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Rehabilitación de suelos de aptitud ganadera

Durante el anegamiento más o menos prolongado, ocurre en un primer mo- mento el reemplazo del aire contenido en el suelo por el agua. Esta falta de aire, tiene efecto sobre la vegetación presente y sobre las propiedades del suelo. Este será diferente según se trate de:

• Suelos que estuvieron bajo agua.

• Suelos que permanecieron con un contenido de humedad cercano al punto de saturación.

Suelos bajo agua Suelos bajo agua Suelos bajo agua Suelos bajo agua Suelos bajo agua

En este caso la falta de oxígeno es casi total, durante un tiempo relativamente prolongado. Esto ocasionará la muerte (por anoxia) de la vegetación presente ex- cepto, tal vez, algunas especies resistentes.

Resulta importante distinguir el origen y la composición del agua de anegamiento. Si se trata de agua superficial que no contiene sales en exceso, es de esperar que el movimiento en el suelo sea descendente. La laguna así formada, irá desapareciendo lentamente (a medida que el agua se infiltra ha- cia capas más profundas), a menos que nuevos aportes determinen un aumen- to de nivel.

Esta circulación de agua hacia abajo, provocará el lavado de sales, de elemen- tos nutritivos para las plantas y también de partículas finas (arcilla y limo).

La permanencia de las condiciones que provocaron la falta de aire producirá cambios en la materia orgánica y el suelo, por otra parte, se volverá ligeramente más ácido. En ambos casos se afecta la disponibilidad de algunos nutrientes. El “filtrado” de partículas finas, por parte de alguna capa de suelo más densa (un piso de arado, por ejemplo), puede aumentar aún más su densidad (los pisos de arado se harán entonces más fuertes).

Si bien en forma general, el principal efecto de esta situación es una pérdida de fertilidad química del suelo, estudios realizados por la EEA INTA Rafaela, indi- can que una vez restablecidas las condiciones normales, el suelo recupera en forma aproximada, sus propiedades iniciales.

Si el agua de escurrimiento contiene concentraciones importantes de sales (por contaminación o aportes de agua freática o de lagunas saladas), puede de- terminar cierto grado de salinización en los suelos. Este será tanto mayor, cuanto más importante resulte el aporte de agua salobre.

El agua freática suele contener cantidades variables de sales. Estas podrán quedar retenidas en el suelo, aumentando su concentración y ocasionando pro- blemas de salinidad o alcalinidad.

Suelos con agua cer Suelos con agua cer Suelos con agua cer Suelos con agua cer

Suelos con agua cerca de la superca de la superca de la superca de la superca de la superficieficieficieficieficie

En este caso es probable que no toda la vegetación haya desaparecido, al no existir una falta absoluta de aire.

Al finalizar el período lluvioso, se produce la eliminación del agua mediante evaporación e infiltración y comienza la desecación de las capas superiores del

suelo. Al intensificarse el proceso, sucede el ascenso capilar del agua freática que, al evaporarse, enriquece de sales todo el perfil y, principalmente, la porción superior del suelo, fenómeno denominado salinización. La intensidad del mismo está en íntima relación con la profundidad y concentración salina del agua freática, mientras que la composición de sales determina la naturaleza del fenómeno, que puede ser de alcalinización, salinización o alcalinización – salinización, según pre- valezcan o no sales de sodio (álcali).

En función del grado de salinización y de la altura de la napa freática, se pue- den plantear alternativas para acelerar el grado de recuperación de los lotes afec- tados:

• En suelos donde la napa tiene valores mayores a 4 mmhos hay que tratar de manejarlos con cobertura, sin labranzas, para evitar la evaporación de los pri- meros centímetros y por lo tanto, que las sales se acumulen en la superficie (se puede ver este efecto blanco en los caminos).

• En los lotes con agua donde los valores son menores, es posible realizar una roturación, si fuera necesario. Se sugiere la toma de muestras y el análisis de conductibilidad y pH para evitar procesos negativos que podrían costar varios años revertir.

Para estimar la salinidad de un suelo, se mide la conductividad eléctrica (CE) de una solución extraída de una pasta de suelo saturado con agua y se expresa en milimhos por centímetro (mmhos/cm) o en decisiemens por metro (dS/m), mientras que la determinación del pH da una idea de la presencia de sodio en exceso, cuando se obtienen valores superiores a 8.

Visualmente puede establecerse la naturaleza e intensidad del problema ob- servando el estado del suelo y la vegetación. Cuando la CE se aproxima a 8 mmhos/ cm, la vegetación presenta menor desarrollo y modificaciones en la composición florística. Cuando la CE es superior a 14 mmhos/cm se inhibe el desarrollo de las plantas y aparecen manchones desnudos.

Eflorescencias salinas en superficie (“salitre blanco”) denotan conductividades superiores a 20 mmhos/cm, mientras que la presencia de manchones oscuros (“salitre negro”) indican la presencia de humatos sódicos producidos por la dis- persión de la materia orgánica y la existencia de un pH próximo a 10.

