El aumento obligado de la carga animal en condiciones de inundación con temperaturas moderadas de primavera, tiene repercusiones sanitarias adversas
que son imprescindibles de considerar. En general la crítica situación climática y alimenticia repercutirá en la respuesta inmune de los animales. Pueden afectarse también los aspectos hormonales, con retrasos en el ciclo estral de las hembras.
La experiencia de inundaciones anteriores en la zona de cría indica un aumen- to notable de ciertas enfermedades que se enumeran a continuación:
a) Parasitosis externas e internas, por nematodos o coccidiosis.
b) Enfermedades carenciales, mayor ocurrencia de muertes por hipomagnesemia. c) Enfermedades ocasionadas por el consumo de sustancias o plantas tóxicas que normalmente el animal no consume. Las micotoxinas producidas por algu- nos hongos en el alimento para suplementación (granos o forraje húmedo) o en los pastos, también son causa de intoxicación.
d) Enfermedades infecciosas como diarrea neonatal en terneros, colibacilosis y leptospirosis. Además, es esperable un aumento de las afecciones respirato- rias de origen vírico o bacteriano, neumonías y pietín.
e) Enfermedades clostridiales: gangrena gaseosa, enterotoxemia, hemoglobinuria, hepatitis infecciosa necrosante, tétanos y carbunclo.
f) Enfermedades venéreas: trichomoniasis y campylobacteriosis genital bovina, es de esperar una mayor implicancia en los establecimientos donde no se rea- liza control de toros.
g) Otras enfermedades. Normas preventivas:
a) El aumento de la carga instantánea, forzada por las inundaciones, trae apa- rejada la mayor oferta de larvas parasitarias por unidad de superficie. En animales jóvenes retrasará la evolución del peso corporal, aumentará el consumo de larvas, que entrarán en inhibición, por ejemplo Ostertagia spp. y también se retrasarán los servicios.
Considerar muy seriamente el tratamiento de las vaquillonas de primer parto. Si son vacas adultas, pero en mal estado, el antiparasitario las ayudará a recuperar- se más rápidamente.
Es recomendable el tratamiento con endectocidas de calidad, por su larga acción y alta eficacia en larvas inhibidas.
Un tipo de parásito que desarrolla en estas condiciones es el Paramphistomum spp. Produce una gastroenteritis parasitaria aguda que cursa con alta morbilidad y mortali- dad. Su control responde a tratamiento en base a antiparasitarios (closantel al 10% a razón de 1cc/10 kg de peso vivo) a todo el lote, dos dosis con 30 días de intervalo.
Se esperan aumentos de casos de coccidiosis en terneros, ya que estaría muy favorecida por el hacinamiento y la coprofagia (consumo de materia fecal). Por ello se recomienda el uso de sulfas en tomas durante cuatro o cinco días, (hay inyectables también) y repetir luego de una semana otros tres días. En lo posible poner los animales más débiles y jóvenes en la parte más alta del campo. La monensina agregada a la ración tiene efecto de control contra el coccidio.
entrada la primavera. La sarna se controla bien tratando con un endectocida (con- trola parásitos internos y externos). Para el caso de piojos además del endectocida (de buen control en piojos chupadores), para el adecuado control de piojos masticadores, se pueden emplear tratamientos pour –on.
Para el control de mosca de los cuernos, el empleo de pour-on o de caravanas insecticidas da un buen resultado. De cualquier manera no se deben implementar tratamientos hasta que las moscas sean más de doscientas por animal.
b) La hipomagnesemia, cuya expresión patológica más severa es la tetania, tiene un índice de mortandad en vaca adulta del 4% en el SE de la Provincia de Buenos Aires.
La hipomagnesemia es una enfermedad multifactorial y en el estudio de su etiología se deben tener en cuenta 4 factores: clima, suelo, planta y animal.
Como prevención se debe considerar:
— Aporte diario de 50 g de oxido de magnesio (MgO) por animal adulto durante el período susceptible, que equivalen a 30 g de Mg conjuntamente con rollos, fardos, etc. También se han empleado melazas líquidas con MgO, siendo me- nos convenientes que suplementos secos, porque se aglomeran en condicio- nes de humedad, sin embargo aumentan la palatabilidad y aportan energía, lo que mejora la absorción de Mg.
