predatorio (según la clasificación
de Money); el objeto sexual es una mujer durmiendo. El sujeto se introduce furtivamente en un dor- mitorio, despierta a la durmiente con caricias y besos, y si no en- cuentra resistencia realiza el sexo oral o genital (pero sin que medie violencia alguna). Cuando estos enfermos son detenidos se les acusa de allanamiento y violación.
Somnofilia.
BELLEZA: Platón fue el primero
que relacionó el amor con la be- lleza física. Dicen los árabes que cuando el alma ve una imagen bella se prenda de ella, y si des- cubre que el alma que subyace
en el cuerpo también es hermosa,
ocurre el verdadero amor. Ellos admiten la irresponsabilidad moral de los enamorados de la belleza. Los criterios de la belleza varían en las distintas etnias: Para los si- rionos de Bolivia, las bellezas son gordas, con senos, caderas y vul- vas voluminosas. (En esta tribu,
las mujeres flacas pasan trabajo
para conseguir marido). En la tribu africana masai, la hermosura se expresa en la piel negra, dientes blancos, rostro ovalado, delgadez del cuerpo pero con redondeces, senos erectos, caderas anchas, y manos y pies pequeños. Los crite-
rios de beldad musulmana están basados en cuatro aspectos de longitud: estatura elevada, y ex- tremidades, cuello y pelo largos; deben ser gruesas las piernas, las muñecas y las caderas.Los hom-
bres nórdicos prefieren las muje- res blancas, rubias, delgadas, y no desdeñan un buen trasero. La belleza occidental en los ’90, las tapas de revista destacaban la exageración de lo ideal al mejor estilo Barbie: largos pelos rubios, labios carnosos, una piel extre- madamente lisa. Todo gracias al bisturí, a la habilidad del cirujano y, en el mejor de los casos, al Pho-
toshop. Sacrificio, dolor y bastante
dinero eran (y aún son) impres- cindibles a la hora de conseguir el efecto deseado.Actualmente la ti- ranía de la delgadez parece seguir
imponiéndose en una pasarela en la que domina una belleza al filo
de la anorexia.
BESO: el beso puede ser un juego
sexual que precede al intercurso, o una conducta erótica y tierna que se tiene a sí misma como
finalidad. Una mujer de 36 años
refería: “A veces disfruto más
besando que teniendo sexo.” Otra
encuestada decía: “El beso en sí mismo puede ser sensual y eró- tico, y no resulta simplemente un
ritual previo al sexo.” Una tercera
mujer opinaba: “Es agradable que
el beso esté separado, a veces,
de la experiencia sexual; mucha
gente no lo entiende.” Recientes
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encuestas sobre enamorados modernos indican que el beso es uno de los aspectos esen- ciales de la relación. El Reporte Hite reveló que muchas mujeres consideraban que el placer del beso era mejor que otro tipo de actividad sexual. El beso lingual resulta uno de los componentes
más importantes del pétting y del
juego sexual, y en un estudio so-
bre parejas, fue la técnica erótica
más común del juego sexual, y se observó en el 84% de los casos (Orlandini y colaboradores). En otro estudio se observó que el 90% de los encuestados recorda- ban el primer beso. Los etólogos comentan que el beso es una an- tigua costumbre de los animales, y se describen besos en el cortejo
de caballos, perros y chimpancés.
La antropóloga Jane Goodall
descubrió que los chimpancés de
Tanzania se besaban como señal de saludo, como un gesto de su- misión, y por motivos sexuales. Los mamíferos suelen besarse y alimentarse boca a boca, lo cual hacen los humanos cuando inter-
cambian golosinas a través del besocaramelo. El beso se define
como el contacto de los labios y la lengua que provoca sensa- ciones placenteras, y en las que intervienen el tacto, el gusto y el
olfato. Los besos se clasifican en:
mejillo-labial, labio-labial, y endo-
bucal. Pueden ser superficiales o
profundos, secos o húmedos, y adaptan la forma de caricia de los
labios o de la lengua, la succión, el intercambio de saliva o aire, el mordisqueo y “las exploraciones o
combate de lenguas”. Su duración
puede ser breve o prolongada, el promedio de duración es de medio a un minuto, aunque hay amantes que se besan con entusiasmo du- rante horas. Se besan los labios, los ojos, las fosas nasales, las orejas, el cuello, las mamas, las axilas, la mano, y el resto del cuer- po de manera deslizante hasta los pequeños dedos de los pies. El beso-mordisco tiene un compo- nente apasionado, con un toque de agresividad. En una encuesta: el 62% de las mujeres y el 70% de los hombres respondieron que les gustaba ser mordidos.
En el beso-caramelo interviene el gusto, y los amantes se inter- cambian alguna bebida o comida dulce; aunque hay que admitir que para un enamorado/enamorada, el mejor gusto resulta la boca de su mujer/hombre.
