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Aunque fue con Balac, estaba decidido a ser fiel a Dios

In document Transferencia de Espiritus (página 82-85)

P or lo m enos tres veces sacrificó anim ales lim pios a Jeho- vá (no a B aal), y todas las veces profetizó la verdadera palabra de D ios. H asta profetizó la llegada de Cristo, el M esías, a través de la sim iente de Israel. Sus profecías, fieles a la palabra de D ios, provocaron la ira de Balac sobre él. ¿Por qué, entonces, B alaam no dejó a Balac y se volvió a su lugar? Este es el m iste­ rio que ha confundido a m uchas personas durante años. Pero cuando se com prende la transferencia de espíritus, deja de ser un m isterio.

B alaam ya había dispuesto su corazón tras las riquezas y los honores que Balac le había ofrecido. D ado que la bendición de D ios aún estaba con él, lo que hacía no parecía tan malo. Lo m ism o sucede en la actualidad. Podría enum erar m uchos casos vistos con m is propios ojos durante los últim os treinta años (y m ás), de m inisterio, como:

U n cuarteto de m úsica gospel que viajaba de ciudad en ciu­ dad, que aparentem ente tenían un m inisterio m uy ungido; pero en el óm nibus en que se trasladaban los esperaban las "chicas" que los acom pañaban...

U n pastor que salía corriendo de una reunión donde acaba­ ba de orar po r los enferm os y profetizar... apurado por ir a ver­ se con la m ujer de otro hom bre.

Un director de orquesta que tenía "otros motivos" para ir a buscar a la pianista y llevarla a su casa luego de los ensayos.

El pobre B alaam no volvió atrás. E ra dom inado po r un es­ píritu del m undo. Si se encuentra usted en esta situación, recuer­ de: No tiene por qué seguir el cam ino de destrucción de Balaam.

A lexander William Ness 81

U sted puede pedir la ayuda de D ios. Si renuncia al espíritu que lo tiene atado, el Señor lo librará. El Cristo que está dentro de usted es m ás poderoso que el que está en el m undo. U sted es quien determ ina quién será m ás grande en su vida.

VIII. Volvio a su casa con éxito, según

el modelo del mundo

R ecibió su recom pensa después de enseñarle a B alac cóm o echar abajo a Israel al hacerlo pecar (N úm eros 24:25; 2 Pedro 2:15; Judas 11; A pocalipsis 2:14). El m undo puede considerar­ lo a usted exitoso. U n cantante deja el coro de la iglesia, va al m undo y se convierte en un hit. Los clubes nocturnos lo buscan. L lega al disco de oro. L a riqueza, el éxito ponen su nom bre en las m arquesinas. Tiene Rolls R oyces, cham pagne, licores, m an­ siones y dinero. El m undo llam a "éxito" a esto. Pero luego vie­ ne la m uerte, y el juicio. É l m uere, pero ha dejado su espíritu en otros. El rey del rock and roll sigue vivo. Entre a los cuartos de los adolescentes y verá qué tienen colgados en la pared, y se da­ rá cuenta al ver su colección de discos, de que el espíritu de es­ tas personalidades sigue con influencias sobre ellos.

IX. Cuando Balaam muere es enemigo de Israel,

aunque una vez se negó a maldecirlo

¿N o es triste que un gran profeta de D ios m uera entre los m adianitas, m ientras lucha contra su pueblo? Siete veces Dios se apareció a B alaam . Pero luego de recibir el espíritu del m un­ do de B alac, finalm ente m urió en el error. M urió en su pecado (N úm eros 31:8,16). Josué dijo que se había convertido en un adivino (Josué 13:22). D e igual form a, Saúl com enzó por ser un gran profeta, pero se dedicó a la brujería cuando el Espíritu San­ to lo dejó (1 Sam uel 10:9-14; 16:14).

8 2 Transferencia de espíritus

Todos hem os conocido profetas poderosos de nuestro tiem po que luego han caído. N o hay razón por la que se pierdan, si se arrepienten y buscan liberación con el m inisterio de un verdade­ ro hom bre de Dios.

Estos incidentes deberían hacer que fuéram os m uy cuida­ dosos en cuanto a los espíritus con los que com partim os y hacia quienes nos inclinam os. D ebem os ver m ás allá de la persona, h asta su espíritu. N o tenem os por qué absorber el espíritu equi­ vocado de una persona aunque debam os vivir con alguien que tiene un espíritu m alo del m undo. Si una esposa o un esposo cristiano se enfrenta con este problem a, no tiene por qué irse. El C risto que ellos tienen es m ayor que el espíritu del m undo. El creyente tiene autoridad para atar ese espíritu. Es im portante que no estem os dispuestos a ceder o abrir nuestro espíritu al es­ píritu del mundo.

A

lgunas personas dejan de lado el tem a de los espíritus, com o si no tuvieran im portancia, o no existieran, o fueran una fantasía, una obsesión de algún visionario o una especie de ejercicio m ental subnorm al. A ntes de negar la realidad e im portancia de los espíritus, buenos o m alos, le ru e­ go considerar lo siguiente:

Vivimos en dos m undos: el m undo m aterial y el m undo es­ p iritual. E l m undo m aterial es fácilm ente com prensible. Los árboles, la tierra, las casas, los autom óviles, son todas cosas com puestas de elem entos quím icos con las que nuestros sen ti­ dos pueden relacionarse. P o r otra parte, aunque generalm ente no podem os ver a los espíritus a ojo desnudo ni escucharlos con

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