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La historiografía del período helenístico

Los historiadores del período helenístico fueron numerosos, pero se han conservado pocas obras suyas. Las ramas de la historia local, regional y de las antigüedades florecieron, pero la mayoría de los autores son ahora nada más que nombres para nosotros (véase el capítulo 7). La falta de una narración continuada es un problema para gran parte de este período, particularmente en relación a los inicios y mediados del siglo III. Los principales historiadores del siglo III se han perdido: Jerónimo, Duris, Timeo, Filarco y Arato de Sición.

Como señala Wallbank: «Hay claros indicios de que son estos cinco quienes imprimieron su carácter y su versión de los hechos en la tradición existente».21 Una pérdida igual de lamentable es la de Filocoros, el último y más grande de los actidógrafos (escritores de historia ática, es decir, ateniense), que trató tanto de los acontecimientos contemporáneos como de los más antiguos. La desaparición de estas obras es resultado, en parte, de los cambios en el gusto romano a que nos hemos referido antes, pero también se explica por una aparente falta de interés en los años transcurridos de c. 301 a c. 229 por parte de los escritores posteriores, que pueden haber preferido no centrarse en una época en que la dominación macedónica no había sido prácticamente desafiada. Todos estos escritores son examinados más adelante, aquí debo centrarme en los autores cuyas obras se han conservado en parte o en su totalidad.

Para el período desde 229 en adelante, tenemos la primera narración casi contemporánea que tiene afortunadamente una alta calidad. Polibio de Megalópolis (c. 200-c. 118) es el único historiador helenístico del que ha quedado una obra casi completa. Su obra, sin embargo, presenta mutilaciones; sólo un octavo de ella (los primeros cinco libros de cuarenta) permaneció intacto; el resto fue compuesto a partir de «fragmentos» (en el sentido explicado antes) más cortos o más largos, especialmente un resumen casi continuo del libro 6 al 18.

Polibio fue testigo de acontecimientos importantes y se relacionó con hombres que hicieron historia. Su padre fue un destacado estadista en la liga aquea durante los inicios del siglo II. Polibio fue uno de los mil aqueos retenidos en Italia después de la derrota de Macedonia; gozó de la compañía de estadistas y literatos romanos mientras vivió allí. Fue testigo del saco de Cartago en compañía de los principales generales romanos (146), y exploró la costa atlántica más allá del Estrecho de Gibraltar. Escribió su historia con el fin de explicar cómo los romanos se apoderaron de Grecia entre 220 y 167 y por tanto incluyó un proemio (libros 1-2) sobre el surgimiento de Roma, las primeras guerras contra Cartago, la situación de Grecia bajo Macedonia y la derrota de Esparta por Antígono II de Macedonia. Al final añadió un relato de los efectos de la dominación de Roma sobre Grecia (libros 30-39). No sorprende que esta dominación hiciera una fuerte impresión en Polibio, quien parece haber deseado explicarse por qué el éxito de los romanos fue tan completo, así como comunicar estas razones a sus lectores griegos de modo que éstos aceptaran el ineluctable nuevo orden mundial y se acomodaran a la situación.

Aunque resulta casi injusto para con los historiadores perdidos concentrarse tanto en Polibio, debemos asumir que la razón de que su obra se conservara se debió a que fue ampliamente leída y copiada, y por tanto que era considerada excelente. Junto con Tucídides, es uno de los dos historiadores griegos que puede, al menos en términos de metodología y objetivos, ser llamado científico, aunque ambos eran artistas literarios y distaban de ser desapasionados. Llama a su obra pragmatiké historia, «historia pragmática», basada en testimonios escritos, en su propio conocimiento de los hechos, en el testimonio de testigos oculares y así sucesivamente. Organizó su material de modo sistemático: en la parte principal de su obra abarcó un año cada vez, tratando de los hechos en el occidente (incluida África), Grecia, Macedonia, Asia y Egipto, siempre en ese orden. Desarrolló los principios explicativos de Tucídides a un nivel más alto de complejidad, que su insistencia en el papel de la Fortuna (tyché, cf. pp. 199-200) no invalida. El corolario a su análisis de sus propios métodos históricos son sus ataques, a veces imprudentes, a los métodos y prejuicios de otros historiadores, especialmente de Timeo en el libro 12. Él mismo está claramente predispuesto en favor de los aqueos y netamente en contra de los espartanos; pero el comentario de un estudioso de que «por supuesto sin ser neutral, no obstante, era honesto» parece justo.22

