La Colombia mestiza es, sin duda, la dominante en términos de su composición étnica y cultural. Hoy, ese 58%, además del 20% que se autorreconoce como blanca, es resultado del modo como ha crecido la población durante los últimos cien años. No obstante, si queremos entender estos fenómenos de crecimiento debemos tener en cuenta el siglo anterior para tener una base de comparación. El primer censo de población de la República independiente, realizado en 1825 y nunca aceptado oficialmente por deficiencias en su elaboración, arrojó un total de 1.129.200 habitantes en lo que hoy es Colombia y en ese entonces se llamaba Departamento de Cundinamarca. Si tenemos en cuenta a todas las personas que poblaban lo que en ese momento se conocía como República de Colombia (que incluía a Venezuela, Ecuador y Panamá) el total asciende a 2.583.799. Esto signi- fica, por lo tanto, que Cundinamarca era el más poblado de los departamentos que conformaban el naciente Estado nacional, pues reunía cerca del 50% del total. De esta manera, si tomamos como punto de partida las cifras de 1825 para Cundina- marca, la evolución de la población colombiana hasta el día de hoy es la siguiente:
Tabla 1. Población 1825-2005 Censo Total 1825 1.129.200 1835 1.570.900 1843 1.812.600 1851 2.105.600 1864 2.441.300 1870 2.713.000 1887 3.666.000 1898 4.183.000 1905 4.122.000 1912 5.972.604 1918 5.855.077 1928 7.851.110 1938 8.697.041 1951 11.548.172 1964 17.484.508 1973 20.785.235 1985 27.837.932 1993 33.109.840 2005 41.468.384
Fuente: Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE.1
1 Las cifras para el siglo XIX son indicativas, pues ningún censo goza de aceptación, igual su- cede con el de 1905.
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H iS to R iA C o n C iS A D E C o Lo M b iA (1 8 1 0 -2 0 1 3 )Según la tabla anterior, durante los doscientos años de vida republicana que han transcurrido hasta el presente, Colombia multiplicó un poco más de 36 veces su población inicial. Este aumento, que en términos absolutos resulta constante, no mantiene sin embargo el mismo ritmo a través de los años: durante todo el siglo XIX el total de la población se multiplicó por tres (de 1.129.200 en 1825 a 4.122.000 en 1905) mientras que durante los cien años que corrieron entre 1905 y 2005 el total de habitantes se incrementó en poco más de diez veces (de 4.122.000 a 41.468.384). Son evidentes, entonces, unas mejores condiciones de vida para los colombianos a medida que corría el siglo XX.
En términos demográficos, la tasa promedio anual de crecimiento fue del 1,6% durante los primeros setenta y cinco años del siglo XIX. Las malas condi- ciones de salubridad en las ciudades, la inexistencia de hospitales y otros cuidados médicos en las zonas rurales, la proliferación de epidemias y otras situaciones similares explican el lento crecimiento de la población colombiana. Sin embargo, más allá de la alta mortalidad, es posible hablar del crecimiento de la población gracias a una estrategia cultural que favoreció familias numerosas y matrimonios o embarazos en edad temprana; no obstante, esto tuvo sus costos: la gente se casaba pronto y mujeres muy jóvenes, adolescentes para estándares actuales, tenían hijos y con frecuencia morían dando a luz. Con todo, no podía ser de otra manera, pues la esperanza de vida de los colombianos era de apenas 29 años al terminar el siglo XIX y nunca llegaron al país inmigrantes en número suficiente como para alterar de manera positiva el ritmo de crecimiento demográfico.
A diferencia de Argentina, Brasil y Chile, Colombia no acrecentó su población a través de la inmigración, dada la escasa cantidad de inmigrantes europeos que llegaron a la república a finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, desde 1875 hasta 1900 el porcentaje de crecimiento en Colombia aumentó a un promedio de 1,8%, lo que refleja ciertas mejoras de salud pública en las ciudades, el desarrollo de hospitales y de la atención médica en zonas rurales y urbanas, y un tratamiento más efectivo de las epidemias, pese a que las campañas de salud pública modernas no empezaron sino hasta el siglo XX.
