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Diagnóstico de las deficiencias minerales

Las deficiencias y desequilibrios minerales en los rumiantes, clasificados den- tro de las enfermedades metabólicas presentan una amplia distribución mundial. En la Argentina, se sabe que hay carencias minerales de calcio, fósforo, magnesio, sodio, cobre, selenio, zinc, iodo, localizadas en distintas regiones del país.

Muchas veces, la disminución en la ganancia de peso diario, puede ser la única manifestación de una deficiencia mineral, mientras que en otras situaciones este déficit puede evidenciarse por el consumo de tierra o en el lamido de varillas o herramientas por el animal.

El tener información sobre las carencias más comunes de la zona es de gran ayuda para orientar el diagnóstico y de esta manera prevenir o eliminar el proble- ma con la adición o suplementación del elemento en la dieta y/o por vía parental, según sea más conveniente (ver cuadro 9).

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Cuadro 9o 9o 9o 9: Insuficiencias minerales por ro 9: Insuficiencias minerales por r: Insuficiencias minerales por r: Insuficiencias minerales por r: Insuficiencias minerales por regiones.egiones.egiones.egiones.egiones.

Mineral insuficiente Región

P Subtropical (NEA): Corrientes, norte de Entre Ríos, Formosa y domo

oriental de Santa Fe.

Templada (Pampeana húmeda): deficiencia subclínica.

Mg Templada (Pampeana húmeda): Cuenca del Río Salado (S.E. de la Pcia.

de Bs. As.; principal causa de muerte de vacas de cría).

Templada (Pampeana semiárida): La Pampa y S.E. de Córdoba.

Na Subtropical (NEA): Corrientes (80-90% de las pasturas naturales po-

seen deficiencias de Na).

Templada (Pampeana húmeda): 48% de las pasturas naturales po-

seen deficiencias de Na.

Cu Templada (Pampeana húmeda): Cuenca del Río Salado (Pcia. de

Bs. As.), N.O. de la Pcia de Bs. As., La Pampa, bajos submeridionales de Santa Fe, sur de Entre Ríos y Córdoba.

Subtropical (NEA): este del Chaco, Formosa y Misiones.

Zn Subtropical (NEA): Corrientes, norte de Entre Ríos, N.E. de Santa Fe

y este de Formosa. Fuente: Donovan, A., 2005.

Generalmente, deficiencias imperceptibles de minerales, ocasionan una sumatoria de efectos los cuales actúan como factores limitantes de la producción. Obviamente, cuando están presentes los síntomas clínicos patognomónicos de una deficiencia mineral especifica, el diagnóstico de reduce a confirmar el cuadro a través de la comprobación de las lesiones macroscópicas, estudios histopatológicos y la determinación del mineral en el órgano y/o tejido más conve- niente (cuadro 10).

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Cuadro 10o 10o 10o 10: Síntomas característicos de deficiencias minerales.o 10: Síntomas característicos de deficiencias minerales.: Síntomas característicos de deficiencias minerales.: Síntomas característicos de deficiencias minerales.: Síntomas característicos de deficiencias minerales.

Mineral

deficiente Síntomas característicos

P Bajos porcentajes de preñez. En rodeos deficientes en P, las vacas con cría no vuelven a preñarse. Tienen un ternero cada 2 años, con lo que los porcentajes de preñez y destete son de un 45-48%.

Anestro e infertilidad.

Reducción de la velocidad de crecimiento en la recría. Disminución de la producción láctea.

Anorexia (bajo consumo).

Mg Tetania hipomagnesémica (transtornos de excitabilidad muscular) con un 4% de mortandad de rodeos afectados.

Anorexia (bajo consumo). Síndrome de vaca caída. Na Rápida pérdida de peso vivo.

y Bajo consumo. Alteración en el consumo (pica). Cl Bajo crecimiento.

Disminución de la producción de leche.

Ca Disminución del ritmo de crecimiento en la recría y engorde. Retención placentaria.

Raquitismo. Fiebre de la leche. Distocias.

Reducción de la producción de leche. Cu Disminución de la tasa de crecimiento.

Reducción de la fertilidad, por demora o supresión del estro. Anemia.