El beso-deslizante se desplaza de la boca, la mano u otro lugar y recorre todo el cuerpo del objeto de amor, con variaciones de inten- sidad y duración.
El beso-húmedo resulta un beso bucal profundo en el cual se siente la humedad y la saliva del amante. El beso-sonoro provoca ruidos que resultan expresivos y excitan- tes para los enamorados.
El beso-provocativo sorprende al amante por ser inesperado, por pausas prolongadas entre beso
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y beso, por huida de los labios cuando el otro espera continuar el beso, o cualquier invención que transgreda la rutina.
El contrabeso equivale al contra- taque en un combate; luego de ser besado el enamorado hace una pausa de varios segundos a escasos minutos y sorprende con un beso inesperado, con cambios en el tiempo, duración, intensidad, humedad o lugar del cuerpo. El beso-largo debe durar más de cinco minutos y provoca una profunda emoción tierna y sexual. Para evitar la monotonía se com- bina el tipo de beso a la francesa
con otras variedades. Una mujer
decía: “En mi opinión se pierde el tiempo si no se besa por lo menos
veinte minutos”. “Me gusta besar
de treinta minutos a una hora
aproximadamente”.
Beso con música: la música pro- voca estados emocionales ro- mánticos que propician y favore- cen al beso. Algunos amantes se besan y balancean al ritmo de la música.
Loa besos aspiradores y soplado- res: el amante aspira todo el aire y la lengua de su compañera, si ambos lo realizan simultáneamen- te se hunden sus mejillas por la presión negativa. Otras veces el besador sopla aire en la boca de su pareja. Algunos lo encuentran extraño pero excitante.
El beso con perfume: el beso pre- dispone al olfato, y los olores na- turales del cuerpo del partenaire o
algún perfume aumentan las emo- ciones placenteras del beso. La cultura moderna del desodorante considera tabú al olor corporal, poro muchas personas disfrutan del olor natural del cuerpo del amado.
Beso con fantasías: a algunas mujeres les place imaginar que son prostitutas. Otros represen- tan vínculos sado-masoquistas de dominación y sumisión: “Ella
manda: ” Dime palabras obsce- nas estúpido, y el responde: sí mi
ama”. Algunos se desdoblan y se
imaginan que pertenecen al sexo
opuesto, y encuentran interés en
esta experiencia.
El beso de las Islas Trobriand: en 1929, el antropólogo Malinonows- ki investigó las conductas sexua- les de los nativos de las islas ubicadas en el Mar de Solomón
en el Océano Pacífico. Los isleños
encontraron al beso occidental carente de gracia y aburrido. El beso de estos primitivos tenía la siguiente secuencia: conversación prolongada, caricias en los cabe- llos y el cuerpo, abrazos, frotación de narices como los esquimales, frotación de mejilla contra mejilla, frotación de los labios sin beso, succión mutua de las lenguas, frotamiento de lenguas, succión y mordida del labio inferior, inter- cambio de saliva boca a boca, mordisqueo en el mentón, la meji- lla y la nariz, tiramiento del cabello con fuerza, y mordida de las pes- tañas durante el sexo.
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Beso esquimal, beso malayo o frotamiento de narices: este beso no solo es popular en las regiones
árticas, sino también entre los
maoríes de Nueva Zelanda, los habitantes de las islas Society y Sandwich, los nativos de Tonga y la mayoría de las etnias mala-
yas. También se observa en otras
regiones de Africa y Asia. Darwin describió el beso malayo por la colocación de la nariz del amante en ángulo recto con la nariz de la enamorada, seguido de frota- ción. El capitán Cook describió una variedad en las Islas del Mar del Sur consistente en un frota-
miento enérgico de las puntas de
las narices. Otros relataron una variedad australiana que consiste solamente en frotarse las caras. En muchas tribus el enamorado empuja su boca y la nariz contra la mejilla de su pareja y luego inhala. La aspiración del aire que exha- la el amado permite disfrutar la fragancia del objeto de amor. En Occidente, el beso de narices se realiza como una combinación de otros besos, pero de manera ais- lada no goza de gran aceptación. El beso en la Antigua China: la creencia de que los chinos y los japoneses no se besan resulta errónea, para ellos el beso se aso- cia a la intimidad y no se besan en
público. Un maestro del Tao del
amor describe tres tipos de besos: (1) El pico de loto rojo: que con- siste en la libación de la saliva del amante, cuando se lame la base
de la lengua de la mujer y se toma
la saliva o el “jade primaveral”. (2)
Los dos picos gemelos: se besan los pezones de la amada, y se liba
la “nieve blanca” que resulta blan- ca y de gusto dulce. Los besos en los pezones provocan la emisión
de fluidos de la boca “manantial florido” y de la vulva. Como los
pezones están vinculados con la vulva se puede provocar un orgas- mo. La boca y la lengua tienen la ventaja de dispones de músculos voluntarios, mientras que la vul- va y el pene escapan a nuestro control. Por esto, dos personas casadas pueden continuar el beso cuando sus genitales cansados han dejado de estar activos. Los chinos señalan que la boca po- see una sensibilidad erótica, de alguna manera equivalente a la de los pezones y los genitales. Ellos no desdeñan practicar pequeños mordisqueos en los labios y la lengua del amante, y recomiendan succionar al máximo los labios y la lengua del otro.