Ahora bien, el siglo XX significó un cambio sustancial en la situación anterior. De una parte, las transformaciones favorables respecto a las condi- ciones de vida tanto en las ciudades como en muchos de los pueblos –de la zona andina primero, y del resto del país después– permitieron que la expectativa de vida pasara el umbral de los 70 años al comenzar el siglo XXI. En este sentido, un mayor cubrimiento en salud tanto de poblaciones urbanas como rurales, mejores prácticas higiénicas, el aumento progresivo de los médicos e institu- ciones de salud en relación con el total de la población, en fin, la reducción de la mortalidad, causó que la tasa promedio anual de crecimiento subiera al 2,2%. De otra parte, estas mejoras, al cabo de los años y ante las dificultades para
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M ic h ae l J. L aR o sa y G er m án R . M ej íaplanificar el crecimiento demográfico –pues lo impedían las creencias católicas dominantes en la nación– llevó a la explosión demográfica de los decenios de 1960 y 1970. Durante estos veinte años la tasa promedio anual de crecimiento fue al menos del 3%, momento en el que el Estado favoreció la migración del campo a la ciudad, dando como resultado la Colombia urbana del presente.
Finalmente, los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI eviden- cian una clara disminución de la tasa de crecimiento de la población, no así la tendencia a vivir en las ciudades. En efecto, aunque el paso hacia el siglo XXI ha visto una marcada reducción en la tasa de crecimiento, la tendencia en años recientes ha favorecido el crecimiento urbano. Ahora, los colombianos que nacieron durante el boom de población de los años sesenta y setenta, están en la
etapa más productiva de su vida, un fenómeno que no concuerda con el número de trabajos disponibles. La pobreza que esto ha generado, ha producido un creci- miento rápido de grupos guerrilleros o insurgentes, de redes de narcotráfico y otras actividades criminales. En su conjunto, esta “crisis social” es uno de los retos más difíciles que enfrentan los colombianos en la actualidad.
Otras características importantes de anotar con respecto a la demografía colombiana durante los dos siglos de vida republicana son: primero, según el censo de 2005, el 51,4% de la población colombiana es femenina, mayoría que se ha mantenido invariable a través del tiempo, pues esta proporción ya era manifiesta al finalizar la época colonial. Segundo, lo que sí cambió, y dramáti- camente durante estos dos siglos, fue la relación entre lo urbano y lo rural en términos demográficos: en 1938 el 31% de la población habitaba en las cabeceras municipales, lo que representa que para entonces unos 2.700.000 habitantes vivían en condiciones más cercanas a la vida urbana que a la rural, mientras que los restantes 6.000.000 estaban dedicados a las faenas del campo y poblando el territorio en pequeñas veredas, cuando no dispersos entre las montañas y valles del país; esta herencia del siglo XIX, que examinaremos a continuación, contrasta con las cifras del censo de 2005, que arrojan un 76%, esto es 35.600.000 colom- bianos, asentados en las cabeceras municipales, ya claramente urbanas por los modos de vida y prácticas sociales allí desarrolladas. Por último, es una constante el modo como se distribuye la población en el territorio, apenas con variaciones por los procesos recientes de colonización, pero muy similar en términos de preferencias a lo largo de los últimos doscientos años y aún desde los siglos colo- niales: si tomamos como referencia el censo de 2005, vemos que el 70% de los colombianos vive en la región andina, preferiblemente en zonas que van de los 1.000 a los 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar; el 20% habita los terri- torios del Caribe; apenas el 5% puebla las inmensas zonas de la Amazonia y Orino- quia; un 3% se distribuye en las selvas y bosques húmedos del corredor del Pacífico; y el restante 2% tuvo que salir del país por razones económicas o políticas.