C CABALLO: tanto el caballo como
CAPUCHÓN DEL CLÍTORIS
repliegue de piel y mucosa que equivale al prepucio, y que cubre de forma parcial el clítoris. Sus glándulas de Tyson segregan una sustancia sebácea que se deno- mina esmegma.
CARACTERES SEXUALES: las
funciones, rasgos y aparatos del sistema reproductor. Ellos inclu- yen: los cromosomas sexuales XX y XY, los ovarios y los testículos, los órganos genitales internos (las trompas, el útero, los conductos y las vesículas seminales, y la prós- tata), los órganos genitales exter- nos (la vulva, el pene y el escroto), y los llamados “caracteres sexua-
les secundarios” (las mamas, la
distribución pilosa y adiposa, el aparato óseo y muscular, la voz,
y otros aspectos genéricos del
cuerpo). Los caracteres sexuales se clasifican como: femeninos, masculinos e intersexuales o her- mafroditas.
CARDÍACOS: constituyen un tipo
de discapacitados debido a la incompetencia del corazón por malformaciones, lesiones de las
válvulas, insuficiencia coronaria u
otras enfermedades. Las drogas que se utilizan como antihiperten- sivos pueden crear o agravar las disfunciones sexuales de estos pacientes. La enfermedad coro-
naria y las secuelas del infarto de miocardio resultan las discapaci- dades cardíacas más frecuentes. Luego del infarto se observan:
ansiedad, depresión, pérdida de la
autoestima, descenso del deseo sexual, reducción de la frecuencia del coito, miedo a morir durante la copulación e impotencia. (Las estadísticas demuestran que la muerte súbita durante el coito es excepcional, y del orden del 0,4 %). Estos enfermos pueden sentir do- lor o disnea durante el coito, pero las causas más frecuentes que hacen evitar la copulación son psicológicas. Los cardiólogos no le temen al coito, aseguran que su esfuerzo circulatorio es peque- ño (equivale solamente a subir dos tramos de escaleras según la prueba de Master), y permiten la copulación luego de escasas semanas del infarto. En caso de querer precisar el efecto del coito sobre el corazón, se hace un electrocardiograma durante el intercurso sexual con el aparato de Holter.
CARDÍACOS, RECETAS PARA LOS: para facilitar las relaciones
sexuales de los cardiópatas, los
médicos hacen las recomendacio-
nes siguientes: (1) Utilice la pareja habitual y evite el estrés de per- sonas y lugares no familiares. (2) No copule hasta luego de 3 horas de beber y comer con exceso. (3) La temperatura de la habitación debe ser modera da: evite el frío
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y el calor extremos. (4) Practique el juego sexual porque prepara al corazón para el esfuerzo siguien- te. (5) Escoja posiciones cómodas que no lo cansen y le permitan respirar sin dificultades. (6) El sexo oral no recarga el corazón y representa una variante viable.
(7) El coito anal aumenta el estrés
cardíaco pero no está contrain- dicado (debe consultarse con el cardiólogo). (8) La masturbación está permitida. (9) Si está fatiga-
do difiera el coito para luego de
un reposo. El mejor momento es luego de un descanso. (10) Para evitar el dolor pre cordial pueden tomarse dilatadores coronarios antes de hacer el amor. (11) Si durante la copulación aparecen dolores o disnea reduzca o sus- penda el ejercicio. (12) La pareja debe ser informada de que el sexo es inofensivo para que su temor no arruine el encuentro amoroso.
"CAREZZA": palabra italiana que
designa al coito prolongado, y que se ha hecho popular en los
Estados Unidos. En este tipo de
copulación, los amantes evitan el orgasmo rápido para tener más tiempo de goce voluptuoso.
Términos relacionados: coito
prolongatus, coito reservatus y tantrismo.
