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Los ángeles como espíritus

In document Transferencia de Espiritus (página 89-95)

* Pueden verse siem pre los ángeles? ¿N egaría usted su existencia? A lgunas personas dicen que han visto a su án- gel de la guarda. Isaías, com o recipiente espiritual, estaba conectado con Dios. En Isaías 6 vio a D ios, lo escuchó y vio se­ rafines con seis alas, que volaban y decían: "Santo, santo, san­

to, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria". ¡Toda la T ierra está llen a de su gloria! ¿C óm o puede ser que la m ay o ría de nosotros sólo veam os la T ierra llen a de violencia, m aldad y p ecado? ¿P o d ría ser que estem os m ás c o ­ nectados con las ondas de la m ald ad que con las que revelan la g lo ria de D ios? El efecto de esta visión sobre Isaías fue profundo. In stan tán eam en te se puso a d isp o sició n del S eñor

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p a ra cu alq u ier m isión que él q u isiera darle.

Los seres espirituales son m uy reales. C uando M oisés m u­ rió, hubo una disputa por su cuerpo entre el diablo y el arcángel M iguel. Satanás sabía muy bien que el espíritu y el alm a de M oisés no estaban en su poder. D ado que C risto no había m uer­ to aún para redim ir al hom bre total, el hom bre espiritual estaba en el paraíso con un "pagaré de redención" que debería ser he­ cho efectivo en la resurrección de Cristo, pero el viejo diablo, por alguna razón, quería al m enos el cuerpo de M oisés. A hora bien, había u na disputa concreta, y M iguel reclam ó el cuerpo del fallecido siervo de D ios, y utilizó el nom bre del Señor.

"Pero cuando el arcángel M iguel contendía con el diablo, disputando con él p o r el cuerpo de M oisés, no se atrevió a p ro ­ fe r ir ju ic io de m aldición contra él, sino que dijo:

E l Señor te reprenda" (Judas 9).

¿Q uién creó estos espíritus? ¿D e dónde vinieron?

"Porque en él fu ero n creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra; visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fu e creado p o r m edio de él

y

pa ra él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él su b ­ sisten" (C olosenses 1:16-17).

N uestro Señor tiene un propósito específico para los espí­ ritus buenos y m alos. Perfecciona para sí m ism o u na esposa santa y perfecta. El versículo 21 nos dice que aunque éram os enem igos de Dios, el E spíritu Santo nos buscó para llevam os a Cristo, quien nos reconcilió con D ios por su muerte.

"Y a vosotros también, que erais en otro tiem po extraños

y

enem igos en vuestra mente, haciendo m alas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, p o r m edio de la muerte, p a ­ ra presentaros santos y sin m ancha e irreprensibles delante de él"(C olosenses 1:21-22).

Para presentarnos sin m ancha e irreprensibles (aunque es todo obra suya), debem os, com o seres dotados de libre albedrío, vencer com o él venció antes de sentarnos con él en su trono. E s­ ta es una tarea espiritual y sólo puede realizarse en el ám bito es­

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piritual. El Espíritu Santo trabaja, y los espíritus malignos tam ­ bién. Ellos nos prueban, nos tientan, nos apartan de Dios, mientras que el Espíritu Santo nos acerca a Cristo para que seamos lim pia­ dos. Esta batalla continúa, com o explica Pablo en Gálatas 5:17:

"Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, p a ra que no hagáis lo quisiereis

L a Palabra de D ios se refiere a nuestro Señor Jesucristo co­ m o un Á ngel. Á ngel es "Angelo", que traducido significa "m en­ sajero".

Es llam ado A ngel de D ios (G énesis 21:17).

En G énesis 31:11,13, este ángel le habló a Jacob y le dijo:

"Yo soy el D ios de Bet-el".

Él era el Ángel que le habló a M oisés desde la zarza ardiente en Éxodo 3:2.

Era el Á ngel que se le apareció a G edeón con un báculo en su m ano y consum ió el sacrificio (Jueces 6:20-22).

E ra el Á n g el que se ap areció a M an o a y su esp o sa en Ju eces 13.

E ra el Á ngel que les apareció a A braham y Sara en G é­ nesis 16.

El m ism o Á ngel se le apareció a A braham al o frecer su hijo en G énesis 22.

Era el m ism o Á ngel que vino a Israel en una colum na de fuego y una nube en Éxodo 14:19.

U na y otra vez el Á ngel del Señor intentó evitar que Ba- laam hiciera lo equivocado, y el asna del profeta lo vio, pero él no (N úm eros 22).

Él fue el Á ngel que trajo a Israel a la tierra prom etida en Jueces 2:1.

Fue el Á ngel que determ inó la m uerte del rey O cozías por­ que él consultó a B aal-zebub, dios de Ecrón, en 2 Reyes 1.

