• No se han encontrado resultados

CIBERSEXO / CIBERAMOR

C CABALLO: tanto el caballo como

CIBERSEXO / CIBERAMOR

labra cibersexo, se ha castellani-

zado del inglés original cybersex,

amalgama de dos conceptos cibe-

respacio y sexo. El término inicial

de este sitio era cibersexo, pero para hacer justicia a las estadísti- cas le añadimos ciberamor. Reali- zando una búsqueda en español, la palabra amor tiene 1.600.000 páginas, mientras que a la pa- labra sexo sólo le corresponden 1.050.000 páginas. La utilización de internet para hacer amistades no resulta de ninguna manera

insignificante, por lo que también

tomamos en cuenta la palabra ci-

beramistad. El cibersexo se define

como un encuentro virtual, en que dos o más personas conectadas a la Red se envían mensajes de contenido romántico o sexual. El cibersexo se distingue del sexo telefónico: en que tiene un mayor anonimato, resulta menos comer- cial y es más fácil encontrar una pareja. El sexo virtual permite ex- perimentar fantasías prohibidas, que no se intentarían en la vida real. El cibersexo actual contiene la palabra escrita, el sonido y la imagen (webcam), y los futurólo- gos aseguran que con el tiempo dispondremos de tacto sexual a

90

través de la estimulación de las

zonas erógenas. La ordenadora se introdujo en el mercado por IBM hace 25 años, con el paso del tiempo se desarrolló el internet, que cuenta a diario con millones de usuarios, que van en aumento. Los usuarios de la red española se calculaban en el año 2.000 en 629.000 personas el día. El 69 % del pago por visión se destinaba al sexo, mientras que los deportes -para tomarlo como referencia- sólo contaba con un 2 %. El ci- bersexo mueve en todo el mundo 1,2 billones de dólares al año, y tiende a aumentar aún más. Se ha estimado que el sexo representa el 90 % de la actividad de ocio de la Red. La patología del ciber- sexo resulta una adicción, y una estadística norteamericana sobre 1.800 sujetos encontró que el 6% demostraba criterios de uso com- pulsivo de internet. En España predominaban los cibernautas ca- talanes con 684.000 personas, el 63,3% correspondía al sexo mas- culino, el 35,9% tenían edades de 25 a 34 años, y el 64% correspon- día al nivel socioeconómico me- dio. En otro estudio del chateador hispano se encontraron: 76% de varones, edad media de 32 años, con formación universitaria o su- perior, 20% con la intención de conocer gente, y 77,6% de solte- ros. Algunas características de los usuarios son: soledad romántica y falta de compañero sexual, timi- dez, inseguridad, terror a contraer

compromisos reales de pareja, donjuanismo, parafílicos, y adictos al cibersexo. El anonimato permite el sexo virtual sin que importe la

raza, el género, la edad, la apa- riencia personal, ni las fantasías

más extravagantes. En la época

de las graves epidemias de enfer- medades de transmisión sexual, el sexo virtual resulta el modo de placer más seguro, e incluye la imposibilidad de concepciones no deseadas. En una estadística de Survey Net sobre 25.000 su- jetos, las prácticas preferidas de los internautas fueron: 38,4% de masturbación, 24,8% de triángu- los sexuales, 20,7% de orgías, 8% de bisexualidad, y 4,7% de homo- sexualidad. En otra investigación

de usos de la Web pornográfica

se encontraron: 56,7% baja fo- tos eróticas, 49,6% lee historias, 29,3% se masturba estando en línea, 5% observa videos explíci- tos, y 2,2% transmite videos por-

nográficos. Las personas buscan:

amor, sexo, amistad, pornografía, direcciones de prostitutas o play boys, voyeurismo, exhibicionismo, fetichismo, sadomasoquismo, trio- lismo, sexo en grupo, travestismo, sexo lesbiano, gays, paidofilia,

efebofilia, bestialismo, compra de

juguetes o ayudas sexuales, ofer- tas de turismo sexual, educación sexual, tratados de sexualidad, bibliotecas, novedades y terapias sexuales.

Aunque el engaño es habitual, no resulta excepcional, casos

91

de amor auténtico que pueden

terminar en un buen matrimonio. Los cibernautas consideran que tener varia novias virtuales no

supone infidelidad, pero si la pa- sión es intensa puede provocar el divorcio de la pareja real. Los voyeuristas se dan banquetes de placer bajando fotos o videos de modelos, una especie de peep- show on line. Los más codiciosos se conectan con un servicio pago de webcam para observar durante las 24 horas a una mujer, cuando se desviste para el espectador, se baña y hace su vida habitual. Los gays y lesbianas reciben noticias del ambiente, historias de usua- rios, galerías de fotos y videos, direcciones de correo electrónico, sitios de encuentro y política gay. Cibersexoadicción: la adicción resulta de la combinación de ma-

terial pornográfico, anomalías de

la personalidad y masturbación. Se caracteriza por los aspectos siguientes: (1) visitas a páginas web, canales de charla y mensa- jería privada con el propósito ex- clusivo de encontrar cibersexo; (2) conducta obsesiva para encontrar contactos sexuales virtuales; (3) realización de fantasías eróticas aprovechando el anonimato que le permite la Red; (4) masturbación durante las charlas on line; (5) preferencia al cibersexo al sexo real; (6) sentimientos de culpa y vergüenza por las prácticas sexuales on line; (7) excesiva can-

tidad del tiempo diario dedicado a la dependencia. La adicción al sexo virtual requiere tratamiento, y puede solicitarse ayuda a la Asociación de Adictos Sexuales Anónimos. (Búrdalo y otros).

CIESOLAGNIA: la palabra deriva del griego “kyesis” (preñez) + “lag-

neia” (voluptuosidad). Se aplica a

los hombres que se erotizan de modo especial con las mujeres en estado de gestación.