CARICIA: el marqués de Sade re- comienda el tacto como aperitivo, antes del encuentro sexual: “Lo más eficaz son los sobamientos
y palpaciones de todo el cuerpo, pero dedicando especial atención
a las nalgas”. La caricia se define
como el contacto suave entre las pieles de los amantes, para ex- presar deseo sexual o amor. Las caricias se hacen con la mano, pero todo el cuerpo es capaz de dar y recibir tocamientos. Las ca- ricias se hacen de muchas mane- ras: como roce, presión, apretón, pellizco, rascado, palmadas, ma- saje, abrazo, cosquillas, soplido, frotación de la piel, tomarse de la mano, o entrelazar las piernas y los brazos. La caricia no es ex- clusiva del hombre, y se observa en el cortejo sexual de los mamí- feros. La moral represora prohíbe las caricias, especialmente para el varón, lo cual ha ocasionado mu- cha miseria y disfunciones sexua- les. A continuación se reproducen opiniones femeninas sobre las caricias, del informe Hite (l976): “Los hombres no quieren acariciar y besar sin coito, y procuro no tocarlos si no voy a acostarme
con ellos”. “Me deprimo si no me acarician luego del orgasmo”. “Muchas veces prefiero las cari-
cias al sexo”. “Me encanta que
me abracen y acaricien de arriba
abajo”. “Mis caricias favoritas son
los besos profundos y la unión
de los cuerpos”. “Con mi amante
actual pasamos hasta seis horas
diarias haciéndonos caricias”.
Seguidamente se transcriben opiniones de hombres registradas en el informe Hite (l98l): “No es de
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hombre ser acariciado, especial-
mente en las tetillas y las nalgas”. “Recibir caricias significa sentirse querido”. “Me siento como un es- clavo sexual, hago todo el trabajo, y siempre doy más caricias que
las que recibo”. “Las mujeres se
tumban en la cama, y esperan
que el hombre lo haga todo”. “Las
mujeres suponen que nos hacen un gran favor dejándonos tocar su sagrado cuerpo, y dan poco
o nada”. “Las mujeres creen que
deben ser acariciadas pero rara-
mente acarician lo suficiente”. CARIÑO: cuando el enamoramiento
llega a su fin, comienza otro tipo
de amor que es más calmado,
tierno y generoso. Para el filósofo
Ortega y Gasset, el cariño marital se compone de simpatía mutua,
fidelidad, adhesión, e intercambio
de estima y de benevolencia. La brasa de la pasión se trueca en cenizas pero se conserva largo tiempo. La exaltación sexual se convierte en cuidados, compro miso, consideración y amistad, y en algunos casos puede llegar
al desinterés erótico. Este afecto
tranquilo puede reciclarse en pa- sión en caso de que la unión de
la pareja esté amenazada. En el cariño se comparten: identificacio- nes, una historia común, buenos recuerdos, y alegrías y tristezas que unen más que la pasión.
Amor. Amor sereno. Amor lógico. Amor marital. "Compa- nionate love".
CASAMIENTO: el inicio de la vida
sexual de las parejas. En Occi- dente se conocieron tres tipos de esponsales: el cristiano o medite- rráneo, el nórdico o escandinavo, y el afroamericano. El casamiento mediterráneo se origina en las an- tiguas culturas del Medio Oriente, y ha llegado a nosotros como un legado de los griegos y los roma- nos, y de la moral de la Iglesia Católica. El casamiento medite- rráneo se arreglaba entre los pa-
dres, significaba la alianza de las
familias, y no se tomaba en cuenta el enamoramiento. El esposo era pagado con la dote de la novia, y
se hacía dueño de ésta y de los
hijos que pariera. La virginidad era un requisito indispensable, y se prohibía la copulación antes de los esponsales. El casamiento nórdico fue una costumbre de los escandinavos y los islandeses, y sucedía del modo siguiente: En la primavera, cuando acababa el frío polar y se podía dormir lejos del fuego del hogar, las adolescen- tes pernoctaban en una vivienda aparte que se llamaba “la casa
de las muchachas”. Por la noche,
los mozos de los alrededores les hacían la visita y les daban sere- natas. Los más afortunados eran invitados a trepar por una escala de cuerdas y entraban por la ventana. Ya en el interior, podían dormir con sus amadas: de inicio permanecían vestidos por fuera de la colcha, luego se les permi- tía dormir vestidos por debajo de
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ésta, y finalmente se acostaban
sin ropas. Si los amores se des- envolvían bien, los padres se
