EVOLUCIÓN DE LA ATENCIÓN Y LA EDUCACIÓN DE LA PRIMERA INFANCIA
2.1 La atención y la educación de la primera infancia en sus orígenes
La atención y la educación de la primera infancia en el Perú tienen su origen durante el periodo de la oligarquía en la República gracias el establecimiento de las primeras instituciones de iniciativa privada y carácter filantrópico, dirigidas por mujeres viudas y casadas sin hijos de la aristocracia, con el objetivo educar a las madres con sus hijos y asistir a la gran cantidad de niños nacidos fuera del matrimonio y los niños huérfanos en peligro de abandono moral, ayudando a las familias de los barrios pobres y a las madres trabajadoras en los sectores obreros (Guevara Chacabana, 2006).
La preocupación por la maternidad y la infancia puede estar relacionada a la idea de las posibilidades de progreso en el país. En 1884 se registra la primera referencia sobre programas de atención y educación para la primera infancia, por la fundación “Sociedad Auxiliadora de la Infancia”, en la ciudad capital de Lima, liderada por Juana Alarco de Dammert, gestora pionera de la asistencia y la protección de la infancia en las etapas iniciales de la vida. Bajo sus auspicios se creó: 1) una escuela maternal (1896) para brindar alimentación y educación a niños menores de siete años, formar voluntarias para el cuidado y la enseñanza de niños huérfanos y asimismo estrenar el primer consultorio médico gratuito para la atención de los niños; 2) la primera “Cuna Maternal de Los Naranjos” (1902) en Barrios Altos para dar educación, cuidado y alimentación a los hijos de madres obreras, y 3) la Junta de Defensa de la Infancia (1922) facultada para representar al Estado y destinada a la protección y el cuidado de la niñez, promoviendo la existencia de Cunas Maternales (Bustíos, 2004, citado por Guevara Chacabana, 2006).
La primera referencia de educación preescolar tuvo carácter privado por iniciativa de la maestra Elvira García y García cofundadora de la “Sociedad Auxiliadora de la Infancia”, quien creó el primer kindergarten para niños de 2 a 8 años como anexo del Liceo Teresa González de Fanning de gestión pública en 1902. Su inquietud por la infancia la hace difundir sus estudios dando a conocer la importancia de la educación en niños en edad temprana para su incorporación a la escuela primaria, basándose en los principios del Método de Fröebel (Aguirre, 2005). Mientras que, para el principal historiador de la República, Jorge Basadre Grohmann, el primer jardín de la infancia en la enseñanza oficial a cargo del Estado peruano data
a inicios del siglo XX en manos extranjeras: “En 1908 fueron contratadas las profesoras alemanas Gertrudis Jaschke y Margarita Hoeper, la primera especialistas en kindergarten y la segunda en trabajo manual y ejercicios físicos. Estuvieron [en] el país durante dos años y sus discípulas pueden ser llamadas las primeras jardineras de la infancia peruana” (Basadre, 1983, T. XI, p. 29).
Sin embargo, el primer jardín de infancia de gestión pública reconocido oficialmente fue creado el 25 de mayo de 1931 mediante la Resolución Suprema N° 589, por las maestras Victoria y Emilia Barcia Boniffatti a solicitud del presidente Augusto B. Leguía Salcedo quien se interesó por el tema por recomendación de una misión educativa suiza al conocer la iniciativa de crear un "jardín" para los niños de 4 y 5 años en la ciudad de Iquitos. Las hermanas se trasladaron a la ciudad capital de Lima para gestionar un proyecto de creación y subvención estatal del Jardín de la Infancia, presentado el 27 de setiembre de 1930 ante el Ministerio de Instrucción, para proporcionar ayuda física, moral e intelectual a niños pobres de madres viudas y trabajadoras brindándoles alimento y educación adecuada. Dado lo anterior, la Junta Nacional de Gobierno decretó la construcción de un local para uso exclusivo del Jardín de la Infancia Nº 1 Escuela Madre de los Jardines de Infancia, con fondos del Ministerio de Fomento. Así, acogieron a 500 estudiantes de 3 a 5 años, bajo subvención del presupuesto de Tesoro Público destinado al Ministerio de Instrucción para garantizar el sueldo de dos profesoras, tres auxiliares diplomadas, tres cuidadoras y un portero. Se desarrolló un programa basado en el juego, la educación física, el ejercicio al aire libre, el canto y el baile para el desarrollo intelectual, social y religioso del niño según los principios de Fröbel y la experiencia pedagógica de Pestalozzi (Barcia Boniffatti, 1933, p. 14 - 41).