— Uso de mezclas minerales o piedras para lamer que contengan MgO. Si se utilizan bateas o comederos para administrar las sales comerciales, distribuir- las de tal forma que todos los animales tengan acceso a ellas.
Es importante aclarar que, los macroelementos, en particular el magnesio, de- ben siempre ser suministrados por vía oral para que tengan una acción preventiva. Los productos inyectables, aún los de acción prolongada, permanecen en circula- ción como máximo tres días, siendo eliminados por orina. Sólo pueden utilizarse para el tratamiento de animales con signos de hipomagnesemia y no se aconseja su uso con fines meramente preventivos.
c) Las plantas tóxicas en condiciones normales no son consumidas por los animales, salvo raras excepciones. Sin embargo, ante situaciones límites como las descriptas en este capítulo, estas plantas se transforman en un recurso forrajero inesperado y por ende en una causa de muerte significativa.
Los vegetales que contienen sustancias tóxicas manifiestan su acción en ma- yor porcentaje en ciertos estadios de su desarrollo y en distintas partes de su planta como por ejemplo el cotiledón en el abrojo grande; las semillas en el nabillo o mostacilla y en los lupinos o en las hojas como el duraznillo blanco.
Al grado de toxicidad que presentan los vegetales se le debe sumar la resisten- cia que poseen los animales herbívoros a los venenos, que es variable según la especie, raza, edad, estado sanitario y cantidad ingerida.
No deben descartarse las condiciones de suelo y clima que tienen mucha in- fluencia, ya sea aumentando o disminuyendo la liberación de estas sustancias tóxi- cas.
Las sustancias contenidas en los vegetales pueden originar intoxicaciones desde leves a fatales o simplemente causar deficiencias.
Se pueden clasificar basándose en su composición química o actividad enzimática como los alcaloides, glicóxidos, resinas, pigmentos fotosensibilizantes, fitotoxinas, ácido oxálico y sus sales, minerales y enzimas; y basándose en los trastornos y envenenamiento que originan y su actividad fisiológica, como los que afectan la coagulación de la sangre, provocan gastroenteritis, la muerte por as- fixia, fotosensibilidad, daños en el sistema respiratorio, alucinaciones, trastornos nerviosos y locomotores, hepatotóxicas o afecciones cutáneas.
En términos generales, las intoxicaciones por malezas son sobreagudas y agu- das con una “cabeza” de la población afectada. Este núcleo suele durar unos pocos días y progresivamente se detiene la aparición de nuevos enfermos o muer- tos, en tanto se hace visible una “cola” de animales sobrevivientes cuyo pronóstico productivo es desfavorable.
Esta es la dinámica accidental clásica, con morbilidad y mortalidad depen- dientes de las posibilidades de exposición, época del año, grado de ayuno, des- conocimiento de la flora regional y especies involucradas.
En general, la capacidad de recuperación de los animales afectados por intoxicaciones con malezas mediante tratamientos es reducida, salvo escasas ex- cepciones.
El efecto tóxico de algunas plantas se potencia en relación con el manejo pos- terior que se hace de los animales.
La acción de ciertas plantas que producen fotosensibilidad, tiene mayor im- pacto negativo si los animales que las ingieren quedan expuestos luego a largas horas al sol, sin la posibilidad de contar con sombras naturales o artificiales. Estos vegetales, entre los que pueden mencionarse la cegadera (Heterophyllaea pustulata), la roseta (Tribulus terrestres), la morenita (Kochia scoparia) y la viznaga (Ammi visnaga), presentan agentes fotodinámicos que en las zonas de piel carente de pigmento, o poco pigmentadas, provocan en el animal una reacción de hipersensibilidad ante la acción de los rayos ultravioleta provenientes del sol.
