• No se han encontrado resultados

Transferencia y contratransferencia

In document Transferencia de Espiritus (página 155-169)

A

ntes de entrar en el relato bíblico de transferencias de buenos y m alos espíritus y de los fenóm enos actuales en este sentido, veam os brevem ente cóm o se produce la transferencia en el ám bito psiquiátrico, particularm ente la form a en que se produce la transferencia y contratransferencia en las relaciones entre pacientes y terapeutas. Tal vez, justifica­ dam ente, nos inclinaríam os a llam arlo sim plem ente "influencia". El tem a de nuestro libro, sin em bargo, no puede ser llam ado sim plem ente "influencia de espíritus", ya que trata específica­ m ente la "transferencia de espíritus".

Este capítulo quizá sea algo com plejo para quienes jam ás han estudiado psicología o la interacción entre el paciente y el terapeuta. Si usted sólo está interesado en la transferencia de

154 Transferencia de espíritus

buenos y m alos espíritus en el ám bito espiritual, le sugiero que saltee este capítulo.

Si nos basam os en la B iblia (1 Tesalonicenses 5:23), adop­ tam os la noción de que el hom bre es espíritu, alm a y cuerpo. Sa­ bem os que existe la transferencia (o transm isión) en el área biológica del hom bre. Si los padres son altos, rubios y de ojos azules, m uy probablem ente sus hijos, debido a la transm isión de genes, serán rubios, de ojos azules y altos. A m enos que en las generaciones pasadas haya habido ojos oscuros y cabello oscu­ ro, esas características pueden transm itirse a través de los genes a las dem ás generaciones. L a B iblia dice que aun las sem illas pecam inosas de los padres pueden ser transm itidas hasta la ter­ cera y cuarta generación.

"...que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y so ­ bre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta gen era ció n "

(Éxodo 34:7).

C reem os que existe la transferencia de espíritus. Por lo tan­ to, no direm os m ás sobre el tem a aquí, dado que ese es el tem a del libro. En este capítulo nos referirem os a la transferencia en el ám bito psicológico. Lo psicológico, fundam entalm ente, trata­ ría sobre la influencia, pero existe tam bién una "neurosis de transferencia", que m uchos psicoterapeutas, cuyos escritos y ex­ periencias no pueden ser dejados de lado, desean producir. M u­ chos terapeutas han leído este capítulo antes de que fuera publicado. A lgunos aclararon que no desean producir transfe­ rencias, pero tam bién reconocieron que m uchos profesionales creen que es posible y lo consideran necesario para una buena terapia.

L a transferencia y la contratransferencia pueden producir­ se en las sesiones de psicoterapia en las que el terapeuta trata de responder al paciente en un contexto m etafórico, o en las com u­ nicaciones interpersonales o interacciones m uy dinám icas. N a­ turalm ente, tengo m ucha dificultad en aceptar y utilizar m ucho de lo que autores com o Freud, Von D om arus, Ekstein, From m , R eichm ann, Horney, L orenz y m uchos otros tengan para decir sobre psicología y técnicas psicoanalíticas, dada su posición di-

A lexander William Ness 155

cotóm ic a. El hom bre, básicam ente, es un ser espiritual, luego un ser psicológico y fisiológico. A unque lo psicológico, en m i opi­ nión, no puede ser com prendido plenam ente si se lo separa de lo espiritual, se ha invertido m ucho tiem po e investigación en la com prensión de la psiquis. Ese m érito no debe ser desacredita­ do ni descartado.

Por lo tanto, nos basam os en las exhaustivas investigacio­ nes que en esta área realizaron los autores m encionados para re­ conocer que aun en el área de la psiquis se produce la transferencia y contratransferencia en el espíritu del hom bre o

"espíritu de la m ente" (Efesios 4:23), aunque ellos no le den ese

nom bre. N uestro único propósito al escribir este capítulo es ilustrar la diferencia que existe entre la influencia y la transfe­ rencia. Esperam os definir claram ente que no escribim os sobre una m era influencia, sino la real transferencia y transm isión de espíritus, tanto buenos com o m alos. L a influencia puede ser m o­ dificada, corregida o afectada m ás profundam ente por el descu­ brim iento y la asim ilación de hechos posteriores, m ientras que la transferencia de un espíritu puede ser m uy beneficiosa o re­ querir del renunciam iento y la liberación de tales espíritus. En otro capítulo hablam os de los espíritus genuinos. Pueden ser es­ píritus caídos m alignos, que desean habitar en hum anos o ani­ m ales; puede ser el E spíritu de D ios o puede ser aun el espíritu del hom bre. Es interesante observar que estos especialistas que prueban la parte psicológica del hom bre usan térm inos com o "transferencia" o "contratransferencia".