El beso japonés: los besos ja- poneses son tímidos, nunca se exhiben en público y casi siempre resultan el preludio del sexo. Los enamorados tocan por un rato con sus labios cerrados el labio inferior de la amada, con la cara seria, y sin utilizar las manos. La pareja suele no responder al beso. El beso en el Kama-Sutra: se des- criben variadas maneras de besar de acuerdo con el lugar, la coloca- ción de las cabezas, la intensidad,
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el modo de encuentro de los la- bios y la situación de los enamo- rados. Se besa la frente, los ojos, las mejillas, la garganta, el pecho, los senos, los labios y el interior de la boca. En el país de Lat, en el cual las mujeres son propensas a la voluptuosidad, los hombres be- san los muslos, la vulva, las axilas y el ombligo. Cuando se trata de jovencitas se practican tres tipos de besos: El beso nominal: resulta un simple y rápido contacto de las bocas. El beso palpitante: ella fro- ta con el labio inferior la boca del hombre. El beso tocante: la joven toca el labio del enamorado, y le aprieta ardientemente las manos, como una forma de entrega. Otros autores describen varios tipos de besos: El beso recto: resulta el contacto pleno de los labios de los amantes. El beso inclinado: los enamorados inclinan las cabezas para el mismo lado y se besan en esta posición. El beso rotado: un amante hace girar el cuello del otro tomando el rostro con la mano, y besa en esa posición. El beso oprimido: resulta una com- presión de los labios inferiores. El beso grandemente oprimido: se toma con los dedos el labio inferior de la pareja y se lo frota con la lengua. El beso superior: el hombre besa el labio inferior, y ella a su vez, hace lo mismo. El beso opresor: uno de los amantes toma entre sus labios la boca en- tera del otro. Combate de lenguas: los amantes se acarician la boca,
y se tocan el interior con la lengua.
La regla final es la reciprocidad:
toda cosa que uno de los amantes
haga al otro, éste debe devolverla. El beso francés: resulta el beso
clásico de los enamorados oc-
cidentales, también se le llama
el beso del alma, o el beso de lengua. Los amantes penetran la boca del otro con sus lenguas, de
modo delicado o duro, superficial
o profundo. Para que no parez- ca una violación o una invasión, sólo es aceptable si se da en una pasión romántica o con deseo sexual. Algunas mujeres sólo lo aceptan si es ligero, delicado, sin sofocación, y sin la sensación de ser succionada o tragada.
El beso húmedo, en el interior de la boca, y las mordeduras sólo son aconsejables en personas sanas. El beso húmedo puede contagiar
el herpes, la hepatitis B, la sífilis y
el VIH (Cane, Chang, Vatsyayana y otros).
BESTIALISMO: es un tipo de per-
versión en la que el objeto sexual es un animal. En la encuesta Kin- sey, el 98 % de los niños del cam- po norteamericano practicaba el bestialismo antes de los l5 años, y el 6 % de toda la población mas- culina durante su adolescencia
temprana. (Las técnicas sexuales
fueron la masturbación contra el cuerpo del animal, la felación al animal macho, la lamida del animal, y el coito vaginal). El bes- tialismo se remonta a la mitología
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griega, en la que toros y sátiros copulaban con seres humanos. Es una costumbre común entre los indios del antiplano peruano- boliviano, que mitigan su soledad sexual con las llamas. Los nativos del Caribe debían copular con burros como ensayo y prueba de competencia sexual para el ma- trimonio. En los viejos prostíbulos de Oriente se usaba ofrecer aves y perros a la clientela masculina. Para evitar los excesos de la sol-
dadesca, algunos ejércitos de la
antigüedad llevaban tropillas de cabras para el desahogo sexual de sus guerreros, y los animales más populares se vestían con ter- ciopelo y cintas de colores como cortesanas elegantes. En las ciu- dades modernas, la gente solitaria que no tiene pareja por la pobreza, la enfermedad o la vejez, a veces establece relaciones sexuales con
sus perros domésticos. El bestia- lismo puede ser oportunista (por carencia de partenaire) o genuino
(cuando se prefiere los animales
a las personas). De acuerdo con que el sujeto penetre o sea pene- trado por la bestia, la perversión
se clasifica en activa y pasiva. En
el bestialismo sádico el hombre maltrata o mata al animal, y en el bestialismo masoquista y simbó- lico el sujeto se hace embridar, guiar y fustigar como un caballo.