La historia universal del escritor romano Tito Livio (Titus Livius, probablemente 59 a.C.-17 d.C.) incluyó muchos pasajes basados en los libros perdidos de Polibio. Queda una amplia porción de la obra de Livio, que permite a los estudiosos llenar los vacíos de Polibio. Sobre la participación romana en Grecia hasta 167 a.C., Livio ofrece una narración detallada y valiosa en los libros 26-45.

Un contemporáneo de Livio, Diodoro de Sicilia (Diodorus Siculus, el «Siciliano») escribió una Bibliothéke (Biblioteca), una historia universal hasta 60 a.C. Los libros 18-20 son la única narración ininterrumpida de que disponemos para los años de 323-302 a.C.; se basan en buena parte en las memorias de Jerónimo de Cardia, archivero de Alejandro que fue también oficial del ejército. Del resto de la obra de Diodoro quedan fragmentos, pero es claro que para la historia de su Sicilia natal hasta el segundo cuarto del siglo III utiliza a Timeo; para la historia griega del siglo III tardío y el siglo II sigue mucho a Polibio, y para el período posterior a 146 utiliza al erudito estoico Posidonio (135-51 a.C.). Los libros sobre los hechos de 301 a 60 a.C. son fragmentarios.

Desde 301 hasta la narración de Polibio en 229 a.C., no hay un relato continuo; lo más próximo a una narración que tenemos es una versión de segunda mano de una obra perdida escrita a finales del siglo I a.C. o inicios del siglo I d.C. Pompeyo Trogo, un galo romanizado de la Galia Narbonense, escribió sus Historias Filípicas en el reinado de Augusto. Han quedado en la forma de un epítome (resumen) de Justino (M. Iunianus Iustinus), un escritor de fecha incierta, quizá de finales del siglo II d.C.23 El sumario tiene 262 páginas de traducción al inglés [en la versión castellana de Gredos, suman 457 pp.]; el original fue probablemente de cinco a diez veces más largo. Los resúmenes de libros individuales variaban de longitud entre una y diecinueve páginas, y eran particularmente cortos en los períodos medio y tardío; los libros 26-35 (272-145 a.C.) ocupan tan sólo unas setenta páginas en la versión castellana. La conservación de la obra se debe a su popularidad en la Edad Media, cuando el epítome era ampliamente leído en términos relativos, junto con una serie de prologi (índices de contenido) de autoría indeterminada; éstas son independientes de Justino puesto que evitan algunos de sus errores. Tanto su brevedad como su relativa precisión son ilustradas por el prologus del libro 27, que abarcaba nada menos que la historia de veinte años (246-226/115 a.C). La siguiente cita mantiene la grafía latina en los nombres:24

En el volumen vigésimo séptimo se contiene lo siguiente: la guerra de Seleuco (II Calinicus) en Siria contra Ptolomeus Trifo; igualmente en Asia contra su hermano Antiocus Hiérax, guerra en la que fue vencido por los galos en Ancura; y cómo los galos, vencidos en Pergamum por Atalus, mataron al bitinio Zielas. Como Ptolomeus (III) mató a Adeus, después de haberlo hecho prisionero por segunda vez, y Antigonus venció a Sofron en Andros, en una batalla naval. Cómo Antiocus, derrotado por Seleucus III Calinicus en Mesopotamia, escapó de Ariamenes, que maquinaba contra él, y después huyó de los guardianes de Trifo; matado Antiocus por los galos, también su hermano Seleucus murió, y Apaturius mató al mayor de sus hijos.

