera la bendición de Dios y se dice: Esperamos la bendición de Dios con tranquilidad, pensando que Dios ha recibido nuestra ofrenda y está contento. Y como se ha perdido para todos los que viven la misma situación y la misma fe, se espera, por tanto, que la bendición de Dios sea para todos, para que no falte a nadie ni la comida, ni la fuerza para seguir adelante cumpliendo su voluntad, para que no desmaye nadie hasta llegar a la luz de Dios.

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AUSENCIA GONZÁLEZ

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ORACIÓN

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El pueblo religioso ora o, como él mismo dice, reza, en lo que se ha dado en llamar un lenguaje total (DP 454). En este tipo de oración, las palabras son escasas, repetitivas, sencillas y simples: (mi virgencita, madrecita mía, Padre Jesús, viva Cristo Rey, mi “Sanjuditas”).

Sin embargo, enriquece su pobreza de lenguaje con su participación corporal y emotiva: fija sus ojos, llora, besa, toca y sobre la *imagen; se unta de ella en la parte enferma; se cubre con su manto, se viste como ella; *danza ante ella; hace el signo y se pone en *cruz, canta, le ofrece flores y cera; le da limosna, que besa previamente;

en ocasiones paga a los músicos- y también los cohetes-, y camina al frente de ellos; guarda largos silencios delante de la imagen (DP 457); y, como recuerdo de esta experiencia espiritual profunda, que es mayor si esta oración se hace en la peregrinación y al llegar al *santuario, compra *agua o *tierra del lugar; adquiere la imagen del santito; se retrata a su lado, y, al despedirse, no le da la espalda.

En su casa hace este mismo tipo de oración ante el altar de las imagencitas, aunque con el lenguaje menos total.

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La oración litúrgica y la oración religioso-popular

Conviene señalar algunas características propias de cada uno de estos tipos de oración, no con el fin de confrontarlas, sino de descubrir sus riquezas y limitaciones.

La oración litúrgica

--- se basa en la Escritura y en la Tradición; --- prefiere las palabras;

--- palabra que hace lo que dice; --- escrita en libros litúrgicos; --- es casi siempre expresión de fe;

--- es motivada por una necesidad de comunicación con Dios; --- es racional y lógica;

--- es estática, se hace en un lugar; --- austera en su expresión corporal; --- se reza en cualquier momento y tiempo; --- uno es el orante-presidente;

--- tienen normas y ritos prefijados; --- su culmen es la Eucaristía.

La oración religioso-popular

Nace de la inventiva del pueblo; prefiere los signos; signo que cambia lo que toca; se transmite en familia o en grupo social; es casi siempre expresión de impotencia; es motivada por una necesidad básica; es utilitarista; es sentimental, emotiva y con diferente sintaxis, está llena de movimientos; rica en expresiones (color, espacio, tiempo, ritmo...); se reza en ciertos lugares y tiempos; todos son orantes principales; tiene suma espontaneidad; su culmen es el encuentro con la imagen.

Casi siempre se propone la oración litúrgica como el ideal de la oración cristiana. Sin negar esta afirmación, es urgente, sin embargo, busca la *inculturación de dicha oración en las formas de la oración religioso-popular. Para esto es necesario reconocer esta oración popular como una manera legítima de rezar. Por lo mismo, merece de parte del *agente de pastoral, no sólo respeto, sino también deseos sinceros de aprender a rezar en este lenguaje total, como lo hace la mayoría de cristianos.

La indiferencia del pueblo religioso-popular hacia la manera litúrgica de rezar (misa, laudes, Biblia, liturgia de la palabra) no es más que la respuesta, a la indiferencia mostrada por el clero hacia la forma popular de rezar.

Hay oraciones que el pueblo gusta rezar, aunque no sean creación suya. Es el caso de las novenas y los devocionarios que, escritos por gente “ilustrada”, tocan cuerdas muy sensibles del rezar popular: el sentimentalismo, la melosidad, ser dirigidos a un

santo especialista en resolver alguna necesidad básica, el utilitarismo, la emotividad. Aspectos que ciertamente no son los más positivos de la oración religioso-popular.

