La caída de Napoleón Bonaparte le permitió a Fernando VII regresar a España el 22 de marzo de 1814. Poco después, el 4 de mayo, emitió en la ciudad de Valencia el decreto por el cual abolió la Constitución española de 1812 y restableció el absolutismo en todos los territorios que por herencia le pertenecían en Europa, América y Asia. Para poner su gobierno en marcha, especialmente en los territo- rios americanos, armó un poderoso ejército de más de diez mil soldados encabe- zados por el reconocido y exitoso general Pablo Morillo. El ejército partió hacia Venezuela y la Nueva Granada; en julio de 1815 llegaron a la Isla Margarita, y de ahí se dirigieron hacia la ciudad de Santa Marta. Morillo planeó su ataque a las Provincias Unidas de Nueva Granada desde Santa Marta y decidió empezar por asediar a la vecina ciudad de Cartagena, el 6 de agosto de 1815. Cartagena cayó el 5 de diciembre, después de sufrir un desastroso sitio de seis meses. La victoria le abrió el camino a Morillo y a sus tropas, que pronto marcharon hacia el inte- rior del país, hasta llegar el 26 de mayo de 1816 a Santafé. La capital se rindió, y Morillo inició una serie de persecuciones hoy recordadas con el nombre del “Régimen del Terror”.
Antes de estos acontecimientos, Simón Bolívar, en su campaña de 1813, había decretado la Guerra a Muerte, esto es, la persecución sin piedad a todo peninsular presente en estas tierras y el perdón a los americanos sin importar la ideología. Cuando Morillo llegó, el decreto aún estaba en funcionamiento, y respondió a él con un despliegue de crueldad aún mayor hacia los americanos. Una vez en Santafé, estableció los tres pilares del Régimen del Terror: la Junta de Secuestro, encargada de confiscar todas las propiedades de los patriotas; el Tribunal de Pacificación, que detenía a todos los que apoyaban la causa patrió- tica, encarcelándolos o exiliándolos; y el Consejo de Guerra Permanente, que estaba encargado de la ardua tarea de juzgar y ejecutar a los culpables de traición. Los pocos militares que permanecieron en la República de las Provincias Unidas escasamente alcanzaron a escapar; algunos se refugiaron en las planicies orien- tales del Casanare, desde donde organizaron una resistencia débil pero valerosa.
Tales persecuciones violentas por parte de Morillo terminaron por favo- recer a Bolívar. Los habitantes de la Nueva Granada creían que sufrían en manos de Morillo por haber cometido el “crimen” de haber nacido en América. Desde ese momento la lealtad al rey se cortó definitivamente. En las regiones monta- ñosas surgieron grupos guerrilleros que encontraron apoyo a través de una red de espías urbanos que les daban información sobre los movimientos de las tropas realistas. Poco a poco, estos grupos lograron ir debilitando el dominio militar de Morillo. Cada vez más ciudadanos veían al ejército de Morillo como un ejército de ocupación, y de ese modo la expulsión del ejército de ocupación se convirtió en
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M ic h ae l J. L aR o sa y G er m án R . M ej íael objetivo principal. Con este fin en mente, los patriotas buscaron restablecer el Estado convocando para los inicios de 1819 un Congreso en la ciudad de Angos- tura, en Venezuela (hoy llamada Ciudad Bolívar), y formando un ejército capaz de derrotar a los españoles. Simón Bolívar estaba a la cabeza de ambos procesos.
Bolívar viajó de la Nueva Granada hacia Jamaica en mayo de 1815. La caída de la Segunda República Venezolana y el reto insuperable de unir políticamente a la Nueva Granada y de liderar las acciones militares en contra de las provin- cias realistas lo obligaron a buscar refugio en las Antillas. Una vez allí, el 6 de septiembre de 1815, escribió su famosa Carta de Jamaica o “Contestación de un sudamericano a un caballero de esta isla”, en la que examinó cuidadosamente la situación de las provincias españolas en América; aventuró predicciones sobre su futuro; y, siguiendo lo que Francisco Miranda había dicho años atrás, recu- peró el nombre de Colombia para la entidad política que habría de formarse si la Nueva Granada (Colombia y Ecuador) y Venezuela podían unirse en una sola nación. Poco tiempo después, viajó de Jamaica hacia Haití y, con la ayuda del Presidente Alexandre Petión, organizó la expedición a los Cayos el 20 de marzo de 1816, un nuevo esfuerzo para liberar a Venezuela, que resultó fallido. El 17 de julio de 1817 Bolívar había logrado tomar control del territorio de Angostura y, unos días después, el 24 de julio, se declaró Jefe Supremo del Ejército. Una vez Bolívar había reafirmado su control sobre Angostura, le abrió el río Orinoco a la Legión Británica, que entró a Venezuela por esta ruta con el fin de reforzar la precaria posición militar de los ejércitos de los patriotas y suministrarles ayuda y valiosas provisiones.
Unos meses después, ya en febrero de 1819, en la misma población de Angostura, Bolívar dio un paso fundamental: instaló, el 15 de ese mes el Congreso de Angostura, restableciendo así la república. En su discurso de aper- tura expresó: “He tenido el honor de reunir a los representantes del pueblo de Venezuela en este augusto Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de la voluntad soberana y árbitro del destino de la Nación”.8 Aclaró ante el Congreso
que “La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas. La suerte de la guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los Colombianos; de hecho estamos incorporados. Estos pueblos hermanos ya os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos”.9 Las cartas estaban sobre la mesa: la
república había sido restablecida, el ejército reforzado y Bolívar era el líder
8 Simón Bolívar, “Discurso pronunciado por el Libertador Simón Bolívar ante el Congreso de An- gostura el 15 de febrero de 1819, día de su instalación”, documento online disponible en Wikisource, www.wikisource.org. consultado el 3 de junio de 2011.
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H iS to R iA C o n C iS A D E C o Lo M b iA (1 8 1 0 -2 0 1 3 )militar indiscutido. La unión entre Venezuela y la Nueva Granada, bajo el nuevo nombre de Colombia, parecía un objetivo posible.
Uno de los militares refugiados en los llanos de Casanare, donde llegó esca- pándose de Pablo Murillo, fue Francisco de Paula Santander. En el precario ejército que se mantuvo en aquel lugar durante los años 1816 y 1817, Santander no solo ascendió como oficial hasta alcanzar el grado de General de Brigada, sino que recibió el encargo de Bolívar de convertir en ejército organizado las fuerzas revolu- cionarias dispersas en las extensas llanuras de esa región del país. Santander logró lo solicitado y además sugirió a Bolívar que la Nueva Granada era el objetivo inicial si el propósito era liberar todo el norte de Suramérica de la presencia española. Bolívar así lo entendió y dio forma a la invasión que tras cruzar los Andes debía liberar a Santafé. El 23 de mayo de 1819 se dio inicio a la campaña; el 5 de julio comenzó el paso de los Andes, por un lugar casi imposible de cruzar, lo que sin embargo se logró. El 25 de julio Bolívar llevó a sus tropas a la victoria en la batalla del Pantano de Vargas, y el siguiente 7 de agosto consiguió la famosa victoria militar de la batalla de Boyacá, lo que le permitió entrar triunfante en Santafé tres días después. Con la victoria, sin embargo, Bolívar no logró libertar la totalidad de la Nueva Granada. El tortuoso camino de la independencia sería largo, y habría de durar varios años más. Pero la victoria sí le permitió instalar en Santafé un gobierno capaz de dirigir las acciones políticas y militares necesarias. La ciudad no volvería a caer jamás en manos del dominio imperial español.