D e los escritos del doctor en D ivinidad D avid W. S have1 resulta que la transferencia es un fenóm eno basado en un proce­ so prim ario "para-pro-toto", en el cual el psicoterapeuta es con­ siderado inconscientem ente por el paciente com o alguien con quien estuvo involucrado em ocionalm ente en el pasado. Por lo tanto, no se trata de sólo revivir el pasado, sino que es una pru e­ ba de hostilidad reprim ida hacia objetos de la infancia. U n pa­ ciente tan inm aduro psicológicam ente, con una grave necesidad de dependencia, puede transferírsela al terapeuta. El terapeuta, que siente la em ocionalidad psicopatológica del paciente, le

156 Transferencia de espíritus

perm ite obtener de él fortaleza y apoyo, y en la m edida que res­ ponde así, se produce la contratransferencia. El peligro está en la posibilidad de que se produzcan relaciones interpersonales traum áticas.

Por supuesto, estas relaciones se producen sin ninguna in­ tención. Según R eu sch '2 la fase inicial de la terapia se dedica a conocerse y a descubrir los m étodos de com unicación del p a­ ciente. El terapeuta escucha, quizá agregue una palabra para ayudar al paciente a com unicarse, pero por sobre todo espera que se desarrolle la neurosis de transferencia. Un paciente así necesita desesperadam ente alguien que le escuche y le ofrezca respuestas para sus preguntas.

From m y R eichm ann3 enfatizan que el tratam iento del p a­ ciente neurótico o psicótico es buscar y descubrir el traum a y el daño causado a sus relaciones interpersonales en la infancia. E s­ tos defectos son considerados básicos para el desarrollo posterior de una situación psicopatológica. Esta búsqueda y esta empatia, con la facilidad de la com unicación oral, se prestan a las depen­ dencias y de ahí las transferencias y contratransferencias.

L a m ayoría de los psiquiatras adm itiría fácilm ente que el tratam iento del paciente em ocionalm ente enferm o depende de que el terapeuta se involucre básicam ente en form a em ocional con él. Creo que fue Shave quien escribió que el terapeuta que se hace cargo de un problem a real del paciente introduce en la terapia un serio "vector-paciente" en su propia persona.

Savage4 describe la contratransferencia com o el m ayor bien del terapeuta y com o una guía im portante, ya que la ve que se desarrolla com o transferencia en la relación terapéutica. A lien­ ta al terapeuta a com unicarse con el paciente por m edio del len­ g uaje laten te, y en este ejercicio de tra n sfere n cia y contratransferencia, am bas pueden estar cargadas de afecto.5

W hitaker y M alone6 y A lexander7 sugieren que la recupe­ ración em ocional de un paciente y su salud dependen en gran m edida de que el terapeuta se involucre em ocionalm ente con él. en una relación donde cada uno esté conectado con el lenguaje latente del otro. Si el paciente siente una em patia activa de parte

A lexander William Ness 157

del terapeuta, entonces se produce la sanidad terapéutica. Tales sentimientos y afectos positivos se transfieren y contratransfieren.

El objetivo de escribir este capítulo no es expresar acuerdo o desacuerdo con estos autores. Lo que querem os señalar es que la psiquiatría m oderna llam a a esto "transferencia". N o dice que sea la transferencia de un espíritu, ni del espíritu del hom bre, ni de un espíritu del bien o del m al, sino sim plem ente reconoce que existe una transferencia y espera que sea m utuam ente ben e­ ficiosa para el paciente y el terapeuta.

H abla sobre "com prender el significado latente" en rela­ ción con la transferencia. Según P ollock8, las com unicaciones del paciente sólo pueden ser percibidas si el terapeuta percibe las relaciones y situaciones de la tem prana niñez del paciente, que han influido sobre sus ansiedades y expectativas, pero que están ahí en la persona. Por m edio del lenguaje oral latente, que puede expresarse en sím bolos, tales problem as pueden salir a la superficie. En tal proceso puede darse la transferencia y contra­ transferencia.

El hecho es que si deseam os com prender la transferencia, debem os com prender a la hum anidad y su proceso de com uni­ cación desde un punto de vista m ultidim ensional. L a hum anidad ha profundizado en la práctica de la hipnosis, de la com unica­ ción con lo oculto y por lo tanto, del m undo espiritual. L a p a­ rapsicología goza hoy de una am plia aceptación. El hom bre podrá seguir con sus estudios, pero jam ás llegará al conocim ien­ to de la verdad hasta que llegue a la P alabra de D io s. "...tu p a ­

labra es verdad" (Juan 17:17). "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6).