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BENJAMÍN BRAVO

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PARROQUIA

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En ninguna de las distintas descripciones que sobre la parroquia se han hecho en los documentos de la Iglesia, se hace referencia explícita a la incidencia que podrá tener en la *religiosidad popular, y viceversa.

Para el Documento de Puebla, la parroquia debe acompañar a la persona y a las familias en la educación y crecimiento de su fe; es, además, centro de coordinación y animación de comunidades; en ellas se hace presente la globalidad de la Iglesia; se vincula con la diócesis por medio del párroco; es lugar de encuentro, de fraterna comunicación de

personas y bienes; debe, además, asumir servicios misioneros y la defensa de la dignidad de la persona humana; ha de llegar a los migrantes, a los marginados, a los alejados, a los no creyentes y, en general, a los más necesitados (DP 644; 631); finalmente, debe llevar a todos el Evangelio de manera que éste llegue a toda la vida; y así formar a los seglares a fin de que asuman, como cristianos, sus responsabilidades en la comunidad y en su ambiente social (DP 649).

El mismo documento señala deficiencias que, en el fondo, completan la descripción de la parroquia: reducirse a atender a un pequeño grupo de católicos, lo que genera un vacío que está siendo llenado por las *sectas y ha llevado al pueblo al indiferentismo y a la ignorancia religiosa; no contar con una catequesis integral (DP 78); encerrarse sobre sí misma, hecho que le impide mirar las graves urgencias apostólicas actuales; dar primacía a lo administrativo sobre lo pastoral; la falta de preparación a los sacramentos y el autoritarismo de algunos sacerdotes (DP 633); una insuficiente atención a la formación de líderes educadores en la fe; y la falta de cristianos responsables en las *estructuras intermedias del barrio, del mundo obrero, del campesinado (DP 630). El Código de Derecho Canónico, al describir el ministerio del párroco, en los cánones 528-530, no enumera la religiosidad popular entre sus tareas pastorales.

Generalmente, la parroquia, o mejor, el párroco, no tiene una posición pastoral frente a la religiosidad de su pueblo, pues carece de un adecuado *análisis de la misma.

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Clases de parroquias o de párrocos

Se puede distinguir dos tipos de parroquias, o de párrocos, en relación con la religiosidad popular.

a) Aquellos que, tratando de generar un proceso comunitario a base de pequeños grupos esparcidos por el territorio parroquial, salen del templo y se encuentran inevitablemente con el mundo del *católico alejado y del religioso popular, para quienes, en mayor o menor proporción la religiosidad es el catolicismo real.

b) Aquellos que, centrados en el culto, tienen encerrada su actividad dentro de las cuatro paredes del templo, y allí, o toleran, descartan o aceptan pasivamente y, en algunos casos, comercian con la religiosidad del pueblo.

Ciertamente es un reto de la nueva *evangelización es la revitalización de la parroquia. Y esto sucederá no sólo cuando el párroco salga a buscar a los alejados y a los religioso- populares, sino sobre todo, cuando se convierta, y convierten a la parroquia, en un verdadero instrumento promotor del *Reino de Dios (DP 226-231). Toda planeación pastoral debe tender a realizar y aceptar este reino. Cuando la parroquia se olvida del Reino de Dios o lo suplanta, pierde mucho de su sentido.

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BIBLIOGRAFÍA

--- Bravo, Benjamín, Cómo revitalizar la parroquia, folleto, México, 1985. --- Floristán, Casiano, La parroquia, comunidad eucarística, Madrid, 1961. --- EDICE, Congreso, Parroquia evangelizadora, Madrid, 1989.

--- Navarro, Alfonso, Parroquia evangelizadora, SINE, México. --- Id. Parroquial, Comunidad evangelizadora, folleto.

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BENJAMÍN BRAVO

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In document 1. Vocabulario de Religiosidad Popular (página 123-127)