(Trogo, Prólogos, 27)

Un ejemplo de las deficiencias de Justino, o de cómo sus intereses eran diferentes a los nuestros, es que en el epítome más completo del mismo libro deja de nombrar por completo la batalla de Ancura (hoy Ankara), y erróneamente se refiere a Átalo de Pérgamo como «el rey de Bitinia, Eumenes» (27.3.1).

La obra de Trogo abarcó el Oriente Próximo (libros 1-6), Macedonia (7-12), los reinos helenísticos (13-40) y la historia de los partos (41-42); añadida a ésta están los primeros reyes de Roma (43) y la historia de España y Cartago (44). Las secciones helenísticas incluían muchos episodios de la historia siciliana y cartaginesa, y el epítome de Justino de los libros 24-25 preserva un valioso relato de las invasiones gálatas de Grecia, así como una notable historia que pretende mostrar cómo Ptolomeo Cerauno (Trueno), hijo de Ptolomeo I, engañó a su hermana (media hermana) Arsínoe II para que se casara con él y mató a los hijos de ella, de modo que pudo quitarle la ciudad de Casandrea (24, 2-3), un caso raro de una narración específica sobre los primeros Ptolomeos, aunque no más confiable por ello. Justino es la principal fuente de ciertos episodios, tales como un golpe en la ciudad peloponesia de Elis alrededor de 270 a.C. (26, 1-4); en este caso particular el epítome y el prólogo apenas si se yuxtaponen.

El epítome de Justino es efectivamente una selección personal antes que un sumario literal, y puede demostrarse que es impreciso y confuso en muchos puntos; pero su posición se ha elevado al reconocerse que Trogo puede haber usado ampliamente a Posidonio (directamente o a través de un historiador intermediario), y que Justino y los prólogos son particularmente importantes para la historia griega occidental y cartaginesa.

El último gran historiador, particularmente importante para el período helenístico tardío, es Apiano de Alejandría (últimas décadas de la primera mitad del siglo II d.C.). Más o menos contemporáneo de Arriano, trabajó como abogado en Roma y tuvo un cargo público bajo el emperador Antonino Pío. Su historia de Roma comprende varios libros que describen determinados pueblos y cómo los romanos los conquistaron. El libro 9, la Makedoniké (Historia macedónica), es fragmentario, pero los tres siguientes han quedado completos. El breve libro 10, Ilyriké (Historia iliria) se centra en la intervención de Roma en la Grecia noroccidental en 230-119 y 50-33 a.C. El libro 11, Syriaké (Historia siria, generalmente llamado Las guerras sirias) describe con detalle la guerra de Antíoco contra los romanos (caps. 1, 1-7. 44) y resume la historia seléucida tardía hasta la conquista romana y la época posterior (caps. 8. 45-51, 11. 66-70). Una digresión sobre los acontecimientos previos (caps. 9. 52-11. 66) contiene el famoso esbozo de Seleuco I y sus triunfos. El libro duodécimo, el extenso Mithradateios (o Mithridateios; Las guerras de Mitridates) narra las tres guerras de Mitridates (o Mitradates) VI Eupátor contra los romanos, conservando episodios clave tales como la masacre de los romanos en Asia Menor (cap. 4. 22-3)), la tiranía de Aristión en Atenas, y la captura de la ciudad por Sila (cap. 5. 28-6. 41). Apiano hace más que resumir sus fuentes para nosotros; preserva material de obras perdidas de Jerónimo de Cardia, Polibio, y sobre todo del tratado antirromano Sobre los reyes de Timagenes de Alejandría, escritor del siglo I (FGH 88).

Para el período 69 a.C.-46 d.C. también tenemos los libros 36-60 (de los ochenta libros originales) de la Historia romana de Casio Dión (c. 164 d.C-después de 229), otro griego miembro de la clase senatorial de Asia Menor. Los libros que quedan se refieren principalmente a la historia romana, pero contienen importantes datos para las fases tardías de las guerras mitridáticas de Roma (véase el capítulo 10).