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COMUNICACIÓN TÁCTIL

C CABALLO: tanto el caballo como

COMUNICACIÓN TÁCTIL

municación más importante e imprescindible del sexo resulta el tacto. Los gestos de amor se ofre- cen con las manos, la boca y el sexo, y se reciben en toda la piel,

y en la mucosa de los orificios de

la boca, el sexo y el ano. Las va- riantes de las señales táctiles son: soplar, apoyar sobre, apretar, en- lazar, abrazar, sostener, sacudir, empujar, guiar, acariciar, frotar, pellizcar, arañar, rascar, palmear, besar, lamer, morder, y mor- disquear. La estimulación táctil adquiere más connotaciones con el auxilio de las llamadas ayudas sexuales que se describen aparte. Las conocidas experiencias de Harlow y de Spitz demostraron que la carencia de estimulación táctil era capaz de enfermar tanto al mono como al hombre. En mu- chas culturas el niño es educado en la prohibición de tocar y de ser tocado. Los adultos con esa crian- za no se permiten acariciar ni ser acariciados. (En el varón el miedo a ser tocado se relaciona con la homosexualidad). Para decirlo de

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forma algo simplificada, la terapia

sexual consiste en enseñar a dar y recibir caricias. Es frecuente que

la ausencia de caricias, o la insufi- ciencia en cantidad y calidad, sea el origen de muchas insatisfacciones, o aun de enfermedades sexuales.

COMUNICACIÓN VISUAL: las se-

ñales de amor provienen de las expresiones de la cara, las manos y el cuerpo. (a) Expresiones de la cara: El rostro es uno de los

aparatos más flexibles y versátiles

de nuestra anatomía. Algunos estiman que es capaz de expresar hasta 250.000 tipos de expresio- nes. El 75 % de las señales no verbales se transmiten mediante

la mirada. Cada gesto significativo se denomina “kinema”. Las seña- les del rostro se expresan median- te los movimientos de las cejas, los párpados, los ojos, la nariz, la boca, la mejilla y la barbilla. Los gestos del cuello añaden más sig-

nificados a la cara. La sonrisa es el signo más universal de interés,

de aceptación y de invitación al galanteo. Observe que en los diá- logos de las películas de amor, el foco de la cámara se centra en las expresiones del rostro de los per- sonajes. (b) Expresiones de las manos: El lenguaje de las manos puede expresar: saludo, llamado, solicitud, coquetería, erotismo, ternura y rechazo. (c) Expresiones del cuerpo: Los gestos del cuerpo sirven para la seducción, el galan- teo y para expresar la medida del

placer. La danza representa una de las comunicaciones eróticas

más impactantes y sofisticadas. CONCUBINATO: se define como

una relación sexual estable fue- ra del matrimonio. La Iglesia de Occidente la clasifica como una modalidad de sexualidad ilegíti- ma. En el siglo XIX y comienzos del XX, las uniones fuera del ma- trimonio tuvieron varias formas: (l) El concubinato de los campesinos pobres, quienes no se casaban por los costos que suponían los honorarios, por la escasa accesi- bilidad a los servicios religiosos, y por los gastos del ajuar, del ves- tuario, del banquete y de la boda. (2) El concubinato obrero, que se realizaba entre proletarios y personas de bajos ingresos, quie- nes no se casaban por las ideas socialistas del amor libre, por el anticlericalismo militante, por marginalidad social, o por razones económicas. (3) El concubinato de dependencia, que era la unión

entre un burgués acomodado y

una muchacha pobre -a la cual se

llamaba “querida” o “mantenida”­,

con la que se tenía un segundo hogar en el cual se encontraba el erotismo y el romanticismo no pro- porcionados por la esposa legíti- ma. (4) El concubinato ancilar de los campesinos ricos, que consis- tía en una pareja de amo y criada;

el rol de sirvienta era idéntico al de

una esposa plácida, confortable y abnegada.