Deprime el Sistema Inmune (puede haber mayor predisposición a: queratoconjuntivitis, mastitis, pietín).

Pelo debilitado.

Zn Perjudica el crecimiento de los terneros. Disminuye la espermatogénesis de los toros.

Favorece a la aparición de enfermedades de la piel, a la presencia de problemas podales (pietín) y se puede presentar una mayor incidencia de mastitis.

Bajo consumo. Mala conversión alimenticia. Bajo índice de crecimiento.

Se Retención de placenta. Mastitis.

Ovarios quísticos. Metritis, menor fertilidad.

Trastornos del metabolismo muscular. Baja tasa de crecimiento.

Fe Anemia. Bajo consumo. Pérdida de peso. S Bajo consumo.

I Baja tasa de concepción en hembras. Baja libido y fertilidad en machos. Mn Baja performance reproductiva y peso de parición.

Co Bajo consumo.

Baja tasa de crecimiento y de ganancia de peso.

De todos modos, hay que tener en cuenta que algunos síntomas clínico-patoló- gicos pueden ser comunes a más de una deficiencia. Por ejemplo, la aparición de pica (apetito depravado) se ve en las deficiencias de P, Na y Co. Un cuadro de anemia puede presentarse por deficiencia de Fe, Cu o Co. Del mismo modo, cam- bios histopatológicos y de composición química del tejido óseo pueden ocurrir en las deficiencias de Ca, P, Cu y Mn, o por deficiencia de vitamina D, así como en las intoxicaciones por F. Como ya se indicó, en la mayoría de los casos, las deficien- cias minerales (especialmente las de microelementos), se presentan en forma vaga, con efectos inespecíficos difícilmente distinguibles de los que resultan de una res- tricción energético-proteica o, incluso, de algunas intoxicaciones vegetales o por micotoxinas. Es por eso que, se pueden intentar distintas aproximaciones al diag- nóstico:

— Análisis del suelo y los alimentos. Por lo discutido anteriormente, el análisis de minerales en muestras de suelo, se considera una guía poco precisa de la concentración mineral de los forrajes. Un análisis en general más relacionado con la biodisponibilidad del mineral para las plantas se logra a través del uso de extractos ácidos (en HCI 0,1 N o ácido acético al 2,5%). Es una técnica medianamente útil para obtener una información relativamente grosera, a bajo costo, de aproximación a áreas extensas, en las cuales hay que posteriormen- te concentrarse en trabajos de relevamiento sobre pasturas y animales. Al res- pecto, el creciente desarrollo de la interpretación de imágenes satelitales por computación, ya está posibilitando definir áreas con suelos deficientes de P, de alto contenido en Ca o F, diferentes grados de permeabilidad, movimientos hídricos relativos, etc. Es posible que en el futuro, el perfeccionamiento de este tipo de tecnologías, combinadas con la descripción geoquímica de los suelos, se puedan definir mejor las zonas potencialmente asociadas con deficiencias o excesos minerales. El análisis de los forrajes u otro tipo de alimentos consu- midos por los animales, es de mucha mayor utilidad. Sin embargo, la primera dificultad que se enfrenta es que la muestra sea representativa de lo que el animal realmente consume, lo que no es fácil en sistemas de producción exten- sivos, con baja carga, especialmente en pastizales naturales y campos que- brados o tapizados con monte. A esto se agrega la dificultad de estimar la cantidad de forraje consumido y su digestibilidad. Como se mencionó, los re- querimientos de minerales se expresan como una proporción de la MS, lo que asume un ingreso de cantidades normales de la misma, de acuerdo a estándares nutricionales generados en áreas templado-frías. En zonas templado-cálidas o subtropicales, la digestibilidad de la MS en muchas épocas del año es menor y, por lo tanto, se resiente el consumo voluntario. De todas formas, la presencia de deficiencias y/o desequilibrios minerales en animales en pastoreo puede ser detectada o sospechada a través del análisis sistemático de los forrajes en un establecimiento en particular y, para algunos elementos (Ca, P, Co, Zn, Mn), probablemente sea el método más preciso y práctico. Algunas recomendacio-

nes adicionales señaladas por McDowell et al., en 1993, son las de no muestrear en zonas cercanas a materia fecal y tomar muestras por separado de las distin- tas especies que componen la pastura, evaluando luego que proporción de cada especie es consumida efectivamente por los animales.

