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El mundo griego no era una entidad independiente, aislada de los pueblos no griegos. Un recordatorio sorprendente de este hecho tomó la forma de las invasiones gálatas de inicios del siglo III. Por generaciones los gálatas o celtas (galatai o keltoi en griego) habían estado emigrando al sur y al este desde su tierra natal en Europa noroccidental; sociedades enteras se habían puesto en marcha como resultado de la presión demográfica en su país. Los gálatas incluso habían saqueado Roma en la década del 390 y Casandro y Lisímaco tenían ahora que defender la Grecia septentrional contra las incursiones de los gálatas o de otras tribus a quienes aquéllos habían forzado a abandonar sus tierras de origen.40

La muerte de Seleuco en el 281 provocó una crisis en el norte, que empeoró cuando su asesino, Ptolomeo Cerauno fue muerto en una batalla contra los nuevos invasores gálatas.41 Una banda de gálatas llegó a Delfos, donde fue rechazada por los etolios y otros griegos del centro con la ayuda del dios del santuario, Apolo, que envió una nevasca para detenerlos. El acontecimiento se conmemoró en un decreto emitido en el 278 por los ciudadanos de la polis insular de Cos; el texto es una buena prueba de la organización del culto y, de paso, del continuado prestigio de los dioses tradicionales griegos (cf. capítulo 5):

Diocles hijo de Filmo propone:

Puesto que, después de la expedición de los bárbaros contra los griegos de Delfos, se ha informado de que los atacantes del santuario han sido castigados por el dios y por los hombres que vinieron a defenderlo contra ellos; que el santuario ha sido salvado y adornado con los despojos del enemigo, y que, de los restantes atacantes, la mayoría han perecido combatiendo contra los griegos:

Sea manifiesto que el pueblo comparte la alegría de los griegos por la victoria y está ofreciendo al dios dones de agradecimiento por manifestarse durante los peligros que amenazaron al santuario y por la protección de los griegos.

Mediando la buena fortuna, sea acordado por el pueblo que el jefe de la sagrada embajada [de Cos] y los embajadores sagrados que han sido electos, al llegar a Delfos, sacrificaren a Apolo Pitio un buey con cuernos dorados en pro de la segundad de los griegos.

...Que el heraldo sagrado proclame que «el pueblo está guardando este día como sagrado debido a la seguridad y a la victoria de los griegos; y que todo sea lo mejor para aquellos que llevan las guirnaldas»...

(Austin 48, BD 17, Syll3 398)

Una división de los gálatas dirigidos por Breno llegó con 2.000 carros, lo que implica que tenía un contingente total (incluidos los no combatientes) que llegaba a las decenas de miles.42 Justino (24. 3), sintetiza Pompeyo Trogo, dice que «cuando los macedonios, vencidos, se escondieron tras las murallas de sus ciudades, Breno, vencedor y sin que nadie se lo impidiera, saquea los campos de toda Macedonia». El número total de personas en marcha, incluidos los no combatientes, puede haber llegado hasta los 300.000.43 La fuerza de los gálatas puede medirse por sus victorias sobre Cerauno y su sucesor Sostenes.

Algunos gálatas pasaron al Asia Menor, en parte por invitación de Nicomedes de Bitinia, que los convirtió en sus mercenarios (Memnon, FGH 434 frag. 11, Austin 140, Burstein 16).44 Saquearon el campo y hay una información que habla de muchos habitantes helenizados de Asia Menor noroccidental que fueron capturados por los gálatas y rescatados por un funcionario del rey seléucida (Austin 142, Burstein 19).45 Impusieron tributos a las ciudades y dinastas por igual hasta que fueron derrotados por Filetairo de Pérgamo, y también por Antíoco I, alrededor del 270. Antíoco los estableció en una zona del norte de Frigia que vino a ser llamada Galacia, «país de los gálatas», aunque los asentamientos permanentes no deben haber sido anteriores a finales del siglo III. Continuaron preocupando a los gobernantes greco-macedonios, pero probablemente no eran agresivos de modo innato, sino que buscaban un país para vivir.46 Estuvieron dispuestos a ser reclutados como mercenarios, por ejemplo por Antíoco Hiérax en el 241. Las triunfantes campañas de Filetairo contra ellos contribuyeron a que Pérgamo se estableciera como un estado independiente, y fueron conmemoradas, junto con otras victorias posteriores sobre ellos, con esculturas de los gálatas luchando contra los griegos que decoraron la acrópolis de Pérgamo (fig. 8.6). Átalo I se hizo famoso por no pagarles el tributo acostumbrado, quizá con el fin de provocar la lucha que terminó con una gran victoria de Pérgamo. Sin embargo, estaban lejos de ser subyugados; en el 189 los romanos comandados por Gneo Manlio Vulso todavía estaban expulsando a los galos de las regiones costeras de Asia Menor.47 Eumenes II de Pérgamo luchó en grandes campañas en las décadas de 180 y 160 y su sucesor Átalo II se planteó atacarlos unos pocos años después.

En Tracia, Antígono II Gónatas exterminó una gran fuerza gálata en el 277. No hubo más incursiones en Grecia; aunque el reino gálata de Tylis permaneció hasta c. 212. El prestigio de la victoria ayudó a Gónatas a tomar el control de Macedonia (aunque él fechaba su reinado desde la muerte de su padre Demetrio I en 283). Esta marcó un momento decisivo en el desarrollo político global de los reinos helenísticos: Gónatas, a diferencia de los anteriores diadocos, fue capaz de

mantenerse en el poder, y la dinastía antigónida gobernó Macedonia hasta la conquista romana. Aquí, entonces, como en Pérgamo, la oposición a los gálatas proporcionó una palanca para la ambición dinástica.

Dondequiera que fueran, los gálatas despertaban el temor, o así lo afirman las fuentes y los documentos. Representaban un «otro» peligroso, y se convirtieron en los bárbaros arquetípicos, posiblemente los enemigos más importantes de los griegos desde los persas. Hammond atribuye la relativa debilidad de Macedonia a partir del 277, al menos en comparación con los demás reinos principales, a los efectos de larga duración de las incursiones gálatas, que considera fueron ruinosas.48 En verdad, los gálatas podrían haber sido una amenaza menor para Grecia que los persas a inicios del siglo V. Una y otra vez las campañas contra ellos fueron aprovechadas con propósitos propagandísticos. El temor a los galos puede haber incitado a los griegos a defender su propia identidad satanizándolos, y explica por qué podemos ver en Pausanias (1. 3. 5-4; 10. 19. 4-23. 7) un fuerte prejuicio desde la invasión de Jerjes.49 Sus acciones agresivas dieron a los reyes oportunidades para mostrar cuan griegos, cuan fuertes y cuan meritorios eran; pero en otras circunstancias no tardaban en utilizar el peso militar de los gálatas en sus propias campañas.