¿N o fue este Á ngel quien anim ó a Elias, cuando él estaba sentado bajo el enebro, en Jueces 19:5-11?

¿Y el que visitó a D aniel en el foso de los leones (Daniel

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Seguram ente él era el "cuarto hom bre" en el horno de fue­ go donde estaban Sadrac, M esac y A bed-nego en D aniel 3:25,28.

Fue él quien se apareció a C orn elio en visión y le dijo que trajera a Pedro (H echos 10).

Fue el m ism o Á ngel que abrió las puertas de la prisión don­ de estaba Pedro en H echos 5:19 y 12:7, y que vio Pablo en el cam ino a D am asco, en H echos 27:23, o Juan en Patm os, en A pocalipsis 1:1 y 5:2.

Los ángeles son espíritus m inistradores enviados para m i­ nistrar a los herederos de la salvación:

"Ciertamente de los ángeles dice: E l que hace a sus á nge­ les espíritus, y a sus m inistros llam as de fu e g o " (H ebreos 1:7).

N osotros somos los herederos de la salvación. E stam os ro ­ deados de estos espíritus. ¿Tenem os tal capacidad de recepción que podam os recibir y com unicarnos con estos espíritus m inis­ tradores? Recuerde: estos ángeles no deben ser adorados (C olo­ senses 2:18).

Conozco un evangelista que se preocupaba tanto por com u­ nicarse con su ángel que se "pasó de la raya" y cayó en herejía. Los ángeles, com o espíritus m inistradores, nos ayudarán y nos cuidarán en el peregrinaje. Pero, así com o el Espíritu Santo, ellos exaltan a Cristo y nos llevan a Cristo constantem ente.

Im agínese estar rodeado de espíritus m inistradores. Tene­ m os m uchas cosas para nosotros. Si nuestros ojos fueran abier­ tos, com o los del siervo de Elias, podríam os ver "los m ontes" a nuestro alrededor, llenos de espíritus m inistradores.

La B iblia nos dice:

"No os olvidéis de la hospitalidad, porque p o r ella algu­ nos, sin saberlo, hospedaron ángeles" (H ebreos 13:2).

Es fantástico estudiar a los ángeles. Observem os:

T ienen cu erp o s con m an o s, p ies, o jos, etc. (G énesis 18:2,4,8; 19:1-22).

Tienen em ociones (G énesis 18:8). Tienen apetito (G énesis 18:8).

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Son inteligentes (2 Sam uel 14:20). Son obedientes (Salm o 103:20). Son dóciles (Judas 9).

Son poderosos (A pocalipsis 18:1). N o necesitan descansar (A pocalipsis 4:8).

A parecen com o visibles o invisibles (N úm eros 22:22-35). Viajan a una velocidad increíble (Ezequiel 1; A pocalipsis 8:13: 9:1).

H ablan en lenguas (1 C orintios 13:1).

Parecen ser innum erables (Lucas 2:13; H ebreos 12:22). Están interesados en lo que sucede en la Tierra (Lucas 9:26; 1 Tim oteo 5:21).

Están delante de D ios (2 C rónicas 18:18). Están sujetos a D ios (M ateo 22:30). N o están ociosos; hacen cosas:

G uardan las puertas (A pocalipsis 21:12).

H acen guerra (2 Tesalonicenses 1:9-10; Apocalipsis 12:7-9). Ejecutan juicios (G énesis 19; 2 Sam uel 24; 2 Reyes 19; A pocalipsis 8).

G obiernan naciones (D aniel 10).

M inistran a los santos (1 Reyes 19; M ateo 4:11; H ebreos 1:14).

C antan alabanza y adoración a D ios (Lucas 2:13; A pocalip­ sis 5:11).

G uían a los predicadores (H echos 8:26; 27:23).

Im parten la voluntad de D ios (H echos 5:19, 20; 10:1-6). Traen respuestas a las oraciones (D aniel 9:21; H echos 10). Separan a los m alos de los justos (M ateo 13:49).

A tan a Satanás (A pocalipsis 20).

A com pañan a Cristo a la Tierra (M ateo 16:27; 25:31; 2 Tesalonicenses 1:7-10).

¿Puede im aginarse quiénes son, qué hacen? Son espíritus m inistradores, pero algunas personas ni siquiera creen que exis­ ten. ¡Qué pena! Para nosotros, los creyentes, hay m ás de lo que im aginam os. N uestro Señor dijo que jam ás nos dejaría ni nos abandonaría.

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Pero debo darle una im agen balanceada y hablar tam bién de otros espíritus por los que nos preocupam os m enos. Sin em ­ bargo, existen, son un poder y una realidad que debem os tener en cuenta. Para que usted no se deje llevar y se burle del dem o­ nio, recuerde que ni siquiera el arcángel M iguel se atrevió a acu­ sarlo, sino que le dijo: "El Señor te reprenda" (Judas 9).

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