4. EL EPILOGO DE UN CONFLICTO
4.2. LA ASCENCIÓN DEL GENERAL BENAVIDES
La muerte de Sánchez Cerro provoca la ascensión al poder en el Perú del General Oscar Benavides. Este hombre notablemente recordado en Colombia, por ser el jefe de las tropas peruanas en el Putumayo y por dirigir una operación contra las tropas colombianas en el año de 1911, causando algunas bajas y tomándose el sitio conocido como La Pedrera. Este recordado personaje genera algunos temores en el diario El País, ya que se le considera como un hombre peligroso, por ser un posible continuador de las políticas en el trapecio amazónico seguidas por su antecesor. El País dirá frente a él que “…Oscar Benavides es la prolongación acaso mas inteligente y sagaz de quien en el momento de caer pasaba revista a veinte mil voluntarios para ir al Putumayo y al Amazonas a defender la ocupación criminal de territorios colombianos; era el general en jefe de las tropas invasoras y de las que se dirigían a marchar contra las nuestras…”.214 En cambio El Tiempo lo mirará desde un principio con ojos benevolentes afirmando que “El general Benavides ha combatido, como comandante, contra una guarnición colombiana en el Caquetá. Ha vivido largo Tiempo en Loreto, conoce los problemas del Oriente peruano, y tal vez en su juventud contribuyo a crearlos y a exaltar los sentimientos de la región contra nosotros. Pero el general Benavides, desterrado muchos años en Europa y últimamente encargado de la misión diplomática en Londres, no solo ha llegado a la madurez sino que incomparable un hombre menos arbitrario y más ponderado que el enfermo mental que murió ayer en Lima…”.215 Estas reacciones entre el temor que inspira en el diario El País, y la esperanza de encontrar un hombre más centrado y cercano a una solución pacifica, que lo que había sido Sánchez Cerro durante su mandato.
Luego de este resquemor ante la ascensión de Benavides, muestra que la forma como se debe proceder con este nuevo gobierno difiere entre uno u otro periódico. Mientras El País dice que toca esperar el resultado aunque sin descuidar la preparación militar, afirmando que: “Mientras el nuevo gobierno peruano define, con la nitidez indispensable su actitud ante el asalto del primero de septiembre último, y se declara, francamente, amigo o enemigo de la lucha armada que nos provocó su antecesor. Colombia continuará lista para repeler cualquier ataque y, al propio tiempo, preparándose para vencer a su adversario, en todos los sitios y fronteras a donde sea menester llevar la guerra para salvaguardar nuestro
214El País diario de la mañana (1933, 12 de mayo). “La paz López-Benavides” [editorial], Bogotá. p. 3. 215
derecho sobre la ribera amazónica”.216 El Tiempo no tomará una actitud de expectativa sino de resolución diciendo que la caída de Sánchez Cerro, es el momento propicio para “hacer una guerra a fondo, tomar la ofensiva, movilizar, todos nuestros recursos precipitarnos a la aventura máxima sin hacer una sola reserva”.217 Esta actitud tanto de El Tiempo, como de El País cambiaría con la irrupción de un nuevo personaje a la escena política del conflicto, el cual es llamado por el general Benavides para discutir el problema del conflicto.
La amistad entablada durante varios años entre Benavides y el jefe del liberalismo, Alfonso López Pumarejo, cuando ambos representaban a sus respectivos países ante la Gran Bretaña, hizo que se posibilitara un acercamiento cuando Benavides ascendió al poder.218 Este encuentro entre estos dos lideres, se dio el 14 de Mayo en donde surgió la posibilidad de un arreglo pacifico al conflicto. El País dirá sobre este encuentro que:
<<Los traidores a la patria>> que en la asamblea de Antioquia y en los periódicos antigobiernistas reclamaran del poder ejecutivo respeto por la constitución y leyes –fundamento del orden interior- estarían seguramente en la picota publica si hubieran hecho ante el Perú por espontánea y personal iniciativa, solicitudes de paz.219
De acuerdo a lo anterior El País nos expresará una crítica, afirmando que sí ellos – cercanos al conservatismo de oposición- impulsaran una formula como la adelantada por López Pumarejo ante Benavides, su acercamiento al líder vecino, sería visto como un acto de traición. Pero en el caso de López esta intermediación es bien vista por motivos de partido, incluso la anterior critica conducirá a este diario conservador a conjeturar que “la guerra con el Perú sirve en estos instantes –tres días antes de las elecciones- para reclutar labriegos conservadores y para alejarlos de las urnas por tan <<patriótico>> motivo”.220 Estas acusaciones de El País, acerca de que el conflicto solo contribuyó a sostener al partido gobiernista en el poder y que se utilizó como medio para fortalecer el régimen, incluso se expresará que probablemente los dineros y soldados conservadores, en el caso antioqueño, que debían combatir a los invasores, terminaran siendo el yugo de sus propios copartidarios.221
Estas acusaciones que se le hacen a los intentos de la paz de López, El Tiempo los desestimará afirmando que: “…Sí al mensaje pletórico de gentilezas, del presidente del
216El País diario de la mañana (1933, 3 de mayo). “La guerra con el Perú” [editorial], Bogotá. p. 3. 217
El Tiempo (1933, 6 de mayo). “La gran ofensiva nacional” [editorial], Bogotá. p. 4.
218 Torres, C. (1994).
Grandes agresiones contra Colombia, Bogotá, Martínez Roca. p. 124. 219
El País diario de la mañana (1933, 12 de mayo). “La paz López-Benavides” [editorial], Bogotá. p. 3. 220El País diario de la mañana (1933, 12 de mayo). “La paz López-Benavides” [editorial], Bogotá. p. 3. 221
Perú pidiéndole que fuera a Lima contestará el doctor López con una negativa, qué arma colocamos en manos del Perú! Mañana pudieran decir con razón nuestros adversarios que Colombia había rechazado la generosa iniciativa del general Benavides a favor de la paz.”.222 De igual manera nos señalará El Tiempo, que las acusaciones hacia la gestiones de Paz, se deben a ataques políticos al dirigente liberal, los cuales van por el camino sectario y antipatriótico. El Tiempo afirmará que: “…El jefe del partido liberal esta condenado por razones elementales de reacción política a ser obligado blanco de los francotiradores de la derecha, que antier hacían humorismo sarcástico porque no se preocupaba, por la suerte del país en sus negocios exteriores, y que hoy, ante una intervención suya sensacional y revolucionaria, encuentran un motivo de regocijo malévolo en cada una de las posibilidades de fracaso, que miden con alegra desesperación…”.223
De este modo se presenta un cambio fundamental, en lo que concierne a los dos diarios aquí expuestos. Sí bien durante el periodo militar se da un apoyo de los dos diarios a retomar Leticia, por medio de las armas, y durante las negociaciones diplomática se comienza a ver cierta apatía del diario El País, hacia la paz por estos medios. En el momento en que se encara una posibilidad de arreglo bajo la intermediación de Alfonso López como facilitador ante el gobierno de Benavides, el rechazo en el diario El País crece e incluso este diario acusa al conflicto mismo de ser utilizado como medio del régimen que domina Colombia para seguir imponiendo sus políticas. Igualmente mientras las criticas de este sector del periodismo arrecian, El Tiempo avalará las propuestas de paz y afirmará que lo que ocurre es que los ataques políticos partidistas se han hecho fuertes y que son las razones para oponerse a la formula de paz entre López y Benavides.