— Análisis de fluidos y tejidos animales. Son en general los métodos más indica- dos para detectar la deficiencia de la mayoría de los minerales (McDowell et al., 1993; Suttle, 1986). Lo ideal sería poder detectar el grado de deficiencia midiendo el contenido de todos los minerales en una sola muestra (sangre, orina, saliva, leche, biopsia hepática u ósea, etc.). Desafortunadamente, no existe una única muestra que permita concluir acerca del estado de repleción para todos los minerales. Es fundamental, en la interpretación de los resulta- dos, que el contenido mineral del fluído o tejido muestreado se correlacione con los cambios en la salud y productividad del animal. Al respecto, las estima- ciones actuales de los requerimientos mínimos, están basados en ensayos de balance o datos de composición de órganos o tejidos, más que en criterios de fisiología zootécnica. En los últimos años, la introducción de los llamados mar- cadores metabólicos, está incrementando la capacidad diagnóstica de las de- ficiencias minerales subclínicas, idealmente antes que se resienta la produc- ción o aparezcan síntomas clínicos. Estos indicadores son metalo-enzimas o compuestos orgánicos mensurables en sangre, orina, leche, etc., que están relacionados con el metabolismo o funciones del mineral. Ejemplos destaca- dos son: el uso son la hidroxi-prolina, la fosfatasa alcalina o la osteocalcina para detectar anomalías del metabolismo del Ca, P y/o la vitamina D; la ceruloplasmina y la super-óxido dismutasa para la deficiencia de Cu; la glutatión- peroxidasa para la deficiencia de Se; el metil-malonato plasmático o urinario y el dosaje sanguíneo o hepático de la vitamina B

12 para la deficiencia de Co; las

hormonas tiroideas (relación T3/T4) para la deficiencia de I; la transferrina para la deficiencia de Fe y la metalotioneina para la deficiencia de Zn.

Los órganos o tejidos más usados para el dosaje de minerales son la sangre (o el suero o plasma), la orina, la leche, el hígado, el hueso, el riñón y el pelo o lana. El dosaje hepático de microelementos es útil en el caso de aquellos elementos que tienen al hígado como principal órgano de depósito (Cu, Co, Mo). Las biopsias de hueso son útiles para confirmar las deficiencias de Ca o P, siendo sencillo muestrear vértebras coccígeas (por corte de la punta de la cola) o costillas. La concentración mineral del pelo (en Cu o Zn, por ejemplo) también ha sido utilizada, pero refleja sólo la cantidad del mineral presente en forma iónica o débilmente asociado a las proteínas plasmáticas al momento de la formación del pelo. Por lo tanto, el análisis del pelo o la lana (además de las altas posibilidades de contaminación externa), reflejará el estado del animal 2-4 meses antes del momento del muestreo. Para confirmar la deficiencia de Na, el análisis de este elemento en la saliva (o mejor, la relación Na/K en saliva), es el procedimiento de elección.

análisis de minerales en fluidos o tejidos animales, entre ellos el uso de recipientes de recolección y almacenamiento y anticoagulantes o conservadores apropiados. Por ejemplo, los tapones de goma y las arandelas de goma de los émbolos de las jeringas suelen contener sales de Zn, que también están presentes en viales o tubos de poliestireno. El uso de muestras de suero o plasma puede modificar la concentración de algunos minerales o metabolitos relacionados. Por ejemplo, los valores de Cu en suero son menores que en plasma, debido a la tendencia del complejo Cu-ceruloplasmina a ser retenido por el coágulo. La hemólisis es otro factor que distorsiona la concentración de algunos minerales en suero o plasma, porque, por ejemplo, los eritrocitos tienen concentraciones más altas de P, Mg, Zn, K y Fe y más bajas de Na y Ca que el suero o plasma. Con respecto a los indicadores metabólicos, hay que recordar que son compuestos orgánicos (en muchos casos enzimas) y, por lo tanto, lábiles a las variaciones de temperatura, pH, presencia de metales pesados o inhibidores (fluoruros), debiéndose asegurar la correcta con- servación de la muestra y los tiempos máximos disponibles para efectuar los aná- lisis.