Cuando Freud habló por prim era vez del fenóm eno de la transferencia, este fue, com o todo enfoque nuevo, rechazado. Su teoría era que los com plejos em ocionales infantiles dirigidos a los prim eros objetos (generalm ente los padres, y herm anos, de am or y odio, deseos y tem ores) podían ser transferidos de los objetos originales y dirigidos al analista. Su opinión era que las batallas decisivas para la recuperación de la salud m ental tenían que concentrar toda la libido del paciente en la transferencia y

158 Transferencia de espíritus

en liberar al paciente de todos los conflictos infantiles, transfi­ riéndolos al analista. L a necesidad de esa libido era sim plem en­ te encontrar en el analista a un padre, o una m adre o una persona que le diera al paciente lo que las personas (objetos) originales no le habían dado.

Pero, ¿m erece el analista tanto am or u odio? En este proce­ so, él tiene un rol m uy difícil que cumplir. Por m edio del proce­ so de repetición, debe extraer los odios y las neurosis del paciente. Esto lo obliga no sólo a interpretar, sino a enseñar, guiar, educar, prohibir y exigir. El analista debe partir la perso­ nalidad. D ebe escarbar en el inconsciente, las resistencias y los im pulsos inconscientes, y resolver los conflictos. Se nos dice que percibim os en los dem ás lo que negam os en nosotros m is­ m os. Si este fuera el caso, esta búsqueda y este escarbar harían salir sus propias tendencias inconscientes. ¿Es esto realm ente útil o constructivo para el analista, ya que im plica los m ism os rechazos de su propio yo? El analista podría encontrarse a sí m ism o que escucha lo que el paciente le com unica, se identifi­ ca con sus pensam ientos, deseos, estados em ocionales y senti­ m ientos, se rinde a la libre asociación, y entrar en transferencia y contratransferencia.

Q uizá esta sea la razón por la cual tantos psiquiatras bus­ can la ayuda de otros psiquiatras. N o tengo las estadísticas a m ano, pero en algún lugar leí que el índice de derivaciones era m uy alto. El rol del psiquiatra es realm ente m uy difícil. M uy p o ­ cos com prenden o están de acuerdo con que m ucho de lo que buscan en una sesión de hipnosis es otra form a de com unicación con espíritus y con espíritus internos latentes de odio, lujuria, locura y otras form as de espíritus m alignos. A consejan a un vio­ lador, alguien que com etió incesto o asesinato, y lo declaran tem porariam ente insano. Luego de varias sesiones de tratam ien­ to (que probablem ente lleven varios m eses), el paciente es deja­ do en libertad por estar sano y apto para vivir en la sociedad. Luego se dan cuenta de que estaba sólo tem porariam ente calm a­ do y que, com o el rey Saúl, reaccionará rápidam ente ante las fuerzas internas que lo m anejan. M ientras sonaba la m úsica, el

A lexander William Ness 159

espíritu m aligno que había en Saúl se m antuvo en estado laten­ te (1 Sam uel 16:16), pero apenas cesó el sonido, el espíritu m a­ ligno entró en actividad nuevam ente e intentó otra vez m atar a David.

El hom bre que no ha nacido de nuevo (Juan 3:3), no ha si­ do lleno del Espíritu Santo (H echos 1:8) ni sabe que "mayor es

el que está en vosotros que el que está en el m undo" (1 Juan

4:4), si no está bien equipado, se enfrenta a un gran peligro en la transferencia y contratransferencia. Tarde o tem prano la res­ puesta del terapeuta en la contratransferencia lo hará sentirse ansioso, desanim ado, airado, desilusionado y sin esperanza en la vida. L a transferencia y contratransferencia, entonces, se vuelven nocivas para el terapeuta.

Freud, en D inám ica de la transferencia (1912), trata la re ­ lación que existe entre transferencia y resistencia. L a resistencia se ejerce en contra de hacer consciente lo inconsciente. En M ás

allá del principio del placer, (1920) señala, según entiendo yo,

la transferencia en aquello que es resistido. El terapeuta se co­ loca en una postura en la que debe luchar contra la resistencia del ego que se opone a la repetición y en últim a instancia, a la transferencia. N o soy una autoridad en transferencia y contra- transferencia. M i único propósito al tratar este tem a es m ostrar el hecho de que en el cam po de la psiquis, algunos analistas tra­ bajan para la transferencia. Ya sea que la transferencia sea p rin ­ cipalm ente resisten c ia o el aspecto esencial del proceso psicoanalítico que se encuentra en la transferencia m ism a, lo que deseo señalar es que se produce una transferencia esperada. En D inám ica de la transferencia Freud afirm a que finalm ente, todos los conflictos deben ser resueltos en la esfera de la trans­ ferencia. Por ello la terapia analítica se centra en el análisis de la neurosis de transferencia. C reo que es justo decir que m uchos terapeutas apuntan o centran activam ente sus interpretaciones en los problem as de transferencia. Es probable que hasta bus­ quen la división del ego del paciente ubicado en el analista en la transferencia.

