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Atenas desde 239 hasta 192 a.C.

La descripción de Atenas por «Heráclides» no puede ser fechada con precisión; incluso si es exacta, es difícil decir si pertenece a un período de dominio macedónico o a una época de libertad. Junto a sus monumentos clásicos, dice el autor, la ciudad tiene festivales para deleitarse, filósofos para entretener y comida de primera clase, aunque no muy abundante (1. 1-2, Austin 83). Cualquiera que fuera su suerte política, la ciudad tenía una elevada reputación en lo cultural.

Después de haber sufrido los intentos de los aqueos de separarlos de Gónatas y su guarnición, los atenienses soportaron nuevos ataques durante la «guerra de

Demetrio», que duró todo el reinado de Demetrio II de Macedonia (r. 239-229). Se puede imaginar lo que esta intermitente perturbación significó para la vida ática a partir de la interrupción constatada en las festividades de Rhamnunte en la costa noreste.106 En Atenas el culto de Antígono Monoftalmo y de Demetrio Poliocertes fue reinstaurado, pero no podemos suponer que todo el cuerpo ciudadano, o todos los miembros de la élite política, soportaron alegremente el dominio macedónico. A su vez, las incursiones aqueas pudieron crear resentimiento, pues cuando Arato fue derrotado (entre 235 y 232) y los rumores de su muerte llegaron a Atenas, hubo un regocijo prematuro. La hostilidad que parece haber suscitado su persona —al menos entre algunos ciudadanos— puede explicar por qué Atenas no lo apoyó contra Esparta un decenio después.107

Atenas recuperó su libertad en 229. Después de la muerte de Demetrio II, el gobernador macedonio Diógenes, que puede haber sido un ciudadano ateniense encargado de sus conciudadanos, entregó El Pireo, Salamina y Ramnunte a la ciudad. Arato después afirmó haber desempeñado un gran papel en esto (Plut. Arat. 34; Paus. 2. 18. 6), pero probablemente exageraba su parte.108 Los ateniense habían estado bajo dominio directo durante treinta y tres años; sin embargo, quizá una razón de mayor celebración era la liberación de El Pireo después de no menos de sesenta y seis años de ocupación.

Para preservar su libertad, los atenienses adoptaron una neutralidad oficial; en realidad se pusieron del lado de su aliado de la década de 260, el Egipto ptolemaico, esperando presumiblemente que esto disuadiría la agresión macedónica.109

Los atenienses se vieron libres del temor que les infundían los macedonios y dieron la impresión de disfrutar con firmeza de su libertad. Habían nombrado magistrados supremos a Euríclidas y a Mición, y no intervinieron para nada en las cuestiones de los demás griegos. Fieles siempre a las directrices de sus jefes, o más bien a sus caprichos, adularon a todos los reyes y, más que a todos, a Ptolomeo. Pasaron por decretos y proclamas de todo género e hicieron caso omiso de lo razonable, debido todo a la simpleza de sus gobernantes.

(Polibio, 5. 106. 6-8)

La vehemencia de Polibio puede deberse a que creía que los atenienses no deberían haber permanecido neutrales, sino que deberían haberse unido a la liga aquea, y así Arato no habría tenido que realizar un giro de 180 grados y llamar a los macedonios en su ayuda. El interés propio era, sin embargo, el principal motivo de los atenienses, sin duda acertadamente; además, ellos no sentían simpatía por Arato después de su invasión del Ática.110

La neutralidad fue suavizada por la diplomacia. En 226, como lo muestra un decreto (ISE 28),111 los atenienses encargaron al filósofo aristotélico Pritaneo de Corinto negociar con Antígono, quizá para conseguir el reconocimiento de su libertad; no hay constancia de que su petición tuviera éxito. En un corto tiempo, en respuesta a la demanda de ayuda de los aqueos, Dosón resucitó la liga helénica de Filipo II y Demetrio I, que ahora comprendía a la mayoría de los estados griegos centrales (Staatsv. iii, p. 507; cf. Polib. 4. 25-26, Austin 58). Presumiblemente en reacción, poco después, los atenienses votaron honores tales para Ptolomeo II que sólo tenían parangón con los votados para los Antigónidas en 307. Entre otros honores, el culto de Ptolomeo fue agregado al panteón, se creó una nueva tribu de