Afortunadamente, no se producen tantos casos de intoxicaciones como male- zas tóxicas existen. Esto responde a una serie de motivos. En parte a que el gana- do propio de una determinada región “reconoce” instintivamente aquellos vegeta- les nocivos y no los come (salvo casos de extrema hambruna, o cuando se introdu- cen animales de otros lugares que no están familiarizados con las plantas nocivas de la zona). En otros casos, los animales no tienen más remedio que ingerir estos vegetales por quedar encerrados en corrales o potreros donde la única alimenta- ción disponible es alguna planta tóxica. Las altas temperaturas o la acción de las tormentas pueden llevar a los animales a buscar reparo debajo de montes o entre matorrales donde muchas veces hay abundancia de alguna maleza tóxica. Esta es una causa frecuente de intoxicación por duraznillo negro (Cestrum parqui). En los animales “la experiencia de los años” es fundamental para la prevención de
intoxicaciones ya que contribuye al reconocimiento de las plantas tóxicas. Por esta razón son precisamente los animales más jóvenes, y no familiarizados con las hierbas tóxicas, los que con mayor frecuencia sufren problemas.
Todos estos factores que participan en la aparición de un cuadro de intoxicación, conllevan a que el consumo de plantas tóxicas por parte del ganado, sea conside- rado básicamente como un hecho circunstancial.
Wedelia glauca, llamada comúnmente sunchillo o yuyo sapo, es una maleza que crece en las zonas más altas de los potreros que serán refugio de animales en un caso de inundación.
Senecio selloy, flor amarilla o primavera, es otra maleza muy difundida. Si bien no produce muerte aguda, su consumo traerá aparejado una disminución produc- tiva futura y por ser hepatotóxica, inevitablemente llevará a la muerte del animal. Otras plantas a tener en cuenta son: romerillo o mio-mio (Baccharis coridifolia), duraznillo negro (Cestrum parqui), cicuta (Conium maculatum), cardo asnal (Sylibum marianum), chamico (Datura ferox) y duraznillo blanco (Solanum glaucophyllum). ¿Cómo evitar intoxicaciones por plantas tóxicas?
Debido a la gran variedad de plantas tóxicas existentes, y los tantos mecanis- mos de acción, no se puede hablar de un único método de prevención de intoxicaciones.
No obstante, existen ciertas recomendaciones generales de manejo.
La erradicación definitiva de un campo de la planta tóxica en cuestión, sería la medida ideal pero debido a razones prácticas y económicas rara vez es factible. Otras alternativas pueden ser:
• Cerrar el paso de los animales a los potreros peligrosos del campo.
• Destrucción de la mayor parte de las malezas tóxicas mediante cortes, aradas profundas o la aplicación de herbicidas selectivos.
• Tomar precauciones como dar al ganado alimentación adicional durante perío- dos de sequía, inundaciones o inviernos muy severos (evitar que entren muy hambrientos a los potreros donde abunda una planta tóxica).
• Vigilar con particular atención los animales que vienen de otros lugares y que pueden desconocer los vegetales tóxicos del lugar.
• Evitar la sobrecarga de los potreros.
• No dejar que los animales pastoreen inmediatamente en un campo después de una lluvia, riego, cortes de rebrotes de las plantas.
Con respecto a los alimentos a suplementar, conviene siempre realizar el estu- dio toxicológico del mismo mediante remisión de muestras a laboratorio, ya que pueden hallarse hongos productores de micotoxinas, que podrían disminuir la performance de los animales y hasta producir su muerte.
d) Diarrea neonatal: el hacinamiento de los rodeos en zonas inundadas favore- ce la presentación de cuadros de enteritis y posiblemente neumonías en terneros de pocos días de vida. Se recomienda la observación de animales afectados, tratamiento con antibióticos y rehidratación por vía oral de terneros con diarrea.
Las condiciones de extrema humedad e inundaciones, hacen que enfermeda- des infecciosas como la leptospirosis, se presenten con mayor número de casos que lo habitual y con mortandad en categorías no frecuentemente afectadas como novillos y bovinos adultos.
Aún los establecimientos que no sufren anegamiento total y pueden seguir pro- duciendo, estarán predispuestos a padecer algún brote de leptospirosis.
Es una enfermedad infecciosa que afecta a los animales y al hombre. Es consi- derada la zoonosis más común en el mundo. El agente causal es una bacteria (leptospira).