Particularmente interesante es el capítulo “La Constitución de 1933” de la obra de Basadre Grohmann (1983, Tomo X) donde se revela que el debate de los artículos sobre temas educacionales pertenecientes al capítulo de las garantías sociales incluye la pronunciación sobre la “ayuda a la enseñanza pre-escolar” de la comisión del anteproyecto (p. 264). Los constituyentes evidenciaron su preocupación al dedicar a este ramo un título integro de la carta, quedando así expresada la obligación del Estado a fomentar la educación preescolar (p. 281). Con lo cual se devela este particular interés de los legisladores en relación a la atención y la educación de la primera infancia en el contexto peruano ante la incorporación de la
mujer dentro de la fuerza laboral y la preocupación de cuidar a los niños pobres y en situación de abandono.
Según Infanzón Gálvez (1993), la obra de las hermanas Barcia Boniffatti propició el establecimiento de la “Inspectoría Nacional de Jardines de la Infancia” (1940) con el objetivo de promover las normas de trabajo educativo de preparación del niño para su ingreso a la escuela primaria y a la vida en sociedad; la creación del “Instituto Nacional de Especialización en Educación Infantil” (1959) dedicado a orientar la creación y el funcionamiento de los jardines de la infancia mediante la capacitación y la especialización a docentes en servicio; y la institucionalización de la “Normal Urbana Experimental de Educación Pre-escolar”, por R.S. Nº 316 en el año 1964, para la formación de maestras de Educación Inicial. De esta manera, se inicia la educación preescolar, con lo cual se marca un hito histórico institucional del sector Educación, al empezar un proceso de creación de jardines de educación inicial, con financiamiento del Estado y con auspicio económico de algunas instituciones filantrópicas como la Beneficencia Pública y el Rotary Club (Aguirre, 2005).
Casi treinta años después de la creación del primer jardín infantil se gestaron los programas no escolarizados desde la organización de asistencia de la Iglesia Católica denominada Cáritas del Perú; a partir de un diagnostico en comunidades quechuas y aimaras de Puno, en los años sesenta, donde se obtuvieron resultados negativos como altos índices de desnutrición y leves indicios de desarrollo biopsicomotor en la población infantil. En consecuencia, se implementó un programa de atención integral y estimulación llamado Wawa Wasi (quechua) o Wawa Uta (aimara) con la finalidad de brindar un espacio similar al doméstico con actividades recreativas y alimentación complementaria para el niño en compañía de las madres campesinas (Aguirre, 2005).
En síntesis, los primeros servicios de atención y educación de la primera infancia se remontan a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX en el contexto peruano; estos se originan como obras asistenciales del sector privado provenientes de sectores pudientes ante los limitados recursos económicos y la inestabilidad institucional del Estado para atender a las clases obreras y en pobreza. Posteriormente estas iniciativas alcanzan la subvención pública sin ser incorporadas plenamente en la estructura del sistema educativo del Estado. Las intervenciones se caracterizan por
transitar de la antigua “escuela maternal” a la “guardería” encargada de cuidados asistenciales durante la jornada laboral de las madres hasta la configuración primigenia del denominado “jardín de la infancia” con una lógica pedagógica para el desarrollo del niño en sus primeros años de vida y diferente a la finalidad asistencial de sus orígenes e instructiva de la escuela primaria tradicional. Al finalizar esta etapa se comienzan a gestar programas no escolarizados como una alternativa en áreas rurales y alto andinas para sectores en vulnerabilidad económica, social y cultural.
2.2 La atención y la educación de la primera infancia en la estructura