Las fuentes de agua para el ganado son los arroyos, lagos, ríos, charcos, lagu- nas, manantiales, pozos, siendo la de mayor importancia el agua subterránea. Las represas artificiales o tajamares, como se las llama en la Mesopotamia y en el Norte, son las menos comunes.
La calidad de las distintas fuentes está relacionada con la ubicación geográfi- ca y depende mucho de la geología de la zona. Es conocido en el sur de la Provin- cia de Córdoba que los pozos son de poca profundidad (2 a 10 metros), sin em- bargo tienden a “salinizarse” con el uso continuado de varios meses, por lo que se requiere la instalación de un gran número de perforaciones, que son usadas alter- nativamente durante el año.
El agua de represas artificiales varía significativamente en su composición quí- mica desde el llenado hasta su vaciado, aún cuando sea parcial.
Esta variación está dada por la concentración y acumulación de desechos or- gánicos producidos por los propios animales y de los arrastres en el proceso de llenado. En estos casos, sería muy importante limitar el acceso de los animales a la reserva de agua, porque esta puede transformarse en fuente de contagio de enfer- medades infecciosas como leptospirosis o bien de enfermedades tóxicas produ- cidas por algas.
El agua proveniente de corrientes superficiales es por lo general dulce, de baja concentración de sales totales por litro (ST/l), pero la misma puede variar de acuer- do a las regiones que atraviesa y al volumen de agua que acarrea en las diferentes estaciones del año.
Existen ríos en la Argentina que tienen un nombre común: Río Salado, de los cuales hay varios, en Salta, Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe, Neuquén (Pam- pa del Agua Amarga), Buenos Aires, Mendoza y San Luís. Aunque las aguas de estos ríos no son salobres, al infiltrarse hacia las napas subterráneas disuelven
cloruros y sulfatos que le otorgan alta salinidad al agua de pozo. Esta característi- ca también se observa en proximidad de otros ríos como el Diamante y Tunuyán en Mendoza y en las lagunas encadenadas de la cuenca del Río Salado de Buenos Aires.
En general, los requerimientos de agua por unidad de peso corporal disminu- yen con la edad. Un bovino adulto consume entre un 8-10% de su peso en agua. Una vaca lechera puede consumir entre 38 y 110 litros de agua por día y un vacu- no para carne de 26 a 66 l/d. Las hembras preñadas consumen más agua que las vacías, y las lactantes más que las secas. Las vacas lecheras, son las que más agua consumen de todos los bovinos, en proporción a su tamaño corporal, debido a que tienen grandes requerimientos de agua para poder mantener su producción láctea, ya que entre el 85 y el 87% de la leche, es agua. El ganado lechero tiene una mayor demanda hídrica, la cual aumenta a medida que crece su nivel de producción.
Hay diversos factores que influyen sobre la cantidad de agua requerida por los animales, tales como: raza, edad, estado fisiológico, temperatura y humedad am- biente, velocidad del viento, contenido de proteínas e hidratos de carbono de la dieta, ingestión de sales, etc. Los factores que más modifican el consumo de agua son la temperatura ambiente y el tipo de alimento.
Al mismo tiempo, el tipo de animal (tamaño, raza, edad, sexo) hará que se modifiquen los requerimientos de agua por kilogramo de materia seca consumida. Por ejemplo, si un cebú adulto consume 2,5 litros, un vacuno británico necesitará 3,5 y un ternero hasta 7 litros por el mismo kilo de materia seca ingerida.
El contenido de materia seca de los alimentos, que varía entre el 20 y el 80%, también actúa condicionando su ingestión de agua, siendo común la presencia de animales que no necesitan beber por estar pastoreando verdeos tiernos y aguachentos durante el transcurso del invierno. Alimentos como silajes y pasturas, tienen un alto porcentaje de humedad, mientras que los granos y los henos tienen un bajo porcentaje. Alimentos altamente energéticos, producen mucha agua metabólica, mientras que alimentos bajos en energía, producen poca. En general, todos los forrajes secos y concentrados, demandan un consumo de agua por par- te del animal mayor, que los forrajes verdes.
Un mismo organismo puede consumir más o menos agua, según esté acos- tumbrado al tenor salino de la misma. Aún cuando en un principio la rechace, si el contenido de sales es tolerable, terminará por aceptarla (aunque disminuya su producción), luego de un período variable que dependerá del tipo de alimento que consume y del clima. Sin embargo, cuanto más elevada sea la salinidad del agua, mayor será la cantidad que requerirá para saciar su sed.
La temperatura ambiente elevada, aumenta los requerimientos de agua en los animales. El aumento puede ser entre un 30 y un 60% en meses calurosos. Así, un animal para carne (450 kg), puede consumir 28, 41 o 66 litros de agua, según que la temperatura ambiente sea 4, 21 o 32º C, respectivamente.
La ausencia de sombra, tanto como las temperaturas muy elevadas, provocan un alza del consumo, que puede reducirse facilitándoles refugio bajo los árboles y permitiendo que concurran a beber en las horas más frescas. También contribu- yen a elevar la demanda, la baja humedad relativa ambiente o los vientos que aumentan la transpiración de los animales. En cualquier caso, el agua fresca cer- cana a los flotantes será la preferida, por lo que se recomienda proteger los bebe- deros con cubre flotantes reforzados, ya que son frecuentes las roturas de las boyas, cabezas de flotantes, etc., cuando los animales se agolpan a beber.
Durante la privación de agua, hay pérdida de peso debido a la pérdida de la misma, desde los tejidos y desde el intestino, el cual actúa como reservorio de agua, que mantiene al organismo hidratado. Una provisión inadecuada de agua, puede resultar en una disminución de la producción láctea más rápida y drásticamente que cualquier otra deficiencia nutricional.
Otro factor a tener en cuenta es la distancia a las aguadas. La frecuencia de consumo voluntario de agua para una vaca es de 3 a 4 veces por día. En las zonas áridas o semiáridas elevadas, los animales bajan a consumir agua cada 2, 3 o más días. En estos casos, el consumo puntual de agua es mucho más importante que si se produce en 1 o 2 tomas diarias. El ganado prefiere beber agua varias veces al día. Si el consumo está limitado, el animal comienza a comer menos y más lentamente. La privación de agua generalmente resulta en pérdidas del peso cor- poral. Por otro lado, el exceso de agua sobre todo en terneros, causa diarrea. El mejor método es proporcionar diariamente agua fresca, limpia, a voluntad, cerca- na al lugar de pastoreo y de fácil acceso.