Ptolemaidas, formada por una dême de cada una de las demás, y una nueva de Berenícidas (llamada así por la reina) y se aumentó la boulé a 650 miembros.112

Aproximadamente por la misma época, los atenienses fortificaron las murallas de su ciudad y las de sus demes rurales.113 Su política de neutralidad, vinculada con los políticos Euríclidas y Mición, les ahorró compromisos en las guerras macedonias y romanas de 222-205 (véase el capítulo 10), e incluso la toma romana de Egina en 210 y su entrega a los etolios (que la vendieron a Átalo de Pérgamo) no les llevó a tomar partido, sino antes bien a unirse a los intentos fracasados de mediación bajo la égida de Ptolomeo IV en 209 (Livio, 27. 30. 4-6). Aunque el nombre de la ciudad aparece en el texto de la paz de Fenice, esto puede haber sido una falsificación. No obstante, en poco tiempo la neutralidad se haría imposible.

En 201, una escaramuza diplomática con los acarnanios aliados de Filipo V, quizá provocado precipitadamente por los atenienses, desató feroces incursiones en el Ática de aquellos acarnanios con ayuda macedonia. Livio ve sus efectos en graves términos: «el ejército ... comenzó a pasar a hierro y fuego el Ática, regresando después a Acarnania con toda clase de botín» (31. 14. 7-10). En efecto, la opinión antimacedonia se impuso entre los atenienses. Declararon la guerra a Filipo y abolieron dos tribus antigónidas (como habían hecho en aquellas ocasiones en que habían asegurado su libertad de Macedonia). Las referencias a los Antigónidas fueron borradas de los documentos oficiales, se agregaron maldiciones a las oraciones públicas y se prohibió la entrada al Ática a los macedonios (Livio, 31. 44. 2-9). Como Átalo I de Pérgamo estaba en Atenas en ese momento para buscar auxilio militar contra Filipo, y como su llamado tuvo éxito, los atenienses aprovecharon la oportunidad para crear una tribu de Atálidas y un demes de Apolónidas (en honor a la reina Apolonis), y agregar el culto del rey al panteón epónimo. La moneda de los honores cultuales se estaba devaluando un poco, pero los ánimos estaban caldeados y los atenienses no podían esperar misericordia de Filipo.114

Los atenienses enviaron un emisario a Roma en busca de ayuda. Más tarde esto sería utilizado por los romanos para justificar su entrada en Grecia, pero no era el motivo principal ni la causa de su guerra contra Filipo. Para los atenienses era un paso sensato, pues en 200 un ejército romano brindaba la única protección confiable frente a los ejércitos macedonios que incluso penetraron hasta la Academia, apenas extramuros de la ciudad (Polib. 16. 27. 1; Livio, 31. 16. 2). Poco después, Filipo mismo penetró en la ciudad a la cabeza de su ejército; una vez más fueron los aliados de Atenas, esta vez las tropas pergamenses así como romanas, las que los sacaron del aprieto (Livio, 31. 24. 4-25. 2). Sin embargo, subsiguientemente, la guerra se trasladó a otros teatros, y los atenienses volvieron a un estatus menor entre los adeptos de Roma. El duro acuerdo impuesto a Filipo en 196 y la declaración de Flaminino de que los griegos debían ser libres, marcó el fin de la amenaza macedonia para la Grecia meridional.

Durante todo el siglo II los atenienses permanecieron leales partidarios de Roma, convirtiéndose probablemente en aliados formales entre 191 y 188. Durante cien años no predominó una posición contraria. Fue un notable siglo de paz para Atenas,115 lo cual puede querer decir realmente que aquellos que apoyaban a Roma eran la sólida mayoría, quizá con más seguridad que cualquier otra polis.