Por último, las técnicas analíticas suelen diferir entre los laboratorios y, por lo tanto, también pueden ser diferentes los valores absolutos y los valores normales de referencia. Antes de obtener las muestras, es una buena práctica ponerse en contacto con el laboratorio donde van a ser procesadas, para recibir las instruc- ciones pertinentes.Respecto del tamaño de la muestra a tomar, esta debe ser equi- valente al 2 o 2,5% de los animales en poblaciones de hasta 500 bovinos, pero nunca inferior a 10 muestras.

Los requerimientos minerales en los animales son relativamente bajos para el mantenimiento (que sirven para compensar las pérdidas endógenas), mientras que los de producción (crecimiento, gestación y lactancia) varían con la edad y las funciones que deben desarrollar, incluyendo la naturaleza y el nivel de producción. De esta manera queda claro que la incidencia de carencias minerales será más alta conforme sean más intensificados los sistemas de producción y el nivel genético del ganado.

En el ganado lechero, el manejo nutricional suele ser más estricto, conociéndo- se la cantidad y calidad consumida por los animales, pero normalmente ese enfo- que se centra en los aportes de energía y proteína y se suele dejar bastante de lado a los minerales.

La investigación acumulada durante los últimos 20 años ha demostrado que deficiencias marginales tanto de algunos minerales, como de vitaminas pueden manifestarse en pérdida de eficiencia reproductiva antes que se manifiesten otros signos clínicos.

En particular, el pico de producción y en especial en vaquillonas de primera parición, es un período crítico porque los nutrientes deben ser “repartidos” entre diferentes procesos fisiológicos como la producción de leche, el crecimiento y la necesidad de volver a quedar preñada.

Los minerales más importantes para el ganado lechero son: Ca, P, Mg, K, S, Na, I, Cu, Fe, Co, Zn, Se y Mo. Investigaciones recientes informan que vacas le- cheras con producciones superiores a los 15 o 20 litros diarios, presentan un ba- lance negativo si no se agrega una mezcla mineral a su dieta habitual.

En cuanto a los rodeos de cría, se enfrentan los problemas más serios, dado el manejo más extensivo, donde dependen casi exclusivamente del pastoreo a cam- po, sin recibir en muchos casos ninguna suplementación. En estos rodeos, las causas nutricionales limitantes para incrementar los niveles de producción suelen ser la hipocuprosis, la hipomagnesemia, la hipocalcemia y también la hipofosforosis, especialmente en el litoral.

En cuanto a la carencia de Zn, se sabe que en la Provincia de Corrientes los suelos y, por ende, los pastos son deficitarios y se cree que los vacunos de dicha zona están afectados por deficiencia subclínica. Otro factor que incide sobre es- tos rodeos es el incremento de las necesidades de minerales durante el otoño y el invierno, debido al déficit forrajero, como por el aumento de los requerimientos al estar las vacas preñadas, o paridas y amamantando.

Los minerales y vitaminas están presentes en buenas cantidades en las legu- minosas, pero estas normalmente no abundan en los esquemas tradicionales de cría en la Argentina. Estos se basan generalmente en gramíneas de baja calidad o que presentan problemas críticos en algún momento del año. Esta situación gene- ra deficiencias, sobre todo de minerales. La hipomagnesemia es una enfermedad que está ligada a animales que tienen altas exigencias de producción o, por ejem- plo, a vacas que están gestando o con ternero al pie. De esta manera, esta condi- ción ocurre en la vaca de cría usualmente asociada en el primer mes de parida, ocasionada por el déficit de magnesio y un mal manejo nutricional preparto y favo- recida por la presencia de factores climáticos (lluvia, frío, días nublados, tempora- les) predisponentes.