enteraban y daban una fiesta para
formalizar la unión; si había em-
barazo se consideraban definitiva- mente casados. Los esponsales
nórdicos fueron traídos a América
por los inmigrantes escandinavos y no han perdido actualidad. Su fórmula consiste en unidad de amor sexual y espiritual, y elec- ción libre de la pareja, basada en el enamoramiento. Los esponsa- les afroamericanos se originan de las costumbres sexuales de la es- clavitud. Cuando el amo tenía in-
terés en la reproducción permitía
la cohabitación entre los negros, pero los niños eran criados por las esclavas más viejas o achacosas (que no podían realizar el trabajo rudo de las plantaciones). El hom- bre negro no tenía derecho alguno sobre su mujer o sobre sus hijos, y todo coito con blancas se conside- raba una violación. Actualmente, en algunas familias negras de
América, la mujer joven tiene re- laciones sexuales libres, basadas en el placer o el amor, y los niños son criados por las abuelas o las mujeres mayores de la familia. La crianza del niño por las abuelas,
les da a éstas dignidad y autori- dad en la familia, y les permite a las jóvenes trabajar o estudiar. Este sistema se fundamenta en la maternidad generosa de la mujer negra, que ama de igual modo a los hijos propios y a los ajenos. En
la América precolombina, entre
los indios del Perú, era costumbre el matrimonio a prueba, en el cual los novios vivían juntos un año, y si pasaban la prueba de la convi- vencia y deseaban seguir juntos se celebraban los esponsales
definitivos. El casamiento actual
suele tener algún componente de los esponsales más antiguos, pero su etiqueta no está todavía establecida de modo universal y definitivo. Las uniones actuales tienen la elección romántica y la libertad erótica del casamiento nórdico, la ayuda familiar de los esponsales negros, el compromi- so del casamiento mediterráneo y la prueba de la convivencia de los peruanos.
CASTIDAD: ha dicho San Pablo:
“Es bueno que las personas solte-
ras y viudas sean célibes, pero si
no tienen el don de la continencia, cásense, porque es mejor casarse
que abrasarse...” La castidad es
una triste virtud de las religiones judeo-cristianas, que moderan o suprimen el placer sexual. Se describen tres tipos de castidad: la virginal, la de la viudez, y la del matrimonio. Los dos primeros equivalen a la completa absti- nencia de placeres eróticos, y la castidad matrimonial consiste en evitar los usos pecaminosos con la propia esposa, y el sexo extra- marital. Castidad y continencia no son sinónimos: el hombre casado es incontinente, pero se mantiene
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casto si hace el amor marital con
virtud. El filósofo satánico Stirner
(l892) hablaba contra la castidad: “Es otra utopía: ¡oh, Lais, oh, Ni-
nón, qué bien hicisteis desdeñan- do la virtud! Porque una graciosa y libertina ramera vale por mil viejas
virtuosas”.
CASTRACIÓN: la ablación de las
gónadas (ovarios y testículos) de modo intencional, accidental, o como consecuencia de tratamien-
tos médicos con antihormonas,
radiaciones o cirugía. En psicolo-
gía el término se utiliza de modo
metafórico, para indicar la supre- sión de la libertad, del coraje, de la sexualidad y del amor romántico. En este sentido, es común la ex- presión de madre castradora. En el varón la castración reduce las fantasías eróticas, el deseo, la erección, el orgasmo y la emisión seminal (que pueden recuperarse mediante la administración susti- tutiva de andrógenos). Desde la antigüedad, los animales machos se castran para obtener mayor docilidad y para que engorden. En el pasado, se utilizaban suje- tos castrados como prostitutos, cantantes de coro, y guardianes de harenes (eunucos). Los hijras, una casta de transexuales de la India, practican la castración ritual para feminizarse. Los skopzkys eran una secta cristiana rusa que se originó en el siglo XVIII, y que practicaban el rito secreto de la castración con la amputación del
pene. En el momento actual la denominación de Síndrome de Skopzky se utiliza para designar a los sujetos que se automutilan los genitales (Money, l988). La castración quirúrgica se empleó en la Alemania de los nazis para evitar la procreación de los enfer- mos mentales. En algunos países
se ha propuesto como un método
para tratar a los criminales sexua- les.