En una extraña variedad de zoofi- lia el sujeto se estimula sexual- mente propiciando que moscas, hormigas o cangrejos caminen so-
bre sus genitales. Finalmente, el
bestialismo simbólico se refiere a
la utilización de máscaras de ani- males para copular, a la imitación de las bestias haciendo el amor, o al coito sobre pieles de animales.
La zoofilia del hombre se realiza
como coito vaginal con vacas, ca- bras, terneros, yeguas, puercas, burras, ovejas, y más raramente con ocas y gallinas. El bestialismo de la mujer se practica como cun- nilingus, coito, o masturbación so-
bre el animal macho. El marqués
de Sade celebra el bestialismo como uno de los más deliciosos refinamientos sexuales, y reco-
mienda: “Si queréis experimentar
un inigualable placer, penetrad a un cisne y cortadle el cuello en el momento del orgasmo, y la com- presión de su intestino agónico os
colmará de voluptuosidad”. (Julie- ta, l796). Palabras relacionadas: brutalismo, zoofilia, zoolagnia y
formicofilia.
BIGINISMO: término que deriva de “bis” (doble) + “gyné” (mujer).
Se aplica al hombre que realiza juegos sexuales y copula con dos mujeres al mismo tiempo, o deja a una como espectadora. Pluralis- mo y triolismo.
BILLINGS, METODO DE: en 1972,
los australianos John y Evelyn Bi- llings publicaron una descripción de los cambios del moco cervi- cal durante la ovulación, que se puede utilizar para el diagnóstico
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de los “días fértiles”. Durante la
ovulación, la vagina y el introito se humedecen con una mucosidad
que forma un filamento entre los dedos pulgar e índice. El método
anticonceptivo recomienda copu-
lar sólo durante los “días secos”, y evitar los “días húmedos”. Para
aumentar la seguridad del diag-
nóstico de los días fértiles, este
procedimiento puede asociarse
con los métodos del ritmo de
Oggino-Knaus, y de la temperatu-
ra. Término relacionado: métodos
anticonceptivos naturales.
BISEXUAL, ORIENTACIÓN: las
categorías de heterosexual y homosexual resultan insuficien- tes para clasificar la orientación erótica de las personas, y se hizo necesario aceptar la variedad de
los bisexuales. Se definen como
las personas que se relacionan de manera sexual o romántica con
partenaires de ambos géneros, en
la fantasía o como una actuación real. Las proporciones de 50 % de heterosexualidad y 50 % de ho- mosexualidad resultan excepcio- nales, y las formas más comunes de presentación son componentes desproporcionados: del 70 al 90 %
de interés por un sexo, y del l0 al
30 % de atracción por el otro. Los bisexuales corresponden a los ti- pos que van de las puntuaciones 1 y 2 hasta 4 y 5 de la escala de he- terosexualidad/homosexualidad de Kinsey. Klein (1990) considera
que la clasificación de Kinsey es
incompleta y propone una escala de 7 variables (que se miden de 0 a 6 puntos) para el diagnóstico de la orientación sexual: coitos con mujeres o varones, enamo- ramiento con mujeres o varones, fantasías eróticas con mujeres o varones, preferencia de la compa- ñía social de mujeres u hombres, estilo de vida gay o heterosexual,
y auto identificación como mujer
o varón. Las proporciones de las tendencias heterosexuales u ho- mosexuales no son permanentes,
y cambian a través del tiempo
en dependencia de las experien- cias eróticas o románticas. La bisexualidad no se considera una enfermedad, pero cuando los su- jetos se sienten mal por su estilo erótico, el terapeuta trata de desa- rrollar en ellos tolerancia hacia su bisexualidad, y en algunos casos los ayuda a orientarse hacia la heterosexualidad. El pronóstico de salud mental es bueno, a me- nos que sean victimizados por la comunidad en razón de su estilo sexual.
BISEXUALIDAD: la imaginación de
los pueblos primitivos ha creado
las deidades y los héroes mitológi-
cos bisexuales que reflejan la pro- pia bisexualidad del hombre. En la mitología griega eran bisexuales el adivino Tiresías, y unos mons- truos llamados andróginos. En las religiones africanas los dioses
Obatalá, Olócum e Inlé también
son bisexuales. En opinión de los
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biólogos, los animales sexuales contienen diversas proporciones de caracteres femeninos y mas- culinos. A pesar del horror que pueda provocarle, el varón tiene una pequeña proporción de fe- mineidad anatómica (las tetillas), de femineidad endocrina (los estrógenos y la progesterona), y de femineidad psicológica (la ma- ternalidad y la ternura). De igual