Los momentos más críticos de la demanda de Mg por parte del animal se ubi- can fundamentalmente durante el último tercio de la gestación, cuando la vaca requiere la mayor cantidad de Mg para finalizar la formación y crecimiento del feto, y hasta el pico de lactancia, cuando perderá una gran cantidad de Mg por leche. Este período se corresponde con el fin del invierno y el principio de primavera (junio a septiembre), dado que pastorean praderas de crecimiento rápido y de pastos jugosos. La alta proporción de agua, al ser consumida, disminuye la absor- ción de Mg por una mayor tasa de pasaje. El clima, también afecta, dado que suele sucederse después de días lluviosos y nublados o al ingerir rebrotes luego de heladas. En la zona sudeste de la Provincia de Buenos Aires la hipomagnesemia es la principal causa de muerte, por lo cual es una enfermedad sumamente impor- tante desde el punto de vista económico. En el NEA, las gramíneas tropicales contienen el doble de Mg que las templadas, lo que estaría asociado a las mayo- res temperaturas de crecimiento. Así es como no existe hipomagnesemia en regio- nes tropicales o subtropicales.

La hipocuprosis es una de las deficiencias de mayor impacto económico en la producción bovina de ganado para carne en la Argentina.

Esta deficiencia puede ser básicamente de dos tipos: primaria (simple) o se- cundaria (condicionada). La primera, menos frecuente en la Argentina, se da cuando las pasturas de una región son naturalmente pobres en Cu (con concentraciones por debajo de las 5 ppm) de tal forma que no alcanzan a cubrir los requerimientos productivos del ganado. Este problema es frecuente de observar en ciertas zonas delimitadas de la Argentina, por lo que se dice que la deficiencia de Cu o hipocuprosis es una enfermedad endémica. Un ejemplo de esta situación se da en los campos bajos y salitrosos de la Cuenca del Río Salado, en la Provincia de Buenos Aires, donde afecta a los rodeos de cría de la zona. Según una investiga- ción realizada por la Facultad de Ciencias Veterinarias de La Plata, en estableci- mientos del Partido Bonaerense de Magdalena, el 60% de los vacunos muestreados, registraron valores deficientes de Cu (hipocupremia). En la Provincia de Formosa, el contenido promedio de Cu es de 3,9 ppm, con un 82% de muestras deficientes para el ganado bovino, lo que muestra la importancia del suministro de Cu para los vacunos en esa zona. En el resto del NEA, el promedio es de 6,5 ppm de Cu, con un 44% de muestras deficientes, estando los menores valores en las zonas cerca- nas al Río Uruguay.

La falta de Cu en la dieta de los vacunos se caracteriza por producir los si- guientes trastornos: despigmentación con la formación de anteojeras blancas que se hacen notorias en animales de pelo oscuro, lento crecimiento, reducción de la fertilidad provocada por la demora o supresión del estro, se afecta también a la espermatogénesis, se presentan fracturas espontáneas en animales jóvenes y pro- blemas osteoarticulares, diarreas y anemia. En relación con el sistema inmunológico: la deficiencia de Cu afecta la producción de anticuerpos.

Una característica común en todas las regiones con hipocuprosis, es el tipo de suelos generalmente bajos, inundables, salitrosos y de reacción alcalina. En cuán- to a la influencia estacional, la mayor ocurrencia de hipocuprosis severa se desta- ca durante los meses de primavera-verano, en épocas de intensas lluvias, que en campos bajos lleva al anegamiento, favoreciendo la capacidad de las plantas para absorber Mo y sulfatos, que interfieren la absorción de Cu a nivel ruminal.

Se considera que para satisfacer los requerimientos del animal, la relación ade- cuada Cu/Mo en los forrajes debería ser de 4 a 1.

La hipocuprosis se presenta en los animales cuando la concentración de Mo en el forraje es mayor de 3 ppm y la de Cu menor de 5 ppm.

Existen otros elementos como el Fe y el Zn que también pueden afectar su disponibilidad a nivel del aparato digestivo. Se ha demostrado que el Fe es un potente antagonista del metabolismo del Cu y que su acción es aditiva con el Mo e independiente de la presencia de S en el alimento.

El pastoreo de festuca, provoca una acción negativa en el aprovechamiento del Cu.

Entonces, en términos generales, un buen porcentaje de los casos de