Las sales ejercen sobre la vegetación varios efectos nocivos. Por un lado, al aumentar la presión osmótica de la solución del suelo, disminuye el agua aprovechable por las plantas. También existe la toxicidad específica de algunos iones y las carencias condicionadas, provocadas por el exceso de algunos cationes que impiden la absorción de otros.

El proceso de recuperación de estos suelos es lento, dificultoso y altamente dependiente de las condiciones climáticas.

La salinización es un proceso parcialmente reversible. Cuando ocurren ciclos climáticos normales para la región, el agua de lluvia puede lixiviar las sales a hori- zontes profundos, dando lugar a una recuperación natural. Este proceso a veces es muy lento, pero puede ser acelerado si se practica la remoción superficial del

suelo manteniendo la cobertura vegetal, con lo que se impide la incidencia directa de la energía evaporante, evitando la concentración de sales en superficie.

Para que ello ocurra es necesario evitar el pastoreo continuo, que intensifica la pérdida de cobertura vegetal del terreno y provoca compactación superficial. Básicamente pueden darse dos situaciones en lotes recuperables:

a) Suelo totalmente o en su mayor parte desnudo, con algunas matas de jume (Salicomia ambigua).

b) Suelo totalmente o en su mayor parte cubierto con especies nativas tolerantes como gramón (Cynodon dactylon), espartillo (Spartina spp.) y pelo de chancho (Distichlis spp.) con algunos espacios desnudos o “peladales”.

Los sectores carentes de vegetación son los más críticos en cuanto a posibili- dades de recuperación. En ellos es necesario realizar la cobertura de la superficie del suelo con rastrojo o paja de cualquier origen, para lograr un mulch que la proteja. Previamente puede realizarse alguna tarea de remoción que favorezca la infiltración y el lavado de sales.

Si el lote se encuentra muy afectado, es conveniente su clausura para permitir la implantación de vegetación natural colonizadora, o tratar de cubrir los sectores más afectados con rastrojos o cualquier tipo de vegetación disponible. En caso de contar con vegetación desarrollada espontáneamente en el lote a recuperar, se podrán intersembrar especies tolerantes a salinidad tales como agropiro, trébol de olor, y Lotus tenuis. La festuca es una especie con buen comportamiento en suelos de salinidad moderada. Otra metodología sugiere que previo a la siembra directa, aplicar un herbicida total a los efectos de secar la vegetación natural, mantenien- do la cobertura. S u e l o s c a s i s a t u r a d o s S u e l o s c a s i s a t u r a d o s S u e l o s c a s i s a t u r a d o s S u e l o s c a s i s a t u r a d o s S u e l o s c a s i s a t u r a d o s

Aquí los suelos no llegaron a inundarse, pero mantuvieron (o mantienen) un contenido de humedad tal que los hace intransitables (falta de “piso”).

Esta circunstancia puede haber sido originada por el ascenso del nivel freático, sin embargo, generalmente se produce como consecuencia de la acumulación, en sectores planos o ligeramente deprimidos, de agua libre de sales que escurre de las zonas vecinas. Estas condiciones se mantienen por la frecuencia de las precipitaciones, o bien por la existencia de alguna capa en el suelo que limita la infiltración del agua.

Dado que la provisión de aire al suelo resulta más o menos normal, no cabe esperar aquí mayores cambios ni deterioros en sus propiedades, a menos que el manejo durante este período haya sido inadecuado.

En este sentido, el tránsito de maquinaria o animales sobre la superficie de un suelo muy húmedo, producirá el “amasado” y compactación de los horizontes su- perficiales.

Este fenómeno se produce cuando, bajo presión o rozamiento, las partículas minerales que componen el “esqueleto” del suelo, se encajan unas con otras. Ge- neralmente las más pequeñas (limo y arcilla) se “cuelan” entre los granos de arena formando una masa sólida, con muy pocos espacios vacíos entre ellas. La presen- cia de agua favorece el proceso, porque lubrica el movimiento de las partículas. Todo suelo tiene una alta resistencia a la compactación cuando se encuentra seco. Esta resistencia disminuye a medida que aumenta el contenido de humedad. Con altos contenidos de agua, superiores al denominado “límite plástico”, el suelo se comporta como un fluido, resultando muy sensible al amasado y la compactación. Finalmente, cuando se supera el punto de saturación, pasa a comportarse como un líquido. Si en estas condiciones se lo somete a presión, la estructura se destru- ye totalmente. El suelo así amasado y compactado, al secarse forma una costra muy resistente de varios centímetros de espesor.

Esto tiene importantes implicancias en la práctica: el apresuramiento en “entrar al lote”, ya sea con los animales o con las herramientas, puede ser en este caso más perjudicial que el anegamiento propiamente dicho.