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CONCUPISCENCIA: término con

implicaciones moralizadoras y antisexuales, que da a entender el erotismo de la fantasía y el pensa- miento, de los juegos amorosos, la masturbación y la copulación. La concupiscencia representaba el pecado de la carne. En otra acepción significaba el deseo o apetito sexual. En el Medioevo cristiano, bajo el terror de la Inqui- sición, la concupiscencia se con- sideró un terrible delito que llevó a la hoguera a muchos infelices acusados de brujería y de nego- cios lascivos con el demonio. Las fantasías y los sueños eróticos, la masturbación y las poluciones nocturnas fueron castigados como pecados de concupiscencia. Al- gunos autores distinguen el amor de concupiscencia (centrado en el erotismo y la posesión sexual), del amor de benevolencia (cen- trado en la ternura y el servicio al amado).

CONDÓN FEMENINO: método

anticonceptivo de barrera de uso vaginal alternativo al preservativo masculino. Consiste en una del- gada funda que se ajusta a las paredes de la vagina y se puede llevar puesto hasta 8 horas. A diferencia del preservativo mascu- lino no queda ajustado a tensión y por la humedad y temperatura propias de la vagina se adhiere cómodamente y su presencia es casi inapreciable. El preservativo femenino apareció en 1992 en

Inglaterra y Estados Unidos e in- mediatamente se difundió su uso por Europa y el resto del mundo.

CONDÓN O PROFILÁCTICO: la

palabra deriva de Condón, el ape-

llido de un inglés, que ideó un mo- delo de preservativo. El condón es un dispositivo que consiste en una vaina de plástico que envuelve el pene durante la copulación, y evi- ta la gestación y las enfermedades de transmisión sexual. Se dice que habría sido inventado en l564

por Falopio para evitar la sífilis y la

gonorrea. Los primeros materiales de su construcción fueron vainas de lino, intestinos y vejigas de animales, goma vulcanizada en

l840, y finalmente el látex en l930.

Los mejores condones son de lá- tex, provistos de punta con tetilla, y lubricados. (Se recomiendan los que contienen lubricante con nonoxynol-9, una sustancia que crea una barrera química contra

los gérmenes y los espermatozoi- des). Los inconvenientes de este dispositivo son: (l) Su colocación resulta un factor de desconcentra- ción durante el juego sexual. (2) En algunas personas puede re- ducir las sensaciones placenteras del tacto. (3) Su eventual ruptura puede ocasionar una gestación indeseada o la transmisión de una infección. Se advierte que los condones se hacen inútiles luego de un año de producidos, y que no deben ser expuestos al sol, al calor o a la fricción permanente de

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la ropa. El preservativo se desen- rolla sobre el pene erecto, y si no tiene tetilla se deja un centímetro extra en la punta para recoger el semen. El condón se quita luego de la eyaculación, antes que el

pene se ponga fláccido, pues el

preservativo suele resbalar y se pierde la protección. Para evitar una posible contaminación no permita que el semen haga con- tacto con sus manos, la piel o los genitales de su partenaire. Luego de usado, se enrolla en un papel y se tira en un cesto de los des- perdicios. Sólo son adecuados los lubricantes solubles en agua, y se contraindican los que contienen aceites derivados del petróleo o vegetales, pues estropean el con- dón. En su libro sobre el SIDA, la sexóloga Kaplan advierte que el preservativo no resulta seguro al l00 %, que falla un l0 % como an- ticonceptivo, y más del 10 % como

método para evitar el SIDA. CONFESIÓN: sacramento me-

diante el cual el clero controlaba la vida íntima de los fieles, de acuerdo con la doctrina sexual de la Iglesia. La confesión era más aceptada por la mujer que por el hombre. El sacerdote tenía la misión de salvaguardar la pureza de las doncellas, la fidelidad de las esposas y la honestidad de las sirvientas. Para evitar el re- chazo masculino se recomendó a los confesores no hacer muchas preguntas sobre los pecados de la carne, y ser más indulgentes