160 Transferencia de espíritus

m a, ya que no es el propósito del libro. La razón por la que m en­ ciono el tem a de transferencia y contratransferencia es que al­ gunos am igos m íos, que respeto m ucho, m e sugirieron cam biar el tem a de mi libro, de "transferencia" a "influencia". A l inves­ tigar el tem a de los espíritus, estoy más convencido que nunca de que el título que refleja el tema: Transferencia de espíritus, es correcto, porque eso es lo que en realidad ocurre. A unque no em ito juicio alguno sobre lo que ocurre espiritualm ente en la transferencia entre un terapeuta y su paciente, sí sé que existe un gran peligro si un terapeuta que no es nacido de nuevo y lleno del E spíritu Santo se relaciona psicológicam ente con una persona poseída por dem onios.

H einrich R acker9 habla de que a la realidad de la transfe­ rencia le responde la realidad de la contratransferencia. El com ­ portam iento y los sentim ientos del paciente hacia el analista en la transferencia pueden afectar sus propios sentim ientos, deseos y defensas, y produce una interrelación entre la transferencia y la contratransferencia. Se sugiere que la respuesta total del ana­ lista es decisiva para la com prensión e interpretación de los pro­ cesos psicológicos del paciente.

Si un analista atiende a una persona poseída por dem onios y se produce una transferencia, ¿cóm o podrá actuar o reprim ir esa transferencia, si no cree que los dem onios existan? Si el p a ­ ciente es hostil y ha bloqueado u obstruido la búsqueda del ana­ lista en las causas de sus problem as y sus hostilidades infantiles, y trata de inyectar la vida de sus propias ideas y la apertura y calidez de sus propios sentim ientos, se abre, en con­ tratransferencia, al espíritu que hace que el paciente se com por­ te com o lo hace.

Por supuesto, los discípulos de Freud descartan inm ediata­ m ente la influencia o el control dem oníaco, ya que no recono­ cen su existencia, y poco o nada de lo espiritual. Pero la posesión dem oníaca no está solam ente bien docum entada en la B iblia, sino que es una realidad presente. En futuros libros d e­ m ostrarem os la realidad y la persona del diablo y sus dem onios, y tam bién relatarem os casos en que nos encontram os con dem o­

Alexander William Ness 161

nios. Sólo h a y que leer Cerdos en la S a la 10 o Satanás vivo y

activo en el p la n e ta T ierra11 y m uchas otras historias bien d o ­

cum entadas por el estilo.

U n terapeuta puede aconsejar toda la vida a una persona endem oniada y ser un fracaso. U n estallido de m al tem peram en­ to y lenguaje obsceno puede ser evidencia de un dem onio laten­ te que se dispone a dirigir y controlar al paciente. Las palabras y actitudes am ables por parte del terapeuta pueden hacer que el poseído responda positivam ente... sólo para estallar nuevam en­ te cuando m enos se lo espere. El rey Saúl, en 1 Sam uel 19:9-10, estaba sentado en su casa, relajado, aparentem ente norm al y am istoso para con David. Pero tan pronto term inó la m úsica, to­ mó una lanza y quiso m atar a su yerno. L a B iblia dice que fue m ovido por un espíritu m alo. Jesús encontraba constantem ente personas poseídas por dem onios. Él no las aconsejaba, sino que echaba fuera los dem onios y luego decía a las personas que se fueran y no pecaran más. M aría M agdalena (Lucas 8:2) estaba poseída por siete dem onios, pero después de ser liberada se con­ virtió en una fiel seguidora y verdadero ejem plo del carácter cristiano.

He participado en la liberación de personas de la posesión dem oníaca por la autoridad de Jesucristo y en su nom bre (M ar­ cos 6:13; Lucas 10:19). U na vez que alguien ha sido liberado, com o el gadareno en Lucas 8:26-36, puede volver a su casa y funcionar com o fue creado, para ser esposo, padre y vecino. Sin esa liberación, la persona poseída no puede actuar en form a se­ gura y efectiva en la sociedad.

T om em os, p o r ejem p lo , a un violador, un ab u sad o r de niños, un asesino o alguien que vive en las obras de la carne (G álatas 5:19-21). El paciente puede estar en la cárcel o bajo condiciones estricta de seguridad de un hospital u otra institu­ ción. C uando lo entrevistem os o lo aconsejem os, invariable­ m ente dirá: "No sé por qué lo hice". "Algo se apodero de m í y no pude controlarm e." Un consejero o terapeuta puede sentarse a hablar una hora con esa persona. Su com portam iento parece norm al y agradable y aparenta estar arrepentido. Prom ete no ha­

In document Transferencia de Espiritus (página 155-169)