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Dos culturas, dos religiones, dos modos de pensar diferente chocaron en los años de conquista; la cultura española y su religión católica se impusieron a los vencidos.
Algunas costumbres de los vencidos se conservan aún por tradición, teñidas de catolicismo. Una de estas costumbres es La ofrenda a la Tierra, practicando en alguna comunidad del Valle del Mezquital en el estado de Hidalgo (1).
Esta costumbre, como está dicho, parece tener sus antecedentes en la época prehispánica (2):
1. Cuando ya se acerca la temporada de siembra, se toman cuatro jarritos u ollitas, se les pone tierra de la(s) milpa(s) que se va(n) a sembrar. Se toman también cuatro cabitos de
*vela, cuatro galletas, cuatro flores, aceite, y se llevan a misa (3). De regreso, en la milpa, se busca un lugar adecuado, donde no vaya a ser escarbado y se hace un hoyo redondo (4). En el hoyo se coloca una cuelga de “cucharilla” y *flores. Las flores deben ser rojas; se usa la flor llamada bola de fuego. Por ser rojas nos hablan de la verdad del rito al Dios de la vida y de que verdaderamente él nos da la vida. En medio del fondo del hoyo se pone una *cruz de “cucharilla”, a los lados de la cruz, las velas, las galletas, los cuatro jarritos con tierra, que se ponen en cruz. Al pie de la cruz, un vaso con aceite que, igual que las velas, es para arder. Algunas veces se pone comida, un tamal, caldo, etc. Se tapa el hoyo de manera que entre aire suficiente para que las velas y el aceite se consuman y después se tapa definitivamente. Esta ofrenda se hace para implorar una buena cosecha, para pedir al dueño de la tierra permiso para trabajar, para agradar y recompensar a la tierra, que es nuestra madre, por el alimento que nos va a proporcionar, para desagraviarla por el sufrimiento que vamos a causarle (6). Esta costumbre perdura entre los *indígenas y entre algunos mestizos, como un recuerdo de aquellos tiempos en que los indígenas señoreaban estas tierras, montes, lagos y ríos. Nunca se consideraron dueños de la *tierra, pues ella es nuestra madre y, aquel por quien todos viven es el único dueño de la tierra. La tierra en esos tiempos era común. Cada barrio o calpulli tenía sus tierras, que eran asignadas a cada jefe de familia según sus necesidades (según el número de miembros de la familia). No se vendían ni se compraban y, cuando alguien dejaba de trabajarlas, se les recogían para que otra persona que las necesitase las trabajara. Hoy los campesinos tienen la tierra más pobre y con poca extensión (7). Los terratenientes tienen la de mejor calidad y en mayor extensión y la quieren para explotar y hacer negocio, para venderla y revenderla. Antes la tierra era amada, hoy para muchos la tierra es objeto de lucro, los *pobres siembran para autoconsumo, trabajan mucho para recibir poco; los ricos, en cambio, siembran para lucro, para enriquecerse.
Esta costumbre sirve también para conservar y transmitir de generación en generación los conocimientos y el sentir de los antiguos, aunque algunos la hagan sin saber ya del todo su significado.
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Significado del rito
El significado de los elementos que forman el rito de la ofrenda, según los informantes, es el siguiente: el hoyo circular y la cuelga de “cucharillas” y flores, también en círculo, denotan el mundo, la creación. Los cuatro jarritos con tierra denotan también la tierra toda, entera, completa, no únicamente la tierra en la que se está poniendo la ofrenda. Por estar en cruz significan, simbolizan, el cruce de los dos caminos: el de Dios, de Este a Oeste, y el del hombre, de Sur a Norte. La cruz de “cucharilla”, al centro, refuerza el sentir de plenitud y señala el punto de la quinta dirección: arriba-abajo, el punto de unión del hombre y Dios; y la comida en ese quinto punto significa el deseo de ofrecer para pedir a aquel por quien todos viven el alimento necesario para todos, para toda la humanidad.
El aceite es salud y alimento, es vida; además, al arder con velas, da luz, que sirve para conocerse y conocer a los demás.
Las cuatro flores simbolizan la verdad que se encierra en este rito.
La sabiduría vivida y expresada en este rito puede condensarse en cuatro ideas principales:
1. el hombre es parte, no amo de la creación;
2. dar alimento a la tierra indica la obligación del hombre de conservar la tierra en buen estado para futuras generaciones;
3. pedir permiso es reconocer a Dios como único Dueño y Señor de toda la creación;
4. indicar reiteradamente totalidad en este rito señala la obligación de solidaridad con la comunidad y con toda la humanidad.
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Jesús Nogal (8)
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(1) Puede ser que en otros estados de la República se haga también esta ofrenda o algo similar. (2) Entendemos que esta costumbre es de procedencia indígena por los elementos principales que
encierra y la forma de colocarlos. Las galletas (harinas de trigo) quizá sean un substituto del pan de amaranto y maíz y se verifica:
1. antes de la siembra,
2. cuando alguien esta enfermo, 3. cuando se hace un nuevo corral,
4. cuando se hace una casa nueva. Nos ocupamos en este escrito únicamente de la ofrenda que se
hace antes de la siembra.
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(4) No es necesario ni indispensable que se llevan a misa. (5) Por redondo entendemos en forma de rueda.
(6) La tierra, según el sentir del indígena mexicano, vive, siente y sufre como los humanos.
(7) El sistema económico y social actual, para el indígena y campesino, es de opresión y miseria, sólo en sus fiestas y en sus ritos hace un recuerdo de las épocas en que el señorío fue indígena y da una muestra de lo que debe ser: una situación de solidaridad, equidad y abundancia.
(8) Nota del transcriptor. Jesús Nogal es un laico hñahñu (otomí) del pueblo de San Pablo Oxtotipan del municipio de Alfajayucan, Hgo., que ama su identidad y se ha interesado por conocer más la tradición de su pueblo, en el que vive inmerso, asumirla conscientemente y hacerla apreciar por propios y extraños. Escribió este relato como fruto de un taller en que él y otro analizaron el rito de la ofrenda a la tierra,
BERNARDO GUÍZAR SAHAGÚN