con los varones. En ciertos casos los interrogatorios exhaustivos

despertaban el interés erótico de

los jóvenes inocentes. En otras ocasiones, el sacerdote era el guía de lo que sucedía en el lecho conyugal, lo cual encendía la ira de los maridos y dio lugar al “ma-

chismo anticlerical”. No resultaba

excepcional que el sacerdote se erotizara y se fascinara por el

impudor de una confidencia feme- nina. La represión sexual del con- fesionario fue la causa de muchas incompatibilidades, disfunciones, y perversiones sexuales, culpas enloquecedoras, y fobias y delirios eróticos.

CONFIANZA: la confianza es uno

de los componentes del amor maduro y del matrimonio sano y funcional. Se considera una de las llaves que abre la intimidad. Sig-

nifica un modo de ver a la pareja,

en el cual se supone que esta sea benevolente e incapaz de ocasio- nar algún daño, despojo o traición. La gente que ha recibido ternura y ha sido educada sin odio y sin per-

secuciones tiende a la confianza.

Por el contrario, las personas mal- tratadas, traicionadas y paranoi- des, que se educaron en sistemas persecutorios, son propensas a la

desconfianza.

CONFIDENCIAS: los temas sexua-

les son un asunto íntimo, y la gente sólo abre su corazón a per- sonas cercanas, para evocar mo- mentos placenteros, o pedir pare-

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cer o consejo. Es conocido que el enamorado experimenta un placer singular durante las confidencias de su pasión. En una encuesta sobre adolescentes se observaron los siguientes destinatarios de las confidencias: amigos (74,3 %), madre (35,3 %), padre (l9, 5 %),

médico de la familia (l0, 9 %), clérigos (6 %), maestros (6 %),

psicólogo (4,8 %), y no hablan con nadie (4,8 %), (Orlandini y Serret, l99l). En un estudio sobre adultos sólo el 44,7 % de los sujetos hacía

confidencias sobre su sexualidad.

Se hablaba con: la pareja (34,3

%), los amigos (23,4 %), médicos

(7,5 %), hermanos (5,5 %), pa- dres (4,6 %), psicólogos (4,6 %), religiosos (0,4 %), y otros (2,8 %), (Orlandini y colaboradores, l994). A propósito de las confidencias, dice Celestina, el personaje de Rojas: “El deleite es con los ami- gos en las cosas sensuales; es- pecialmente en recontar cosas de amores y comunicarlas. Esto hice, esto otro me dijo, de tal manera la

tomé, así la abracé, y así me mor-

dió” (La celestina, l499). Horacio, un protagonista de Moliére habla de las confidencias: “Sois mi solo amigo, y por eso os lo confieso,

ya que la alegría del corazón au- menta cuando se comunican las cosas del amor, de tal modo que, aun gozando cien veces de una perfecta felicidad, nunca se está

contento si alguien no lo sabe”.

(La escuela de las mujeres, l662).

CONQUISTA: así como la seduc-

ción era una maniobra femenina, el galanteo y la conquista se consideraban actuaciones carac- terísticas de los varones. Se dice que se ha hecho, una conquista, cuando el objeto de amor da su aceptación o cae enamorado del solicitante. En la antigüedad las

conquistas se hacían a través del

rapto de la mujer codiciada. Con-

quistar a una mujer significa cua- tro cosas muy importantes para el

hombre. Una: gratifica su erotismo

cuando obtiene una mujer para su goce personal. Dos: se logra un sentimiento de poder, de omnipo- tencia al decir "la hice mía". Tres: al subyugar a la mujer la hace su esclava y le impone el código de dominio de la falocracia. Cuatro: satisface el anhelo de conocer, la

infinita curiosidad de cada detalle

particular e irrepetible de cada mujer, (Abadi, 1994).

C O N S E J E R Í A P R E M A T R I M O‑